Tras una larga ausencia, aquí traigo el siguiente capítulo de esta historia. Me han ocurrido mil y una cosas que han impedido que actualizase antes, pero aquí está un nuevo capítulo para todos aquellos que todavía tengan ganas de leer esta historia. Y, no, en este capítulo tampoco hay advertencias. ¿Qué me está pasando?
Disfrutad~
Capítulo 23: Micronación
Laura, acostumbrada a pelear, fue la primera en reaccionar; corriendo hacia ellos (empuñando las garras) a gran velocidad y con una agilidad envidiables. Hirió en diversas partes del cuerpo a cuatro bestias a la vez; y luego remató el trabajo cortándoles la cabeza con una katana que brillaba como el fuego. Al verla en acción, los demás también se animaron; al fin y al cabo, pelear era la razón por la que habían ido allí. Bielorrusa no tardó en demostrar su habilidad con los cuchillos cuando Iván, que se había adelantado un poco, estuvo en peligro por culpa de un monstruo que le atacaba por la espalda. Después el ruso se ayudó de sus espadas para acabar con tres bestias a la vez.
*El autodenominado Trío de los Malos Amigos se ayudaba entre sí. Gilbert se abalanzaba sobre los Oscuros como si fuera una apisonadora con espada. Antonio aprovechaba para caer desde el aire con toda la fuerza de su alabarda. Francis lo remataba con estilo y veintiún armas. El conjunto no era malo, pero quedaban heridos con frecuencia y en más de una ocasión los tiradores tuvieron que salvarles la vida por brutos. Inglaterra no tardó mucho en quedarse afónico de tanto insultarles indiscriminadamente para que tuvieran cuidado. Fue inútil.
Hungría luchaba mano a mano con el licántropo rumano. Cuando este embestía a los Oscuros, Elizaveta aprovechaba para saltar sobre su cuerpo y clavar la espada a cualquier cosa que estuviera cerca y que no fuera aliada. Si el hombre lobo se decidía por dar zarpazos, ella se limitaba a atacar a aquellos que perdían el equilibrio. Fácil, sencillo y efectivo.
Sadiq se trataba de uno de los muchos que peleaban mano a mano contra un único rival. Consiguió destruirlo atravesando su cuerpo con un sable, pero otro Oscuro le atacó por detrás sin que le diera tiempo a reaccionar. Un certero disparo del rife de francotirador de Gupta le salvó la vida. El turco se lo agradeció con un asentimiento y volvió a la pelea.
En otra parte, Kiku demostraba su destreza con la espada de su propia invención haciendo frente a varios Oscuros al mismo tiempo, mientras que China se desenvolvía perfectamente con varias acrobacias, siempre rodeado por la protección de sus armas. También podía percibirse como una lluvia de flechas y balas caía de manera casi ininterrumpida contra los monstruos más alejados, y como Laura aparecía y desaparecía entre la marea gris; destrozando lo que se ponía en su camino. Y así, lento pero seguro; y con algún destello mágico de las armas de cuando en cuando, las naciones ganaban terreno a sus rivales.
Hasta que una nueva marea de Oscuros pareció salir de la nada. A pesar de resultar desalentador, las naciones no se rindieron; era lo último que debían hacer. La española no fue una excepción, pero sí estaba muy extrañada. Nunca le había ocurrido nada similar. Sin embargo, decidió no comentar nada para no sembrar el pánico. Iban muy bien; sólo tenía que aguantar un poco más.
Sin embargo, Laura tenía claro que lo tenía que investigar; de manera que comenzó a volar por encima de las bestias, en dirección a cuatro de ellas mucho más grandes de lo normal que, extrañamente, no se habían movido del sitio. Cuando, tras esquivar a las decenas de Oscuros que había intentado detenerle, sobrevoló el centro, su incredulidad fue tan grande que a duras penas fue capaz de teletransportarse antes de que otro monstruo le atacara y le hiciera daño de verdad. Reapareció frente a su casa y entró.
Un breve vistazo le bastó para comprobar que las naciones encargadas de realizar las curas estaban haciendo bien su trabajo. En esos momentos estaban tratando alguna pequeña herida que se habían hecho Rusa y Francia, pero España del Norte no se fijó en ellos. Se limitó a apoyarse en una silla, dejar los codos en la mesa y la cabeza sobre las manos, mirando fijamente el campo de batalla, con los ojos entrecerrados.
