POV Nico

Podía verla, no muy bien, estaba oscuro. Pero la tenía a un metro. Estaba llorando silenciosamente, sacudiéndose de vez en cuando.

Sabía que estaba soñando, pero aún así intenté llegar a ella, gritando su nombre, para que supiera que no estaba sola. Pero eso era mentira. Todavía no habíamos llegado a la zona inexplorada del bosque, calculamos que estaba a varios días de caminata.

La observé llorar, estaba lastimada y encadenada a la pared. Una creciente ira hacia el que le había hecho eso me invadió por completo. Iba a destruirlo.

La puerta se abrió y en ese momento desperté, bañado en sudor frío.

Todavía era temprano, James y Albus seguían durmiendo. No podíamos permitirnos tardar días en llegar a Lily, estaba en peligro.

Silenciosamente me levanté de la cama, me cambié y salí de la tienda. Desde afuera no se veía como nada extraordinario, pero por dentro parecía un pequeño departamento.

Ya prácticamente no se veía el cielo, una oscuridad constante nos cubría, lo que no mejoraba el ánimo para nada. Caminé en línea recta unos diez minutos, escuchando ruidos extraños a mi alrededor.

Suspirando, intenté concentrarme. Debía dominar perfectamente los viajes sombras, si podía, llevaría a James y a Albus conmigo y tardaríamos mucho menos.

Recordé los consejos de mi padre, los que tan secamente había dicho antes de decirme qué hacer si fallaba y desaparecer. Concéntrate en tu destino. Imaginé la tienda. No imagines que estás allí, convéncete a ti mismo de que ya llegaste, y cuando sientas que es el momento, déjate llevar.

Eso fue más difícil. Cerré los ojos y traté de ubicarme, pensando. Hay un ligero olor a gato, se escuchan los ligeros ronquidos de James y a Albus removiéndose en su cama. Estoy donde las camas, a los pies de la mía. Visualicé la escena y comencé a sentir que me separaba. No era una sensación cómoda, al contrario, la primera vez que había viajado, me dio un ataque de pánico. Cada célula de mi cuerpo se desintegró, mezclándose con las sombras de a mi alrededor. Era incorpóreo, no sentía nada, absolutamente nada. Seguí visualizando mi destino y sentí que era el momento. Una familiar sensación de mareo y vértigo me inundó. No fue como la vez que lo intenté en Hogwarts, resultó mucho más fácil, más fácil incluso que cuando no estaba atrapado en el país. Sentí que mi cuerpo era sólido otra vez y abrí los ojos. Seguía en el bosque, totalmente perdido. Mascullé una maldición y lo intenté de nuevo.

Volví a murmurarme dónde estaba, como si fuera un mantra. Me fundí con las sombras y volví a viajar.

Un grito me sobresaltó.

-¡MERLÍN, NICO! ¿QUÉ FUE ESO?

Estaba encima de James, aplastándolo. Fallé por unos metros, pero había llegado a donde quería. Sonreí y salté de la cama. Albus se estaba refregando los ojos, riendo, y el castaño todavía respiraba pesadamente por el susto.

-Lo siento, la idea era aparecer allí. -Expliqué, señalando hacia el punto que había visualizado.

-¿Ya sabes aparecerte? ¿No eres muy pequeño para eso? -Preguntó James alzando una ceja.

-¿Pequeño? Creo que deberías recordar quién lleva una espada y quién un palo de madera. -Respondí algo cabreado, no me gustaba que me dijeran pequeño. Él parecía ofendido, pero no respondió. -Y sí, puedo aparecerme. En realidad, se llama viaje sombra, creo que no es lo mismo.

-¿Puedes llevarnos contigo? James es un inútil, aún no pasó el examen. -Se burló Albus, levantándose y comenzando a sacarse el pijama para ponerse otra ropa.

El aludido rodó los ojos.

-Simplemente no me gusta la sensación, papá me entiende. Además, no es posible aparecerse en los terrenos de Hogwarts.

-Ya, pero el que se llevó a Lily lo hizo. Nico también. Tal vez ni siquiera seguimos en los terrenos del colegio. -Argumentó, encogiéndose de hombros.

Antes de que James pudiera abrir la boca, los corté a ambos.

-Puedo llevarlos, pero nos ahorraría sólo unas horas, si viajo distancias muy largas termino extremadamente agotado.

-No hay problema. ¿Desayunamos y seguimos, entonces? -Preguntó James, frotándose el estómago. Albus y yo rodamos los ojos, pero buscamos algo para comer.


Ya habían guardado la tienda, así que era hora de viajar. Me aferré a sus codos con fuerza, concentrándome en unos kilómetros más adentro. Funcionó, pero casi me desmayo cuando aparecimos de nuevo. James y Albus se apresuraron en sostenerme.

-Nico, ¿Estás bien? Merlín, fue horrible. -Comentó Albus con una mueca.

-No es tan diferente a la aparición, pero es algo extraño, como más oscuro... -Dijo James.

