De verdad. Siento haber tardado tanto en actualizar esto, pero me quedé sin inspiración (y la verdad es que aún no la he recuperado, he echado mano de mis capítulos de reserva) y, para qué os voy a mentir, no recibir apenas comentarios me frustra bastante.

En cualquier caso, he decidido subir uno para todos aquellos que todavía sigáis leyéndome y os guste la historia.

Disfrutad~

Notas: Cameo nipón :3


CAPÍTULO 17: OLVIDO

China ya había preparado una casita a las afueras de la ciudad de Hao, en el bosque de bambú, para que Celtiberia viviese allí durante su estancia. El problema era que, tras lo que habían vivido, no se atrevía a dejarla sola; pero tenía que volver a su casa en el centro de la ciudad para cuidar de Japón, y también para evitar que no dejase de preguntarle por qué estaba tanto tiempo fuera, aunque Yao tenía la sensación de que eso no sería posible. Al fin y al cabo, hasta ese momento siempre estaba con él; pero como la mayoría de las naciones no debían saber de la existencia de la existencia de Celtiberia, tampoco podía llevarla a su casa. Por suerte, Laoshi se ofreció a cuidarla durante su ausencia, solucionando parte del problema.

Celtiberia tardó muchos meses en dejar de llorar y, tras eso, se mostraba algo más fría y distante; y muy triste. Pero poco o nada podían hacer la nación y el dragón al respecto de su mente; de manera que decidieron hacer caso a lo que ella les había dicho al principio y comenzaron a enseñarle el idioma, la escritura y, al mismo tiempo, un poco de magia.

Pero le enseñaron despacio. Su estrés era muy alto, y un bloqueo en esas circunstancias podría resultarle devastador a la joven nación.


Celtiberia se acercó al dragón que dormitaba en la habitación. Sus escamas rojas soltaban escamas rojizas a la luz del sol. Laoshi entreabrió los ojos al sentirla cerca y al notar el contacto de la mano de la nación sobre su espalda. La joven estaba pensativa, muy seria y no sonreía.

-En mi tierra también hay dragones-le dijo-. No he visto muchos, pero son diferentes a ti. No son tan largos, pero sí más grandes; tienen alas, carecen de bigotes y escupen fuego. Las garras y la cola también son distintas.

Laoshi se mostró interesado ante la información.

-Entonces se encuentran ligados al fuego. Nosotros estamos ligados al agua. Respiramos bajo el agua. Controlamos los ríos. Hum...-murmuró, pensativo- Así que los dragones también han evolucionado de manera diferente según el territorio -sus bigotes bivraban, mostrando su interés.

Celtiberia le acercó un papel, un pincel y tinta.

-¿Puedes escribir la palabra "dragón"?-le pidió.

Laoshi asintió y agarró con destreza el pincel con una de sus garras. Luego escribió la palabra con trazos limpios y concretos. Celtiberia observó el resultado unos segundos y lo imitó a la perfección en otra hoja. Después dejó el pincel en el tintero y se apoyó contra el costado del dragón. Éste comparó el resultado con su propia escritura. Casi exactamente iguales. Entrecerró los ojos.

-Eres muy fuerte-le dijo-. No son muchos los seres capaces de soportar una mente como la tuya.

El rostro de la nación se ensombreció.

-Yo no estoy tan segura de hacerlo a voluntad.

-¿Porque ya no tienes opción? Sí la tienes-contradijo el dragón-. Puedes encerarte en un lugar aislado y no pensar. Puedes tratar de borrarte el conjuro con otro más poderoso (aunque admito que eso es más complicado). Tienes opciones, Celtiberia, pero has decidido seguir adelante.

Ella suspiró y asintió. Contra un argumento así... Entonces llegó Yao sonriente con un shen-i* blanco nuevo para Celtiberia (así, cuando le lavasen el azul que llevaba puesto, podría tener otra ropa encima, aunque Yao ya había comprobado que, extrañamente, no parecía importarle estar desnuda), y una bolsa llena de bollos de carne recién hechos. A Laoshi le empezaron a temblar los bigotes al oler la comida; y si no fuese un dragón civilizado, ya le habría mordido el brazo a Yao para quitársela.

