POV Lily

-Buenos días, preciosa. Es hora del desayuno. -Dijo mi encarcelario, y gruñí en respuesta. La noche había llorado, me había permitido ser miserable, tener miedo. Pero ya no.

-¿Estás de mal humor? -Chasqueó la lengua.- Yo podría mejorarlo...

Se acercó peligrosamente, besando mi sien. Las náuseas regresaron.

-¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?

Él rió.

-Puedes llamarme Joshua, pero no voy a decirte más que eso.

-¿Por qué me tienen aquí?

-Dije que no voy a decirte más que eso, no preguntes nada... -Su aterciopelada voz flaqueó un poco, tomó un mechón de mi cabello y comenzó a jugar con él.

-¿Pero por qué soy especial? ¿Van a matarme? -Insistí. Joshua gruñó.

-He dicho que no preguntes. -Su voz se endureció sorprendentemente.

-¿Qué van a hacer conmigo? -Presioné. Gran error. Me pegó una cachetada tan fuerte que vi estrellas por unos segundos. Las lágrimas amenazaban con salir, pero las contuve.

-No quiero golpearte, preciosa, pero recuerda quién está al mando aquí. -Su voz volvió a su habitual tono aterciopelado y meloso, daba más miedo que la otra.

-Muy valiente de tu parte, golpear a una niña, sin que siquiera pueda verte la cara. -Escupí. Era una Gryffindor, debía comportarme como tal. No podía lloriquear todo el tiempo.

-Oh, ya verás mi rostro, no te preocupes. Cuando comience el ritual... -Se cayó abruptamente. Dijo algo que no debía.

-¿Ritual? ¿Qué ritual? -Otro golpe. Podía sentir los moretones formándose donde me golpeó, estaba segura de que me había partido el labio.

-Sin. Preguntas. -Se levanto y sin hablarme de nuevo, salió a paso decidido de la habitación.

Iban a utilizarme para un ritual. ¿Para qué? ¿Tendría que matarme? ¿Sería tan salvaje como para realizar sacrificios humanos? Realmente esperaba que no, pero no parecía una idea tan descabellada.

Tenía que salir de aquí, pero ¿Cómo? No podía despegar mis manos de la pared, ya casi no sentía los brazos por tenerlos sobre mi cabeza. Era imposible conseguir liberarlas, el único momento en el que me podía parar era cuando iba al baño. Espera, ¡Cuando iba al baño! Podía romper el inodoro o conseguir algo de por ahí y noquear a Joshua, entonces podría tomar el juego de llaves que siempre oía cuando entraba y escapar del lugar.

Respasé el plan cientos de veces. Sólo había ido al baño dos veces desde que había despertado cautiva, así que no sería raro pedir ir. Él me soltaría y, en la oscuridad, no se notaría cuando desate mis piernas. Si tardaba podía decir que tenía problemas para ir. En un momento preciso, rompería la taza del inodoro o tomaría el escombro más cercano y le daría a Joshua en la cabeza antes de que pueda reaccionar. Finalmente sacaría las llaves de su cinturón y escaparía. Ojalá no hayan más personas en este lugar.

Esperé unos minutos más, convenciéndome a mí misma de que era una buena idea, y llamé.

-¡Tengo que ir al baño!

La puerta se abrió y Joshua entró lentamente, como siempre.

-¿Estamos de mejor humor ahora? -Podría asegurar que estaba sonriendo. Lo odiaba, lo odiaba como no había odiado a nadie en toda mi vida.

-Sí... ¿Puedo ir? No me siento bien. -Pregunté fingiendo que intentaba ocultar la vergüenza. Se acuclilló a mi lado y me besó el cuello antes de dejarme ir. Me frote las muñecas, las tenía peladas y con heridas abiertas.

-No tardes, preciosa. Y recuerda, estoy justo aquí. -Murmuré una afirmación y fui hacia la esquina donde estaba el precario inodoro, dando saltitos, ya que aún tenía las piernas amarradas. Me senté en él e intenté desatar la soga que unía mis tobillos. No pude. Comencé a entrar en pánico, pero tanteando en la oscuridad encontré algo parecido a una vieja botella de vidrio, aparentemente vacía. La rompí contra el piso, estremeciéndome por el ruido.

