POV Lily

Sin mentir, me entristeció un poco que Nico no haya quedado en Gryffindor. Es porque te da lástima y no quieres que esté solo en una casa donde no conoce a nadie. Me obligué a pensar. Además, Albus está en Slytherin, no hay de qué preocuparse. No podía seriamente estar decepcionada de que no sea de mi casa, simplemente era tonto.

Suspirando, entré a la habitación que compartía con tres chicas, Chloe, una de mis mejores amigas, Faith y Karen. Ellas ya estaban poniéndose los pijamas.

Chloe corrió y me abrazó.

-¡LILY! Lo siento por no haberte saludado antes, me senté con Michael y luego te perdí de vista.

-No es problema, Chloe.- Respondí dando vuelta los ojos. Desde que había empezado a salir con Michael a mediados del curso pasado, pasaba todo el tiempo posible con él.

Eran demasiado melosos para mi gusto, en realidad.

Faith me abrazó también. Luego de unas preguntas básicas para cualquier conversación educada, preguntó lo que realmente quería saber. Probablemente todo lo que el colegio quería preguntar.

-Dicen que ese tal Nico se quedó unos días en tu casa ¿Cómo es? Es bastante guapo, con toda esa onda emo...

Noté que Chloe y Karen estaban bien atentas a la conversación.

-No hablamos mucho, es extremadamente callado y solitario... Sólo sé que es italiano, pero vivió en América gran parte de su vida. No más que eso.

No iba a contarles lo de su hermana, o de lo misterioso e intrigante que lo encontraba.

-Faith, sólo te interesa porque es carne fresca.

Karen gruñó desde su cama. No eran grandes amigas, más bien lo contrario.

-Sólo tengo curiosidad, no se tiene un estudiante de intercambio todos los días. ¿Crees que necesita a alguien que le muestre el colegio?

-No. Además, de necesitar a alguien, seguro sería un prefecto de Slytherin.

Respondí rápidamente, casi inconscientemente. Me caía bien Faith, pero jugaba con los chicos y los abandonaba, lista para conseguir un nuevo novio.

-Tienes razón. -Hizo una mueca y se tiró en su cama, pensativa.

Conversé un rato con Chloe, hasta que finalmente no pudo más y se quedó dormida. Gracias a mi siesta en el tren, no tenía sueño.

Una, dos, tres horas pasaron. Nada. No podía dormir. Tenía muchos pensamientos en la cabeza, preguntas sobre Nico, principalmente. Estaba un poco obsesionada con el chico. Tenía ganas de hablarle, aunque hacerlo era casi lo mismo que charlar con la pared. Él escuchaba todo atentamente, pero no aportaba mucho a la conversación. Aún así quería verlo. Lo... ¿Extrañaba? No podía ser posible, sólo lo conocía desde hacía unos días, ni siquiera podía considerarlo un amigo. Porque te gusta pensé sin darme cuenta. No, no me gustaba, ¡Por las barbas de Merlín, casi no lo conocía! No podía gustarme.

No aguanté más y me levanté de la cama, saliendo sigilosamente de la habitación hacia la sala común. Tenía que despejarme. Mi lugar favorito para hacerlo era el lago, pero si me pescaban fuera de la cama a estas horas... No pasaría ni del primer día.

Entonces se me ocurrió, ¡Qué tonta era!

Entré silenciosamente en la habitación de James, la que compartía con sus amigos de último año. Incluso estaba Nash, el chico por el que había tenido un flechazo a los nueve. Tratando de hacer el menor ruido posible, busqué en el baúl de mi hermano hasta dar con la capa invisible de papá. Nos turnábamos para poseerla, pero el que más la tenía era James. Albus casi no la usaba.

Me la eché encima y desaparecí de la vista de cualquier otro ser humano.

El recorrido por el castillo fue fácil, aunque me llevé algunos sustos. Había olvidado el Mapa de los Merodeadores, el mapa del abuelo.

Caminé directamente hacia el lago. Era una noche agradable, no hacía mucho frío, y estaba despejada. La luna llena brillaba imponente, escoltada por cientos de estrellas. A lo lejos vi una solitaria figura contra un árbol. Mi árbol. Mi lugar favorito para pensar.

Me acerqué lentamente, olvidando por un momento que seguía llevando la capa. Estaba a unos metros cuando reconocí al intruso. Era Nico. Oh, Merlín, ahora lo que menos deseaba era verlo. Me distraje y pisé un poco fuerte, llamando la atención del chico. Me quedé quieta, sabiendo que si no hacía más ruidos, pensaría que había sido su imaginación o algo así. Rastrilló la zona con su mirada, hasta que posó sus ojos en mí. Alzó una ceja, curioso. ¿Podía verme? ¡Eso era imposible! Comencé a entrar en pánico, no quería que pensara que lo estaba acosando.

