POV Nico

Me había besado. En la mejilla, pero aún así...

Casi podía oir la risa de Afrodita, disfrutando del cóctel de emociones que tenía en el pecho. Nunca me había sentido de esa forma, como si tuviera... ¿Cómo era la expresión? Mariposas en el estómago.

Me estremecí cuando susurró en mi oído, su cálido aliento me hizo cosquillas.

No, Di Angelo, no puede ser que te guste. Era un sentimiento tan fuera de lugar en mi persona, que casi era como si le pasara a otro. La última vez que me había gustado alguien era sólo un niño, y había sido porque era muy impresionable...

La observé volverse y caminar hacia el castillo, agradeciendo en el momento que no haya volteado, así no podía ver mi cara, seguramente escarlata.

Ojalá se hubiera quedado.

Todo pasó demasiado rápido.

Una figura encapuchada salió del bosque, estaba tan confundido por mis propias emociones y pensamientos que no lo noté hasta que fue tarde.

El invasor exclamó algo y apuntó a Lily con su varita. Una luz morada salió de la punta, dándole de lleno en la espalda. Sin poder contenerme, grité su nombre. Comencé a correr hacia los dos, espada en mano (siempre la llevaba oculta), pero ella cayó inerte en el suelo. No, no, no estaba a un par de metros cuando el encapuchado me miró. A pesar de que llevaba máscara, pude sentir que sonreía. Gritó algo que no pude entender y señaló con la varita al cielo, como si intentara hechizar las estrellas. Una luz verde llenó el lugar, en el cielo brillaba la imagen de una calavera con una serpiente saliendo de su boca, como si fuera su lengua.

Sin previo aviso, los dos desaparecieron.


Se habían ido. Realmente, ya no estaban. Habían secuestrado a Lily. Sabía que no estaba muerta, podía sentirlo, pero aún así estaba en grave peligro.

Tardé unos segundos en reaccionar. Tenía que encontrarla, pero, ¿Por dónde debía comenzar la búsqueda? Necesitaba decirle a alguien, tal vez eso significaría que otro lo acompañaría a buscarla, pero ya no me importaba. Lo medité unos segundos hasta que se me ocurrió: ¿Quién era la única persona, además de Ginny y Harry, que sabía que era un semidios? La directora del colegio, Minerva McGonagall.

Entré corriendo al castillo, más rápido de lo humanamente posible: No era hijo de un dios muy deportivo, pero el hecho de tener sangre divina incrementaba bastante mi resistencia y habilidades.

Un viejo con escazo pelo canoso me gritó, algo sobre colgarme de los tobillos por haber pisado a su gata, pero lo ignoré. Cuando llegué a las primeras escaleras, me di cuenta de algo: No sabía dónde estaba el despacho de la directora. Murmurando unas maldiciones en griego por lo bajo, paré al primer fantasma que se cruzó en mi camino.

-¿Dónde está el despacho de la directora?

El fantasma, que tenía manchas de sangre, me miró con desprecio. Utilicé un poco de mis poderes para obligarlo a responderme, en contra de su voluntad.

-Es muy tarde para que los alumnos estén por los pasillos, ¡Y uno de mi casa!

-Oh, cállate, responde a mi pregunta.

Parecía pelear contra sí mismo. Me tuve que esforzar bastante para conseguir una respuesta. Murmuró unas direcciones muy por lo bajo. Asentí y seguí corriendo.

En la puerta me encontré con una gárgola horrible de expresión burlona. ¿Debía decir una contraseña, como con la puerta de la sala común? No tenía ni idea, así que, sin pensarlo, viajé por las sombras por primera vez en los territorios del colegio. Fue extraño, además de las habituales sensaciones de incomodidad y mareos, me costó volver a aparecer, como si algo intentara impedírmelo. Estaba todavía un poco aturdido, y no reparé en su presecia hasta que habló.

-Señor Di Angelo, espero que tenga una buena explicación para irrumpir en mi despacho de esa manera.

La mujer me miraba con severidad. Vagamente pensé que era raro que estuviera despierta a esta hora, pero le resté importancia.

-Tienen a Lily.

McGonagall empalideció.

-¿Cómo estás seguro? ¿Qué has visto?

-No podía dormir, y salí al lago. -Me miró con reproche, pero me hizo un gesto para que siguiera.- De repente, llegó Lily... Hablamos un poco y cuando volvía hacia el castillo, alguien salió del bosque y la hechizó. Luego, hizo que esta figura apareciera en el cielo, una calavera verde, con una serpiente saliéndole de la boca. Estaba a punto de llegar a ellos, pero simplemente desaparecieron.

Comencé a caminar de un lado a otro, totalmente nervioso. La mujer, de ser posible, estaba aún más pálida.

