Aquí la continuación ^^ (Qué ganas de escribir me entraron este domingo, madre mía) ¡Gracias por todos vuestros reviews, favs y alertas!
Advertencias:...Yo diría que nada... Admito que estoy subiendo esto con algo de prisa, de manera que si vveis algo que yo no y que haya advertido en el primer capítulo (y dicho que recordaría), podéis decirmelo, que lo edito.
Disfrutad~
Capítulo 5: Sorpresa
Tras estudiar cuidadosamente el calendario (echarle un vistazo) y decidir que una reunión en tres meses era demasiado tiempo a esperar, Romano se vio obligado (muy a su pesar) a llamar al macho patatas para que proclamase una reunión de urgencia en un par de semanas. El motivo, por supuesto, que ya conocía la identidad del traidor, y Lovino pensó que eso sería suficiente para despertar la curiosidad de todas las naciones, y justificación para la urgencia repentina de dicha reunión. No se equivocaba. Por otro lado, Alemania creyó necesaria la participación de todos los países, bajo amenaza de resultar sospechoso si no iban.
En menos de tres días ya estaba todo organizado, e incluso tuvieron que adelantarla una semana porque todas las naciones estaban impacientes por interrogar a alguien y sacar información.
Sin duda, se mascaba demasiada tensión y desconcierto.
Todos los países estaban sentados en sus respectivos sitios, y se miraban unos a otros, nerviosos. A identidad del traidor iba a ser revelada. ¿Sería su vecino? ¿O la persona junto a la cual se sentaban en la reunión? Eran demasiadas incógnitas, y la presión les pasaba factura. No hacían más que gritarle a Romano que lo soltase de una buena vez. Alemania se vio obligado a pedir orden.
Lovino, por su parte, y para evitar que el traidor se escapase, le pidió a Holanda que guardase la puerta. El holandés, viéndose libre de culpa (y tras un pequeño y aliviado suspiro de su hermana), aceptó sin muchos reparos. No dijo nada sobre las ventanas (Antonio no era lo suficientemente idiota como para saltar por las ventanas…o eso pensaba la nación itálica. Después de todo, no quería que muriese por tirarse al vacío mientras huía, quería matarle él personalmente/nacionalmente).
Una vez todos se posicionaron y se hubieron quedado en silencio, Lovino se levantó. Cientos de miradas se clavaron en él.
—Hace una semana, fui a visitar una nación, y descubrí que esa mujer—narró, sintiendo como a cada palabra de más que pronunciaba, le hervía más la sangre, recordando lo que había visto. ¡Pero no eran celos!— es la hermana mayor—recalcó— de la nación que la encubre. Y les saqué fotos—puntualizó, mientras les daba el móvil con las pruebas a las naciones para que se lo fueran pasando
Los países comenzaron a murmurar entre sí. ¿Otra nación aparte de Italia y Alemania compartía territorio? Romano, sintiendo que no sería capaz de contener su furia, se encaró con Antonio, al que tenía al lado y quien se encontraba bastante nervioso por razones obvias.
—¿Verdad, España? —le gritó.
Cientos de pares de ojos se clavaron en el País de la Pasión, cuya perenne sonrisa denotaba nerviosismo e incomodidad. No era buena señal, y los demás países le miraron, aún más inquisitivos, pese a la sorpresa inicial.
—¡Antonio! —saltó Francia, indignado—¡¿Cómo es que nunca me lo habías dicho? ¡Una belleza como esa merece recibir l'amour del tito Francis! —su mirada depravada hizo que varias naciones se alejasen de él. Y pese a la presión, incluso Antonio le miró mal. ¡Qué era su hermana!
—¡¿Cómo puedes decir eso, wine bastard! —se le encaró Inglaterra—¡Esto es serio!
—No te pongas así, Arthur, mon ami—Francis le guiñó un ojo seductoramente—. ¡Podemos hacer un trío!
—¡¿Qué estás diciendo? —le gritó Arthur, sonrojado por lo obsceno de la proposición.
