Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.


En una de las torres más altas en la aldea de Amegakure se encontraban tres personas hablando seriamente. Uno de ellos tenía el pelo naranja y en su cara tenía fierros, la otra era una mujer con cabellos azules y una flor blanca de adorno, y el último tenía su cara escondida en una máscara naranja con un agujero por el que observaba.

Pain era el líder de la organización de cara al público pero el tipo con la máscara era el verdadero líder tras las sombras. Y su nombre real no era Tobi como se presentaba ante todos, era Uchiha Madara.

- Pronto atacaremos - dictaminó con voz oscura el Uchiha. Necesitaremos de todos los miembros -

- Pero ¿por qué le dijo a Itachi que durante un mes no tendría misiones? - preguntó Pain.

- No confío en él - respondió escuetamente. - Dentro de tres meses atacaremos Konoha y nos aremos con el poder del Kyubi. - terminó de explicar.

El plan era sencillo. Atacar la aldea cuando más desprevenida estuviese y capturar al jinchuuriki para extraer su poder y usarlo para buscar la paz en el mundo. Aunque no fuese del modo correcto.

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Unos débiles rayos de sol se colaban por la gran ventana de la habitación. Dando de lleno, en un rostro pálido y ojeroso. Lentamente, fue abriendo los ojos, dejando ver dos irises ónix. Movió su cabeza hacia la derecha, y se encontró con un rostro durmiente.

Sakura aún seguía dormida, y no pudo evitar aprovechar el momento para observarla detenidamente. Su largo cabello rosa caía sobre la almohada, un poco despeinado y rebelde. Su respiración era lenta y apacigüe, no como la noche anterior.

Parecía que su temperatura ya había bajado. En ese momento, se dio cuenta de que la tenía arrollada contra su pecho con su brazo derecho. Levantó el izquierdo y acercó su mano a su mejilla. Era suave, y cálida. Todo lo contrario a él.

Luego bajó la vista a sus labios, estos estaban entreabiertos, invitándolo a besarles. En verdad quería hacerlo, se veían apetecibles y dulces.

Pero cuando subió su vista para comprobar si seguía durmiendo, unos adormilados ojos jade lo miraban con cariño y confusión. Al ver esto se iba a alejar pero algo lo detenía. Bajó la vista hasta su pecho, y vio que Sakura tenía su camiseta entre sus puños.

Cuando iba a preguntar qué sucedía, ella se le adelantó, y con voz tímida, suave le saludó.

- Buenos días -

- Hola - devolvió él, mientras quitaba su mano de la cara de la pelirosa.

- ¿Cómo te sientes? - cuestionó Itachi.

- Bien, creo... Sobre lo de anoche - intentaba hablar, cuando fue interrumpida por el pelinegro.

- No importa está bien - decía mientras se paraba pesadamente, y retiraba su brazo.

- Gracias - logro decir al fin, evitando mirarlo y ocultando su sonrojo.

Ella recordaba perfectamente todo lo que había dicho la noche anterior. En serio, era vergonzoso, pero no pudo evitarlo. Cada vez que trataba de dormir recordaba los besos de aquel hombre, y se le erizaban hasta los vellos de la nuca.

Cuando lo abrazó pensó que la apartaría como solía hacer Sasuke en sus tiempos de genins y ella se le acercaba mucho para su gusto. Pero al contrario de lo que creyó, él no la apartó. Le devolvió el abrazo y la reconfortó.

Al escucharla, Itachi se sorprendió pero luego su expresión cambió por a una sonrisa de lado. Comenzó a caminar hacia la puerta, y sin voltearse le llamó.

- Vamos a desayunar - abrió la puerta, la miró sobre su hombro, y le avisó - en el armario hay ropa, la tuya está destrozada. Espero que te quede.

De esta forma, el Uchiha mayor salió de la pieza, para darle privacidad. Con curiosidad y alegría, por el detalle se acercó al armario. Este era marrón claro, y no muy alto. Abrió una de sus puerta y lo que vio la dejó sin habla.

Frente a ella, colgado en una percha, había un hermoso vestido de un verde jade muy semejante al de sus ojos, y debajo de este habían unas balerinas negras. Sacó el vestido, junto con el calzado, y lo dejó sobre la cama.

Pensó que debería de darse un baño, pues aún seguía con su ropa sudorosa y ensangrentada. Necesitaba una toalla. Buscó por toda la habitación, hasta dar con una también en el armario. Así, se dirigió al baño. Se quitó su vestimenta, los vendajes y entró en la ducha.

Para su suerte, había agua caliente. Y mientras se bañaba examinó su herida, la cual ya había cerrado completamente. Y con un poco de chakra quitó la cicatriz, dejando una casi invisible línea.

En diez minutos, había terminado. Se cubrió con la toalla, y se encaminó rápidamente a la habitación. A fuerza, se tuvo que colocar la misma ropa interior ya que no tenía limpia. Finalmente se colocó el vestido. Se fue a mirar al espejo, que tenía la puerta del armario.

Le quedaba estupendamente. Este se ceñía a su pequeña cintura, poseía un escote que permitía ver la naciente de sus pechos, pero sin ser demasiado revelador. Debajo de la cintura, se abría y llegaba hasta un poco más arriba de sus rodillas. Luego se puso las balerinas.

Sonrió. Feliz. Hacía mucho, no se vestía, tan femenina. Ante este pensamiento soltó una suave risita. Peinó con sus manos sus alborotados cabellos, y salió rumbo a la cocina.