-No deberían ser capaces de aparecerse en Hogwarts... -Murmuró, asomándose por la ventana.- Ya han pasado más de veinte años, no puede ser posible que hayan vuelto...

-Disculpe, ¿Qué no puede ser posible?

-Que hayan vuelto. No él, no Voldemort, el está totalmente muerto, pero sus seguidores...

Inmediatamente supe de quiénes hablaba. Tom Riddle, o Voldemort, como a él le gustaba llamarse, había separado su alma en varias partes, y nunca podía morir del todo. Mi padre lo odiaba, había sido un dolor de cabeza. Cuando por fin murió completamente, lo mandó directamente a la peor parte de los Campos de Castigos, casi sin juicio previo. Voldemort tenía un grupo de seguidores...

-Mortífagos.

Me miró con tristeza y asintió. Estaba a punto de añadir algo cuando un grito desgarró el silencio de la noche. Luego otro. Luego otro más. Pronto se escuchaba un coro de gritos aterrados, ya todos los alumnos y profesores debían estar despiertos, observando con pánico por las ventanas la marca de la amenaza que habían creído exterminada.

Sin mediar palabra alguna, ambos salimos corriendo del despacho. McGonagall se movía muy rápido para ser alguien tan mayor. Nos encontramos con los profesores en el Gran Comedor. El que había acompañado a los de primero a ser seleccionados, y si no me equivocaba era el jefe de la casa Gryffindor, estaba pálido, pero con expresión decidida.

-Profesora, todos los alumnos deben estar despiertos. En cualquier momento el resto de la comunidad mágica va a enterarse de la marca tenebrosa. Después de tantos años...

-Lo sé, Neville, lo sé. Vamos a llamarlos a todos, quiero que se reúnan aquí mismo lo más pronto posible. Tenemos una desaparecida.

Muchos de los profesores sofocaron un grito.

-¿Quién? -Preguntó con un hilo de voz una mujer de cabello rubio.

-Lilian Potter.

Parecía que alguien había sellado la sala, los gritos de los alumnos se escuchaban apagados. Las expresiones de los profesores pasaban de la pena al terror. Sobre todo Neville, el de cabello castaño.

-Voy a encontrarla.

Parecieron reparar en mi presencia por primera vez.

-¿Eres el estudiante de intercambio? No, ni hablar, no podemos dejarte... -Comenzó una de las profesoras, una mujer regordeta.

-Debemos dejarlo, luego se los explicaré, Ygriette, ahora vayan a sus casas y traigan a todos los alumnos al Gran Comedor. ¡Vamos!

Los profesores salieron corriendo, dejándome sólo con la directora.

-Tengo que avisarle a los Potter. Di Angelo, por favor, quédate aquí hasta que vuelva. -Dicho esto salió caminando rápidamente, antes de que pudiera protestar. Quería salir en su búsqueda en ese mismo instante. Cada segundo era importante, pero aguardé.

El lugar se llenó rápidamente de niños y adolescentes en pijama, despeinados y con expresiones de pánico y terror en sus caras.

Albus y James me vieron y corrieron hacia mí.

-Nico, ¿Has visto a Lily? No podemos encontrarla, y...

-Fue secuestrada.

James dejó de hablar y me miró, sin creérselo. Albus empalideció.

-¿C-cómo que secuestrada?

Ambos hermanos me miraron con el horror pintado en sus facciones.

-Alguien se la llevó, intenté detenerlo, pero... -No pude terminar la frase. Me sentía tan mal, sobre todo viéndolos a los dos.

La directora entró y se paró en frente de la mesa de los profesores. No necesitó pedir silencio, porque en cuanto entró todo murmullo se apagó.

-Sí, es lo que están pensando. Alguien conjuró la Marca Tenebrosa cerca de los bosques.

Se escucharon algunos llantos y gritos. James se adelantó.

-¿Secuestraron a mi hermana, no es así?

Más gritos. McGonagall lo miró con pena, asintiendo suavemente.

-Se llevaron a una alumna del colegio, Lilian Potter. Sus padres ya han sido advertidos y están en camino, tenemos un plan para encontrarla.

La sala entera explotó. Todos comenzaron a gritar al mismo tiempo, algunos sollozando entre las palabras.

-¡Silencio!

Harry Potter había entrado en la sala. Llevaba puesta una ropa simple, claramente elegida lo más rápido posible. Estaba pálido, su cicatriz brillaba en contraste con su espeso cabello negro. Llevaba los anteojos de montura redonda torcidos, pero su presencia era imponente. Detrás suyo estaba Ginny, con expresión asesina, como si esperara encontrar al secuestrador en la sala. Todo el mundo los miraba. La directora se aclaró la garganta antes de hablar.