-Sí, estoy bien, no es nada... Necesitamos seguir... Dame uno de los cuadraditos de masa que hay en una bolsita en mi mochila. -Murmuré, tratando de mantenerme consciente.

James se apresuró a por la ambrosía y me dio un poco. Lo dejé en mi boca, masticándolo lentamente. Sabía a los cannoli especiales que mi madre preparaba en los cumpleaños, podía sentir la crujiente masa frita y el requesón dulce de relleno. Era uno de los pocos recuerdos que tenía de María Di Angelo. Cerré los ojos, nostálgico..

Cuando los abrí de nuevo ya me sentía mucho más despierto, lo primero que vi fue a James con la nariz metida en la pequeña bolsa de lona.

-¿Esto es amortentia?

Fruncí el ceño, no sabía de qué hablaba.

-No, ¿Por qué preguntas?

-Porque huele genial.

Albus alzó una ceja y le sacó la bolsa, para olerlo él mismo.

-Tiene razón.

Casi río. Casi.

-Es ambrosía, el líquido es néctar. Es la comida de los dioses, no les recomiendo probarlo, si comen aunque sea un poco pueden quemarse vivos. Literalmente.

Me entregó la bolsita con cuidado, pero seguía con curiosidad.

-¿Por qué huele tan bien? Y ¿Por qué no podemos probarlo y tú sí?

-Huele y sabe al mejor recuerdo que tengas, algo que te haga sentir mejor... Es difícil de explicar. Y puedo comer, pero sólo un poco, si como de más también puedo explotar.

Comenzamos a caminar nuevamente.

-¿Cómo es ser hijo de un dios? -Preguntó James, pensativo.

-¿La verdad? No es para nada genial. Todo el tiempo monstruos te persiguen, intentando matarte. La mayoría de nosotros no llega a la edad adulta. Además, tu padre divino difícilmente te habla más de un par de veces en tu vida, si tienes suerte.

-¿Te persiguen por tu olor, no? Eso dijiste...

-Sí, y no, antes de que lo preguntes, no sé cómo huelo. -Corté la conversación.

Caminamos un rato en silencio, hasta que escuché un ruido. Me di vuelta rápidamente, apuntando a la dirección de donde vino, alertando a los otros. Se escucharon siseos, como si un par de serpientes nos estuvieran vigilando.

Repentinamente una bola de fuego incendió la rama de un árbol a nuestra izquierda.

-¡Vamos!

Los apuré y nos escondimos detrás de un tronco bastante grueso. Al estar tan profundo en el bosque, los árboles tenían metros de diámetro.

Los siseos se acercaban, acompañados de unos pasos. No podíamos escapar, tendríamos que enfrentarlo.

Les hice señas para que guardaran silencio, listo para cortar por la mitad cualquier monstruo que se acercara.

En cuanto llegó hacia nuestro escondite, corté tres de sus cabezas.

Espera.

¿Tres de sus cabezas? Oh, Styx.

¡Era una maldita hidra y yo corté tres de sus cabezas! Ahora no tendría cinco, sino once.

Salimos corriendo, mirando de reojo cómo dos cabezas crecían de cada muñón.

-¿Qué es eso? -Gritó horrorizado James.

-¡Hidra! -Nos escondí de nuevo, intentando recordar qué era lo que había que hacer con esos monstruos... Un chorro de ácido dejó humeando el árbol de al lado, seguido de otra bola de fuego.

-¡FUEGO! -Grité. James y Albus me miraron sin entender.- ¿Pueden hacer fuego con sus varitas, verdad? Es la única forma de vencerle, quémenlo y ya está.

Asintieron, decididos. Albus contó hasta tres y cada uno se asomó de un lado del árbol, gritando a coro.

-¡Incendio!

Una luz naranja llenó la oscuridad y la hidra estaba en llamas. No pasó mucho tiempo hasta que, con un grito de agonía, se convirtió en cenizas.

Suspiré, aún sintiendo la adrenalina. Noté que el polvo volvía a juntarse, así que me aseguré de esparcirlo bien antes de seguir la caminata. Extraño, normalmente el polvo simplemente se esparcía, y los monstruos no volvían hasta dentro de años, cientos, si uno tenía suerte.

-¿Acostumbras a luchar con monstruos así a diario? -Preguntó Albus, sacándome de mis pensamientos.

-Sí, hay muchos peores. Es más, me estaba preguntando por qué no nos había atacado ninguna criatura, siendo este el "Bosque Prohibido".

-También pensé en eso. -Albus frunció el ceño, pensativo.- Siempre nos dijeron lo peligroso que es el lugar, que nunca debíamos entrar sólos o desarmados.

-Es como si alguien o algo nos estuviera protegiendo. -Añadió James.

Asentí, no muy convencido. ¿Quién nos protegería? ¿Y por qué?

-Nico, estaba pensando... Si es peligroso que comas mucha ambrosía, y los viajes te cansan mucho, ¿No sería mejor avanzar todo lo que podamos caminando y luego viajamos unos kilómetros más?