Rápidamente comenzaron a discutir, por lo que Alemania decidió tomar las riendas del interrogatorio posicionándose frente a un Antonio acorralado en su silla, y con buena parte de los países mirándole mal; o con reproche, sin ser tan radicales.
—¿Quién es y qué está haciendo, España? —exigió saber Ludwig. Romano no había podido empezar a interrogarle porque había pasado a intentar lanzarse sobre el español, de manera que varios países tuvieron que detenerle. El italiano tenía que conformarse con forcejear y lanzarse y lanzarle todos los exabruptos que sabía; junto con un par de los típicos para Alemania, aprovechando que estaban cerca el uno del otro.
—N-no puedo decírtelo—respondió Antonio con una sonrisa temblorosa y sin mirarle a la cara.
Ludwig siguió atravesándole con la mirada. Tendría que tomar medidas drásticas.
—Muy bien, en ese caso tendré que anular todo mi comercio contigo—sentenció.
Varias naciones se quedaron sin respiración. España abrió los ojos de manera desorbitada.
—¡No! —se agarró a sus piernas, lloriqueando, suplicante—. ¡Tú no lo entiendes! ¡Se enfadará conmigo si haces eso! — vale, eso no entraba en los planes del alemán, y no era el único sorprendido—. Me castigará. ¡Y no quiero otros dos años de impotencia! —las naciones le miraron fijamente. ¿Que su hermana le había qué?
En cuestión de un instante, Francis había dejado de discutir con Arthur y se había posicionado frente a Alemania, con actitud solemne. París peligraba y eso no era bueno para la Nación del Amor.
—Tenemos que reflexionar esto, Alemania.
—¡No me voy a echar atrás por una amenaza tan falsa! —replicó Ludwig.
Justo en ese momento, y sorprendiendo a Holanda, la puerta se abrió.
Laura gruñó, molesta. Llegaba tarde a la puñetera reunión. Mierda, sabía que tenía que haber ido antes. Ahora las pasaría canutas para entrar. No era como si no pudiese hacerse invisible, pero la gente no solía ver puertas abriéndose y cerrándose, de manera que tuvo que esperar pacientemente (que desgracia que no tuviese demasiada)a que alguien abriese la puerta y aprovechase para colarse. Afortunadamente, su deseo se cumplió a los pocos minutos, pero casi se choca con el humano que salía.
Ya en el edificio, se dirigió al ascensor especial que le llevaría al piso en el que se celebraba en encuentro. El ascensor estaba por un sistema de alta seguridad por la cual la gente sólo podía subir si conocía una contraseña especial. Sólo las naciones la sabían, claro; aparte de otras pocas personas, como sus jefes, los trabajadores del edificio o el personal de limpieza. Por supuesto, ella también la sabía. Sólo había tenido que preguntársela a su hermano con una excusa cualquiera.
Escasos minutos más tarde ya estaba frente a la puerta. Se oían varios gritos y…¡Oh! Parecía que Ludwig estaba interrogando a su querido hermanito. Laura reprimió una sonrisilla. Ojalá hubiese llegado antes, aunque sólo fuera para reírse de la cara que debía tener. Qué malvada era en ocasiones. Antonio se negó a decirlo. ¡Qué hermano tan fiel! Aunque, teniendo en cuenta que estaba bajo el mismo conjuro que los animales guardianes, más que «fidelidad», se calificaría como «imposibilidad de ser infiel». O lo que fuera.
« Muy bien, en ese caso tendré que anular todo mi comercio contigo »
Vale, eso ya no le gustaba tanto. Se aseguró de que lo tenía todo preparado bajo los pliegues de sus ropajes de cuero y lana y decidió entrar en la sala.
Qué problemáticos eran las naciones.
Todas las naciones se volvieron hacia la puerta. Enmudecieron de asombro al ver a la nación que tanto les había dado que hablar aparecer por allí y saludar con un «Hola» de acento londinense como si nada. Holanda apenas reaccionó al verla, aunque ella, por si acaso, se alejó un poco. La sorpresa no le duraría eternamente. España fue el primero en reaccionar.
