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Armonía
James Castle abrió los ojos, estaba dentro de un tanque de Kolto, la sustancia líquida regenerativa que le había salvado la vida. Empezó por mover sus manos, el dolor en el pecho era ahora mínimo y parecía todo un mal sueño. El droide médico captó las señales de que el joven Jedi estaba despierto y comenzó el vaciado del tanque, James se sujetó de las paredes de vidrio mientras esto sucedía.
Mientras tanto Ellie estaba frente al consejo Jedi. La maestra Satele Shan la miró de manera pasiva; la joven les había explicado los eventos, sobre cómo Jay se tornó al lado oscuro sin motivo aparente, de la muerte del maestro Kaleeg y sobre el holocrón que habían recuperado. –¿Ya se abrió el artefacto?-, preguntó uno de los maestros, la maestra Shan negó con la cabeza, -James trajo ese holocrón por alguna razón específica, necesito hablar con él antes de abrirlo-. Miró de nuevo a Ellie, -puedes retirarte, te llamaremos si eres necesitada de nuevo-. Ella asintió e hizo una reverencia antes de retirarse de la sala.
James estaba acostado en una cama médica, vestido solamente con una holgada túnica blanca. De la puerta emergieron Regina, Demian y la maestra Shan, James trató de incorporarse para saludar, pero el droide lo detuvo, -por favor, manténgase acostado mientras termina el chequeo-, dijo con la voz metálica que caracterizaba a los droides médicos, James asintió y se mantuvo acostado, mirando el techo. –Entonces, ¿qué fue lo que me sucedió?-, Shan se acercó, -fuiste atacado por el traidor Jay Krioz, te salvó su hermana Ellie-, el Jedi se quedó con su vista perdida en el techo, la maestra continuó, -tenemos el holocrón seguro, lo abriremos cuando me expliques que hay en su interior, ¿Por qué es tan importante?-. James esperó a que el droide le diera el visto bueno para levantarse; se incorporó y comenzó a hacer flexiones, -El holocrón contiene información y artefactos que podemos usar para encontrar y terminar con la vida de varios Sith importantes, entre ellos el Emperador-. La maestra Jedi se mantuvo pensativa, -son objetos que están en sintonía con el Lado Oscuro, ¿es buena idea?-, preguntó; James se quedó callado unos segundos, -yo creo que funcionará, además, después de todo lo que sacrificamos para tenerlo en nuestro poder, creo que sería un insulto no ocuparlo, en memoria de los que murieron, y los que perdieron su camino-. Satele asintió, -muy bien Castle, tú y tu aprendiz deberán manejar éste asunto-. James se quedó perplejo, -¿aprendiz?-.
Ellie estaba sentada en las afueras del templo Jedi. El planeta de Tython estaba cubierto de arboles y el clima era cálido. No podía dejar de pensar en Jay, ¿Qué le había pasado a su hermano? ¿Por qué había hecho todas esas cosas? Recordó el momento en que el maestro Kaleeg los había encontrado. La guerra en Balmorra no tenía mucho de haber estallado, muchos caballeros Jedi habían sido enviados al planeta para luchar contra el imperio Sith, el cual casi arrasó con todos los defensores. Entre el terror y la destrucción, el caballero Jedi Jal Kaleeg encontró a dos niños, uno de ocho y una pequeña de cinco años, ambos eran sensibles en la Fuerza, así que contra todo pronóstico, el Jedi logró sacar a ambos pequeños de la devastación del planeta. Estando absorta en sus pensamientos, continuó recordando a su hermano.
