Aquí os traigo otro capítulo en el que las cosas empiezan a complicarse. A ver si por las pistas que voy dando acertáis con todo lo que ocurre. También es otro de mis capítulos preferidos.

Disclaimer: Hetalia no me pertenece.

Advertencias: Angst. Muerte de un personaje.

Nombres:

Eslavia (Oriental): Nadia

Disfrutad ~


CAPÍTULO 16: HIELO

Germania agarró las riendas de los caballos con firmeza mientras Celtiberia se subía a uno de los corceles. Luego el germano hizo lo propio. Tras asentir, ambas naciones se pusieron en marcha.

La siguiente nación a visitar era Eslavia Oriental*. El problema era que para llegar a sus tierras antes tenían que atravesar el territorio de uno de sus hermano, Eslavia Occidental*. Y éste era conocido por su enorme territorialidad y agresividad. Germania sabía de antemano que no le permitiría cruzar su territorio por las buenas, y que, por tano, la única manera de lograr atravesarlo consistía en colarse y galopar lo más rápido posible con los caballos. Los caballos habían sido hechizados de antemano para poder correr durante días sin descanso.

—¿Preparada? —le preguntó Klugheit

La frontera estaba a pocos metros. Celtiberia asintió. Ambos instaron a los caballos a acelerar y cruzaron la frontera. Estaban en territorio eslavo.


Tras varios días galopando sin parar, se acercaban a su destino. Pero así como ellos se encontraban casi fuera del territorio ajeno, Eslavia Oriental les había detectado. Y él y un grupo de sus gentes le perseguían a caballo con espadas y lanzas; dispuestos a abatirles por haberse atrevido a penetrar en sus tierras. Aquel que lideraba la marcha, Eslavia, sonrió de manera feroz y le gritó a Germania:

—¡Te lo advertí, Germania! ¡Te advertí que no volvieras por aquí!

Germania apretó los dientes al oírle e instó al caballo a acelerar. Celtiberia le imitó. Se adentraron en un bosque espeso y comenzaron a ganarles terreno a sus perseguidores gracias a la magia que protegía a sus monturas. Pero no era suficiente y ambos lo sabían, de manera que Klugheit decidió que debían separarse. El caballo de Celtiberia sabía hacia dónde tenía que ir, de modo que, sin despedirse siquiera de ella, comenzó a frenar para llamar la atención de sus perseguidores y cambiar de dirección.

Celtiberia siguió cabalgando sola, con la adrenalina aún recorriendo su cuerpo. Todo estaba en silencio salvo el sonido producido por los cascos de su caballo al golpear el suelo. Celtiberia miró hacia atrás para asegurarse de que estaba sola. Los árboles se sucedían a gran velocidad, oscureciéndolo todo debido a la espesura del follaje a pesar de encontrarse a pleno día. Era una estampa bastante siniestra que a la pequeña nación le dio escalofríos. Sacudió al cabeza para alejar esos pensamientos y centrarse en el camino que tenía por delante.

Pero un grito feroz tras ella la hizo asustarse y alertarse a partes iguales. Miró hacia atrás. Eslavia la perseguía y le estaba dando alcance.

—¡Ja! —rió—, ¿creías que iba a caer en una estrategia como esa? ¡Idiota! ¡No vas a salir de aquí en muchos años, niña!

Celtiberia empezó a sudar. Si no hacía algo, Eslavia la atraparía. Por mucha magia que tuviese su caballo, encontrarse en territorio de su perseguidor suponía una gran desventaja. Apretando los dientes, la pequeña nación decidió intenta deshacerse de él. Agarrándose con fuerza para no salir volando, Celtiberia logró darse la vuela sobre la silla de su caballo y encontrarse de cara a su perseguidor. Eslavia se sorprendió al verla realzar una acción tan temeraria, pero no redujo la velocidad.