—¡Ten piedad! —le suplicó—¡Nos han visto y no sé cómo!
Su hermana puso los ojos en blanco.
—Y lo sé, dejé que Romano nos viera. Tenía la esperanza de que lo dijese en la siguiente reunión, aunque el que la adelantaseis fue una sorpresa. Y no pensaba hacerte nada—murmuró. Bueno, lo cierto era que no podía negar que se cabreaba con facilidad y que se había ganado esa reputación a pulso.
Antonio la miró, sorprendido.
—¿Qué? ¡Se supone que eres algo así como una nación secreta!
—Parte de—especificó ella—. Todos nos cansamos de ser invisibles, supongo
—Te conozco lo suficiente como para saber que eso no es una excusa—le replicó España. Laura se encogió de hombros y se giró de espaldas—. ¡Pasota!
Ella le ignoró y centró su atención en la escopeta que tenía a escasos centímetros de de su cabeza. Suiza nunca se hacía de rogar. Pese al arma (o quizás precisamente por ella), ella le encaró y le sonrió socarrona.
—Ya que has venido aquí por voluntad propia y nos has ahorrado el trabajo de buscarte—dijo Vash, muy serio—, no vas a marcharte de aquí hasta haber respondido a todas nuestras preguntas.
—Lo siento, pero tengo asuntos más importantes y urgentes que atender. No puedo perder el tiempo con esto.
Vash entrecerró los ojos. ¿Cómo podía estar tan tranquila, aun siendo un país?
—No creo que entiendas tu sit…
—Vash—cortó ella con voz firme y expresión neutra.
El suizo la miró, expectante. ¿Por qué tenía un mal presentimiento? Laura murmuró algo extraño y una pequeña runa se formó en su boca durante un segundo. Suiza sacudió la cabeza. De repente tenía mucho, mucho sueño…Se desplomó en el suelo, profundamente dormido, ante la sorprendida y preocupada mirada de las demás naciones. Más de uno comenzó a apuntarla con sus propias armas. Laura suspiró.
—Mierda, y yo que no quería crear problemas.
—Has empezado con muy mal pie, sin duda—replicó Alemania
—¿Qué es lo que quieres? —exigió saber Bielorrusia. No permitiría que tocase a su hermano mayor. Su mirada daba verdadero miedo. Tanto el propio Iván como los bálticos se alejaron de ella.
—Salvar vuestro culo una vez más—replicó ella, indiferente.
Todos la miraron, desconfiados.
—Tú nunca nos has salvado de nada. Además, ¡no necesitamos tu ayuda! —replicó Estados Unidos. La obsesión de Alfred con ser el héroe podía llegar a ser algo realmente enfermizo.
Laura le dirigió una sonrisa sarcástica.
—os he salvado más veces de las que puedo contar. Sencillamente lo hago sin que seáis conscientes de ello—le replicó—. Y ya he perdido tiempo suficiente.
Ignorando a todas las armas que la apuntaban, miró a su alrededor. Romano y Veneziano se encontraban en lugares opuestos de la habitación. Y ambos estaban tras un hueco en la barrera de armas que rodeaba, el primero, agarrado por un par de países; y el segundo, temblando cerca de Alemania. Muy lejos el uno del otro. Bien, eso era bueno.
Laura se encaró a Romano, quien comenzó a temblar de miedo imperceptiblemente. ¡Vamos! ¿Quién estaría tranquilo frente a alguien a quien ni Rusia y Bielorrusia juntos eran capaces de intimidar? Nadie en su sano juicio. Y Lovino estaba muy en sus cabales.
—¿Estás bien, Romano?
La pregunta desconcertó a todos los presentes.
—¡Claro que sí, bastarda! —replicó él por puro reflejo, aterrado. Podía ser una mujer, pero sus genes españoles debían de destacar para que le hubiese soltado eso. Tembló con más fuerza al darse cuenta de que no había insultado a la persona más adecuada. Pero ella ignoró el comentario.
—¿Estás seguro? —insistió ella.
—¡S-sí! —tartamudeó, ya libre de sus captores.