Tenía sentido, tal vez no podría viajar tanto, ya que estaría cansado, pero caminaríamos más rápido, también.

-Podemos intentarlo.

Caminamos en silencio un poco más, hasta que James lo rompió.

-¿Qué piensan de eso de la profecía?

-Las profecías no son exactas, lo mejor es intentar no comprenderlas o cambiarlas. -Aconsejé.

-Sí, pero, ¿Qué hay con esa línea, la de "la culpable librará con su sangre celeste"? ¿Quién tiene la sangre celeste?

-No tengo idea. Puede ser alguien con sangre de color celeste, o puede que no, puede que simplemente sea una metáfora o algo. -Expliqué secamente.

-Y eso de que Lily fue bendecida por una niña de ojos de fuego... Es espeluznante.

No dije nada, al escuchar su nombre volví a pensar en sus cálidos ojos avellana, en su rebelde cabello pelirrojo, que no había tocado, pero que parecía suave... Basta, Di Angelo, concéntrate. No puedes ser cursi. Simplemente, no. Esos pensamientos no podían ser míos.

-¿... Así que tienes alguna idea? -James estaba hablando, pero no le había prestado atención.

-¿Uh? Lo siento, estaba pensando... En algo.

-Si tienes alguna idea de quién pudo haberla bendecido. Seguro era una diosa, ¿No?

-Es posible. Hay diosas que toman la forma de niñas, pero la única que se me ocurre ahora es Artemisa, que no tiene ojos como fuego.

-Artemisa es la niña eterna, una de increíble belleza y fortaleza, o por lo menos así la describen... -Dijo Albus.

Asentí.

-También es la diosa que más odia a los hombres, así que yo tendría cuidado.

Albus se ruborizó.

-Yo no me refería... Sólo corroboraba...

-¿Por qué odia a los hombres? -Preguntó James con curiosidad.

-Porque es una diosa virgen. Ella y sus cazadores juraron no enamorarse de ningún hombre, así que suelen repelerlos.

-¿Sus cazadoras?

-Un grupo de niñas inmortales que la acompañan a cazar por miles de años, hasta que mueren en combate.

-¿Crees que Lily se convertirá en una cazadora? -Preguntó algo preocupado Albus.

-No lo creo, no parece del tipo que aceptaría no tener citas por toda la eternidad. -Respondí sarcásticamente.

James chasqueó la lengua.

-¿Lily? Para nada. Que yo sepa, sólo le gustó un niño en toda su vida, y tenía unos nueve años. Nunca acepta salir con nadie y devuelve todos los regalos que le mandan.

-¿Es así de popular? -Pregunté con curiosidad. Era bonita, pero no parecía famosa ni nada por el estilo.

Albus y James compartieron una mirada.

-Nuestro padre, cuando apenas tenía un año, sobrevivió a una de las maldiciones imperdonables, una a la que nadie, y me refiero a nadie, consiguió salir con vida. Este hechicero, Voldemort, mató a muchas personas junto a sus seguidores. La historia es larga, resumiendo, luego de haberlo enfrentado un par de veces, papá destruyó todos sus horrocruxes (objetos con pedazos de su alma, no podía morir totalmente si no se los destruía primero) junto con la ayuda de tío Ron y tía Hermione. En una batalla final, papá lo mató. Muchos de sus seguidores huyeron al extranjero, otros se arrepintieron y pidieron disculpas. Algunos estaban bajo una maldición que los controlaba, así que realmente no tenían culpa de nada. Por eso todos los Potter-Weasley somos conocidos, por nuestros padres. -Explicó Albus, un poco avergonzado al final.

-Conocía a Voldemort y a sus mortífagos, pero no sabía quién lo había matado. -Dije, luego de unos minutos de silencio.

-¿Cómo es que los conocías?

-Bueno, todo el mundo muere en algún momento, ¿No?

Sonreí enigmáticamente y seguimos caminando. Nunca lo diría en voz alta, pero, por primera vez en años, me sentía cómodo con compañía humana viva. No me miraban mal o evadían por ser el hijo del dios de los muertos, al contrario, me trataban como muy pocos lo hacían, como a un... Amigo.

Y puede que tal vez, en el fondo, quisiera considerarlos mis amigos, también.


Bueno, en el próximo POV de Nico me voy a centrar más en sus sentimientos, sus emociones. No creo que repele a todos por gusto, porque "como es un hijo de Hades, es normal que no quiera a nadie". Opino que secretamente también busca ser aceptado, ser querido, pero no lo logra gracias a los prejuicios que conlleva ser hijo de su padre.

¿Dudas, opiniones, ideas, críticas? ¡Deja una review, por amor a Hestia! Sí, la diosa que dio su bendición a Lily fue Hestia, como ya adivinaron.

Sé que para muchos no es nada, pero llegar a las 10 reviews para mí en su logro, ¡Muchas gracias!