Harry Potter, personajes, universo y todo lo que reconozcan pertenece a J.K. Rowling. Yo simplemente soy una lectora cualquiera que escribe por mero placer, de modo que no obtengo ningún beneficio económico por esta historia.

Personajes: Draco Malfoy/Hermione Granger.

Género: Romance/Angustia/Tragedia.

Rating: +18

Beta: FanFiker-FanFinal.

Capítulos: 2/5


Nota extra de hoy: Bueno, después de una semanita, aquí les presento el siguiente capítulo. Sólo un pequeño anuncio; hago mención durante el capítulo a Milford Sound, un lugar de Nueva Zelanda precioso. Les recomiendo que busquen el nombre de este lugar en Google y vean una imagen, para que tengan en mente una idea del paisaje que se está mencionado. Es precioso, no se arrepentirán.


CONFESIONES PARA AMARTE

Por:

PukitChan

…y por favor, no olvides nunca que me odias.

Segunda Confesión: Tu irresistible enfermedad

Si una persona ajena mirase con atención la tercera mesa ubicada a un lado del ventanal, diría que quien la ocupaba era un hombre consumido por la soledad. Tal vez también murmuraría que ese hombre guardaba un profundo secreto que carcomía su alma y nublaba su mirada de recuerdos. Podrían crear toda una historia con respecto a él, pero probablemente ninguna sería correcta o quizás todas acertarían en cierta medida. Pero la verdad era que, aunque a nadie le interesara escuchar su versión, ninguna persona podría contar la historia de Draco Malfoy mejor que él mismo.

Sabía que tras una guerra, las historias memorables surgirían inevitablemente. La suya no se encontraba entre ésas; la suya era una tragicomedia que sería narrada en los libros posteriores de la historia como la del hombre que, en un anhelado intento de ser Mortífago, había tomado la marca tenebrosa para matar a Albus Dumbledore. Después de todo, ¿quién querría escuchar las motivaciones de un adolescente aterrado? Era más importante el daño ocasionado a los demás que todo el peso cargado durante tantos años. ¿O sería que nadie entendía la desolación mejor que él?

Ante ese pensamiento, Draco no pudo evitar esbozar una sonrisa que por un sólo instante mostró su antigua y casi perdida personalidad. Él sabía que había cambiado de la misma manera en la que lo hacían miles de personas; a base de errores y golpes que dejaron profundas cicatrices. Enseñanzas que en ninguna clase de Encantamientos le dijeron que existían. Momentos que destrozaron e hicieron polvo sus creencias y para cuando se dio cuenta de que éstas habían sido las erradas, ya era demasiado tarde para dar la vuelta y regresar. Él, como muchos otros, no contaría su historia al mundo, porque era más fácil perdonar cuando se tenía a alguien a quien odiar. Y sin que nadie le consultara, había sido designado para ser repudiado.

Usualmente, el desprecio hacia su familia era algo que le irritaba, pero que había aprendido a manejar. No pretendía que nadie le entendiera, así que mientras cada día peleaba por algo más que su destino, Draco descubrió la manera en la que podía ganar su propia guerra. Tomó los negocios de su padre y los hizo suyos. Intentó por todos los medios sacarlos adelante para garantizar ese futuro que parecía tan tambaleante entre sus manos. Inclusive había conseguido tener contacto con los Greengrass, quienes pese a su resistencia inicial, aceptaron hacer un lucrativo negocio con él.

Ese negocio lo había traído a Nueva Zelanda.

Al inicio, Draco dudó mucho sobre esta decisión. Sin embargo, si quería ganarse la gracia de la familia Greengrass para poder cortejar a su hija menor, sabía que no tenía más elección, aún si era un momento difícil para los Malfoy. Los juicios de su padre estaban en pleno auge, y su madre estaba cansada de todo ese mediático circo que estaban montando en torno a su apellido, pese a contar con el sorprendente apoyo de Potter. Que fuera gracias al Gryffindor que no estuvieran presos en Azkabán, no dejaba de causarle una punzante irritación, mezclada con vergüenza y culpa, que hacía palpitar su sien. Cuando no quería deberle más a ese sujeto y a sus amigos, parecía que todos ellos llegaban para echarle en cara su pasado.

