Ya está aquí otro capítulo más de esta historia. Espero que os guste aunque sólo sea una preparación (como bien indica el título) de lo que viene a continuación. ¡Y muchas gracias por los review!
Disfrutad~ (No, no hay advertencias. Increíble, ¿verdad?)
Capítulo 22: Preparativos
—Y a partir de ese momento me dediqué a vagabundear de un lado a otro eliminando a los Oscuros—finalizó Laura, después de haber hablado durante horas.
Se hizo el silencio. Todas las naciones se encontraban sumidas en sus propios pensamientos. Para los presentes, se trataban de secretos sobre sus familiares que nunca habían conocido pero que, en ciertos casos, explicaba que hubiesen desarrollado un comportamiento algo particular durante un tiempo. Cool Llama aprovechó porque su dueño estaba en las nubes para darle un mordisco a la tostada que tenía en las manos. Inesperadamente, Grecia se levantó con uno de sus gatos en brazos y se acercó a España del Norte. Se lo puso en el regazo sin que nadie comprendiera exactamente por qué y todos le mirasen extrañados.
—Los gatos son la felicidad—explicó el griego, con voz filosófica—. Si mi hermana cuidó de ti, eres casi una hermana para mí; y no quiero que estés triste.
Entonces Gupta la miró fijamente y asintió. Prusia se levantó y puso un pie sobre la mesa, riéndose de manera escandalosa y señalándola con un dedo, así como la cabeza inclinada hacia atrás de tal manera que no se le podía ver la cara. ¡Y no se estaba escondiendo para ocultar sus lágrimas por la emoción de la historia! Él era demasiado grandioso como para llorar por algo así.
—¡Muy bien! Tu historia ha demostrado que eres cas tan grandiosa como Gilbird, de manera que te concederé el honor de convertirte en la hermana mayor mía y de West.
—¡Gilbert! —la voz del alemán sonó a través del bolígrafo, bastante abochornada por la idea de bombero que se le acababa de ocurrir a su hermano.
—Si mi hermana te quiso también puedes ser mi hermana, da—confirmó el ruso.
Todo el mundo trató de ignorar la amenaza de Natasha acerca de que le dejará ser su hermana, pero que ni se le ocurriera intentar casarse con Iván. Rusia se alejó un poquito más del bolígrafo.
—¡Vee~! Tienes un montón de hermanos nuevos a los que cuidar.
Ella suspiró, sonriendo a su pesar.
—Siempre he cuidado de todos vosotros.
Pero era feliz porque su mayor temor había sido que la vieran como a alguien peligroso por todos los secretos que sabía sobre ellos. Y, sin embargo, le aceptaban. Eso era todo lo que nunca había pedido. Y, entonces, un grito inesperado tronó a través del bolígrafo:
—¡Aaaaaaaaaaaaaaruuuuuuuuuuuu!
-¡¿Pero qué demonios te pasa, daze?! —replicó Corea, asustado por el inesperado grito de Yao.
—¡Empiezo a acordarme-aru! ¡De cuando viniste-aru!
El murmullo comenzó a crecer en el lugar que se oía a través del bolígrafo.
—¿Pero no se lo había hecho olvidar? —se oyó la voz de Austria.
—No, es un bloqueo—se escuchó a Noruega—. Si puede recuperar los recuerdos, pero es muy poco probable.
Y, en ese momento, los países que se encontraban en la casa de una de las naciones españolas se dieron cuenta de que su anfitriona tenía los ojos en blanco y no reaccionaba. A más de uno se le pasó por la cabeza que estuviera poseída (como si ese pendiente no le colgase de la oreja por algo), pero las palabras del griego les tranquilizaron:
—Está teniendo una visión—explicó, despacio.
Pasaron varios minutos antes de que Laura recuperase la consciencia. En ese momento pareció desconcertada y algo perdida, pero no tardó en mirar un reloj. Entonces palideció y soltó una maldición, comenzando a caminar de un lado para otro, nerviosa.
—¿Qué has visto? —decidió preguntar el inglés.
Ella les miró, como si hubiera olvidad su presencia en su casa y acabara de recordar que estaban allí. Apretó los dientes.