Entonces Celtiberia formó a Thuris, la Espinosa, y la lanzó contra el suelo haciendo crecer las plantas con rapidez y que el caballo de Eslavia se tropezase y cayese al suelo. La pequeña nación se agarró bien al caballo y dejó que éste la guiase. Un par de horas más tarde, había salido de los territorios del eslavo.


Ya adentrados caballo y jinete en una gran llanura, en un nuevo territorio, el animal redujo la marcha. Celtiberia no sabía a dónde tenía que ir, de manera que dejó que el animal la guiase, con la esperanza de que llegasen a algún poblado antes de que el propio caballo desfalleciese hambriento. Avanzaron varios días sin encontrarse con nadie y la nación comenzó a preocuparse por el agotado animal. Ella era una nación, y aunque no le venía nada mal comer y dormir, no se moría por no cumplir con dichas necesidades.

Empezó a nevar. No con demasiada fuerza, pero gracias a las bajas temperaturas, la nieve cuajaba en seguida. La nación empezó a sentir frío. Y no había ningún poblado cerca. No pasó mucho tiempo antes de que nación y animal se encontrasen vagando sobre un pequeña y espesa capa de nieve que a Celtiberia le llegaba por los tobillos. La nación no estaba preocupada por ella misma, pues el entrenamiento en Esparta la había preparado para ventiscas mucho peores que eso, pero el caballo comenzaba a dar muestras de agotamiento.

Fue entonces cuando vio una figura en la lejanía acercándose. Blanca y etérea como la nieve. Celtiberia paró y esperó a que la figura se acercase a ella. Tenía la piel blanca y el pelo rubio y largo, casi albino; los ojos azules entrecerrados y una pequeña sonrisa afable. Vestía con ropas de piel que abrigaban mucho. Y no era una persona, sino una nación. Era Eslvia Oriental, madre de tierras frías e inhóspitas. Se paró junto a la nación y se agachó.

—Eres Celtiberia, ¿verdad?

Ella asintió.

—Germania me dijo a través de sus runas que te recogiera y creo que también me dijo algo más, pero sinceramente, me cuesta mucho leer esas cosas y no lo entendí muy bien*—admitió, mientras suspiraba son pesar—, pero supongo que has venido a aprender.

Celtiberia asintió. Entonces Eslavia le agarró la mano como si fuese su madre y le sonrió.

—Yo soy Eslavia Oriental, hermana de ese energúmeno que tantos problemas te ha dado para llegar hasta aquí, pero puedes llamarme Nadia. Cerca de aquí hay un poblado en el que podrás ponerte ropa de abrigo y descansar. También nos ocuparemos del caballo. Eso me recuerda que le debo un caballo a Germania—dijo, pensativa, mientras le acariciaba el lomo al agotado animal. En seguida sonrió. Ya lo solucionaría—. Vamos.

A pesar del frío que hacía, Celtiberia notó la calidez con la que la nación le había sonreído y la ternura con la que tenía cogida su mano (pese a que ella no se lo había pedido). En el poblado Eslavia les entregó el caballo a los jefes y se llevó a Celtiberia a una tienda donde le dieron ropa de abrigo, comida y una cama de pieles para dormir. Después hablaron el resto del día.

Nadia le explicó cosas sobre ellos y empezó a enseñarle un poco el idioma. Le dijo que eran nómadas y que su pueblo viajaba constantemente de un lado a otro, cosa que ellas también harían aunque por separado, viajando de un clan nómada a otro. Le dijo que tenía dos hijos, un niño y una niña que también eran naciones pero sin territorio propio todavía y por tanto, lo compartían con ella. Y que se encontraban viviendo juntos con un clan concreto. Le dijo que a veces desaparecería para ir con el clan y cuidarles, y que por eso igual estaba sola con frecuencia. Se disculpó.

