Otro capítulo más. Nos acercamos al final de esta historia, calculo que me quedan 3 capítulos más (un capítulo, el epílogo y un extra). La mala noticia (?) es que el resto no lo tengo escrito. Y aunque voy a ponerme las pilas y escribir lo que queda cuanto antes, no puedo prometeros nada, me temo.

Y una cosa más sobre este capítulo:drama. Drama por todas partes.

Advertencia: Giros argumentales. Me siento una mala persona por pedir que disfrutéis de este capítulo D:

Disfrutad~


Capítulo 26: Secreto

Se encontraba en una especie de nada blanca. También sentía un dolor sordo y lejano, pero no lograba descifrar qué le dolía o por qué. Entonces Celtia apareció frente a ella. Por extraño que pareciera, Laura no se sorprendió de verle allí, fuera el lugar que fuera. Además, percibía algo extraño en él.

—Esto—comenzó a hablar su padre de repente— es un mensaje que dejé en tus recuerdos cuando volviste de tu viaje por el Lejano Oriente. La verdad es que yo, como guardián del mismo, siempre supe cómo podías acabar con los Oscuros—España del Norte quedó atónita. ¿Qué? Pero la antigua nación no era más que una imagen grabada en su mente y no reaccionó ante la sorpresa de Laura—. Sin embargo, nunca tuve el valor de contártelo—por un momento, la imagen dudó—. Algunos pocos años antes de que fueras más allá del Fin del Mundo, de ese mismo sitio(aunque aún no lo sabía) llegó hasta mi casa un ave extraviada. Por lo visto conocía a una nación que podía comunicarse con animales y me confundió con ella. Yo aproveché para ayudarle a volver de donde venía, y pedirle que le mandase un mensaje a esa otra nación. Con el paso de los años nos hicimos amigos. Si quieres saber cómo acabar con los Oscuros, ve y habla con él.

Entonces Laura notó que el dolor desaparecía y era sustituido por algo mucho más agradable: magia curativa. Volvió a mirar a su padre y trató de preguntarle algo, pero el mensaje había terminado y éste desapareció.


Con Laura inconsciente (su cuerpo lleno de diferentes tatuajes tribales, normalmente invisibles gracias a la magia), los conjuros de la sala se habían roto y la silla en la que estaba atada había caído hacia atrás. Se habían apresurado a soltarla y a tratar de contener la hemorragia, pero la sangre no dejaba de manar. Teniendo en cuenta que había sido el Oscuro el que había provocado la herida, ¿si se desangraba sería como una persona normal y moriría? ¿O el efecto sólo duraba cuando los Oscuros se encontraban dentro del cuerpo de las naciones? Ninguno de los presentes lo sabía, y se vivían momentos de pánico tratando de conseguir que dejase de sangrar, sin éxito.

Sin embargo, no todas las naciones se encontraban rodeando a la inconsciente España del Norte y planteándose llamar a una ambulancia. No. Una de ellas se encontraba más alejada, y no era ni más ni menos que Italia Romano, que observaba las pinturas que quedaban en la mesa como si fueran la cosa más fascinante del mundo. Mientras tanto, su mente seguía una curiosa línea de pensamiento que ni él mismo sabía a qué se refería exactamente o por qué estaba pensando en ello:

«Hay poco blanco, pero eso no serviría de nada. Hay mucho rojo, pero eso tendría el efecto contrario» ¿Qué efecto?, se preguntó una parte consciente de si mismo. «Y el verde... ¡Verde! ¡Eso es! »

Sin pensárselo dos veces, cogió el bote de pintura y un pincel y se acercó al conmocionado círculo de naciones, exigiendo que se apartaran. Nadie le hizo demasiado caso, y eso cabreó bastante al italiano, que se abrió paso pisando sin contemplaciones las espaldas de Holanda y España para pasar por encima de sus cabezas y poder arrodillarse al lado de la nación inconsciente. Y, antes de que nade pudiera detenerlo, hizo lo que su instinto le ordenaba: mojó el pincel en la pintura y lo hundió sobre la sangrante herida, volviéndola de color verde.

Y nadie le impidió cometer semejante locura porque estaban demasiado asombrados como para reaccionar o replicar. Pero a los pocos segundos, percibieron algo más increíble todavía: las zonas pintadas de verde dejaron de sangrar y comenzaron a cerrarse. Lovino ignoró las caras de incredulidad que le dirigieron las demás naciones, esforzándose por no perder la concentración. La herida consistía en ocho gruesas líneas que se unían en el centro, y la nación ya se comenzaba a sentir agotado cuando apenas llevaba la mitad. Con la quinta comenzó a sudar. Con la sexta se vio obligado a dejar el pequeño bote de pintura en el suelo porque le pesaba demasiado. Con las dos últimas, la mano le temblaba tanto que parecían serpientes más que líneas. Después el pincel se le escurrió por entre los dedos y se desmayó, visiblemente exhausto.