—La mayor horda de Oscuros que jamás he visto en toda mi vida llegará aquí en tres horas—les comunicó, con cara de circunstancias.
Y a ella ya no necesitaban decirle por qué sus enemigos se habían estado comportando de esa manera tan aleatoria: quería desconcertarla para poder realizar ese golpe sin que ella presintiera ni sospechara nada. Bastante habría tenido con salvar al mundo. Y lo peor era que les había funcionado.
—¡Joder! ¡Tenemos que largarnos! —exclamó Romano, que ya había comenzado a temblar. Veneciano, directamente, lloraba.
Pero Laura negó.
—Han preparado esto expresamente para destruirme y no pararán hasta lograrlo. O tal vez aprovechen que yo me encontraré huyendo para acabar con vosotros.
—¡Eso no es nada grandioso!
«Pero si muy inteligente» pensó ella. ¿Desde cuándo eran tan listos?
—¿Y qué hacemos? —preguntó Miguel.
En ese momento, Laura lo tuvo claro.
—Tengo que destruirles antes de que se conviertan en una amenaza mayor.
—¡Pero son demasiados para ti! —replicó Antonio, preocupado.
—Lo sé—respondió ella—, por eso quiero pediros a todas las naciones del mundo que me ayudéis.
—¡Lo haremos-aru! —se oyó a Yao, ansioso por ayudar a su antigua aprendiza—. Pero no sabemos magia.
—¡Y no todos podemos luchar, o sea! —añadió Feliks.
—No necesito que sepáis magia ni que luchéis todos, pero sí os necesito a todos.
—En ese caso iremos—respondió Vash, sorprendentemente. Porque él no se metía con cosas que no le incumbieran directamente, pero era consciente de que si no acababan con esos monstruos ya, se convertiría en un problema. Y uno que no podría solucionar.
Todos se encontraron de acuerdo con la afirmación del suizo, pero Ludwig hizo notar un problema.
—Estamos a cientos de kilómetros de distancia. ¿Cómo vamos a llegar en menos de tres horas?
—De eso me encargo yo—respondió España del Norte.
Entonces se levantó y se alejó de la mesa. Comenzó a pronunciar una retahíla de palabras que parecían una extravagante mezcla entre chino y latín con los brazos extendidos y, en medio de los mismos se formó una pequeña esfera blanca que se expandió hasta tener la forma de un óvalo. Después perdió brillo hasta volverse transparente pero, en lugar de el resto del salón, lo que se veía a través era el lugar en el que estaban las demás naciones. Todos les miraron sorprendidos mientras ella les instaba a traspasarlo y pensaba que, de no ser por los bolígrafos de noruega, nunca habría sido capaz de hacer eso tan rápido en el lugar correcto. La sala en la que se reunieron todas las naciones del mundo, reconocidas o no, era, por suerte, lo suficientemente grande como para albergarlos a todos.
—Bien, ahora necesito que os dividáis entre aquellos que van a luchar y aquellos que no. Y que los primeros me sigan.
Luego salió de la habitación y les guió hasta unos sótanos. En la primera puerta tuvo que introducir varias contraseñas mágicas; después la puerta se abrió y pudieron avanzar. Se encontraron en una sala que derivaba en multitud de pasillos, cada uno de ellos lleno de diversas armas y con carteles en el marco en los que ponía que tipo de arma poblaba cada parte.
—Tengo de todo. Escopetas, rifles, pistolas, hachas, espadas, cuchillos, arcos, lanzas, mazas y garras. De todos los tamaños, formas, tipo, épocas y partes del mundo. Elegid. Todos se encuentran encantados con magia, de manera que no necesitáis ser magos para derrotar a los Oscuros. Tan sólo saber que las armas tienen algo de metal o piedras preciosas por ser excelentes conductores mágicos y están encantadas con algo de magia. No necesitáis activarla para derrotarlos, pero si queréis hacerlo sólo tendréis que pulsar esa zona. Todas ellas están en un lugar cómodo para el usuario, así que no tendréis demasiados problemas. En cuanto a las armas a distancia, funcionan con vuestra propia energía, de manera que no os recomiendo disparar a lo loco. Aún así, casi todas las armas tienen unos setenta tiros más o menos que he ido acumulando a lo largo de mucho años y tardes aburridas. ¿Preguntas?