Inclusive ella.

No sabía por qué se habían encontrado justamente ahí, pero lo cierto era que lo habían hecho. Ella había alzado su rostro y sus miradas ―los de ella, unos intensos ojos marrones que dejaron caer una lágrima―, se encontraron. Draco habría reconocido en cualquiera la expresión desesperada que la castaña le dirigió como si él fuese la salvación prometida durante demasiado tiempo. Se mordió su labio inferior, tratando de ignorar la manera en la que Hermione Granger parecía ser una niña perdida en medio de un indescriptible caos. No obstante, cuando apreció el brillo de una lágrima deslizarse por la mejilla de la mujer, no pudo resistirse.

No sabía qué, pero algo había empujado sus pasos hacia ella. Caminó, eliminando la distancia que entre ellos existía y, sin decir nada, colocó un pañuelo sobre su mano extendida. Sin importar quién fuera ella, para Draco era difícil ver a una mujer llorar, así que cuando Hermione levantó su mirada confundida, él no pudo hacer más que devolverle el gesto durante un instante que apenas duró unos escasos segundos, pero que fueron suficientes para que algo se removiese en su interior. Después, incómodo por ese sentimiento ―que le hacía desear acercar su mano y limpiar sus lágrimas―, dio media vuelta y desapareció.

Un día después de eso, sentado en un lugar cualquiera que le permitía mirar al exterior, donde Nueva Zelanda se extendía antes sus ojos grises, Draco seguiría pensando en esa mirada marrón embargada por la tristeza y la amargura. No le había dado mayor importancia hasta ahora, porque ella no era del tipo de persona a quien le dedicaría uno solo de sus pensamientos. No tenía ni la más mínima idea de por qué Granger estaba en Nueva Zelanda al mismo tiempo que él, ni por qué pensaba en ella cuando su atención debía estar en otro lado. No obstante esa expresión, que reconocería como propia, había sido tatuada en su mente con fuego.

Nunca antes había presenciado un llanto así. No era desesperado, ni escandaloso. Simplemente era el llanto de alguien que había sido lastimado profundamente. Lo sabía perfectamente porque la primera vez que lloró en Hogwarts, él también tenía esa expresión; la de alguien que ni siquiera era consciente de lo herido que estaba y que no podría resistir una carga que no sabía que llevaba durante mucho tiempo más.

Quizá, tanto ella como él, habían llegado a Nueva Zelanda simplemente para darse cuenta de que a pesar de todo el daño ocasionado, no eran tan diferentes como pensaban. Aunque no es como si Draco, estando en un lugar como ése y con demasiadas cosas por hacer, tuviera tiempo para averiguarlo. Después de todo, ése no era su camino.


Los primeros recuerdos que Hermione tenía sobre sus padres, incluían un libro de fotografías en el que particularmente destacaban las del paisaje de Milford Sound, en Nueva Zelanda. De niña, aquellas imágenes la habían conquistado y se prometió a sí misma algún día poder verlas con sus propios ojos. Sin embargo, ahora que estaba en ese cautivador lugar, con su mar tranquilo, su cielo despejado y las formaciones rocosas creando un paisaje tan bello como sublime, ella sólo era capaz de emitir una profunda tristeza que la ahogaba. No era ésa la forma en la que esperaba conocer Milford Sound.

Y aunque esos escasos días en Nueva Zelanda habían sido suficientemente tranquilizantes para enfriar sus emociones y controlar sus pensamientos, Hermione aún creía que ese viaje y todas las decisiones que surgieron en torno a él, eran sólo el resultado de su terrible egoísmo, sin importar cuántas veces su lógica le susurrara con sinceridad que existían situaciones en las que era más sabio retroceder en lugar de avanzar.