China también había traído una mesita junto con palillos y platos que no tardó nada en colocar. Luego se dispuso a repartir la comida (también había traído arroz y tallarines fritos) entre los tres porque sabía que Laoshi le resultaba difícil controlarse cuando se trataba de Xiaolongbaos*, y no quería que ni él ni su nación huésped se quedasen sin su parte. Una vez terminaron de comer, Yao le preguntó a la joven nación con delicadeza cómo iba su práctica con la magia elemental del agua. Ella optó por demostrárselo cogiendo su cuenco de agua y haciendo que la misma comenzase a levitar y a tomar formas geométricas. El dragón y la nación la felicitaron por la rapidez con la que había aprendido.

-Muy bien-aru-la felicitó China-. Entonces hoy voy a enseñarte un conjuro que es muy sencillo y que seguro que te gusta: la levitación.

Dicho eso, Yao ilustró sus palabras comenzando a flotar frente a sus ojos. Le dijo el nombre del conjuro a la otra nación para que lo intentase. Ella pensó un poco acerca de esa magia y le pidió al mayor que le cogiese las manos y lo repitiese. Él, extrañado, obedeció. Ella notó como la magia fluía por su cuerpo, afectando a determinados puntos de una manera concreta. Luego se concentró, respirando hondo, y lo repitió. Sus pies se separaron del suelo, elevándose unos cuantos centímetros. Sonrió levemente por su éxito.

-Increíble-aru-murmuró Yao, impresionado por la velocidad con la que la joven había dominado el conjuro.

Ella aterrizó y, tras dar un par de saltos, volvió a elevarse de nuevo. Pero esa vez no se contentó con flotar, sino que comenzó a desplazarse por el cielo, volando de verdad. El dragón, animándose a dar una vuelta por los aires, fue junto a ella.

-¡Volved a la hora de cenar-aru!-les pidió China

Celtiberia frenó un momento y se giró para asentirle. Laoshi se limitó a hacer un movimiento con la cola bastante indescifrable.


Otro día que Yao volvió a traerles subsistencias, Celtiberia se encontraba practicando su técnica con el escudo y la espada. Él la miró y, al poco rato, frunció el ceño. Las armas eran pesadas y se notaba que se necesitaba mucha fuerza para poder manejarlas con soltura, y mucha resistencia para aguantar. Y lo peor, en la opinión de China, era que Celtiberia se movía con la fluidez de aquel que se ha acostumbrado a luchar así y domina la técnica por completo.

La joven nación paró, sudorosa, al notar su presencia. Se volvió, desconcertada por su expresión.

-¿Ocurre algo?

-¿Todos luchan así en tu casa? ¿Y en las casas de los que viven a tu alrededor-aru?

Ella asintió, sin saber a dónde quería llegar, ni su cara de circunstancias. Él suspiró, dándose cuenta de que estaba dramatizando mucho la situación.

-No es nada-aru. Es que me parece un método bastante malo. Sólo se basa en la fuerza bruta-lo dijo como si fuese un mal generalizado-. Las técnicas de lucha de mi casa se basan en la velocidad y en la flexibilidad-aru, no en la fuerza. De hecho, no es difícil llegar a un punto en el que, cuanto más pesas, más débil eres.

Celtiberia le miró con la misma cara que puso cuando Roma le habló del alfabeto. Es decir, desconcierto e incredulidad totales.

-¿En serio?-preguntó, escéptica.

-Incluso conocemos puntos del cuerpo que, si son golpeadas, te quedas sin fuerzas.

Vale. Eso Celtiberia ya no se lo creía.

-Demuéstramelo-le pidió.

Yao asintió y, dejando la comida a un lado, le dijo que le atacase. Ella dejó las armas a un lado y se lanzó a pegarle un puñetazo. China la esquivó sin moverse apenas del sitio, y le golpeó con suavidad en un punto. La joven nación se desplomó como un guiñapo, incapaz de moverse y sin que su cuerpo le respondiera, en un principio. Cuando logró levantarse tras algunas disculpas y algo de ayuda por parte de la nación adulta, le brillaban los ojos.

-¡Enséñame!-le pidió.

Pero él pareció un poco contrariado.