Se quedó mirando fijamente hacia donde estaba. Era evidente que esperaba que me explicara. Suspiré, avergonzada y asombrada al mismo tiempo y me quité la capa.

-¿Por qué puedes verme?

Quizá fui un poco brusca.

-No puedes simplemente pasear por en frente de mí con una de las Reliquias de la Muerte sin que me de cuenta.

Lo dijo como si fuera obvio, pero luego pareció haberse arrepentido.

-¿Por qué? Nadie puede reconocerla, o ver a través de ella.

-Yo puedo.

Alejó su mirada para enfocarla en el lago, en algún punto perdido.

-¿Por qué estás aquí, en medio de la noche?

-Podría preguntarte lo mismo.

Touché.

-No podía dormir.

-Lo mismo.

-¿Cómo saliste del castillo sin una capa, o algo?

-¿No estás haciendo muchas preguntas?

Sonó algo brusco, pero tenía razón. Me sonrojé completamente, pero avancé y me senté a su lado, ignorando la pregunta implícita en su mirada.

Nos sentamos en silencio por un tiempo. Cada uno sumido en sus propios pensamientos, ajeno del resto del mundo. Luego de un rato, lo miré de reojo. Se veía lindo a la luz de la luna... Oh, no, Potter, no acabas de pensar eso. Gemí interiormente. Sí, me gustaba un poco. El extraño chico americano que parecía tener una cercana relación con la muerte, un chico que apenas conocía.

Él carraspeó, incómodo. Me había quedado mirándolo. Los dos nos ruborizamos. Últimamente mi cara estaba del mismo tono que mi cabello natural.

-Lo siento.

Arranqué mis ojos de los de él y volví a fijarlos en el lago. Más minutos de silencio.

-Nico...

Intenté reunir valor, por el amor de Dios, era una Gryffindor, no tenía permitido ser cobarde. Me miró, interrogante.

-¿Por qué no podías dormir?

Con cada pregunta que le hacía, sentía que invadía su privacidad.

-Suelo tener pesadillas, bastante reales. -Confesó, negando con la cabeza.

-Oh...

-¿Y tú?

-Tenía muchas cosas en la cabeza, eso es todo. -Le resté importancia con la mano. Él parecía debatirse con sí mismo.

-¿Por qué me hablas?

Su pregunta me tocó. No lo dijo de manera arrogante, al contrario, fue más bien como si no estuviera acostumbrado a que otros seres humanos le hablasen. Reprendiéndome por haberme ruborizado un poco, respondí, encogiéndome de hombros.

-¿Por qué no?

-Porque no soy lo que se dice... Agradable.

-¿Y? Tampoco soy muy agradable que digamos, puedo ser bastante gruñona y vengativa.

Negó con la cabeza.

-Eres una de las personas más agradables que conozco, y no entiendo por qué me hablas.

Ambos nos ruborizamos ante lo que dijo.

-Yo, eh... -Me quedé en blanco, no sabía qué decir.

-¿Ves? Tampoco sabes por qué me hablas. No es normal que las personas interactúen conmigo.

-¡Te hablo porque me caes bien! ¿Y qué es eso de que las personas no interactúen contigo? Siempre hay alguien para hablar, aunque sea una sóla persona.

-No es tan fácil, menos para mí.

-Creo que puedes ser bastante agradable si tienes ganas.

-No, no me conoces.

-¡Pues me gustaría conocerte, Di Angelo! ¿Quién eres?

Solté eso sin pensarlo. Me maldije interiormente por haberlo hecho. Él, contra todo pronóstico, sonrió torcidamente.

-Eso es fácil. Soy Nico Di Angelo, Príncipe del Inframundo, Rey de los Fantasmas.

Lo miré sin saber qué decir, claramente lo decía de forma irónica, ¿Por qué jugaba conmigo?

-No vas a decirme quién eres realmente, ¿Verdad?

Él negó con la cabeza.

-No puedo. Y si te lo dijera, no me creerías.

-Sí te creería.

Me miró de una forma extraña, que hizo que algo cálido se expandiera en mi pecho. Sí me gusta este chico, pensé apesumbrada, no estaba en mis planes que me gustara alguien.

-Gracias.

Fue un agradecimiento tan sincero, parecía imposible que tanto sentimiento se expresara en una palabra.

Sin pensarlo, sin meditarlo, me incorporé y le di un beso en la mejilla. Estaba curiosamente fría.

-De nada. -Susurré, levantándome y dirigiéndome al castillo, sonriendo, con mariposas en el estómago.

No miré atrás, no tuve tiempo, lo último que recuerdo de ese momento fue una voz desconocida, un rayo de luz, y Nico gritando mi nombre.


Estuve unos días sin internet y me ayudó a seguir escribiendo. Ya tengo otro preparado que estoy a punto de terminar, espero no tardar tanto en actualizar. ¡Gracias por las reviews!