Frunciendo el ceño, levantó su mano izquierda y limpió su mejilla húmeda mientras sus manos se aferraban con fuerza al barandal. Había pocos turistas, pero los suficientes para que se escuchara un interminable murmullo de pláticas que apenas era opacado por el sonido de los pequeños barcos al zarpar. Hermione se limitó a mirar la manera en la que se creaban ondas sobre el calmo mar, distorsionando el reflejo de las imponentes montañas. No se sentía con ánimos de subir a uno de esos barcos, pero sí de caminar. Con eso en mente, se alejó del pequeño muelle y tras unas cuantas indicaciones por parte de los guías locales, encontró una preciosa ruta para caminar.

Normalmente a Hermione no le hubiera importado andar sola, pero esa mañana se sentía un tanto desanimada para hacerlo y las pocas personas que habían optado por tomar ese camino ya estaban a una distancia considerable de ella. Abrazándose a sí misma, continuó su recorrido intentando distraer su mente con la flora que la rodeaba. Sonrió al pensar que, de alguna manera, aquello le recordaba a Hogwarts, con sus árboles altos que parecían ocultar más de un secreto. Sin embargo, el mundo muggle de manera casual había hecho notar su presencia con discretos señalamientos que indicaban qué dirección seguir para que nadie se perdiera en ese lugar; era obvio que si alguien ahí se desorientaba por algunos minutos, difícilmente encontraría el camino de regreso. Un escalofrío la recorrió cuando por un instante se imaginó atrapada en una situación así.

El sonido del agua corriendo la distrajo de su ensoñación. Encontró que el sendero marcado se abría un poco más y los árboles, anteriormente amontonados, iban despejándose para darle la visión de una pequeña cascada que irrumpía en el escenario de una manera tan armoniosa y espectacular, que era imposible no detener sus pasos para apreciarla. A sus pies corría un río cuyo obvio final desembocaba en el mar que se encontraba más allá. Hermione contempló la caída del agua, sonriendo cuando unas gotas salpicaron su rostro y sus cabellos castaños como diminutos besos que pretendían animarla. Sólo después de un rato, cuando sus ojos habían analizado la natural estructura, descubrió que no estaba sola.

Lo primero que Hermione pensó al mirarlo de reojo fue que sólo se trataba de otro turista, pero ninguna persona que hubiese visto en el trayecto tenía ese cabello platinado tan peculiar. Tuvo que reunir su concentración perdida y avanzar unos pasos más para darse cuenta de que el hombre que estaba a los pies de la cascada, parado sobre unas rocas, contemplando también el agua caer e ignorando su presencia, era Draco Malfoy.

La castaña frunció el ceño y miró a su alrededor, preguntándose si acaso era la única a quien le parecía extraña aquella situación. Para su desgracia o fortuna, no había nadie más que ellos en la zona y no es como si estuviesen juntos. Aunque estaba a una distancia en la que era fácil darse cuenta de quién se trataba, nadie podría sentenciar que se encontraban compartiendo la misma visión. Sin embargo, y como si hubiese sido llamado por los pensamientos de la chica, Malfoy giró su rostro y se encontró con ella.

No fue como la primera vez en la Central de Trasladores. Ella no estaba llorando ni él parecía enojado. Al contrario, cuando sus miradas se cruzaron, pareció existir una honda comprensión. Hermione lo miró con mayor detenimiento y se preguntó cómo era posible que Malfoy, aún en ese lugar, vistiera de esa forma tan presentable. Estaba convencida de que bajo ninguna circunstancia él habría utilizado un transporte muggle para llegar al lugar. Entonces, ¿qué hacía ahí?

Las dudas desaparecieron de su mente cuando el slytherin se alejó de la cascada y miró hacia atrás; ella siguió la dirección de su mirada y descubrió la visión lejana del mar. Eliminando cualquier duda que pudiese alojarse en ella, Hermione decidió caminar hacia el slytherin, dispuesta a agradecerle por el pañuelo que le había dado. Después de todo, no había sido grosero con ella cuando bien pudo hacerlo, así que eso debía de significar algo.