Las naciones contemplaron boquiabiertas las enormes estanterías llenas de armas. Era espectacular. Una vez superada la impresión general, se apresuraron a examinar cuántas caían en sus manos y elegir la que les venía mejor. Sin embargo, Laura detuvo a Alemania, Inglaterra, Francia, Japón, China, Estados Unidos, Rusia y Suiza, diciéndoles que para ellos tenía cosas concretas. Luego se volvió hacia Rumanía.
—Sé cuál es tu magia—le informó primero, para que no se sorprendiera—. ¿Con qué forma vas a luchar?
—La de hombre lobo. Ser un vampiro a plena luz del día no es la mejor idea.*
Ella asintió y le pidió que le siguiera, guiándole a él y a un pequeño grupo de naciones curiosas hasta una puerta cerrada. Cuando Laura abrió la puerta, sus ojos se agrandaron hasta límites insospechados. Frente a ellos descansaba un enorme tesoro de plata, oro y joyas de todos los colores. Había hasta cofres de madera de hacía más de un siglo, por ahí desperdigados.
—¿De dónde has sacado todo esto? —preguntó Arthur, sin ser capaz de apartar la mirada de de los brillantes metales.
—De lo que se os caía al mar cuando mi hermano y tu os encontrabais y os pegabais. No es todo lo que le regalabais a los peces, pero no está mal.
—¿Y por qué no se lo entregaste a los reyes? —replicó Antonio.
—Yo no existo oficialmente—repuso ella.
—¡Ellos siempre han sabido que estás ahí!
Pero Laura le ignoró y le pidió al rumano que se transformase. Esas monedas eran suyas y punto. Rumanía obedeció, convirtiéndose en una bestia peluda de casi dos metros y medio de altura. Las demás naciones se alejaron un paso, pero él no los atacó. Entonces España del Norte comenzó a medir a ojo las partes en las que le pondría armadura, cogió un puñado de monedas de oro y un zafiro y comenzó a moldearlo con las manos hasta formar un casco a medida para la lobuna cabeza del rumano. Se lo puso par hacer unos pocos ajustes y luego le engarzó el zafiro y encantó el casco para que tuviera más protección. Después continuó con una coraza, espinilleras y brazales. Entonces dio por concluida su creación y les comunicó que podían marcharse. Sin embargo, algunas naciones (Antonio, Francis y Arthur, concretamente) se vieron detenidas por una pared invisible. Entonces Laura comentó como por casualidad que no podrían salir de allí hasta que le devolvieran todo lo que habían intentado llevarse. Las naciones aludidas enrojecieron un poco, avergonzadas por que les hubieran pillado tan fácilmente. Pero la tentación había sido tan grande...Tras los culpables se oyó una risa escandalosa:
—¿Cómo os habéis podido rebajar a eso? ¡Qué poco grandiosos sois? —dijo Gilbert.
—Al igual que tú tienes dos zafiros en los bolsillos—replicó Laura sin mirarle y con bastante indiferencia.
Prusia calló de golpe y, viéndose atrapado, los lanzó al montón de oro. Los otros tres hicieron lo mismo u fueron capaces de salir del lugar. Después España del Norte guió a las naciones sin arma hasta dónde se encontraban las demás. Seguían quedando muchas, peros se notaban las desapariciones con grandes huecos en las estanterías. En ellas había cajones antes invisibles por estar tapados. Se acercó a uno de ellos y lo abrió, sacando una espada. Gritó una orden en latín y otras veinte comenzaron a flotar a su alrededor, diligentes.
—Las armas que os voy a prestar son especiales porque no sólo la controlaréis a ella, sino que también a otras veinte que se encuentran enlazadas. Todos los movimientos que realicéis con ésta serán copiados por los demás. Eso es todo. —después le tendió la espada al hombre de la bufanda. Éste la aceptó y subió, seguido por veinte diligentes espadas. Japón se quedó con veintiuna katanas, Francia con veintiún estoques y China con más de veinte lanzas kwan do*.
—Las armas de fuego son un poco más particulares. Tienen tanto ola gema como el metal y según el que pulséis haréis que disparen todas las armas a la vez o un ataque mágico. Por supuesto, si pulsáis los dos todos los ataques serán mágicos. También podéis elegir la formación que adquieren para que sea más efectivo.