Tras un instante de desconcierto, las naciones se apresuraron a comprobar que Romano se encontraba bien, ahora que Laura parecía curada y fuera de peligro. Tras confirmar que sólo se trataba de agotamiento, las naciones comenzaron a murmurar qué era lo que podía haber pasado. Inglaterra estaba a punto de pronunciar sus sospechas en voz alta cuando Laura recuperó la consciencia, llamando la atención de todos los presentes. Se palpó el pecho, comprobando que la herida se había cerrado, tal y como sospechaba. Luego se levantó y se puso la camisa.

—¿Estás bien? —le preguntó Antonio, rompiendo el silencio que se había formado.

Ella asintió y le sonrió levemente para tranquilizarlo, mientras terminaba de colocarse la ropa. Su hermano suspiró, aliviado.

—La primera vez que haces magia—comenzó a hablar ella entonces, sin dirigirse a nadie en particular— no sabes regular la cantidad de energía que gastas en el conjuro, de manera que uno suele terminar agotado. No os preocupéis por Lovino, despertará en un par de días—añadió, confirmando las sospechas de Arthur.

—Ve, ¿mi hermano es mago?

—Sí, Veneciano. No sé muy bien cuál es su magia, pero parece estar relacionada con la pintura. Tal vez sea similar a la mía, pero lo importante parece ser el color y material con el que pintas.

—¿Y Feliciano también es mago? —peguntó Ludwig.

Laura negó. Tan sólo Lovino había nacido con el don mágico. Entonces Veneciano pareció entender algo.

—Por eso el abuelo sólo me llevó a mí con él.

—No quería arriesgarse a que su presencia como mago despertase el poder de Lovino—confirmó ella.

Al ver que ya no parecía haber más preguntas, Laura volvió a reflexionar sobre el mensaje que le había dejado su padre. Que ella supiera, sólo había una nación que cumpliera con los requisitos que el celta le había mencionado. Eso significaba que tendría que viajar a la casa de Canadá.


Caminaba tranquilamente por un bosque de arces. Sus ropas no eran más que pieles de animales, y la suya propia se había oscurecido, así como su pelo, para darle el mismo aspecto que el de un indio nativo. Nada de eso resultaba imprescindible, pero a Laura siempre le había gustado disfrazarse. Su aspecto no se correspondía con ninguna tribu en concreto, pero para las naciones tribales eso no resultaba necesario. Ella, al fin y al cabo, había nacido siendo Celtiberia; pero eso no era más que un nombre genérico para designar a todos los pequeños pueblos que la habían conformado, como los arévacos, berones, titos y lusones*. A los indios nativos del norte también les pasaba lo mismo, pero el mestizaje sólo lo complicaba más.

Pero a las naciones antiguas eso nunca les había preocupado. Lo importante era que se sintiesen parte de la misma comunidad o cultura; nada más. Y, aunque la gran mayoría de los nativos se sentía canadiense, estadounidense o, en algunos casos, mexicana; él seguía allí. India, también conocido como Adahy; nación de las tribus nativas del norte. A pesar de lo guerreros que eran los suyos, él prefería una vida más pacífica, de manera que no había participado en demasiados conflictos contra las naciones invasoras. Pero exactamente eso, junto con bastante buena suerte, era lo que le había permitido seguir vivo. Tampoco era cobarde; sólo prefería algo de paz.

Adahy ya sabía que España del Norte iba a visitarle, de manera que a la mujer no le costó mucho encontrarle. Sólo tuvo que escalar por el lateral de una cascada y avanzar por entre los árboles hasta llegar a un claro por el que fluía un riachuelo. Allí, sentado en un tronco y con un lobo a sus pies (su animal guardián) y vestido también con las ropas propias de su gente (además de poseer, evidentemente, los rasgos físicos), se encontraba la nación India del Norte*. Saludó a Laura con una sonrisa y ella se la devolvió. Hacía más de un siglo que no se veían; los Oscuros no solían molestarle. Iban a comenzar a hablar cuando un sonido similar a un silbido, pero mucho más complejo, la distrajo.


Laura había vuelto a desaparecer del mapa; pero por esa vez Antonio se había enterado de adónde se dirigía. Él mismo no se explicaba cómo era que Laura le había dado la información, pero últimamente su hermana estaba bastante distraída.