Por un instante creyó que Malfoy rechazaría su presencia con una mirada fría, pero él sólo la miró de reojo y no pronunció palabra alguna, ni siquiera cuando ella llegó a su lado. Hermione aprovechó esa aparente tregua entre ellos para mirarlo y concluir que, definitivamente, él no parecía un viajero sino más bien alguien que sabía perfectamente dónde estaba parado. Aquella deducción le hizo pensar que tal vez esa cascada tenía un significado especial para Malfoy, como para ella Milford Sound.

―No sabía que conocías Piopiotahi [1], Granger ―pronunció tan repentinamente que Hermione no pudo hacer más que sorprenderse cuando entendió que era a ella quien le dirigía la palabra. Analizó la pregunta y pensó que el nombre mencionado por Malfoy ya lo había escuchado anteriormente, aunque no podía precisar dónde. Mordió su labio inferior, tratando de recordar, pero cuando entendió que no conseguiría nada pensando de esa manera y que el rubio aguardaba por su respuesta, decidió sincerarse.

―No lo conozco ―musitó al fin, sonrojada―. Es la primera vez que vengo aquí. Además, me trasladé en una avioneta.

Draco levantó una ceja y la miró. Hermione supuso que estaría preguntándose qué demonios era una avioneta, así que tomó aire para explicarlo, más antes de que la oración pudiera salir de sus labios, él habló:

―Me sorprendes, Granger. En el colegio eras una sabelotodo.

―¡Oye…! ―reclamó, alzando la mirada ofendida, en un gesto que enseguida se suavizó cuando lo descubrió sonriendo divertido. Nunca lo había visto sonreír de esa forma, al menos no frente a ella.

Piopiotahies el Hogsmeade de Nueva Zelanda―explicó Draco, desviando su mirada una vez más hacia lo más alto de esa montaña, allí donde el paso para los turistas estaba restringido por su difícil acceso―. Es un pueblo mágico, o más bien, varios pueblos mágicos que se encuentran ubicados en cada una de las montañas que rodean la zona.

―No lo sabía ―afirmó Hermione, sorprendida y feliz (por primera vez en su vida) de no saberlo. Ignorante, y tal vez temiendo que ninguna respuesta llegara, se animó a preguntar―: ¿Te estás alojando en uno de esos pueblos?

―Suenas demasiado impresionada por esa aseveración, Granger ―murmuró, cerrando los ojos.

―Lo estoy ―aceptó ella, recogiendo un mechón rebelde que había cubierto su rostro―. Es decir, tú… no esperaba que te gustaran lugares así, ¿sabes? Eres un Malfoy y cuando te vi en la Central de Trasladores, pensé que tu destino sería Wellington.

―Fui criado en Wiltshire ―comentó casi casualmente mientras estiraba su mano pálida para que el agua de la cascada lo salpicara―. Es campo. Me es muy difícil adaptarme a una ciudad. Incluso el Callejón Diagón era muy molesto para mí.

Ante aquella inesperada confesión, Hermione buscó su mirada, pero Draco ya había dado la media vuelta para avanzar. Aquel no era el Malfoy que había conocido en la escuela y eso quedaba más que claro. Se encontró preguntándose cuánto sería capaz de arriesgar si le hacía caso a esa pequeña voz en su mente que le animaba a confiar, porque eso era justo lo que necesitaba. Poder confiar.

Unos segundos después, Draco se detuvo y miró hacia el mar con una fuerte concentración. La gryffindor entendió entonces que el rubio estaba por aparecerse en el lugar que había nombrado como Piopiotahi.

―Malfoy ―habló, antes de que el hombre cerrara sus ojos. Él no la miró, pero supo por la manera en la que encogió y subió sus hombros, que le estaba prestando atención―. ¿Podría ir contigo? Me… me gustaría conocer Piopiotahi.

