Y antes de lo planeado (wii) aquí está el siguiente capítulo. Feliz año a todos^^
Advertencias del cap: Insinuaciones de Spamano (pero muy poquito). He descubierto que adoro meterme con Lovino XD pobre hombre. Se descubre la identidad del traidor~:3 Recordad que los diáloos en cursiva son en español ;)
Disfrutad~
Capítulo 4: Traición
No se trataba de que Romano quisiese ver a España.
¡Claro que no!
Lo que ocurría era que, simplemente el estúpido macho-patatas iba a ir a casa (¡¿por qué demonios tenía Veneziano que invitarle a comer ese día; o mejor, cualquier día, maldición?) y no le apetecía verle la cara, de manera que decidió irse al país vecino. Total, Antonio siempre le recibía con los brazos abiertos, no importaba lo mucho que su antiguo secuaz se aprovechase de él con las comidas y el alojamiento gratis. Era realmente idiota, pero eso a Italia del Sur le venía muy bien.
Ya en la concurrida Madrid, decidió ir a buscarle a su casa. Conociéndole, estaría perdiendo el tiempo de alguna manera estúpida, como tocando la guitarra o algo así. Claro que para Lovino Vargas, la única cosa productiva que el español podía hacer se trataba de cuidar su huerto de tomates (para, por supuesto, dárselo luego al italiano en forma de alguna cena en la que el sureño se auto invitase. Como esa vez, vamos).
Sin embargo, no necesitó ir a su casa para verle. A unas tres manzanas de la misma, España se encontraba apoyado contra una farola. A Romano le dio igual que pareciese estar esperando a alguien. Había encontrado a Antonio y pensaba obligarle (bueno, convencerle. Nunca necesitaba llegar a tanto) a que le llevase por ahí a comer, pues casi eran las dos.
Mas, cuán grande sería su sorpresa al ver como el español levantaba la cabeza en dirección contraria a la del italiano, sonreía y empezaba a caminar para, a los pocos pasos, abrazar efusivamente a una mujer que comía chocolate y que le sonreía tanto como él a ella. Cuán molesto se sintió cuando vio como le daba os besos en las mejillas (¡pero eso no eran celos!). Cuán desconcertado se quedó cuando reconoció a la mujer que habían visto en la reunión a través de las ventanas, pendiente negro y puntiagudo colgando de su oreja como si de un ser incomprendido se tratase.
Cuán furioso se sintió al oír como la voz del español, cargada de cariño y afecto, pronunciaba con la tranquilidad de una antigua amistad (o algo más) un nombre propio, perteneciente a la mujer.
España, ignorando que estaba siendo observado por cierto italiano, saludó tranquilamente a la mujer.
—¡Cuánto tiempo, Laura!
Ella la miró, con una media sonrisa escéptica y levantando una ceja.
—Vamos, Toño, que sólo han sido tres meses—replicó la tal «Laura».
Hablaban en español. ¡Español! Por primera vez, Lovino agradeció haber aprendido ese puñetero idioma que tantos quebraderos de aveza le había dado en su momento. Y el acento de la mujer, esa vez, era de… de… Bueno, no lo sabía («¡¿Porqué rayos se supone que debería de saberme todas las zonas de España, maldición?»). Lo importante era («¿lo era?») que ella también podía hablar en español.
Antonio puso cara de perrito abandonado.
—Eso es mucho tiempo—replicó, haciendo un puchero—. Y yo echo de menos a mi hermanita mayor.
Laura sonrió mientras suspiraba. «Ya eres lo suficientemente mayor como para cuidarte solo» le replicó. Pero Lovino no lo oyó. Se encontraba demasiado paralizado como para reaccionar de manera adecuada. ¿Que esa mujer era su qué? ¡¿Y desde cuándo? ¡¿Qué coño significaba eso? Desde la esquina en la que se había escondido, Romano siguió escuchando y observando.
España puso los brazos en jarras, mirándola con una ceja alzada.
—Por cierto—le comentó—, ¿no te ha visto mucha gente últimamente? Incluso tu posible procedencia fue un tema de conversación en la última reunión. Por no hablar del espectáculo que diste.
Ella puso los ojos en blanco, como irritada consigo misma.
—Oh, ni me lo recuerdes. ¿Te puedes creer que Alemania hasta pudo hacerme preguntas? —sí, estaba irritadísima consigo misma—. Últimamente no paro—se quejó.
Antonio decidió que era un buen momento para intentar convencerla de algo en lo que llevaba mucho tiempo insistiendo.
—¿Sabes? Quizás—dejó caer—, si me dices que es lo que haces, podría ayudarte…
Ella le miró a los ojos y, con una gran sonrisa, le dijo:
—No
Romano incluso juraría haber visto un corazón salir de su boca tras esa negación tan seca y rotunda. España trató de insistir, pero ella le cortó.
