Aquí está otro capítulo, y el penúltimo de la vida de Celtiberia. Parece ser que aún no os habéis dado cuenta de la manera en la que la trato... ¡Sólo os queda un capítulo para averiguarlo! En el siguiente ya lo diré :)

Nota: He cambiado ligeramente la celebración para poder darle un papel a la nación. Y no llamo al emperador "Inca" como debería ser su título para evitar confusión con la nación (a pesar de que le nombro más bien poco)

Nombres:

Inca: Ninawilka

Disfrutad~


Capítulo 20: Sol

Aunque estaba bastante claro que Celtiberia era más que capaz de cuidarse sola, Maya insistió en acompañarla durante su viaje hasta la casa de Inca. También consiguió convencer a Necucyaotl, alegando que si le veían a los dos era menos probable que Celtiberia se encontrase con sorpresas desagradables en la frontera (Inca tenía muchas guarniciones a lo largo de la frontera con el territorio). Él aceptó a regañadientes, no le hacía demasiada gracia ausentarse de su casa por algo así cuando Celtiberia había demostrado que sabía cuidarse sola. Pero Nicteel no había dado su brazo a torcer, ni siquiera cuando la nación viajera les aseguró que no era necesario que le acompañasen; y habían terminado yendo los tres.

Necucyaotl, además, se había llevado a uno de sus pequeños perros; un ejemplar de color crema que adoraba dormir al sol tanto como corretear por ahí y ladrarle a todo lo que osaba moverse a su alrededor. No era una mala compañía, y se había encaprichado mucho con Celtiberia, a la que no dejaba de pedir mimos. Pero ella no podía evitar preguntarse si el pequeño animal no se perdería entre la espesura de la selva.

Cuando llegaron a la frontera, perro incluido (y más rápido de lo normal gracias a los teletransportes mágicos) tanto Azteca como Maya coincidieron en que lo mejor sería buscar un campamento militar y evitar sorpresas desagradables por invadir el territorio. Lps guardias se mostraron muy desconfiados con las naciones, y les prohibieron el paso sin dudarlo. Por suerte, Necucyaotl había sido previsor y días antes de su partida había enviado a un mensajero para advertir de su llegada a Ninawilka. La mala noticio vino cuando, a las pocas horas de discutir con los incas, Azteca vio aparecer a su propio mensajero a pocos metros. A pesar de los días de ventaja, gracias a la magia de la joven nación, habían llegado antes que él. A Nicteel le hizo mucha gracia, pero Azteca comenzó a desesperarse. Ninawilka viajaba por todo su territorio junto a su emperador. Podía estar en cualquier sitio y tardar meses o años en aparecer por la zona. ¡No podía quedarse allí! ¡Ni Maya tampoco,, dicho fuera de paso!

—Vaya, ¿a qué se debe esta visita inesperada? —sonó una voz frente a ellos, con curiosidad.

Los tres alzaron la vista y Azteca casi no pudo creerse su suerte. Allí, como caído del cielo, estaba una cuarta nación. Concretamente, esa a la que estaban buscando. Pero antes de que nadie pudiera pronunciar palabra, Nicteel se apresuró a saludarle:

—Hola Nin, cuánto tiempo. Menos mal que hemos logrado encontrarte—entonces se hizo a un lado y señaló a la nación extranjera que iba con ellos y que había decidido hacerle algo de caso al perro, vistas las circunstancias—. Se llama Celtiberia.

Al oír su nombre, la nación comenzó a prestarles atención y saludó con una breve inclinación de la cabeza. Inca le sonrió y se presentó también. Luego se dirigió a los adultos y les confirmó que entonces se la quedaría ella a partir de ese momento. Ellos asintieron y se despidieron de Celtiberia. Nicteel fue más efusiva y usó su magia para que la joven pudiera comprender el nuevo idioma durante algunos días y así poder aprenderlo con más rapidez. La protegida les deseó suerte en su viaje de vuelta y pasó por entre los guardianes sin que estos, que habían escuchado la conversación, se atrevieran a hacerle nada. El inca también se despidió y comenzó a caminar, seguido de Celtiberia. Tras un par de horas, llegaron a un poblado y pasaron allí la noche.