-No quería decirte que no usases tu técnica-aru.

Pero ella negó con la cabeza.

-No es eso, Yao. El problema consiste en que mi modo de luchar depende de mi fuerza. Y, como sabes, mi fuerza depende de mi extensión geográfica, poder y esas cosas. En Grecia seguí un entrenamiento especial para poder reducir esa dependencia al máximo, pero si supiera luchar sin usar apenas mi fuerza, las circunstancias de mi territorio darían igual. Lo necesito para poder luchar contra los Oscuros(aunque aún no sabía cómo derrotarlos), Yao. Por favor, tienes que enseñarme.

-Está bien-aru -aceptó China tras su argumento-. Podemos empezar ahora mismo con unos cuantos ejercicios de estiramiento. No eres tan flexible como deberías, por lo que he visto en estos meses; y tienes que ser como un gato para poder luchar bien.


El baño estaba preparado, de manera que Celtiberia se quitó la ropa y entró en el agua caliente. Lo cierto era que echaba de menos los que se daba en Roma, y llevaba mucho tiempo sin poder meterse en agua caliente; de manera que agradecía que Japón, esa pequeña nación que Yao estaba cuidando, se inventase esa variante.

Hundió la cabeza hasta la nariz y se inclinó hacia atrás, mirando las estrellas a través de la pequeña ventana. En un momento dado oyó un bostezo por parte de Laoshi, que esperaba fuera a que ella terminase. La nación sonrió al oírle de manera inconsciente.

Un rato más tarde salió del agua y se secó. Se vistió con un traje violeta que Yao le había traído hacía poco y realizó un par de ejercicios de estiramiento. Después salió al patio interior. Laoshi no le dijo nada porque ya se había quedado profundamente dormido. La nación le dio unas palmaditas en la cabeza y se fue a dormir también.

A la mañana siguiente, China llegó pronto. También le estaba enseñando a usar sus armas típicas; y esa mañana tocaba el guan-dao*. China cogió una él mismo y Celtiberia aceptó otra que él le tendió. Practicaron varios golpes y cortes diferentes y, en un momento dado, Yao fingió que las armas se quedaban sin punta y las cambiaron por unos bo*. A Celtiberia le gustaba mucho la enorme vara, y el interés que ponía y la destreza con la que lo manejaba lo demostraban. Yao siempre se impresionaba por la rapidez con la que la chica dominaba las técnicas, pero no podía evitar alegrarse por tener una alumna tan buena. Hicieron una pelea de práctica y, aunque China siguió ganando, no le resultó tan sencillo como había pensado. Celtiberia mejoraba con una rapidez impresionante una vez encontraba los trucos.

-Genial-aru -la felicitó cuando tomaron un descanso-. Y también dominas ya tres elementos. Eres muy buena.

Ella se sonrojó, alagada.

-Pero aún me quedan dos *-replicó, intentando quitarse importancia-, y en mi casa no existen, de manera que me va a costar dominarlos.

-¡No te avergüences-aru! Es fantástico que tengas tanto talento.

La joven nación sonrió y asintió. Pero entonces su sonrisa desapareció. Yao también lo notó, recogiendo la guan-dao.

-Quédate quieta-aru. Yo me encargo.

Ella le miró, alarmada. ¡Tenían que huir!

-¡Pero...!-protestó.

-¡Quieta-aru!- la cortó China mientras agarraba su arma con firmeza y pronunciaba un conjuro sobre el filo de la misma, preparándose para atacar.

No mucho más tarde, un Oscuro cuadrúpedo salió de entre los bosques de bambú y les atacó. Fue directamente a por la nación adulta. Él plantó los pies en el suelo, elevó la lanza cubierta de agua gracias a la magia y se la clavó en el pecho.

Celtiberia apenas pudo creer ver cómo el Oscuro se desintegraba ante sus ojos. Aquello que llevaba tanto tiempo queriendo saber era algo que su mentor conocía.

Yao detectó su cara estupefacta cuando se dio la vuelta y la miró.

-¿Estás bien?-le preguntó, preocupado.

-¿Cómo lo has hecho?-replicó ella, aún atónita. Necesitaba saberlo.