Al llegar vio muchas cosas sobre la mesa de la cocina, y a Itachi de espaldas, colocando unas latas en la despensa.

- Itachi - lo llamó suavemente.

Éste se dio la vuelta, y al verla sus ojos se agrandaron ligeramente. Estaba... hermosa,pensó embobado. Ese vestido le quedaba muy bien, y resaltaba con sus ojos. Su pelo, desprendiendo un ligero aroma a cerezos a su alrededor y sus mejillas levemente rosadas, por el calor de su reciente baño.

- Te quedo bien - dijo recuperando su habitual tranquilidad, mientras observaba detenidamente cada centímetro de su cuerpo.

No entendía que era lo que ella le hacía. Despertaba una cantidad de sentimientos inexplicables en su interior. Él nunca perdía la compostura, ni se dejaba sorprender por nada. Pero con ella era otra cosa. Su corazón se aceleraba de manera loca. En su pecho, se colaba un sentimiento de ternura y protección.

Ella nublaba su mente, y no le permitía pensar con claridad. Era peligroso. Él tenía obligaciones, y no las podía dejar de lado. Pero, el estar con Sakura, era una trampa dulce. En la que te encandilaba con toda su luminosidad, y caías lentamente en ella.

- Eso parece - la oyó decir - ¿Te ayudo? - se ofreció ella refiriéndose a la comida.

La única respuesta del pelinegro fue un asentimiento. En un silencio, un poco incómodo, terminaron por guardar todo en la alacena y la heladera.

Itachi había terminado, y se dio vuelta para hablar con Sakura, y la encontró de puntillas tratando de colocar algo en el estante más alto. Se acercó sigilosamente a ella, haciendo gala de sus habilidades ninjas.

Por su parte, Sakura se hallaba insultando mentalmente en contra de la alacena. Estúpida alacena, estúpido estante y estúpida yo por ser tan pequeña, pensaba enojada.

Pero sus pensamientos, quedaron en segundo plano, cuando sintió el fuerte pecho de Itachi contra su espalda, y el roce de sus manos cuando le quitó el paquete de harina.

Y cuando sintió su aliento rozando su cuello, sintió que hubiese caído si no apoyaba sus manos sobre la mesada.

- Déjame ayudarte - musitó.

- Gracias - las dio mientras se giraba lentamente, enfrentándolo.

- Deberían pagarme por cada vez que me has dado las `gracias´- dijo en tono de broma. Ella soltó una pequeña risa.

Era muy parecido a la vez pasada. La única diferencia es que su cercanía era mucho mayor que la última vez. Sus alientos volvían a mezclarse. El pelinegro puso sus manos en su cintura y la apretó contra él. La pelirosa soltó un leve jadeo de exclamación.

E Itachi no lo resistió más. Terminó con los pocos milímetros, y la besó como nunca beso a nadie. Con ternura y lentitud, succionaba su labio inferior mientras su lengua viajaba a lo largo del superior. Pidiéndole permiso para entrar.

Sakura sentía que en cualquier momento desfallecía. Por eso, colocó sus manos en los hombros del Uchiha. Sentía como él paseaba su lengua sobre su labio, así que abrió levemente su boca.

Al darse cuenta de esta acción, el pelinegro sin perder tiempo, se adentró en su boca profundizando el beso. Sus lenguas se entrelazaban con pasión, luchando entre ellas.

Pero la falta de oxígeno, empezó a hacer presencia, separándoles. El pelinegro, con la respiración agitada y el corazón furioso, apoyó su frente sobre la de la ojijade. Ella levantó su mirada, topándose con esos irises onix.

El akatsuki la admiró en silencio. Sus labios rojos e hinchados, sus mejillas furiosamente rojas, su respiración agitada y ese destello en sus ojos, era realmente hermosa.

- ¿Por...qué? - preguntó confundida.

- Hm... si supiera te diría - contesto con tono derrotado.

Ahora se daba cuenta de lo que había hecho. Había perdido el control. No es que se arrepintiera, pero eso no debía pasar. Sin embargo, no lo podía evitar.

- Esto... esto no debe volver a pasar - pronunció Itachi alejándose.

Compuso una mirada fría, pero que se podía vislumbrar tristeza. Sakura le devolvió la mirada, triste y dolida. Al ver esto, él se sintió la basura más grande del mundo. Pero, luego ella lo miró con dureza, y desvió su mirada. Sus ojos le picaban pero no quería que la viera llorar.

- Claro - respondió ella - Después de todo, eres un criminal y yo debo volver a mi aldea - musito suavemente.

Pero para el Uchiha fue peor que si le hubiese gritado. La cruda verdad, le cayó como un balde de agua fría. La pelirosa pasó por su lado escondiendo sus ojos con su pelo, y se fue directo a la habitación.

Pero Itachi, pudo ver claramente sus lágrimas. Y eso, terminó de matarlo. No deseaba herirla pero si seguían con eso las cosas terminarían mal.

- Lo siento, Sakura... pero esta es la realidad - pronunció al aire.


Holas!

Wao. Lo sé no me maten pero era para alargar un poco más la historia. Tampoco era la idea de que acabara todo tan rápido, ¿cierto?

Bueno espero que haya sido de su agrado. Ah! Para que sepan voy a estar actualizando entre los marte y los miércoles.

Eso es todo.

Besos, bloom :D