Uno de los presentes era, nada más y nada menos, que la nación de Andorra; un chico delgado de pelo castaño claro que solía mantener los ojos cerrados y una sonrisa algo maliciosa (aunque tranquila) en la cara. El susodicho microestado*, al ver a España del Norte tan seria, y acercó con tranquilidad y le dio un suave beso en la sien. Todos los presentes abrieron los ojos como platos al verlo, pero el más sorprendido fue, sin duda, Francis. O su hermano pequeño era muy valiente o estaba loco.
—Llevamos siendo novios algo más de cuatrocientos años—le sonrió al francés.
—¡¿Qué?!
¿De verdad su hermano pequeño, no sólo se había ligado a una chica más peligrosa que cinco Bielorrusias juntas, sino que había conseguido una relación estable durante tanto tiempo? El rubio siempre había sabido que el romance era algo que su familia llevaba en las venas; pero lo de Andy llevaba las cosas a otro nivel. O eso le pareció al francés.
—¿Qué ocurre? —le preguntó Andorra a s pareja con suavidad.
Ella frunció el ceño y apretó los dientes al oír su pregunta, sin apartar a mirada de la ventana en ningún instante. Nadie se atrevió a replantear la pregunta al notar sus gestos; pero justo cuando creyeron que ya no iba a responderles, ella suspiró.
—No podemos ganar—sentenció.
Todos se miraron desconcertados.
—¿A qué te refieres? —inquirió Romano, mientras la mano que se había convertido en una garra comenzaba a atravesarlo todo, en un intento por agarrarse a algo sin éxito.
—¿Veis esa formación de cuatro Oscuros enormes? —le preguntó, señalando por la ventana. Todos asintieron— Están protegiendo un nuevo tipo; uno que no había visto nunca, de manera que debe de ser muy reciente.
—Y, ¿qué hace? —preguntó Estonia.
—Crea más de los suyos. Es una fuente infinita de esas cosas. No importa con cuantos acabemos; siempre habrá más.
—Entonces hay que destruir primero la fuente—adivinó Bélgica.
Laura asintió.
—Pero al ser naciones nos destrozarían ates de llegar. Harán cualquier cosa por protegerlo—España del Norte frunció el ceño. Era cierto que acababa de conseguir llegar, pero había estado a punto de perder la vida en el intento. Y no confiaba en tener tanta suerte una segunda vez. —. Para conseguir legar necesitaríamos ser humanos o...
Laura calló, dando con la respuesta. No le gustaba, porque era su misión y no quería involucrar a más gente de a necesaria. Pero no tenía opción. Miró a las micronaciones y a los microestados.
"... o alguien lo suficientemente pequeño como para no llamar la atención."
—Odio decir esto—le aseguró, mientras clavaba su mirada en aquellos en los que había pensado—, pero sois los únicos lo suficientemente pequeños como para poder colaros entre los Oscuros sin que os ataquen. Sin embargo, eso no significa que no estéis arriesgando vuestra vida. Necesitaría cuatro voluntarios.
A principio, nadie habló; pero no pasó mucho tiempo antes de que el primer voluntario alzase la voz.
—¡El gran Sealand irá!-repuso el niño— ¿Así el imbécil de Inglaterra no tendrá más remedio que aceptar mi independencia!
—¡Yo también iré! Le demostraré al mundo que los Italianos no somos unos cobardes! ¡Y que nuestra comida es la mejor! ¡Y que nuestro clima es el mejo! ¡Y que...! —Seborga siguió hablando sin parar ni pensar demasiado en lo que estaba diciendo.
—¡Mucha suerte, ve! —le animó Veneciano.
—¡Más te vale volver vivo, maldición! —le replicó Romano.
Andorra abrazó a España del Norte.
—Sé que no te gusta la idea, pero yo también voy a ir.
Laura no dijo nada en un principio. No, no le gustaba, pero sabía que había ocasiones en las que discutir con él era inútil; de manera que se limitó a asentir, resignada. Entonces se alzó una tímida voz femenina.
—A mí también me gustaría ir—pidió Liechtenstein
—Pero Lily, cariño—argumentó Francia con un tono bastante meloso—; eres muy delicada y esto es algo muy peligroso para ti.
—Lo sé—respondió ella—. Pero estoy cansada de que me tratéis como si no supiera cuidarme. Quiero ayudar con algo más que curar heridos. Por favor—miró fijamente a Laura.
Ella le sostuvo la mirada y luego cerró los ojos.
—Bien. Ahora os explicaré qué debéis hacer.
—¡Espera un momento! —saltó Francia—. ¿Sabes que Suiza te matará si le pasa algo?
Ella le encaró.
—Se que Lich está harta de que la tratéis como algo inútil y que quiere demostraros que es algo más que una muñeca de cristal. Sé que no soy nadie para negarle ese derecho. Sé que es una nación pequeña y que tiene la determinación necesaria para hacer esto. Y no necesito saber nada más para decirle que sí.