China se sonrojó de la vergüenza. Había descubierto como destruirles hacía tanto tiempo que no se le ocurrió pensar que, tal vez fuera de sus fronteras, las otras naciones no lo supiesen. «Yao, idiota» pensó. Pero se apresuró a responderle.

-Hechizando un arma. Puede ser durante un rato o para siempre, da igual. Pero, cuánto más fuerte sea el Oscuro, más poderoso tiene que ser el conjuro-le respondió, aún avergonzado por no haber pensado antes en lo que él sabía y los demás, quizás, no.

Celtiberia asintió, mientras miraba su lanza, esperanzada. Ahora podía acabar con ellos. Calypso tenía razón. Podía lograrlo.


Era de noche y la luna menguante brillaba en los cielos. Por alguna razón que Celtiberia desconocía, Laoshi la citó para volar con ella un rato. La petición resultó extraña, y más teniendo en cuenta que al dragón le encantaba dormir y odiaba que la gente le despertase por la noche. Lo que la pequeña nación no sabía era que el dragón quería hablar con ella, pero sin que la nación estuviese presente. Y, a ser posible, con pocos ojos y oídos alrededor.

Dejando a Celtiberia montarse sobre su grupa y agarrarse a sus cuernos, Laoshi alzó el vuelo con suavidad y comenzó a serpentear por los cielos; bajo la mirada de las estrellas. El dragón no le habló durante un rato, pensando en la manera correcta de comunicarle lo que quería decirle. Como no era capaz de decidirse por un método que fuese más suave, decidió ir al grano.

-Supongo que sabes que la magia fortalece a los Oscuros.

Ella asintió.

-Y, cómo ya sabes, Yao es un gran mago-continuó él.

Para Celtiberia, Yao no era un gran mago; era el mejor mago que había existido nunca y que nunca existiría. No sólo era fuerte y tenía talento, sino que su magia era compleja y estaba muy evolucionada; siendo una de las más completas que existían. O, incluso, la más completa. La nación asintió, de todas maneras.

-Y te habrás imaginado que su magia sustenta gran parte del poder de los Oscuros-dejó caer el dragón, con algo de prudencia.

Ella frunció el ceño. ¿Qué?

-¿Qué quieres decir?

Él no respondió de inmediato. Pero suspiró y le dijo lo que quería que supiese.

-Hay un hechizo que Yao no te ha enseñado a lo largo de todos estos años, y que considero que deberías saber. Es el conjuro del olvido. Te permite hacer que cualquier cosa olvide algo de lo que sabe o, incluso, que lo olvide todo. Bueno-resopló entonces-, lo cierto es que no es un olvido exactamente. Es un bloqueo. Puedes bloquear un recuerdo de tal manera que sea imposible acceder a ese recuerdo de ninguna manera (incluso aunque la persona vea cosas relacionada con los recuerdos bloqueados), ni siquiera en sueños. Tan sólo el que realizó el conjuro puede desbloquearlo.

La mente de Celtiberia comenzó a conectar los hechos con la conversación, y el resultado le puso los pelos de punta. Laoshi no podía estar insinuándole que hiciese lo que ella estaba pensando.

-Mañana-continuó el dragón- China empezará a enseñarte la última lección. Y yo comenzaré a enseñarte el hechizo del olvido.

-Quieres que le haga olvidar toda la magia que sabe-le acusó ella sin poder evitarlo.

Laoshi estaba conspirando contra Yao. De hecho, había empezado a maquinarlo a la llegada de la nación. No sólo ella podía aprender el hechizo, sino que era lo suficientemente poderosa como para lograr el éxito. Porque sí, le dragón ya había intentado hacerle olvidar a su nación con anterioridad. Pero, hasta ese momento, sólo había sido un fracaso rotundo.

-Sólo quiero salvarle la vida-se defendió él-. Yao es demasiado mágico para su propio bien. No se trata sólo de que los Oscuros sean más fuertes a su alrededor, es que les atrae. Lucha contra ellos cada varios días; y no los meses que tardan las naciones de alrededor. Y, desde que estás tú aquí, han ido a más. No te echo la culpa; para poder hacer lo que debes hacer, necesitas todo el poder mágico que puedas soportar. Pero tengo miedo de que Yao falle una vez; y ya no pueda tener otra oportunidad.