Después le entregó las pistolas a Alfred y a Ludwig, las escopetas a Vash y los arcos a Arthur. Luego subieron. Ahora tocaba instruir a aquellos que no iban a luchar. Comenzó a llevar decenas de botes de pintura y pinceles hasta la sala en la que les estaban esperando, explicándoles que tanto la pintura como los pinceles estaban encantados y que funcionarían como su fueran ellos los magos. O esa esperanza tenía ella. Después les explicó que sólo les atacarían Oscuros ofensivos, pero que en las heridas siempre dejaban pequeños rastros. El trabajo de todos los que no luchasen sería el de quitarles eso para impedir que se acumulasen demasiados Oscuros y terminasen siendo destruidos. Para ello, si los que iban a luchar tendrían que volver a la casa en cuanto tuvieran la más mínima herida.
Entonces Laura miró a Austria muy seria, uno de los que no iban a luchar y que se quedarían allí.
—No quiero amenazarte—le dijo—, pero lo voy a hacer. Como ya has visto, en esta habitación hay instrumentos musicales y supongo que te imaginarás que habrá más por el resto de la casa. Bien, si en algún momento te atreves a mirar muy fijamente siquiera alguno me aseguraré personalmente que de lanzarte contra los Oscuros para que te destrocen. ¿Entendido?
Más de uno tragó saliva al oír el tono. Lo decía muy en serio.
—¿... Puedo saber por qué? —preguntó la víctima.
—Eres, lo que yo llamo, un Mago Dormido—le explicó la nación femenina—. Es decir, has nacido con poder mágico, pero no puedes controlarlo e ignoras su existencia (bueno, ignorabas). No sé cuál es tu poder exactamente pero, por lo que he visto, está muy relacionado con la música. Y en esta situación de peligro y tensión tu poder podría despertar su cogieras algún instrumento. Y no necesitamos que los Oscuros se vuelvan más fuertes.
Roderich asintió. Comprendía sus motivos, pero no creía que fuera necesario ser tan agresivo. Entonces Laura cogió un bote de pintura y salió de la casa. Quemó todas las hierbas de una parte hasta dejar un espacio bastante amplio completamente liso y comenzó a pintar un círculo de un par de metros de diámetro y a decorarlo con símbolos variados. Cuando terminó, lo miró fijamente.
—Si todo lo demás falla... —murmuró.
Entró en la casa y, tras un chasquido de dedos, a su espalda aparecieron colgadas las armas que iba a utilizar: una alabarda, un bo, unas garras y una katana; todas ellas completamente forjadas en oro y piedras preciosas. Se trataban de conductores mágicos perfectos que casi despedían magia. Después salió de la casa, seguida por todos aquellos que iban a pelear, e hizo que el edificio apareciese físicamente en la llanura para que los que iban a usar armas a distancia pudieran ponerse en el tejado. Al poco rato, los Oscuros aparecieron. Se trataba de una horda inmensa que les produjo un terror irracional a todos ellos. Incluso Laura, a pesar de estar acostumbrada a luchar, tuvo que contenerse las ganas de huir. Se recordó que tenían que acabar con ellos allí y en ese momento.
Los primeros monstruos en acercarse eran varios Oscuros voladores que cayeron bajo el fuego de todas las naciones que tenían armas a distancia, especialmente de los que controlaban más de una. Tras ellos venía una avanzadilla de cuadrúpedos. Y era allí cuando la batalla comenzaba para todos.
Magia de Rumanía: No entro mucho en detalles porque no tengo demasiado que contar xDDD Básicamente es eso: la capacidad de transformarse en hombre lobo o vampiro a voluntad, adquiriendo sus fuerzas y debilidades.
Kwan Dao: Sólo encontré imágenes de este arma. La única información que conseguí era que se trata de un arma idéntica al bisento japonés (un arma derivada de la Kwan dao). El bisento consiste en una hoja de hierro tipo dao ancha y curva colacada en un asta como si fuese la continuación de la empuñadura. Es la precursora de la Naginata japonesa y más pesada que esta.
Espero que os haya gustado. Hasta pronto.