A Celtiberia no le importó. También dejó que la arropase por la noche y le catase una canción. No se quejó cuando notó el beso de buenas noches, justo antes de dormirse. La joven nación más de un siglo y medio conviviendo con tres naciones que, si bien no la habían tratado mal, la relación había sido algo más fría y distante, bien porque eran solitarios y serios, bien por las circunstancias del entrenamiento. Y aunque Celtiberia no se había parado a pensarlo, en ese momento se dio cuenta de que echaba de menos el cariño de su padre y de su madre.


A día siguiente, ambas naciones continuaron su camino al margen de el del clan, llevándose los útiles necesarios para hacer una tienda y no dormir a la intemperie. Viajaron varias semanas hasta llegar al siguiente poblado. Durante el camino, Nadia y Celtiberia hablaron mucho. Celtiberia le contaba cosas de su territorio y de los sitios que había visitado y Eslavia le explicaba el idioma y cosas acerca de su territorio, especialmente sobre la fauna y la flora, pues la pequeña se encontraba especialmente interesada en éstos.

Había algunos días que no seguían avanzando y Nadia desaparecía para cuidar a sus hijos. El día siguiente solía estar lleno de anécdotas de los pequeños Ucrania y Rusia.

Fue tras un mes de marcha, cuando Celtiberia demostró que empezaba a dominar el idioma, que le Nadia comenzó a formular preguntas diferentes y más serias.

—Dime, pequeña snezhnyy bars*, ¿por qué crees que vivimos en un lugar así con lo difícil que es?

Celtiberia miró a su alrededor. Ya era pleno inverno, y aunque no nevaba en esos momentos, había nieve por todas partes y hacía muchísimo frío. Además, la capa de nieve hacía difícil encontrar comida a la mayoría de los animales. Celtiberia no pudo evitar compararlo con Egipto. Ambos territorios eran grandes e inhóspitos. Era difícil sobrevivir en ellos. No eran tierras que interesasen demasiado, tierras que nadie quería. El desierto protegía a Egipto. La nieve y el hielo protegían a Eslavia. El inverno.

—Porque nadie quiere vivir aquí—le respondió Celtiberia, completamente segura—. Porque el invierno os protege de los enemigos.

Nadia sonrió ante su respuesta.

—Vaya, muy bien—aprobó—, no creí que te darías cuenta tan rápido. Eso significa que puedo enseñarte la magia antes de lo que creía.

Celtiberia sonrió levemente.

—La verdad es que ya había vivido en un sitio inhóspito como este, una de mis naciones maestras. Aunque allí hacía mucho calor y no llovía casi nunca. Nevadas por descontado.

Eslavia asintió ante sus palabras, aunque, acostumbrada a su clima, le costaba imaginarse un lugar semejante. Decidió comenzar a enseñarle su magia al día siguiente.


Celtiberia esperaba, de pie y quieta. Eslavia estaba frete a ella. Su magia era la magia del hielo y de las nieves. La nación adulta alzó los brazos e invocó al ser que la protegía, al señor de los hielos. El General Invierno.

Celtiberia miró como el General la miraba a ella. Nadia no le había ordenado nada todavía, pero el General se había acercado deliberadamente a la pequeña nación. La miraba, inexpresivo, pero ambas tenían la sensación de que algo sobre Celtiberia le desagradaba. La invocación alzó un brazo y la joven nación sintió un viento helado horrible que le hizo empezara castañear.

Pero, apenas unos segundos más tarde, la niña comenzó a sentir calor, mucho calor. Un color abrasador propio del desierto. El Coronel Desierto apareció por voluntad propia, o quizás llamado por los vientos helados de su contraparte, para proteger a su otra soberana de los vientos helados de su rival. Del invierno y del frío.

Ambos seres sobrenaturales pusieron sendas muecas de desagrado al ver al otro, pero no atacaron ni hicieron nada más.

Eslavia abrió los ojos de la sorpresa al ver al Coronel Desierto. Nunca creyó que existiría un ser como el suyo, y a la vez, tan diferente; ni mucho menos que llegaría a verlo.

