POV Lily
Nico iba a quedarse con nosotros hasta el 1 de septiembre. Parecía bastante tímido e incómodo con la situación, en realidad.
En cuanto llegamos del Callejón Diagon, se escondió en la habitación de huéspedes. Sólo salió para ir al baño y para cenar. En la cena conoció a Teddy, quien nos visitaba siempre que podía; era como un hermano mayor para mi. Nico siempre fue educado, pero cortante, no había forma de que iniciara una conversación, se la pasaba moviendo la comida de un lado a otro. Luego volvió a encerrarse en la habitación.
El chico me llamaba la atención. Tenía un aura poderosa alrededor, con suaves destellos de tristeza, como si hubiera sufrido mucho en su corta vida. Era misterioso, lo único que sabía de él era que se llamaba Nico Di Angelo y que era de América. Por su nombre, supuse que tenía raíces italianas, pero hasta ahí llegaba toda mi recolección de datos.
Asi que, como persona curiosa que soy, decidí ir a verlo.
Ya era tarde, pero supuse que seguiría despierto. Toqué la puerta y luego de unos momentos se abrió.
Llevaba puestos unos holgados pantalones grises de pijama y una remera oscura. No parecía que hubiera estado durmiendo, así que supuse que su cabello despeinado se debía a que se había puesto lo primero que vio para abrir la puerta. Era todo blanco y negro, como una foto muggle antigüa: Piel blanca, ojos profundos y cabello azabache. Parecía suave al tacto.
Sus oscuros ojos me miraban fijamente. Eran negros como la noche, pero no eran fríos. Al contrario, era como si un fuego ardiente se ocultara detrás de ellos. Seguramente me quedé hipnotizada, porque él carraspeó sonoramente y preguntó.
-¿Necesitas algo?
-Eh, no, digo, sí, es que...- Mi mente quedó en blanco. Por Merlín ¿Me estaba volviendo loca? No podía simplemente aparecer a estas horas en la habitación del chico esperando que me recibiera con un abrazo. Esperen, ¿De dónde saqué esa idea? Oh, sí, sí me estaba volviendo loca.- ¿Ya sabes a que casa irás?
-Umm, ¿Casa? Lo siento, pero realmente no tengo idea de qué estás hablando.- Parecía confuso.
-Las casas de Hogwarts. Son como tu familia: Vives con ellos, estudias con ellos... Hay cuatro casas, Gryffindor, Slytherin, Ravenclaw y Hufflepuff.
-¿Y cómo sé a cuál debo ir?- Pareció haberse percatado de que seguíamos en la puerta, porque hizo un gesto para que entre y sentarnos en la cama.
-Bueno, depende cómo seas, pertenecerás a una casa o a otra. Los valientes van a Gryffindor, los astutos y ambiciosos a Slytherin, los eruditos a Ravenclaw y los leales y trabajadores a Hufflepuff.- Expliqué.
-No creo encajar en ninguna de las casas.- Dijo gravemente.
-Oh, claro que entrarás en una.- Aclaré con la esperanza de animarlo.
Luego de unos incómodos momentos de silencio, él habló.
-¿A qué casa vas tú?- Lo preguntó tranquilamente, ya sea para acabar con el silencio incómodo o por simple curiosidad. A pesar de eso, me emocioné.
-Gryffindor, al igual que James.- Dije con orgullo.- Albus va a Slytherin.
Nico asintió, mirando a la nada. Nos quedamos callados hasta que reuní coraje y pregunté.
-Tie... ¿Tienes familia italiana? Digo, por tu nombre y eso...- Inmediatamente me arrepentí de haber preguntado. Prácticamente se podía ver su tristeza. Tuve que obligarme a no intentar consolarlo, no parecía del tipo que apreciara un abrazo.
-Sí, mi hermana y mi madre, de hecho, nací en Italia.- Respondió con voz apagada. Realmente quería consolarlo.
-Y ellas..- Comencé, pero me cortó rápidamente.
-Ellas, digo, mi hermana está muerta.
Me rependí a mí misma por ser tan curiosa.
-Oh, Nico, lo siento...- Y realmente lo sentía.
-No tenías por qué saberlo.- Miraba a la nada con profunda tristeza. Dios, Potter, ¿Por qué tan estúpida?
No hablamos por lo que parecieron unos diez minutos. Luego él preguntó.
-¿Siempre llevas el cabello de esa forma?
Me sonrojé, pero al mismo tiempo estaba aliviada de que hubiera cambiado de tema, o que no me hubiera pateado fuera de la habitación. Maldito James. Maldito Fred.
-Eh, no. A mi hermano y a mi primo les gusta gastar bromas. Lo tendré así por una semana. Me vengaré, juro que lo haré.
Me pareció ver un atisbo de sonrisa en su cara, pero debió haber sido mi imaginación, porque Nico nunca sonreía.
-Normalmente es pelirrojo.- Agregué, no sé bien por qué.
-No me sorprende, es decir, entre tus pecas, tus ojos y tus cejas, es bastante eviden...- Se cortó, algo ruborizado. Era pálido, por lo que el más mínimo rubor lo delataba. Mi cara seguro estaría escarlata. Nos miramos a los ojos por una décima de segundo y rápidamente los apartamos. Carraspeó.
-¿Debería preocuparme de ser una de sus víctimas?- Dijo sarcásticamente.
-No, no lo creo. Aunque siempre hay que estar atento.- Advertí que tenía el entrecejo fruncido.
-¿Qué pasa?
-Nada. Sólo pensaba.
-¿Seguro?
-Sí.
-Bueno, mejor me voy a dormir. Que tengas dulces sueños, Nico.
Ya estaba en la puerta cuando lo oí murmurar.
-Buonanotte, Lily.
Sonreí. Supuse que había hablado en italiano.
Me quedé corta de imaginación, perdón. Espero que Nico no haya quedado muy OOC, más adelante va a explicar algunas de acciones que llevó a cabo.