El rubio no se movió después de escuchar la petición. Cuando Hermione estaba dándose por vencida, convencida de que aquello no era más que una estúpida idea, notó que la mano izquierda de Draco se dirigía a ella y aguardaba. Ella sonrió con suavidad cuando se acercó y estiró el brazo, descubriendo una masculina, pero suave mano sujetándola con firmeza. Se ruborizó y escondió su rostro tras su desordenado cabello cuando él volteó a verla durante un instante, antes de realizar una aparición conjunta.

Porque quizá, sólo por una vez, la siempre correcta Hermione podría permitirse arriesgar.


Tal y como Draco había dicho, Piopiotahi se trataba de un pueblo mágico. A Hermione le sorprendió descubrir la actividad de un día cotidiano desarrollándose con tanta libertad en una zona montañosa. Hacía frío, tal y como era de esperarse en una zona alta como ésa, pero no el esperado. Inclusive ella, que estaba cubierta con abrigadoras prendas muggles (y no una túnica y botas de piel de dragón como Draco), podía apreciar la luz del medio día y el calor que se sentía. Debía existir un hechizo que cubría al pueblo y lo libraba de esas pequeñas inclemencias del tiempo, o al menos ésa fue su conclusión.

Sea cual fuese la verdadera razón, Hermione se sintió reconfortada en cuanto llegó. Era como si un cálido mundo le hubiese abierto los brazos para estrecharla y decirle que todo el peso cargado en su corazón pronto se aliviaría. Ella deseó con todas sus fuerzas poder creerlo para así simplemente sonreír. Mientras caminaba apreciando todo lo que su alrededor acontecía, alcanzó a escuchar conversaciones de los habitantes, todas cargadas de un acento que más adelante supo que se denominaba Maorí, un poco más fuerte que su acento Británico. [2]

Si tiempo atrás le hubiesen dicho que esos serían los detalles que vislumbraría en compañía de Draco Malfoy, probablemente Hermione no habría atinado a hacer otra cosa más que reírse. No obstante, estaba ocurriendo inexplicablemente.

El slytherin caminaba a su lado, sin prisas y sin interrupciones, deteniéndose cuando ella lo hacía y permitiéndole ver el pequeño mercadillo que se expandía ante ellos. No hablaban, aunque de vez en cuando intercambiaban algunas miradas. Cuando Hermione detuvo sus pasos ante un artesano que creaba brazaletes, Draco se acercó, colocándose a su lado al mirar lo mismo que había llamado tanto su atención.

―Son creados como protección ―comentó Draco, lo bastante cerca de ella para que pudiera sentir su aliento y su fragancia envolviéndola, logrando que se estremeciera de una manera que logró ruborizarla. Nunca antes había pensando que sólo una ronca voz, explicándole algo, pudiera distraerla de tal modo―. ¿Notas la forma en cómo crea patrones de imágenes sobre la placa antes de darle forma de brazalete?

―S-Sí ―musitó ella, sintiéndose estúpida al tropezar con sus propias palabras―. ¿Tienen algún significado? ―preguntó, y aún sabiendo que si giraba sólo un poco su rostro se iba encontrar con el suyo, demasiado cerca, lo hizo. Draco, que al parecer no le incomodó aquella situación, bajó su mirada hacia los labios húmedos de la mujer y asintió.

―Dependiendo de la protección que quieras recibir ―musitó y desvió el cercano contacto hacia el artesano, estirando su mano para rozar sutilmente un par de brazaletes―. Estos diseños se regalan tradicionalmente un día anterior a una boda, de parte de los padres de la pareja. Simboliza la protección que se está pidiendo para la nueva familia que está por formarse. ¿Ves este grabado? ―preguntó Draco, rozando ahora uno de un profundo color plata. Hermione, al mirar de soslayo, grabó en su mente el aristocrático rostro del slytherin, percatándose más que nunca de lo atractivo que era―. Éste se regala a una persona a la que quieras protegerla de algún mal cercano, ya sea un accidente o inclusive la muerte.