Jay conoció a James en la Academia, era un año mayor que él y cuatro años mayor que ella, ambos se volvieron excelentes espadachines, sin embargo James no tardó en ser elegido Padawan de una Jedi prominente, la cual lo llevó por varios años a través de la galaxia, explorando planetas y luchando contra numerosos Sith. Su hermano entre tanto se volvió el mejor de su generación, podía ganarle a seis compañeros en combate con los sables de entrenamiento, Kaleeg siguió su progreso de cerca. Ellie por su parte se volvió muy poderosa ocupando la fuerza, su conexión con ella era tal que podía camuflarse a voluntad, sin necesidad de algún aparato electrónico; Sus instructores decían que ella se volvería una cónsul muy poderosa. El recién elevado al rango de maestro Kaleeg tomó a Jay como su aprendiz, habían pasado diez años desde Balmorra, Jay esperaba irse y conocer planetas distantes, luchar en lugares inciertos, pero su maestro lo mantuvo en Tython, buscando secretos en las ruinas de los nueve templos de los Je'daii, cosa que Jay llegó a aborrecer, sin embargo nunca le negó nada a su maestro.
Todo cambió el día que llegó la noticia que la maestra de James había muerto a manos de un Lord Sith, ella y el maestro Kaleeg eran amigos cercanos. Jay y su maestro tomaron el primer transbordador a la capital de la República, el planeta de Coruscant, ahí se encontraron con los pocos Jedi que estaban en el planeta. Jay intentó encontrar a su viejo amigo, sin embargo los maestros le informaron que él no estaba en el planeta, que había viajado a Tython para informar al consejo.
James llegó a Tython hecho un caballero Jedi, habiendo vencido a un Lord Sith, el mismo que había matado a su maestra. El consejo lo interrogó y luego lo ascendió de forma oficial. Ellie lo vio en la ceremonia, donde los maestros encendían sus sables alrededor de él y recitaban el código Jedi. Su cabello lo llevaba muy corto, lo cual facilitó que la maestra Satele Shan cortara con su sable de luz la trenza que marcaba su rango de Padawan.
El maestro Koth se acercó a la joven Padawan interrumpiendo sus recuerdos, -señorita Krioz-, dijo con voz calmada. Ella lo volteó a ver; era un hombre de a lo mucho cuarenta y cinco años, su cabello y su barba eran castaño claro, –La maestra Shan requiere su presencia-. En lugar de llevarla a la cámara del consejo como Ellie esperaba, la llevó a las recámaras de la Gran Maestra Satele Shan, donde se encontraban James, Regina y la propia maestra. -¿Qué sucede maestra?-, dijo Ellie al hacer una reverencia, la Jedi asintió y comenzó a hablar, -un gran conflicto se acerca, necesitaremos a cuanto Jedi tengamos y los necesitamos preparados-. Ellie pensó por un momento que la iban a hacer Jedi cuando la maestra prosiguió, -te hace falta entrenamiento, algo que sólo un maestro Jedi puede ofrecerte-, Shan se quedó callado, dejando que James continuara la conversación, -Ellie Krioz, que a partir de éste momento seas llamada Padawan de la orden Jedi, y yo sea llamado maestro, para ayudarte en el camino cuando pierdas el enfoque, para cuidarte cuando lo necesites y para entrenarte y que algún día tú también tengas el honor de ser llamada maestra-, dijo al momento que hacía una reverencia.
Inmediatamente llegó Demian con el holocrón, James sonrió y tomó el artefacto, posándolo sobre la mesa, -éste holocrón es de creación Sith, para ser más específicos de una Jedi Oscura llamada Sorzus Syn-, sólo Satele supo de quien hablaban. Al ver la ignorancia, el Jedi prosiguió, -Sorzus Syn fue del grupo que fundó la Orden de los Sith, los llamados Jen'Jidai por la raza Sith, que llegaron a Korriban después de la guerra de los cien años. Dentro de éste holocrón se encuentran artefactos que necesitaremos para encontrar a nuestros adversarios-. Ellie miró el artefacto piramidal, -¿y cómo lo abrimos?-, antes de que su maestro hablara, Shan prosiguió, -para abrir un holocrón uno debe meditar sobre él, aunque eso sólo lo haremos el maestro Castle y yo, si uno de ustedes lo intentara, podrían sentir nauseas, hasta perder la consciencia-. El maestro Koth los escoltó fuera de la sala, dejando al par de Jedi meditando con el artefacto frente a ellos.