El dragón calló, dándose cuenta de que se había dejado llevar demasiado por su desesperación. Pero no había podido evitarlo. No se trataba sólo de que China fuese su nación. Cuando era un bebé, hacía ya mil años, los padres del dragón murieron. La nación le encontró, recogió y cuidó. Era como un hermano mayor para él. Necesitaba salvarle.

Y, le gustase o no, Celtiberia se encontró pensando que, en el fondo, era lo mejor.


-El conjuro supremo invoca a los cinco dragones elementales-aru -se encontraba explicando Yao-. Estos seres son extraordinariamente poderosos-aru y, a pesar de estar hechos de pura magia, son capaces de acabar con un Oscuro ellos solos, sin aumentar su poder-se cruzó de brazos, pensativo-. La verdad es que no sé demasiado bien por qué-aru. Sospecho que es porque se trata de magia con conciencia propia-aru, y no se dejan poseer o absorber por otros-aru. Bueno-aru, para poder invocarles necesitas tres cosas: controlar su elemento, saber escribir su nombre y ofrendarle algo el mismo-aru. Así.

Y, a continuación, la nación mayor ilustró sus palabras cogiendo un palo y escribiendo con él el kanji «Tierra» en el suelo. Luego puso una piedra del tamaño de una manzana sobre el mismo. Ella lo miró, pensativa.

-¿Y siempre tengo que hacer eso para llamarles?

-Sí quieres invocarles físicamente desde el lugar en el que te encuentres, sí-aru. La ofrenda es el portal a través del cual aparecen, y en nombre es para que sepan cuál de ellos tiene que ir-aru.

Celtiberia asintió, comprendiéndolo. Luego Yao le hizo una demostración, de manera que se sentó en el suelo cerca de la piedra y juntó las palmas de las manos, concentrándose. Ésta comenzó a brillar débilmente y a lanzar destellos, hasta que lanzó un fuerte rayo de luz que no tardó en transformarse en un dragón similar a Laoshi, pero compuesto por completo de tierra, arena y rocas. La joven nación se asombró al percibir la gran cantidad de energía que emanaba.

Tras la demostración, tocó lo de siempre: práctica.

Hacia el final del día, ya había logrado invocarlo por sí sola, y tanto ella como su mentor supusieron que no tardaría demasiado en conseguir llamar a los demás; de manera que dedicaron el par de horas que quedaban a practicar las artes marciales. O eso quiso Yao, porque Celtiberia tenía otra cosa en mente.

-¿Puedo ver tu impronta?-le preguntó, tímidamente.

China se extrañó por su petición. ¿Para qué?

-Es que...-comenzó a explicarse ella- he estado mezclando conjuros y experimentando y... creo haber encontrado una manera de quitarla. ¿Me dejas intentarlo?

Él se sorprendió ante su confesión. ¿De verdad podía quitarle el resto de Oscuro que permanecía a pesar de los rituales y que nadie había conseguido quitarse hasta la fecha? Su mirada seria indicaba que así era. Asintió, al verla tan decidida, y se quitó la parte superior del traje, dejando el pecho al descubierto. En él, una pequeña marca gris descansaba. La joven nación la miró con ojo crítico. Luego hechizó su mano izquierda, convirtiéndola en una especie de garra que puso algo nervioso a la nación adulta.

-¿D-dolerá-aru?- preguntó, sin poder apartar la vista de esa extremidad tan aterradora.

Ella se mordió el labio. Nunca había hecho eso con nadie antes.

-No lo sé-reconoció

Él suspiró, resignado. Debería habérselo imaginado. Después de todo, no tenía a nadie con quién practicar excepto él mismo. le sonrió y asintió para darle ánimos a la pequeña. Ella respiró hondo y procedió a arrancarle la impronta. A Yao no le dolió y la operación fue todo un éxito. Ambos sonrieron cuando ésta se desintegró ante sus ojos.

-¿Y podrías quitar también a los Oscuros sin que sea necesario realizar el ritual?-le preguntó China, visiblemente emocionado.