―Sabes mucho de esto ―comentó Hermione, sin pretender nada con el comentario; sencillamente quería recalcar lo obvio. Draco entrecerró sus ojos y alejó sus manos de los brazaletes, antes de volver a su firme postura.

―He estado algunas veces aquí ―explicó, levantando su mirada hacia el cielo que, aunque despejado, parecía más bien recordarle a un día nublado―. Acabas acostumbrándote a ciertas cosas.

Draco no dijo nada más y sabiamente Hermione comprendió que no debía indagar en el pasado de una persona con la que apenas mantenía una relación que distaba mucho de ser compañerismo. Aunque, si era sincera consigo misma, el Draco Malfoy presente ante sus ojos parecía otro; no parecía interesado realmente en ser agradable, sino simplemente en ser… diferente.

―¿Satisfecha? ―preguntó Draco, en un intento de hacer exactamente lo que estaba cruzando por su mente: un cambio de tema―. Ahora eres una de las pocas personas que conocen este lugar.

―Sí, muchas gracias ―contestó, dibujando una tímida sonrisa mientras tocaba su brazo y miraba alrededor―. Tal vez si hubiera realizado este viaje con mayor precisión y no sólo como el resultado de una decisión impulsiva, las cosas habrían sido distintas. Pero aun así me alegra lo que ha pasado. Cambiaste, Malfoy.

―Tú también lo hiciste, Granger ―dijo, mirando intensamente a la mujer que estaba frente a él y que al parecer había olvidado que aún se encontraban en mitad de un pueblo, donde la gente iba y venía, siendo ellos un estorbo al estar parados en medio del camino. Aunque en realidad no es como si alguno le hubiese dado mayor relevancia a eso.

―¿A qué te refieres? ―cuestionó, entrecerrando los ojos y, sin notarlo, cambiando su posición a una defensiva. Eso al parecer le hizo recordar algo al rubio, que simplemente ladeó su sonrisa como si la oración de la castaña fuese lo más obvio del mundo. Probablemente porque para él lo era.

―A que te estás escondiendo aquí. Estás tan asustada que inclusive has aceptado venir conmigo sin saber si mis palabras eran ciertas. Pudo haber sido una trampa y pude haberte hecho daño. Pero desde que nos encontramos por primera vez, decidiste bajar la guardia conmigo. ¿Estabas esperando quizás eso? ¿Qué yo te dañara para olvidarte de aquello que estás escapando?

Hermione abrió los ojos al escuchar aquellas afirmaciones, al sentirlas terriblemente dolorosas quizá porque en el fondo tenían un cierto grado de verdad. Su labio inferior tembló y su ánimo, anteriormente sereno, vaciló. ¿Por qué Malfoy era capaz de leerla de esa manera tan acertada? ¿Por qué ella era tan estúpida para mostrar fácilmente sus emociones? Tal vez era porque cuando estaba con Harry, era ella quién tenía que descifrarlo, y Ron nunca habría sido capaz de notar aquello que bailaba con naturalidad frente a sus ojos. Tal vez en realidad Draco era una de esas pocas personas que se habían dedicado a leer sus expresiones corporales y a entender lo que decía entre líneas. Y aquello le hizo sentirse terriblemente expuesta.

―Tengo que irme, g-gracias por todo… ―dijo ella tan velozmente que posiblemente no fue escuchada por el rubio. Pero era mejor así, al menos para ella. No estaba comportándose como una gryffindor y eso era lo que menos le interesaba en ese instante. Lo único que anhelaba con todas sus fuerzas era hacer algo, algo que la cambiara profundamente para que nadie jamás pudiera reconocerla.