—Hemos tenido esta conversación muchas veces, y sabes que no voy a ceder— le regañó su hermana.
—Pero ya no soy sólo yo—trató de hacerla entrar en razón su hermano—. Ahora los otros países también saben que…—el español pareció dudar un segundo—que estás por ahí, cerca de ellos, y podría ser peligroso para ti. No sabemos si tus intenciones son buenas o malas.
—Ese será mi problema—replicó ella con suavidad—, y yo lo solucionaré. Además, no hemos quedado para hablar de esto, ni de economía, ni nada por el estilo—Laura alzó una ceja—, sino para pasar el rato. ¿O me equivoco?
España se rascó la nuca, sonriendo como disculpa. Ella la aceptó, dirigiéndole otra y le agarró del brazo.
—Venga, vamos a zampar
—¿Sólo piensas en comer?
—¡Sabes que sí! —afirmó ella.
Y entre las carcajadas cómplices de los hermanos, comenzaron a caminar hacia algún restaurante barato.
Por supuesto, Romano les siguió.
Había sido una tarde agotadora, aunque productiva, para el italiano.
Agotadora porque estuvo toda la tarde siguiéndoles allá donde fueran, no importaba si se sentaban en una terraza o estaban dando una vuelta por el parque, Lovino nunca estaba muy lejos, y siempre intentando escuchar y comprender lo que decían (si bien, y para su desgracia, nunca mencionaban nada interesante, no eran más que conversaciones normales entre hermanos, de esas que él nunca tuvo con Feli).
Sobraba decir que él no había comido y que estaba muerto de hambre. Encima la muy bastarda de la Laura esa había estado a punto de pillarle en tres ocasiones. ¡En una incluso se había subido a una farola para ver mejor a su alrededor! Lovino creyó por un segundo que le había visto, pero cuando bajó y Antonio, preocupado, le preguntó que ocurría, ella, sonriente, le respondió que nada. Mira que bien, los dos iban a resultar igual de idiotas.
Por otro lado, la tarde había sido productiva porque tenía fotos de ellos dos juntos en el móvil para dar y regalar. El bastardo traidor español no se iba a poder librar de una buena, no.
A eso de las ocho de la tarde se despidieron y cada uno se fue por su lado, de manera que Lovino dio por concluida la misión para alegría de su vacío estómago y cansadas piernas y pies. Lo cierto era que sentía unos deseos irrefrenables por abalanzarse sobre el español, insultarle hasta quedarse sin voz y pegarle cabezazos hasta romperse la cabeza por ser él quien encubría a la mujer, pero se contuvo. Sería mucho más favorable para sus planes dejar caer la noticia bomba en la siguiente reunión. Rió malignamente cuando comenzó a fantasear con ello. Sí, esperaría un poco. Ahora tenía que volver a Roma, aunque… ¡un momento! ¿Por dónde cojones se salía de esa concurrida, enorme y extranjera ciudad?
…
Oh, mierda.
Laura observó desde un tejado cercano y con una sonrisa divertida, como Romano caminaba por la ciudad, buscando su coche desesperado. Podría ayudarle, pero era malvada y no pensaba hacerlo. O eso pensaría cualquiera, pero la realidad era que ella no se inmiscuía en lo que no le importaba. Y el hecho de que Lovino estuviese totalmente perdido no le incumbía en absoluto. Además, no era imbécil. Lograría salir de Madrid.
La mujer era consciente de que la nación les había estado siguiendo toda la tarde, pero le había dejado. También se imaginaba que lo soltaría en la siguiente reunión, y lo cierto era que lo esperaba. Casi se podía decir que lo necesitaba. Los tiempos cambian, después de todo, y le había llegado el turno a su posición.
«Haz bien tu papel, Italia del Sur» pensó Laura.
Cuando el italiano se hubo convertido en uno más de todas las personas que caminaban por la calle, decidió marchar también.
Sólo podía esperar.
Reviews:
ariadonechan: Me alegro de que te guste. Ya has podido ver quien es el traidor aquí, y su relación de sangre, seh. Pobre ice, tendrá que tener cuidado XD aunque Mr. Puffin no es malvado...creo. ¡Escóndete ice! XD Y los antíguos saldrán bastante, muajaja.
Annimo8: Bueno, tu y yo ya hablamos, así que nada que decir ahora XD. Ya te responderé por mail a tus comentarios.
Y hasta aquí el capítulo cuatro. Un poco cortito, lo sé, pero el siguiente es más largo, lo prometo. De hecho, es tan largo que he tenido que dividirlo en dos :D
Hasta el próximo~