Y así fue como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España y Canadá se encontraban perdidos por un bosque de abedules y arces. El pobre Mathew había intentado guiarles pero, entre que la nación europea sabía lo que hacía y a duras penas dejaba algún rastro, y que ninguna nación conocía su territorio a la perfección (y menos algo tan inexplorado como un bosque), habían terminado sentados entre las raíces de los árboles sin saber por dónde seguir. Canadá se encontraba francamente avergonzado, mientras que su hermano no dejaba de gritar que él sería el héroe y les sacaría de allí, y Francia e Inglaterra trataban de consolar al chico del oso (mientras se abofeteaban mentalmente por no llevar un mapa). Antonio se limitaba a sonreír con la escena. Y es que ya habían pensado en avisar a Laura con el móvil del español, admitiendo que le habían seguido. Pero cuando Laura hacía expediciones «de época» nunca llevaba cosas modernas. En otras palabras, nada de tecnología. En el momento en el que la situación llegó a un punto desesperado (Francis, porque allí no podría cuidarse como debería; Arthur, por no poder hacerse tés y Alfred por no poder comer hamburguesas) España les reveló que, en realidad, había puesto su cerebro a funcionar y habían dado con una solución:

—Voy a intentar hablar con Laura

—¿¡Qué podías contactar con ella?! —le gritó Inglaterra— ¿Y por qué no lo has dicho antes?

—¡Porque hace mucho que no nos comunicamos así! —se defendió él— ¡Y ya no recuerdo si los tonos planos eran las vocales o las consonantes!

Las cuatro naciones se miraron, un poco extrañados. ¿De qué estaba hablando? ¿Acaso habían desarrollado un idioma para comunicarse entre sí? Y, en cualquier caso, ¿cómo iban a poder comunicarse, con lo lejos que estaban entre sí? Entonces Antonio suspiró, pareciendo un poco derrotado mientras murmuraba:

—Y pensar que ella lo aprendió por ocio. Seguro que lo sabe mejor que yo.

Y, tras el lamento, Antonio se llevó los dedos a la boca y comenzó a silbar*.


El silbido que Laura y Adahy oían en cuestión tenía muchos tonos diferentes, resultando tan complejo que casi parecían palabras. El indio fue a decir algo, pero España del Norte le detuvo con una mano, atenta a los sonidos que provenían de algún lugar, más allá de la cascada. Cuando el silbido desapareció, puso los ojos en blanco.

—Por favor... —murmuró.

—¿Lo entiendes? —preguntó Adahy, genuinamente sorprendido.

—Sí, lo entiendo. Mi hermano y otras naciones se han perdido por intentar seguirme— y, acto seguido, comenzó a silbar como respuesta. Ambos Españas estuvieron silbándose mutuamente durante un rato, ella echándole la bronca por haberle seguido y él pidiendo ayuda. Al final, Laura llamó a un águila que había en un árbol cercano y le pidió a que guiase a las naciones. Cuando el animal aceptó y alzó el vuelo, Laura informó a su hermano a base de silbidos de nuevo. Él respondió un agradecimiento y no se le volvió a oír más, de manera que supuso que se habrían ido.

Adahy le seguía mirando con sorpresa.

—¿Tenéis un idioma basado en silbidos?

—Al principio era el idioma propio de las Islas Canarias. Luego lo adaptaron al castellano, así que realmente es castellano silbado. Sí—le confirmó, en última instancia.

Luego Laura se volvió, recordando el motivo por el que estaba allí.

—Hace poco me desmayé. En mi inconsciencia recibí un mensaje recibí un mensaje que mi padre Celtia había dejado grabado. También descubrí que me había pintado esto—España del Norte se deshizo del conjuro ilusorio que llevaba en su cuerpo y varios tatuajes que tenía en el cuerpo salieron a la luz. Sin embargo, no eran los que la nación llevaba normalmente, sino que formaban un único dibujo que recorría su cuerpo por completo, incluidas manos, pies y cara. Cuando se aseguró de que Adahy lo había visto (lo supo porque la vieja nación había puesto cara de circunstancias) lo escondió de nuevo.

—Me dijo que hablara contigo—continuó ella—. Me dijo que sabías como acabar con los Oscuros, que te lo había contado. ¿Qué me estáis ocultando?

Adahy no respondió de inmediato. Tenía la mirada perdida y se encontraba aparentemente tranquilo. El lobo comenzó a gemir al ver a su amo así y le lamió las manos. Éste le acarició la cabeza en un acto reflejo, pero el animal no pareció contentarse. Laura esperó con paciencia. El indio, finalmente, suspiró; sabiendo que ella no se marcharía sin una respuesta.

