Bueeeeeeeno, este capítulo salió bastante corto, pero me esforcé mucho en escribirlo. Hace un rato subí uno largo, así que espero que lo compense. ¡Disfruten!


POV Lily

Uno, dos, tres, cuatro, una gota cae en un charco a mi izquierda. Uno, dos, tres, cuatro, otra gota. Uno, dos, tres, cuatro, otra más. Uno, dos, tres, cuatro, ya perdí la cuenta de las gotas que oí caer.

Ese sonido constante era lo único que parecía real desde que había despertado.

Por un momento creí que estaba ciega, ya que tenía los ojos abiertos, pero no lograba ver nada. Estuve minutos observando la infinita oscuridad hasta que pude vislumbrar unas sombras, pero eso es todo. Hacía horas, quizá días, que no veía la luz del sol. En realidad, no lo sabía, no sabía cuánto tiempo llevaba tirada en el piso, con las muñecas encadenadas a la pared, en una posición sumamente incómoda. Mis pies estaban amarrados por los tobillos por lo que se sentía como una gruesa soga. Algo que me impedía abrir la boca, también. Una tela gruesa, que bien podría ser cuero, no me dejaba gritar por ayuda.

No es como si creyera que gritar resolvería algo.

Me palpitaba un lado de la cabeza, también me escuecía sobre la ceja izquierda, como si tuviera una pequeña herida abierta. Mis muñecas ardían por las marcas que la fricción contra las muñequeras de hierro dejaron en ellas.

Tenía hambre, mi estómago gruñía en protesta por su falta de alimento.

Traté de distraerme pensando en quién me hizo esto, y por qué, pero no funcionó. No lloré, nunca lloro, pero sentía un nudo en la garganta provocado por el pánico que empezaba a tener.

Uno, dos, tres, cuatro. Otra gota.

Cientos de veces conté hasta cuatro, esperando el goteo, todo sea para concentrarme en algo.

Lo último que recuerdo de antes de despertar en este horrible pozo es una voz desconocida, un rayo de luz, Nico gritando mi nombre.

Nico.

¿Estaría bien? Si lo estaba, ¿Me estaría buscando? ¿Le habría dicho a alguien lo que vio?

Uno, dos, tres, cuatro. No escuché la gota caer.

Una puerta se abrió en frente mío. La luz que entró, aunque suave, me encandiló por unos momentos, apenas logré distinguir la figura que se acercó hacia mí.

Se acuclilló a mi lado. No lograba distinguir sus razgos, todavía estaba cegada y la luz, después de todo, no era suficiente como para verlos.

Me acarició el cabello suavemente y me estremecí involuntariamente.

-Qué bonita eres, Lily. Muy, muy bonita...

Me tocó la mejilla, pasando los dedos por la banda que cubría mi boca. Tengo que ser valiente, no puedo acobardarme. Respiré lentamente, intentando calmarme.

-¿No me puedes contestar, no es así? Vamos a ver, linda, si así estás más cómoda.

Desató la tela que me impedía hablar lentamente.

No podía mostrar debilidad, no iba a dejar que se aprovechara del temor que me invadía totalmente. Debía ser firme.

Traté de darle una mirada asesina, pero pasó su boca por detrás de mi oreja y gemí suavemente, realmente estaba aterrada.

Buen intento.

-Oh, querida, ¿Cuántos años tienes?

-Trece. Casi catorce.

La voz se me quebró un poco. Maldición. El secuestrador chasqueó la lengua.

-No es legal que haga nada contigo, ¿No? Prácticamente te duplico la edad...

Lo dijo lentamente, susurrando en mi oído. Junté toda la valentía que pude y aparté mi cabeza.

-¿Qué quieres? ¿Por qué me tienes aquí?

Comenzó a acariciarme el cuello.

-No fue mi idea, te lo aseguro, sólo sigo órdenes.

-¿Por qué alguien querría secuestrarme?

-Porque eres especial.

Metió su cara en mi cuello, lamiéndolo de manera repugnante. Por primera vez sentí los ojos húmedos, llenos de lágrimas a punto de salir. Me mordí el labio para evitar que se me escapara un sollozo.

Tenía miedo.