-Quiero hablar con los Potter y el señor Di Angelo en privado en mi despacho, por favor. Sí, James, Albus, deben estar allí también. El resto de ustedes, van a dormir aquí lo que queda de la noche por cuestiones de seguridad, aunque no creo que ocurra ningún otro ataque. Profesores, hagan aparecer todo lo necesario.

Terminó las indicaciones y caminó entre las mesas, saliendo del Gran Comedor. Los Potter y yo la seguimos, justo como nos lo había dicho.

El único sentado era Albus, quien tenía la mirada perdida. James caminaba de un lado a otro, pasándose las manos por el cabello. Ginny estaba aferrada al brazo de Harry, ambos tenían expresiones fieras, mirando a la directora fijamente, quien estaba parada detrás de su escritorio. Yo estaba en un rincón, a punto de explotar. Necesitaba hacer algo.

-Salgo ahora mismo para buscarla, tengo todo el departamento de aurores a mi disposición... -Comenzó Harry, pero McGonagall lo cortó.

-Lo siento, Potter, pero me temo que tus intentos serían en vano.

Todos la miramos petrificados ¿Cómo podía decir eso? Íbamos a encontrarla, eso estaba más que claro...

-Con todo el debido respeto, Profesora, creo que sería bastante útil... -Otra vez fue interrumpido por la canosa mujer.

-Escúchenme, todos ustedes, con atención. Vamos a encontrarla y a traerla sana y salva, pero no podrá ser hecho por usted, señor Potter.

-¿Y cómo piensa...

-Porque sé quiénes tienen que buscarla. Es una antigua profecía.

¿Una profecía? Oh, no. Nada bueno pasa con las profecías... Mi expresión debió haber sido de reconocimiento, porque la directora siguió.

-Sí, Di Angelo, como las profecías de su Oráculo.

Harry se dejó caer en uno de los sillones, Ginny lo acompañó.

-¿De qué profecía estamos hablando? -Preguntó la pelirroja con fingida calma.

La directora apretó los labios y buscó en los cajones de un antiguo mueble del otro lado del despacho, hasta dar con un rollo de pergamino.

-Apareció en mi escritorio hace unos años, exactamente el día del cumpleaños de Lily. Está escrito en griego antigüo, un idioma que no se me da muy fácil. Di Angelo, léelo tú.

Me entregó el rollo y lo tomé con la mano algo temblorosa. Comencé a leer.

"La que cuenta con la cálida bendición se perderá.

El príncipe, el león y la serpiente buscarán.

Donde un alma no haya tocado aún lo más profundo del noreste.

La culpable librará con su sangre celeste."

Todos me miraron sin decir nada. Nadie habló hasta que James rompió el silencio.

-Pero Lily no fue bendecida ni nada por el estilo, ¿Verdad? -Preguntó, frunciendo el ceño.

Ginny se mordió el labio, compartió una mirada con su esposo y contestó.

-En realidad, cuando nació, una niña vino a visitarme a mi habitación en San Mungo. Estaba agotada, así que pensé que me lo había imaginado. Pero al parecer... -Harry la invitó a seguir con la mirada, acariciándole la espalda suavemente.- Se acercó, murmuró algo en un idioma que no reconocí y besó a Lily en la frente. Luego me sonrió tranquilamente, y simplemente se fue.

-¿Cómo era la niña? -Pregunté, estaba seguro de que había sido una diosa. Me extrañaba lo de que haya sido una niña, ¿Tal vez Artemisa...?

-Era bonita, con cabello castaño y, lo más extraño de todo, ojos brillantes, como de fuego.

-¿Y no gritaste? Es decir, ¿No le dijiste a nadie? -Preguntó James.

-No, cuando entró todo se sentía tan tranquilo, tan cómodo... Recordé la Madriguera como cuando era joven, con todos mis hermanos... -Sonrió melancólicamente.

-Así que Lily sí cuenta con una bendición. -Dijo Albus, hablando por primera vez desde que habían entrado. Ginny asintió lentamente.

-Dice que "El príncipe, el león y la serpiente la buscarán". ¿Quiénes son? -Preguntó James.

Tuve una extraña sensación y supe que estaba en lo correcto cuando lo miré y contesté.

-Somos Albus, tú y yo. Tú eres un Gryffindor, o sea que eres el león. Albus es un Slytherin, una serpiente.

-¿Y tú eres un príncipe? -Preguntó alzando una ceja. Asentí gravemente.

-¿Príncipe de qué? -Interrogó Albus, estrechando los ojos.

Compartí una mirada con McGonagall y los Potter, ¿Debía explicarles lo que era? La directora asintió levemente.

-Príncipe del Inframundo.

Los dos hermanos me miraron confundidos.