—¿Estás segura de que quieres saberlo?

—Si no me lo dices, me arrepentiré de haber tenido la oportunidad de acabar con los Oscuros y haberla rechazado.

—Si te lo digo te arrepentirás de saberlo—contradijo él, con una triste sonrisa.

Pero Laura estaba demasiado cansada de su situación. Necesitaba poder relajarse. Necesitaba acabar con ellos.

—¿Nunca te has preguntado por qué tenías que aprender tantas magias y aumentar tanto tu poder mágico sabiendo que eso atraería a los Oscuros?

Inicialmente, Laura creyó que la pregunta era absurda. Sólo desarrollando un gran poder sería capaz de derrotarles. Pero entonces pensó en el combate contra su casa y cómo las naciones no mágicas habían podido acabar perfectamente con los Oscuros tan sólo con las armas mágicas. Cómo una única magia podía derrotarles perfectamente (necesitando, evidentemente, desarrollarse y adaptarse a dicha labor); razón por la cual los rituales habían funcionado tan bien. Sí, las distancias serían más largas, sería más difícil ocultarse y se habría tenido que estrujar más el cerebro para encontrar soluciones contra los Oscuros que no eran ofensivos. Pero, esencialmente, las cosas no habrían cambiado demasiado. Eso significaba que su aprendizaje correspondía a otro propósito.

Y, de repente, ya no estaba tan segura de querer el secreto de su padre.

Adahy se levantó y le miró a los ojos.

—Los Oscuros sólo desaparecerán si son destruidos a la vez. Y sólo hay una manera de conseguir eso. Debes atraerles con un ritual mágico gracias a tu inmenso poder. Y debes sacrificarlos.

Y Laura comprendió.

«Debes sacrificarte »


Arévacos, berones, titos y lusones: Los arévacos fueron una tribu prerromana perteneciente a la familia de los celtíberos, situada entre el sistema Ibérico y el valle del Duero, lindando al oeste con los vacceos, establecida en el centro de la península Ibérica en la actual España. Roma formó con los arévacos tropas auxiliares para su ejército imperial. Los berones fueron un pueblo prerromano en la Edad del Hierro de la península Ibérica a los que algunas fuentes ubican entre los pueblos celtíberos resultado de la mezcla entre habitantes nativos iberos con los individuos procedentes de la migración céltica1 2 . Los titos (Titii o Titios) fueron un pueblo indígena celtíbero que siempre aparece subordinados a los belos, de los que quizás fuesen clientes. Este pueblo que aparece citado en las fuentes clásicas contribuye a las guerras de resistencia contra Roma, firmaron, en el 179 a. C., los pactos de Graco y entraron en guerra con Roma, junto con los Belos y los Arévacos, en la segunda guerra celtíbera, que terminaría con la destrucción de Numancia en el 133 a. C.. A partir de entonces desaparece, como pueblo, de las fuentes. Los lusones fueron un antiguo pueblo celtíbero. Se cree que la ciudad de Lutia era su capital. También había más tribus conocidas como "celtíberos" que no menciono.

India del Norte: Por referirse a las tribus del norte. No sé si os parecerá evidente, pero "India del sur" serían Azteca, Maya e Inca. Simplemente son naciones separadas porque la cultura de los nativos del sur estaba mucho más evolucionada y era más compleja que las del norte, además de ser estados organizados. De ahí que haga la diferencia.

Silbo gomero: El silbo gomero es un lenguaje silbado practicado por algunos habitantes de La Gomera (Canarias) para comunicarse a través de barrancos. El silbo fue creado por los primeros habitantes de la isla, aborígenes canarios, y "hablado" también en El Hierro, Tenerife y Gran Canaria. En el siglo XVI, tras la conquista de las Islas Canarias, los últimos guanches adaptaron el silbo al idioma castellano — mientras la lengua original, el idioma guanche, se iba extinguiendo.

Debido al peligro de desaparición del silbo a principios del siglo XXI, básicamente a causa de las mejoras de las comunicaciones y especialmente de la desaparición de actividades como el pastoreo en las que más se empleaba, el Gobierno canario reguló su aprendizaje en la escuela, y declaró el silbo gomero como patrimonio etnográfico de Canarias en 1999. El lenguaje silbado emplea seis sonidos, dos de ellos denominados como vocales y los otros cuatro como consonantes, y se pueden expresar más de 4.000 conceptos (palabras).

Los lenguajes silbados son extremamente raros.


Me siento como una persona malvada al dejaros con este final, pero... hasta pronto :3