A la mañana siguiente se pusieron en marcha de nuevo, hacia una ciudad cercana en la que se encontraba el emperador en esos momentos. Celtiberia ya sabía lo viajera que era la nación en la que se encontraba, y no le pareció tan raro. A lo largo de su periplo había visto la manera en la que diferentes naciones convivían con los suyos en su casa. Algunos, como sus padres, Aius y Neitin; o ella misma, que iban y venían cuando les iba en gana sin ningún objetivo concreto. Otros, como Octavio o Yao, residían en una única ciudad con su líder (o, en el caso del chino, con uno de ellos). Y, por último, casos como Nadia o el propio Ninawilka, que viajaban por rutas concretas en épocas concretas, ya fuera porque los pueblos eran nómadas y ningún líder destacaba sobre los demás o porque el legítimo soberano era el que decidía viajar constantemente.

Celtiberia descubrió que Inca poseía un curioso sistema de nudos* para llevar las cuentas, y decidió que quería aprenderlo. Y para Ninawilka fue toda una sorpresa el descubrir que era zurda, pero aún más cuando ella se mostró algo reacia a mostrárselo y le dijo que en todos los lugares en los que había estado ser zurdo era sinónimo de algo malo o defectuoso. Pero para el inca era todo lo contrario: un símbolo de buena suerte. Al principio ella se negó a creerlo, especialmente porque, aunque los suyos la aceptaban, al principio las cosas no le habían resultado fáciles, y la verdad era que había procurado ocultar la zurdera en todas las naciones que había visitado con más o menos éxito. No se equivocaba al pensar que no les agradaría. Inca era una extraña excepción, una excepción que la valoraba por su singularidad y que le ayudó a superar su propia sensación de minusvalía, y a sentirse orgullosa de ser diferente. Especialmente cuando se dio cuenta de que todos aquellos con los que viajaba, tuvieran el estatus social que tuvieran, la respetaban mucho por ello. Y se sintió mejor.


Ese día iba a ser especial. Celtiberia llevaba un par de semanas sospechándolo al ver el ajetreo que había por las calles. A pesar de que hubiese pasado algo más de un mes desde que Ninawilka la acogiera, él le había dicho que lo mejor era esperar a que pasase una celebración concreta (y muy importante), ya que según él le sería más fácil comprender su magia si veía la ceremonia primero. Ella estaba acostumbrada a tener que esperar años antes de que sus mentores le dijesen que estaba preparada para aprender, de manera que no puso ninguna pega, y durante ese mes se había dedicado a aprender el idioma junto con todo aquello por lo que sintiera curiosidad, así como a jugar con los niños por las calles.

Pero hoy había finalizado la espera. Era el Inti Raymi.*

Le habían tejido una vestido hecho con lana de vicuña, exclusiva para los nobles por tratarse de la más fina que había. El traje llevaba bordados motivos similares a los de Inca, tal vez porque él la había acogido (se suponía que nadie sabía que la recién llegada era una nación), así como plumas de pájaros exóticos. Celtiberia se vistió con rapidez y esperó pacientemente a que vinieran a buscarla. Ninawilka no tardó en aparecer y le sonrió al verla, invitándola a seguirle. Se encontró con la familia real y con que todos iban descalzos. Inca también porque, como nación, participaba en la ceremonia; pero le mostró a Celtiberia un lugar en el que podía sentarse y verlo todo con tranquilidad.

Observó la ceremonia con curiosidad: tanto la familia real como la nación se había puesto de cuclillas con los brazos abiertos. Después, tanto la nación como el soberano llenaron dos copas de oro con una bebida que la joven no supo identificar. Luego bebieron de una de las copas mientras que el contenido de la otra se derramaba en una especie de tinaja. Después, todos se dirigieron a uno de los templos. Celtiberia se apresuró a seguirles, ya que no quería perderse nada. Allí, los sacerdotes realizaron diversas ofrendas diversas y Ninawilka cumplió con su parte: su cuerpo comenzó a brillar como si se tratase del sol, iluminando a todos los presentes con unos rayos cálidos como los del astro rey.

Celtiberia quedó maravillada. Era la magia de la luz.