-¿Quién eres? -Preguntaron al mismo tiempo. Sonreí sarcásticamente ante la coincidencia, su hermana me había preguntado lo mismo hacía unas horas.

-Soy Nico Di Angelo. Hijo de Hades, Príncipe del Inframundo, Rey de los Fantasmas.

James parecía que iba a explotar de la confusión, pero Albus me miró suspicazmente.

-¿Hades no es un dios de la mitología griega?

Asentí, invitándolo a seguir.

-¿Si eres su hijo... Significa que los dioses griegos son reales? ¿Eres un semidios?

Asentí nuevamente, sorprendido ante la capacidad de aceptación del muchacho.

-Es algo que queremos mantener en secreto, así que no le digan a nadie, ¿Entendido? -Dijo severamente McGonagall. James y Albus asintieron.

-Espera, mamá, papá, ¿Ya lo sabían? -Preguntó James con la traición pintada en la cara.

-Hemos sido informados hace unos años, cuando Lily empezó las clases. -Confesó Ginny.

-¿Y no nos lo dijeron?

-No podíamos, James, lo siento.

Abrió la boca para contestar, pero McGonagall se incorporó.

-Con todo el debido respeto, no tenemos tiempo para esto. Los tres deben partir cuanto antes.

-¿Pero, hacia dónde? Lo único que menciona la profesía es el lugar "donde un alma no haya tocado aún lo más profundo del noreste". -Preguntó el interrumpido, algo molesto.

-Al noreste del castillo está el Bosque Prohíbido, ¿Pero no lo han explorado totalmente ya? -Dedujo Albus.

McGonagall negó con la cabeza.

-No del todo, no. En cierto punto, algo detiene a los exploradores de seguir avanzando. Muchos lo describen como una mal presentimiento.

-Y nosotros tenemos que ir allí, genial. -Murmuré.

Ginny nos miró con preocupación, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.

-¿Y deben ir los tres solos? ¿No es peligroso?

-Claro que es peligroso, pero la profecía dice que deben ir ellos. -Dijo con pesar la directora.

-En realidad, es tradición que los semidioses vayamos en búsquedas de a tres. Es porque si somos más, los monstruos se alertarían demasiado de nuestra presencia y no queremos eso. Dicen que tenemos un olor muy fuerte...

-¿Hay monstruos que los HUELEN? -Preguntó asombrado James. Le dediqué una mirada fría. Era un momento serio, ¿Realmente necesitaba hacer esas preguntas?

McGonagall sacudió la cabeza, exasperada.

-Prepárense, les daré una carpa para que puedan estar cómodos a la noche. ¿James, sabes algún hechizo protector?

Él asintió. Todos lo miraron asombrados, por lo visto esos hechizos no eran muy fáciles. Simplemente se encogió de hombros.

-Entonces, ustedes dos -Señaló a los hermanos Potter.- Busquen las cosas que crean necesarias. Potter, tú y Ginevra pueden acompañarlos. Di Angelo, quédate un momento, necesito darte algo.

Los cuatro salieron por la puerta, McGonagall me puso una pequeña bolsa de lona en las manos. La abrí para ver lo que tenía dentro: Unos cuadrados de ambrosía y lo que supuse era una botellita de néctar. La miré alzando una ceja.

-Me los entregaron cuando me informaron sobre tu posible visita. Y esto... -Me entregó una mochila no demasiado grande.- Es para que lleves tus cosas cómodamente, está hechizada, así que pueden entrar todas tus pertenencias cómodamente.

Asentí. Salí del despacho y corrí hacia mi habitación, que estaba totalmente vacía. Me puse la ropa que tenía el día que me metí en todo este lío, unos jeans negros, una oscura camiseta, mi chaqueta de aviador y desgastadas pero cómodas zapatillas. Coloqué mi espada de hierro estigio en mi cinturón.

Nos reunimos todos en los límites del Bosque Prohibido. Faltaba poco para el amanecer, así que el cielo no era tan oscuro. Ginny estaba abrazando a James y Harry hablaba con Albus. McGonagall miraba la escena con pena.

-Cuídense mucho, por favor. -Pidió la pelirroja.

-Lo haremos. -Dijimos los tres al mismo tiempo. Fue extraño.

James me miró impresionado.

-¿Tienes una espada? Genial.

Albus rodó los ojos, yo simplemente asentí. Los tres entramos en el bosque, James y Albus con las varitas a mano, listos para recibir un ataque en cualquier momento.


No saben lo que me costó escribir la profecía, pero creo que al final quedó bastante bien. No se preocupen, varias de las cosas que quedaron sueltas se van a explicar en el próximo POV de Nico.

¿Ya saben qué diosa bendijo a Lily? ¿Tienen alguna idea? ¡Dejen una review!