Asustada por sus pensamientos, apresuró sus pasos en la dirección contraria a la que había estado caminando con Malfoy. Tropezó con algunas personas, pero sólo se abrazó más fuerte a sí misma y continuó su camino. Recordaba la zona donde se habían aparecido: era solitaria, con grandes árboles que al parecer tenían la función de cubrir el pueblo. Zigzagueó en un callejón que le pareció familiar y decidió adentrarse por ahí mientras se tranquilizaba lo suficiente para poder pensar en hacer una aparición, pero sobre todo, dejar de pensar en Draco Malfoy. Sin embargo, pronto descubriría que ésa sería una faena difícil de realizar.

Cuando llegó a las afueras del pueblo, disminuyó su velocidad hasta quedar quieta, buscando controlar su agitada respiración. Mas antes de que lograra hacerlo, una mano se ciñó con fuerza en torno a su brazo, haciéndola girar con más suavidad de la que en un inicio pensó que sería. No tuvo tiempo para entender qué sucedía porque fue empujada y recargada en el tronco de uno de los árboles. Cerró sus ojos con fuerza, pero una inesperada mano fría acarició su mentón y alzó su rostro, para animarla a abrir los ojos. Como esperaba, Hermione se encontró con Draco, acorralándola entre su cuerpo y el árbol. Lo que no esperaba era su cercanía, su aroma y la manera en la que la estremeció con tan solo mirarla. Una mano se posó en su cintura y Draco se acercó más a ella. Hermione comenzó a llorar con suavidad y sólo cuando sintió una de sus lágrimas mojando la comisura de sus labios, ella abrió la boca para preguntar:

―¿Por qué haces esto?

―Porque nos parecemos ―fue todo cuanto dijo. Inclinó su cabeza y sus labios fríos chocaron contra los de Hermione. Ella, temblando, no opuso resistencia cuando la lengua tibia acarició y delineó su boca, pidiendo permiso para entrar ella. Y cuando sus lenguas se encontraron, ella suspiró y respondió vacilante a la suave caricia mientras sus manos se aferraban a la espalda de Draco, como si al fin hubiese encontrado un lugar del cual sostenerse.

La tarde en la que la vida de Draco Malfoy cambió de rumbo, no tenía nada de asombrosa; era otra tarde común. Algunos dirían que aquel rubio que había estado alojándose desde hacía varios días atrás en ese lugar, seguía siendo exactamente la misma persona que había sido al llegar. Otros, los cómicos, dirían que sólo era un extranjero más. Para Draco Malfoy, que siempre había seguido todas las órdenes impuestas en su vida, fue la tarde en la que descubrió que más allá de todo lo que creía, él se podía arriesgar. Arriesgarse y también, equivocarse.


Notas del capítulo:

[1] Piopiotahi, es el nombre en el idioma Maorí de Milford Sound. La comunidad mágica que inventé para esta historia decidí nombrarla con una de las lenguas más importantes de Nueva Zelanda. Los Maoríes son una etnia habitante de esta región. De ninguna manera se pretende faltar al respeto con esta pequeña invención, sino más bien como un pequeño homenaje al lugar que me inspiró para escribir esta historia.

[2] Hago una referencia nuevamente a los acentos que utilizan al hablar. Obviamente, el acento británico es diferente al neozelandés. También los acentos pueden variar en torno a la región. A esto se refiere con acento maorí.

[3] Agradezco a la música de piano del compositor Sean Beeson, maravillosas creaciones que me inspiraron varias veces para algunas escenas de este capítulo.

¡OMG, su primer beso! Me emociona el rumbo que está tomando la historia. Espero que haya sido de su agrado y, por su puesto, Alesz es para ti esta historia.

Muchas gracias a Fanfiker-FanFinal por betear esta historia. ¡Te adoro! *3*

A los reviews que no puedo contestar por mensaje privado:

Suki; ¡Muchas gracias por tu review! La verdad pienso que la vida de Hermione realmente es más complicada de lo que se da a entender. Aquí esta la versión de Draco, espero que te agrade. ¡Saludos!

Muchas gracias a adrmil, suki, Kuroneko1490, Alesz, FanFiker-FanFinal, jeka culle seddielovenathan por cada uno de sus reviews. ¡Saludos y hasta el tercer capítulo! ;)