Comenzó a besar mi cuello, lamiéndolo de vez en cuando, desde la oreja hacia abajo, a lo largo de la clavícula y hacia arriba otra vez. Empecé a temblar, era tan asqueroso, tan horrible. Y no podía hacer nada, intenté apartarme, pero él tomó mis hombros, inmovilizándome.

-Por favor... -Rogué con voz temblorosa, con las mejillas húmedas, llenas de lágrimas silenciosas.

Paró, se separó y rió. Rió. No podía entender cómo un ser humano podría disfrutar de hacer sufrir a otros así.

-Creí que te gustaba, Lily. Acostúmbrate, porque vamos a pasar mucho tiempo de calidad juntos.

Casi podía verlo sonriendo cruelmente.

Se incorporó y trajo algo de la puerta, parecía una bandeja.

-Ahora, abre la boca, debes comer. No te preocupes, es sólo sopa.

Me metió la cuchara medio a la fuerza. Realmente era sopa, una bastante insípida, pero era algo. Siguió alimentándome durante un rato, de vez en cuando acariciándome o diciéndome lo hermosa que era. A la sopa le siguió un pedazo de pan, que comí a mordizcos, y un vaso de agua.

-¿Cómo hago si debo ir al baño?

Se me escapó, no quería preguntarle.

-Me avisas y te desencadeno, sólo mientras haces lo tuyo. En la esquina de la derecha hay un inodoro. No es muy lujoso, pero sirve. Y no lo olvides, preciosa, estoy justo detrás de esa puerta.

Se levantó y abandonó el lugar, cerrando la puerta suavemente.

Me permití llorar. Lloré como cuando era una niña, como la vez que James había cortado el cabello de una de mis muñecas preferidas. Dejé que todo el temor, la vergüenza, todo lo que sentía, se liberara por medio de aquel llanto. Rogué que alguien me rescatara, incluso llamé a todo el que se me ocurría entre sollozos. Comencé llamando a mi mamá, luego a mi papá, llamé a todos mis tíos y primos, grité el nombre de mis hermanos. También sollocé el nombre de Nico. Una y otra vez, no tenía idea de por qué, pero sabía que él podría salvarme. Mi príncipe oscuro, él me salvaría.

Nunca había soñado con príncipes, o con cualquiera que me salvara, en realidad. Pero me sentía tan vulnerable, tan sola...

Lloré hasta quedarme dormida de puro cansancio. Y soñé.

Podía ver a Nico. Él, escoltado por mis hermanos, avanzaba por un bosque con árboles inmensos, mirando hacia todos lados, en estado de alerta. Mantenía constantemente la mano en la empuñadura de una espada negra como su cabello, como sus ojos. James y Albus caminaban de la misma forma, varita en mano.

-Ya es tarde, deberíamos intentar dormir unas horas antes de continuar. Llevamos más de un día caminando.

James dejó de caminar, señalando una zona sin muchos árboles, lo suficientemente grande como para poner una pequeña carpa allí.

-Sí, creo que tienes razón. -Murmuró Albus, refregándose los ojos.

Nico apretó los labios, indeciso.

-James, ¿Puedes hacer esos hechizos protectores de los que habló McGonagall?

El aludido asintió, acomodándose las gafas.

-Albus, ve armando la tienda. Toma.

Le entregó una bolsa de lona y comenzó a murmurar hechizos, haciendo un círculo.

La visión se disolvió y me encontré con una niña sentada al lado de una pequeña fogata. Era bonita, tenía un aura poderosa, aún más que la de Nico, pero diferente. Me sentí segura por primera vez en horas. Vestía una simple túnica marrón, sus cabellos eran castaños, y sus ojos... Sus ojos eran de fuego, literalmente. Me sonrió serenamente, haciéndome sentir como en casa.

-Aguanta, mi pequeña, resiste, todo pronto terminará.

Me dedicó otra pequeña sonrisa y todo se volvió oscuro de nuevo.


Lo juro, me siento terrible por Lily. El próximo capítulo va a ser del largo normal, sino es que un poco más extenso. Ya prácticamente dije quién le dio su bendición, ahora la pregunta es ¿Por qué?

Espero que les haya gustado, ¿Ideas? ¿Consejos? ¿Críticas? ¡Dejen una review! Muchas gracias por las que ya escribieron, las leo todas, pero normalmente no sé qué contestar :3