Después, habiendo dejado a Francia sin palabras, se dirigió a una mesa y comenzó a crear pequeñas estacas de hielo. Las hechizó con varios conjuros y se las entregó a los cuatro voluntarios que iban a ir.
—Son bombas de hielo. Tranquilos, no explotarán hasta que yo lo ordene y no lo haré hasta que hayáis vuelto. Cuando atraveséis los Oscuros guardianes tenéis que clavarlas en el suelo alrededor del que está en el centro. Luego volved, ¿entendido?
—¡Salvarnos es arte! —exclamó entonces Kugelmugel.
—Mucha suerte, da—les deseó Rusia
—Volved sanos y salvos—murmuró Wy, preocupada.
—O sea, seguro que lo conseguís—Polonia no dudaba lo más mínimo.
Los cuatro asintieron, agradecidos por los ánimos ofrecidos, y Laura les entregó los trozos de hielo. Después realizó un conjuro para meterse en la mente de todas las naciones (con cuidado de no sorprenderlas lo suficiente como para que acabasen en peligro) y explicarles lo que iba a ocurrir.
«No ataquéis a menos que los Oscuros ataquen primero. Podrían creer que ellos cuatro son los causantes y acabar con ellos, ¿entendido?» España del Norte no cesó la comunicación hasta que consiguió que todas aceptaran el plan; incluidos Inglaterra y Suiza. Comprendió que se negaran a permitir que Peter y Lily corrieran ese riesgo, pero les hizo ver que ellos no iba a echarse atrás. Al final no tuvieron más remedio que aceptar.
La nación española femenina salió de la casa, seguida por aquellos que iban a adentrarse entre las filas de Oscuros. Les hizo un gesto afirmativo poco después, y ellos comenzaron a caminar. Los cuatro estaban nerviosos y asustados, pero ninguno dudó. Sólo ellos podían salvarles. También se dieron cuenta en seguida de que los monstruos no les hacían caso, como si no pudieran verlos o, más bien, como si no les importara que estuvieran allí. Eran demasiado poco importantes. Había presas mejores no muy lejos.
Sin embargo, hubo dos que se plantaron frente a Andorra y Liechtenstein, sin aparentes intenciones de dejarles pasar. Al primero se le borró la sonrisa y a la segunda le temblaron las piernas, pero ninguno se movió lo más mínimo. Entonces las bestias les mostraron los dientes y rugieron. Luego saltaron por encima de ellos continuaron hacia delante, hacia las naciones más grandes y presas mejores. Ambos tardaron en reaccionar, tratando de sobreponerse del terror que les había invadido, pero volvieron a avanzar.
Finalmente, los cuatro atravesaron el círculo protector de los guardianes. Estos les ignoraron abiertamente, sin creer que pudieran resultar ninguna amenaza; pero los voluntarios decidieron darse prisa por si acaso. Cuando dejaron las estacas de hielo donde debían, retrocedieron para volver con los demás. No echaron a correr en ningún momento.
Todos se encontraron mucho más tranquilos cuando atravesaron la línea de combate hacia los suyos. Suecia, Suiza, Finlandia, Inglaterra, Francia y los Italia se apresuraron a acercarse a ellos para asegurarse de que se encontraban bien, a pesar de que ninguno había sufrido la más mínima herida.
—¿Qué tal? —le sonrió Andorra a Laura.
Pero ella no respondió. Se limitó a mirar hacia el lugar en el que habían clavado las bombas. Percibía su magia en el lugar correcto. Alzó una mano estirada frente a su cara, hacia los guardianes Oscuros.
—Perfecto—respondió.
La cerró en un puño.
Y tanto el Oscuro como los guardianes quedaron atrapados en un gigantesco bloque de hielo que no tardó en desintegrarse, destruyéndolos.
BFT: Necesitaba poner algo divertido sobre ellos. Nada más : )
Microestado: Un microestado (o miniestado) es un estado soberano que tiene una población muy reducida, un territorio muy pequeño o ambos. Andorra, Mónaco, Baréin, San Marino,Liechtenstein, Nauru, Palaos, Tuvalu, San Cristóbal y Nieves y el Vaticano son ejemplos de microestados. Los microestados tienen una importante influencia relativa en laAsamblea General de las Naciones Unidas, debido a su estructura en la que cada estado tiene un voto. Los microestados no deben de ser confundidos con las micronaciones, que son territorios especiales, como por ejemplo las Islas Anglo-Normandasque por carecer de soberanía no pueden ser consideradas microestados.
Hasta pronto. Y gracias por los reviews ^^