Los invocados se miraron como si se estuviesen comunicando, mientras una ventisca arreciaba y los copos de nieve se derretían y evaporaban a medio camino. Y, entonces, como de mutuo acuerdo, ambos descendieron hasta quedarse a la altura de la confusa y pequeña nación que estaba entre ellos. El Coronel Desierto le cogió la mano izquierda y el General Invierno la derecha. Y les oyó. No supo cómo logró entenderles, pero Celtiberia escuchó sus voces en su cabeza.

«Esto te va a doler bastante»

«Pero es la única manera de que puedas dominar ambos poderes sin que te destruyan»

Entonces Celtiberia comenzó a sentir calor y frío. La mano izquierda le ardía, así como la parte izquierda de su cuerpo. En cambio, la mano derecha estaba helada e, incluso, comenzaba a formase escarcha. Ambos seres estaban implantando su poder en su cuerpo de manera equilibrada para que pudiese soportarlo. A ella le dolía, le dolía muchísimo, y la única razón por la que no había gritado todavía era porque el dolor le había drenado la energía y no le quedaban fuerzas. Entonces ambos la soltaron y desaparecieron. Celtiberia se desplomó, exhausta y presa de una extraña mezcla entre fiebre e hipotermia; y Eslavia se acercó corriendo, preocupada. había intentado hacer desaparecer al General Invierno, pero éste no le había obedecido. Era la primera vez que le ocurría algo semejante. Eslavia la llevó corriendo a la tienda.


Celtiberia estuvo varios días inconsciente. Nadia la cuidó todo ese tiempo y no la dejó sola en ningún momento. Cuando la niña despertó, la fiebre y la hipotermia habían remitido, y Celtiberia se encontraba perfectamente. Su mano izquierda estaba un poquito más caliente de lo normal, así como la parte izquierda de su cuerpo, pero éste en menor medida y casi no se notaba. A la parte derecha le ocurría lo mismo, pero estaba más fría. Eso, descubriría más tarde, no le impediría usar ambas magas con ambas manos, pero la efectividad sería menor si la temperatura de la mano era contraria a la de la magia.

Como ya se encontraba perfectamente, Celtibera le insistió a Eslavia para que le enseñase ya la magia, pero a la nación adulta no se le había ido todavía el susto del cuerpo y se negó, alegando que Celtiberia necesitaba seguir descansado. Tras discutirlo, acordaron comenzar un par de días más tarde y parar si la salud de Celtiberia se resentía. La primera prueba de Celtibera consistió en congelar un vaso de agua.


Era plena noche y Celtiberia se encontraba profundamente dormida.

Nadia no.

La nación de las tierras heladas tenía cosas que hacer y lugares a los que ir. Tras haber estado viajando durante años, ambas naciones se habían asentado durante un tiempo en una zona montañosa, al sureste, y que solía estar nevada.

Eslavia miró a Celtiberia con ternura y le acarició el pelo. El pendiente comenzó a brillar y la nación adulta sintió una descarga. Retiró la mano con rapidez, mientras apretaba los dientes. Ya se había extendido demasiado. Suspiró, resignada, y salió de la tienda. Reapareció en los límites de su territorio, al sur. Una vez allí, se limitó a esperar mientras se apretaba los brazos a pesar de saber que era inútil, que eso no los detendría. Ni siquiera los rituales servían ya.

Un figura apareció, acercándose a ella, algo encogida por el frío. Se quedaron mirándose en silencio. Eslalvia le agradeció que hubiese ido. El otro e restó importancia. Protegidos por el manto nocturno, hablaron sobre los progresos de la pequeña nación que Nadia había tenido en los últimos decenios, y que ya estaba preparada para irse con él. La figura asintió. Acordaron el día en el que se verían. Después se marcharon cada uno por su lado.

De vuelta a casa, Eslavia se dirigió a casa de sus hijos. Se sorprendió al encontrarse por el camino con una niña pequeña de pelo blanco y largo con un pequeño vestido azul. La niña parecía encontrarse muy sola. Era una nación. Otra hija suya.