Laura frunció el ceño, pensativa. Eso no entraba en sus planes. Y no podía haberse equivocado. La vigiló a través de pelo disimuladamente. Y entonces vio lo que necesitaba. Se giró lo más rápido que pudo, salió del círculo de un salto y se abalanzó sobre Feliciano, tirándole al suelo. A Alemania no le dio tiempo a reaccionar y defender al italiano. Pero ella se separó de la nación norteña en cuestión de un instante y miró hacia la pared cercana, en la que había una gran grieta. Laura sonrió para sí. Si es que a ella ya no la podían engañar.
—F-fratello? —susurró Feliciano, asustado.
Efectivamente, Romano estaba allí, frente a ellos, con una mano clavada en la pared y ocasionando la grieta. Tenía los ojos en blanco y una sustancia gris recubría buena parte de su cuerpo.
Laura invocó un bō* y ordenó a todo el mundo que se alejase del italiano. Finlandia no lo hizo con suficiente rapidez y esa cosa grisácea que recubría el cuerpo de Italia del Sur le arañó el hombro. Tino cayó al suelo sufriendo un dolor demasiado intenso para haber sufrido el ataque en su cuerpo humano.
Laura se apresuró a defenderle y a hacer retroceder a Romano con el arma, empujándole. Tras adquirir distancia, Laura murmuró un par de runas sobre el bō y golpeó el pecho de Romano con ella. De su espalda comenzó a salir esa sustancia tan rara y a tomar la forma de una especie de pelota con alas. Laura avanzó un paso e, invocando una espada a la que añadió algo de magia, cortó a la sustancia, la cual se volvió blanca y desapareció. También agarró el cuerpo inconsciente de Romano antes de que chocase contra el suelo. Le tumbó sin demasiadas ceremonias. Todos la miraron sin saber cómo reaccionar. Suiza comenzaba a despertarse, y Liechtenstein se arrodilló a su lado, preocupada. Pero aparte de tener algo de somnolencia, Vash parecía encontrarse en perfectas condiciones. Veneziano también se acercó a su hermano.
—No te preocupes—la voz de Laura le sobresaltó en medio de tanto silencio, sólo está inconsciente. Despertará dentro de un rato.
España suspiró de alivio sin darse cuenta. La confianza que (pese a todo) parecía profesarle a su hermana contribuyó a tranquilizar la tensión de todo el mundo.
—¿Qué demonios era eso? —gritó Turquía
Laura tardó un poco en responder.
—Un poseedor
Pero un repentino gemido de dolor desvió su atención. Cierto, Finlandia había resultado herido. Suecia, pese a su cara inexpresiva, le abrazaba preocupado. Y no era el único inquieto. No era normal que a una nación le doliese tanto un mísero rasguño, y se notaba que el pobre Tino se estaba esforzando por no gritar. Laura se acercó, pero los nórdicos la detuvieron. Aún no podían fiarse de ella, sobretodo Noruega, aunque eso era más por motivos personales que por desconfianza real. Hanatamago les ladró para que la dejasen pasar. Mr. Puffin también intentó convencerles. Pero fue el propio Berwald quien dio el visto bueno:
—D'jadla—les pidió
Si Hanatamago confiaba en ella, él podía confiar en ella.
Tras mirarse entre sí, y un poco recelosos, los tres nórdicos se apartaron. Laura procedió a examinarle la herida a Finlandia bajo la atenta mirada de todas las demás naciones. Mentiría si dijera que no estaba nerviosa. Pero tenía cosas más importantes de las que preocuparse. La herida tenía un poco de esas sustancia. No era peligroso, en un principio, pero atraería a más. Y eso sí sería peor.
Sacó un pincel y un bote de tinta negra de entre los pliegues de su ropa y comenzó a trazar símbolos alrededor de la herida. Le dio un suave golpe y la sustancia salió. Tras un suave susurro por parte de la mujer, la sustancia se volvió blanca y desapareció.