-Creo que sí... Con una pequeña variación de esto debería de poder.

-¡Es fantástico-aru!

Ella también sonrió. Podía salvarles.

O eso creyó.


Era noche cerrada cuando Celtiberia terminó de recoger sus cosas. El dragón la observaba, tranquilo. Antes de que la nación se marchase, le aseguró que se disculparía ante Yao por esa marcha tan precipitada. Laoshi le dio las gracias por lo que estaba a punto de hacer. Ella sólo asintió y le acarició al cabeza como despedida, para desaparecer en la oscuridad después.

Correteó por entre las calles hasta llegar a la casa en la que vivía China con su protegido, Japón; y levitó para entrar por la ventana. Anduvo con cuidado para evitar despertar y alertar a las naciones dormidas.

Mordiéndose el labio en señal de culpabilidad, y respirando hondo para darse fuerzas, posó su mano sobre la frente de Yao y susurró el conjuro. Poco más tarde, salió de allí, iniciando su vuelta a casa por la zona sur.

Lo que la nación no supo hasta mucho después fue que había cometido un pequeño error con la magia. Y Yao no sólo olvidó la magia que sabía y la existencia de la misma; sino también todo aquello relacionado con Celtiberia y su estancia allí.


Shen-i: Traje más usado en la antigua china. Era el "traje de los domingos" de las personas normales. También, era empleado como vestidura más bien formal por los funcionarios del Gobierno y eruditos. Tiene un diseño en el que predominaban las rectas, muy amplias y con pliegues formados espontáneamente por la misma tela, tanto si esta se ceñía a la cintura mediante un fajín como si caía libremente.

Xiaolongbaos: Son bolas de masa guisada con las que se rellena un tipo de panecillo, o algo similar a pan. Se trata de una especialidad culinaria muy habitual del Este de china, incluyendo Shanghái y Wuxi. Estos panecillos guisados se suelen elaborar al vapor en cestas de bambú.

Guan-dao: Un guan dao, kwan dao, o kuan tao es un tipo de arma china. Correctamente se llama 偃月刀 yan yue dao("hoja lunar reclinada"), el nombre con el que siempre aparece en los textos de la canción para las dinastías. Es comparable a un Fauchard Europea o Glaive y consta de una pesada hoja con un pico en la parte posterior y, a veces también una muesca en la base superior de la espiga que puede tomar el arma de un oponente. Además, hay a menudo estrías irregulares que llevan el borde posterior de la hoja de la espiga. La hoja está montada encima de un largo palo de madera o de metal de 1,5 a 1,8 metros, con un peso de metal contra el señalado que se utiliza para equilibrar la pesada hoja y para golpear en el extremo opuesto.

*: Un (棒, ''bō''? «bastón») es un arma en forma de vara alargada o pértiga, generalmente hecha de madera (roble, bambú, etc). Han existido de una forma u otra en todas las culturas, sean: Egipcia, india, china, japonesa u okinawense. Y, sí, he copiado y pegado la descripción del capítulo 5.

Los cinco elementos: En China los elementos de la naturaleza son cinco: tierra, agua, fuego, madera y metal. Yao hacer referencia al dominio del agua, el fuego y la tierra, mientras que Celtiberia se refiere a la madera y el metal, que para su cultura no existen por ser sólo el aire. Estos cinco elementos mantienen relaciones de dominancia y generación de tal manera que, con el ciclo de generación, la madera nutre el fuego,el fuego forma tierra "dando lugar a cenizas", la tierra forma la base del metal y el agua hidrata la madera. El ciclo de destrucción, sin embargo se basa en que la madera retiene la tierra, la tierra contiene el agua, el agua apaga el fuego y el fuego funde el metal.


Gracias a OMG porque sin su comentario no sé si hubiera subido esto tan pronto...


Tal vez os estéis preguntando por qué Laura no hace el conjuro de Laoshi consigo misma para olvidar algo y tener un poco de descanso. La respuesta es que el conjuro que le hizo Aius también previene de olvidos provocados por la magia.

Esto es todo por el momento. Me temo que es probable que tarde en actualizar, y os pido disculpas por ello. Pero mi inspiración manda y, últimamente, se ríe de mi. Hasta luego.