Nadia se acercó a ella y le ofreció una mano. La niña le aceptó y Eslavia habló con ella y se la llevó a casa con los que serían sus hermanos. Una vez allí, tanto el pequeño Rusa como su hermana Ucrania le dieron la bienvenida a su madre y se mostraron curiosos con la niña. Ésta se mostraba algo tímida, pro aceptó la mano que Rusia le ofreció.

—Es vuestra nueva hermanita—les explicó Nadia. Luego se dirigió a la niña—. Creo que te llamaré Bielorrusia. ¿Te gusta?

La pequeña nación asintió, para luego agarrarse aún más fuerte a sus nuevos hermanos. Eslavia sonrió, enternecida. Luego les dio algo de comer, les contó un cuento y les arropó para que se durmieran. Cuando cayeron en un sueño profundo, Nadia cogió a Rusia en brazos y se lo llevó, dejando a las nuevas hermanas solas. Fue a la parte trasera de la tienda de piel, dónde había creado un círculo mágico de hielo, y depositó a su hijo allí. Eslavia se quitó los guantes, la chaqueta y la bufanda, quedando en manga corta. Sus brazos manos y cuello estaban cubiertos por líneas grises. Con un suspiro de tristeza, Nadia pintó el círculo de hielo y parte de su hijo con líneas de sangre, y después se concentró. El circulo brilló unos instantes y Eslavia sintió como el General Invierno se vinculaba a Rusia. Tras eso se vistió, limpió la sangre, le llevó dentro de la tienda y destruyó el círculo. Porque, dadas las circunstancias, ni Rusia, ni Ucrania ni Bielorrusia podían aprender magia. Pero ahora, al menos, Rusia estaría protegido por el General Invierno sin necesidad sin saberla. Todos los inviernos. Lo quisiese o no.


Nadia estuvo las siguientes semanas sobre todo con sus hijos, pero llegó el debía en el que Celtiberia debía marchar. Le daba pena separarse de Celtiberia y también...

Nadia interrumpió sus pensamientos cuando Celtibera entró en la tienda, con una sonrisa pequeña, pero cálida. Nadia sonrió a su vez y salió fuera. Después caminaron hasta el punto de encuentro con el futuro maestro de Celtiberia. A Eslavia le costaba respirar y se cansaba, pero se esforzó por disimularlo y logró engañar a Celtibera. Ya allí les esperaba un hombre de aspecto oriental con el pelo largo recogido en una coleta y un traje rojo bastante exótico.

—H-hola, aru—les saludó el desconocido, tiritando.

Nadia no pudo evitar reírse un poco de él.

—Hola, China—después miró a su joven acompañante—. Esta es Celtiberia, tu aprendiza.

La joven nación le saludó. China lo intentó, pero le castañeaban demasiado los dientes y se tuvo que contentar con asentir con la cabeza. Ninguna de las naciones adultas dijo nada. Celtiberia se extrañó, pero se acercó a China igualmente y se despidió de Eslavia. China lo intentó. Nadia les sonrió como despedida, pero justo cuando se iban a dar la vuelta y marchar, Eslavia cayó de rodillas. China y Celtiberia la miraron, alarmados; pero antes de poder acercarse, Nadia creó un enorme muro de hielo a su alrededor para separase de ellos. Una ventisca comenzó a arreciar. Por la cara de Eslavia comenzaron a crecer líneas grises que salían del cuello. Un Oscuro la había contaminado. China y Celtiberia palidecieron de horror.

En ese momento, Eslavia se levantó, jadeando. Sonreía. Era una sonrisa triste, pero que mostraba que aceptaba lo que iba a ocurrir.

—Lo siento, Celtiberia. Siento no habértelo dicho...Pero no quería preocuparte... y sé que no sabes todavía como curar esto...Quizás con Yao se te ocurra algo.