Finalmente, la mujer trazó nuevas líneas de tinta a través de la herida abierta y esta se cerró, utilizando la tinta como si ésta fuesen puntos de sutura e hilo, y en lugar de pintar, Laura le hubiese cosido. Por último le trazó un nuevo par de símbolos alrededor, y el dolor desapareció en cuestión de instantes. La herida tampoco parecía que iba a tardar mucho en cerrarse. Dando la cura por finalizada, Laura se levantó, pese a que Hanatamago intentaba lamerle la cara en agradecimiento.
—G-gracias—murmuró Finlandia.
Ella sólo asintió.
Tras asegurarse de que, efectivamente, Tino estaba bien; Noruega encaró a Laura. No le dijo nada porque no era necesario. Le estaba exigiendo respuestas. Y Laura supo que tenía que empezar a darlas. Suspiró.
En fin, dejar que la pillasen había sido idea suya, después de todo.
*Bō: Un bō (棒, ''bō''? «bastón») es un arma en forma de vara alargada o pértiga, generalmente hecha de madera (roble, bambú, etc). Han existido de una forma u otra en todas las culturas, sean: Egipcia, india, china, japonesa u okinawense.
Reviews:
Annimo 7: Tengo que decirte que adoro tus comentarios, ¡en serio! No sabes lo mucho que me animan. Ojalá supiera yo comentar así. En fin... Supongo que tienes razón, que el traidor sería Romano, no lo había pensado ._. lo cierto es que tengo que reconocer que le llamé traidor no porque lo fuera de verdad, sino por como acababa el capítulo anterior, con todos pensando que había un traidor. A ver, creo que esto no lo he explicado muy bien XD Sí, Laura es una nación y sí, forma parte de los antiguos... más o menos. Yo considero que está en un punto medio, pero supongo que sí que podríamos considerarla de los antiguos. No voy a decirte mucho más porque lo explicaré más adelante.Y no te preocupes por haberte enrollado con esto, si te digo la verdad, me encanta saber las teoríasde mis lectores; saber si aciertan, si están equivocados, ect. Se me hace muy interesante saber como creen que se desarrollará y, quizás, darles una sorpresa. Y sí, está solita ;_; y su vida no ha sido muchas alegrías precisamente. En parte es por eso por lo que tiene tan mal genio (aunque eso lo mostraré mejor próximamente). Jojojo, no te preocupes por eso. En realidad, ya tengo escritos hasta el capítulo diez, lo que ocurre es que los tengo en un cuaderno y tengo que pasarlos a limpio. No quiero perder la vieja y sana costumbre de escribir a mano (además, me concentro mejor). ¡Gracias por el review!
Rain: Aquí tienes tu conti recién salida del horno, disfruta. Pero cuidado, que igual te quemas XD. Bueno, lo único que planeaba Laura que hiciese Romano era lo de decirles a todos que él era el traidor. Su trabajo ha terminado y la ha cumplido satisfactoriamente.
Laila.X.: Me alagas diciéndote que te encanta. Si te digo la verdad, no sabía muy bien como comenzar esto, sólo quería que alguien la viese y lo dijese en una reunión. Y Alemania resultó ser la víctima. Pobre Ludwig XD Estoy segura de que miles de personas querrían ese poder, yo entre ellas, aunque sólo sea para meterme con el personal jejeje Qué malvada soy. Su hermana es...un poco de todo :D Tengo la teoría de que los países pueden cambiar su nombre sin desaparecer. Algo así como que evolucionan con sus ciudadanos, no son los mismos que al principio, pero tampoco se convierten en otro país. Ya os lo contaré.
Nessynish: Léetelos, léetelos, que ya me contarás XD
Siento el corte tan brusco que hay en este capítulo, pero es que en un inicio este y el siguiente eran uno. Muy largo. Demasiado, y decidí cortarlo en dos.
¡Laura no teme, Laura está como una maldita cabra! En serio, estoy de acuerdo con Lovino, ¿quien se enfrenta a Rusia y a su hermana? Yo no, creédme. Y tiene una manía malsana con colarse en sitios. Cerrad la puerta con llave~ XD
Y en el siguiente os contaré (por fin XD) que es eso que les persigue.