La magia de Inca no destacaba por su poder ofensivo, pero eso no significaba que fuera fácil de controlar. De hecho, fue una de las magias que más le costó dominar debido a que era un poder que no trataba ni con los material ni con la mente. No era como las runas o los símbolos que representaban algo; ni como el aire que, a fin de cuentas, podía sentirse físicamente. La luz no se podía «tocar». Podías percibir su calidez, y su brillo podía molestarte; pero no a al luz en sí misma. El fuego se trataba de un caso similar, pero al menos te quemaba si tratabas de tocarlo; y eso podía darte una pista sobre qué hacer. Pero la luz ni siquiera te hacía algo así. Siempre era amable y no hacía daño. A menos, claro, que mirases al sol directamente. Pero a Celtiberia no le apetecía quedarse ciega.

Sin embargo, no se rindió. Ninawilka le apoyó en todo momento y, aunque Celtiberia había conseguido hacer brillar sus manos en más de una ocasión, no era capaz de comprender exactamente aún cómo lo hacía, de manera que su aprendizaje iba mucho más lento de lo normal. Ni siquiera fue capaz de descubrirlo tocando al inca mientras éste le hacía una demostración para tratar de obtener alguna pista. Sin duda, la magia de la luz era algo muy singular.


Un día lo logró: consiguió comprender el mecanismo por el cual usar la magia. Sus manos brillaron con más seguridad y fuerza, y luego su cuerpo. Ninawilka le sonrió en un gesto de aprobación y ella le imitó, dispuesta a continuar y afianzar ese éxito para siempre. Pero algo la detuvo.

Inesperadamente, surgida de la nada, una brecha se formó en el dorso de su mano derecha. Y la sangre empezó a manar.


Sistema de nudos: Su nombre es quipu. Se trata de un conjunto de cuerdas, unas largas principales, de las cuales colgaban otras más pequeñas. El sistema consistía en una especie de soga pequeña de la que colgaban varios hilos. En esos hilos se hacían nudos de distintos tamaños y colores, que, según estuvieran más juntos o más separados, tenían significados diferente.

Zurdera: No hay mucha información al respecto, pero lo he visto en mucho sitios. Y como yo soy zurda, lo incluyo ;)

Inti Raymi: Inti Raymi (en quechua 'fiesta del Sol') era una antigua ceremonia religiosa andina en honor al Inti (el padre sol), que se realizaba cada solsticio de invierno en los Andes.

Durante la época de los incas, el Inti Raymi era el más importante de los cuatro festivales celebrados en el Cusco, e indicaba la mitad del año así como el origen mítico del Inca. Duraba 15 días, en los cuales había bailes y sacrificios. Aunque hoy conocemos a esta celebración con su nombre quechua de Inti Raymi, en realidad se trata de una festividad común a muchos pueblos prehispánicos de los Andes, y que seguramente precede con mucho a la formación del Imperio incaico.

La preparación era estricta, pues en los previos «tres días no comían sino un poco de maíz blanco, crudo, y unas pocas de yerbas que llaman chúcam y agua simple. En todo este tiempo no encendían fuego en toda la ciudad y se abstenían de dormir con sus mujeres». Para la ceremonia misma, las vírgenes del Sol preparaban unos panecillos de maíz.

Ese día, el soberano y sus parientes esperaban descalzos la salida del sol en la plaza. Puestos en cuclillas con los brazos abiertos y dando besos al aire, recibían al astro rey. Entonces el inca, con dos vasos de oro, brindaba la chicha: del vaso que mantenía en la mano izquierda bebían sus parientes; el de la derecha era derramado y vertido en un tinajón de oro.

Después todos iban al Coricancha y adoraban al sol. Los curacas entregaban las ofrendas que habían traído de sus tierras y luego el cortejo volvía a la plaza, donde se realizaba el masivo sacrificio del ganado ante el fuego nuevo que se encendía utilizando como espejo el brazalete de oro del sacerdote principal. La carne de los animales era repartida entre todos los presentes, así como una gran cantidad de chicha, con la que los festejos continuaban durante los siguientes días.


Lo sé, soy malvada por dejaros así. Hasta el próximo capítulo :)