-¡Lo siento, no lo vi! ¡Enserio lo siento! -Lo dije con toda la desesperación posible, lo que no fue muy difícil. Lo escuché gruñir.

-No importa, pero apresúrate. Planeo quedarme contigo un rato.

Con uno de los pedazos de vidrio corté la gruesa soga, recibiendo unos pequeños cortes en las manos. No me importaba, ya podía caminar libremente. Seguí tanteando el suelo, sin preocuparme por ser vista, ya que estaba muy oscuro. Mi mano tocó algo poroso, duro. Lo levanté y era un ladrillo, casi lloro de la felicidad. Iba a ser mucho mas fácil noquearlo con un ladrillo que con el cuello de una botella con unos cuantos bordes filosos.

Respiré profundo, sujeté el ladrillo con fuerza en mi mano derecha y el cuello de la botella en la izquierda. Me sería útil algo que cortara.

Caminé lentamentamente hacia donde se encontraba mi secuestrador, escondiendo las manos en mi espalda.

-No me siento bien, creo que... -Fingí perder el equilibrio, como si estuviera a punto de desmayarme. Joshua se acercó, sujetándome bruscamente del brazo, haciéndome doler.

-No tenemos tiempo para esto, hermosa. Incorpórate. -Su voz estaba peligrosamente tranquila. Me llevaba más de una cabeza y aunque no era muy corpulento, sin duda era fuerte.

-Lo siento... -Me incorporé y lo más rápidamente que pude le di un golpe en la cara con el ladrillo. Escuché que algo se rompió, posiblemente la nariz.

-¡Hija de puta! -Gritó y me estremecí, intentando golpearlo de nuevo, esta vez en la sien. Justo cuando iba a impactar, frenó mi brazo, tomándolo por la muñeca. Me golpeó en la mandíbula, aturdiéndome por unos momentos, los suficientes como para apretarme contra él, impidiéndome golpearlo de nuevo con el ladrillo. Logré escurrirme lo suficiente como para clavarle el cuello de la botella, que tenía algunas partes puntiagudas, en el estómago. Nunca había dañado así a nadie, pero en esos momentos no me importaba nada.

Joshua gruñó y me golpeó de nuevo, tan fuerte que me tiró al suelo.

-¿Cómo... Te atreves...? -Respiraba pesadamente, inclinado, seguramente apretándose donde lo había apuñalado.

Me levanté como pude, aún aturdida empuñando lo que quedaba de la botella como si fuera un verdadero arma. Él avanzaba, yo retrocedía, cada vez con más pánico. No lo había noqueado, ahora estaba enfurecido.

-¿En qué pensabas? ¿Que podrías tener una oportunidad en contra mía? No seas estúpida, niña, te creía inteligente.

Llegué hasta la pared, apoyándome contra ella. Joshua seguía caminando.

-Vas a pagarlo, Lily. No te preocupes, seré amable. -Usaba un tono tan cruel, tan perverso y retorcido que me estremecí. Todavía estaba algo aturdida por el golpe. Parecía ignorar la sangre que le salía del vientre completamente. Me aplastó contra la pared con su cuerpo, dificultándome respirar.

Se inclinó y comenzó a hacer lo mismo que la vez anterior. Me besaba el cuello, la clavícula, lamiendo de vez en cuando. Dejaba una sustancia pegajosa y caliente por allí donde tocaba. Sentía náuseas.

Puso sus manos detras de mi espalda, bajándolas hasta tocar mi trasero. Las lágrimas estaban a punto de salir, casi no las podía contener. Lo único que sentía era mi cuerpo siendo aplastado, sus manos donde no debían, su olor a cigarrillos y polvo. Todo era tan repugnante.

-No me hagas nada... -Rogué, sabiendo que era en vano.

Me tomó la cara con las manos, haciendo que lo mire directamente, aunque apenas podía distinguir algunos de sus razgos.