Las líneas empezaron a cubrir su cara. Celtibera empezó a llorar e intentó lanzarse contra el hielo. China la agarró para evitar que se acercase, mientras contemplaba ,a medias fascinado, a medias horrorizado, el proceso de destrucción que Eslavia estaba sufriendo.

—Cuídala bien, Yao—gritó le pidió Nada—. Adiós, Celtiberia. Ha sido un honor ser tu maestra y tu madre.

—¡Eslavia, no! —gritó Celtibera, ignorando como las lágrimas habían empezado a congelarse sobre sus mejillas.

El Oscuro cubrió por completo el rostro de Eslavia. La nación brilló con una extraña luz blanca. Y entonces desapareció.

Eslavia había muerto.

—¡Noooooooooo! —chilló Celtiberia, aterrada y destrozada a partes iguales.

China no reaccionó, en un estado cercano al shock, hasta que vio como s reunión había atraído a varios Oscuros ofensivos. Apretó los dientes. Tenían que huir. Trató de levantar de Celtiberia para llevársela, pero ella forcejeaba y pataleaba, negándose a marcharse de allí. Disculpándose, Yao realizó un conjuro para dormirla y echó a correr.

—¡Laoshi*! ¡Despierta! —ordenó Yao.

No my lejos de allí, un dragón alzó la cabeza, somnoliento. Se despejó de inmediato al ver la persecución que su nación sufría y comenzó a volar, serpenteado por el aire. Cuando pasó cerca de la nación, Yao saltó sobre su lomo y se agarró con una mano la cornamenta mientras con la otra sujetaba a Celtiberia. El dragón aceleró su vuelo, con algunos Oscuros pisándole los talones.

—¡Vuela alto! —le ordenó China a Laoshi.

EL dragón obedeció, y mientras ascendían, China pronunció el conjuro de teletransporte.

Desaparecieron de allí.


Nota: El que un Eslavia sea mayor o menor que sus hermano NO lo puse por motivos históricos, dado que no encontré información al respecto. Por otro lado, es demasiado pronto para que existan (no hay pruebas sólidas hasta el siglo IX), pero una vez más, tengo que modificarlo para la historia.

Eslavia Oriental: Los eslavos orientales o eslavos del Este constituyen el grupo étnico mayoritario en Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Es la hermana mayor de los tres hermanos eslavos y madre de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Eslavia Occidental: Los eslavos occidentales eran aquellos pueblos eslavos que empleaban a la hora de comunicarse las lenguas eslavas occidentales. Checos, casubios, polacos, eslovacos y sorbios constituyen grupos étnicos que tienen su origen en las tribus eslavas occidentales. Eslavia Occidental es el hermano del medio de los tres hermanos eslavos..

Eslavia Meridional: Los eslavos meridionales son la ramificación del sur de los pueblos eslavos que viven en los Balcanes: Bulgaria y los países de la antigua Yugoslavia. Es el menor de los hermanos eslavos y no aparece en el capítulo.

No lo entendí muy bien: El alfabeto cirílico fue inventado en el siglo X. Ignoro si por la época aproximada del capítulo los eslavos habían desarrollado algún tipo de escritura, pero no encontré información al respecto. Es decir, Nadia apenas sabe leer.


Traducciones:

snezhnyy bars: Leopardo de las nieves (ruso)

Laoshi: Maestro (chino)


Reviews:

Nihon-lover3: Sí, bastante inquietante, pero me temo que no voy a dar más pistas al respecto hasta dentro de bastantes capítulos :P Sí, soy una persona malvada xD Me esfuerzo un poco en informarme para evitar en la medida delo posible errores históricos, no me gustan los absurdos. Este anime va sobre la Historia, después de todo ^^ Aquí tienes la continuación.


Como si la infancia de Rusia no hubiese sido lo suficientemente mala de por sí, voy, vengo yo y hago esto. Podéis odiarme, pero Laura tampoco va a pasarlo muy bien.

Hasta el siguiente capítulo