-No puedes hacer nada para detenerme. Eres mía, Lily Potter.

Yo no era suya, no podía serlo. Él me había secuestrado, me había golpeado, me manoseó, ¿Y ahora decía que era suya?

Todo este tiempo había tenido miedo, pánico de lo que podría hacerme. Había llorado, sollozando el nombre de mis padres, gritando, rogando por ayuda a mis hermanos, a Albus y a James. Incluso deseé que Nico me salvara.

Pero no podía ser. Estaba sola. Tal vez ni siquiera me estaban buscando. El pensar eso me produjo un dolor terrible, pero era posible ¿No es así? Ya no importaba. Este enfermo iba a hacerme lo que él quisiera, y nadie estaba aquí para ayudarme. Estaba completamente sola, sólo me tenía a mí.

Todo el miedo, la angustia, la frustación, todos esos sentimientos que habían estado carcomiéndome esos últimos días se convirtieron en enojo. Enojo con Joshua, por haberme hecho todo lo que hizo. Enojo conmigo misma, por habérselo permitido.

También otro sentimiento creció en mi interior: Odio. Lo odiaba tanto, más que a cualquier persona en el mundo.

El enojo y el odio me llenaron, renovando mis fuerzas. Ya no me sentía débil o aturdida, mi mente nunca había estado tan clara.

Sentí que algo tibio me recorría el cuerpo, estaba segura de que podía contra él. Lo miré directo a los ojos, y me sorprendí cuando realmente podía verle la cara.

Su nariz aguileña estaba torcida y chorreaba sangre. Tenía el cabello marrón opaco sucio y despeinado. Sus ojos, marrones también, estaban muy abiertos, las pupilas eran sólo un minúsculo punto negro en el centro del iris.

-¿Q-qué haces? -Balbuceó, retrocediendo un paso.

Podía ver todo claramente, desde su sucia ropa oscura hasta el lugar donde había estado cautiva esos útlimos días. No era muy grande, el techo era más bien bajo, las paredes eran de piedra.

Veía todo como si tuviera unas linternas detrás mío. Me miré los brazos, todos magullados y cortados. Parecían bañados en una tenue luz cobriza, al igual que el resto de mi cuerpo.

El lugar había sido frío, hasta casi el punto de hacerme temblar, pero ahora estaba cálido. El rancio olor a agua podrida ya no estaba, había sido reemplazado por el aroma de casa. Era difícil de explicar, pero olía exactamente como mi casa.

El odio y el enojo bajaron, me sentía segura. La sensación de calidez no amainaba.

Miré fijamente a Joshua, que estaba blanco como la cal. Avancé hacia él lentamente, justo como él había hecho.

Retrocedió, tropezándose con el ladrillo que se me había caído y cayendo al suelo. Lo alcancé y lo levanté de la camisa, con una fuerza que no sabía que tenía. Hice que me mirara a los ojos, los que por alguna razón evitaba.

Comenzó a gritar, pidiendo perdón. No sabía por qué lo hacía, pero seguí haciéndolo.

Siguió rogando por perdón, pero no a mi, comprendí. A otra persona.

De repente, se calló. Sus ojos se pusieron en blanco y la resistencia que había estado ofreciendo se fue. Lo solté y cayó al suelo como una piedra.

No sabía si estaba muerto o vivo, no me importaba, sólo quería salir de allí a pesar de lo increíblemente cómodo que se sentía.

Di unos pasos y me mareé inmediatamente. Estaba agotada, apenas podía mantenerme consciente. Me recosté en el piso, mirando al techo, sintiendo como toda esa maravillosa fuerza me abandonaba.

Cerré los ojos y no vi nada más. Sólo oscuridad.


Perdón por haber tardado unos días en actualizar, pero estaba escasa de imaginación.

No quería que Lily sea la típica chica que necesita ser rescatada, me la imagino valiente, aún con todas las inseguridades y miedos que provoca estar en una situación como la de ella.

Esta es el fanfic con más views y reviews que tengo, así que ¡Muchas gracias!

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