Shan miró a Castle mientras meditaban, apenas iba a cumplir los treinta años de edad y ya tenía una Padawan, eran en verdad tiempos difíciles. James intentaba controlar el dolor de su pecho mientras estaba arrodillado, las quemaduras de su brazo habían desaparecido, pero las heridas del torso eran otra historia. Tras momentos de concentración todo se volvió negro para el Jedi, esto solo lo hizo concentrarse aún más, una luz apareció en medio de la oscuridad, segundos después se oyeron golpes de sables de luz, seguido de un grito; en ese momento James abrió los ojos.
El holocrón hizo un ruido único, encendiéndose en colores rojos. La punta piramidal se abrió revelando un cristal de color oscuro, el cual comenzó a brillar. La gran maestra Satele Shan miró pasivamente, preparándose para lo que venía, James sólo suspiró. Del cristal apareció una mujer de piel grisácea, ojos completamente rojos, cabello gris y ropas ajustadas, James y Shan usaron la fuerza para resistir el lado oscuro que emanaba de la figura. La mujer oscura comenzó a hablar, -Yo no soy Sith. Yo no comparto su sangre. Aunque, en el tiempo desde que llegamos entre este pueblo salvaje, nos hemos convertido en sus gobernantes. Pues los fuertes en la fuerza siempre deben buscar poder. Hemos adoptado sus títulos, sus atuendos, y sus tradiciones. Ya no somos Jedi expulsados del abrazo sofocante de la República. Somos los Jen'Jidai, Señores de los Sith-. Una vez terminada su introducción, el holograma de la Sith miró alrededor, -¡JEDI!-, dijo con asco cuando volteó en la dirección de Shan, la situación fue distinta cuando su mirada se posó en James, -mmm, eres…interesante, siento que el lado oscuro no te es nuevo, pero sigues aquí con los Jedi, restringiendo tu potencial-. Syn cerró los ojos, en su boca se dibujó una pequeña sonrisa, -podrías llegar a ser tanto si te dejaras llevar por el lado oscuro-, sus palabras sonaban dulces, seductoras. James ignoró lo que le decía el holograma de la señora oscura y comenzó, -oh terrible Sorzus Syn, destructora de Balmorra, señora de los leviatanes, y maestra de la antigua alquimia, necesito acceso a los contenidos de éste holocrón-, el holograma se quedó callada por unos momentos, -¿Qué es lo que deseas y para qué lo deseas?-. El Jedi debía pensar muy bien sus palabras, era raro que los holocrones Sith negaran información o posesión de objetos, pero podía pasar. –Llegó a mi conocimiento, a través de muchos señores oscuros, que tú posees cierto talismán que me permitirá encontrar a cualquier ser en la galaxia-, -no sólo en la galaxia, si no en el universo mismo, un verdadero alquimista, puede alcanzar tanto poder, cosa que yo logré-, -tu sabiduría y poder siguen siendo una leyenda en el imperio Sith, me sentiría honrado de ocupar tales objetos y que una vez más la galaxia tiemble ante su poder inmensurable-. Syn sonrió, había mordido en anzuelo, -tu pareces ser alguien indicado para portar éstos objetos-, se acercó hasta estar cara a cara con el joven, -me hubiera gustado conocerte, nos habríamos divertido tanto….-, dijo en un tono seductor, James sonrió, -es una lástima que los eones nos hayan separado-, Syn pasó su mano holográfica por la mejilla del joven, -en efecto querido…en efecto-, una sombra pareció salir del holocrón y golpeó a James de lleno en el pecho. Syn desapareció y James estaba inconsciente.
En la oscuridad escuchó distintas voces, vio distintas imágenes, recuerdos, profecías y uno que otro deseo. Syn apareció en la negrura de su mente, -querido, hay un precio por la habilidad de ocupar mis artefactos-, dijo en un tono burlón, -un joven inteligente como tú debió suponerlo-. La visión que había vislumbrado durante la meditación se hizo clara; Jay estaba luchando contra Ellie, él vestido en ropas Sith, mientras que ella parecía haber dejado de ser una Padawan, la batalla se veía reñida. Jay atacaba de manera incansable, mientras que ella se defendía con pericia, el combate de su amigo había evolucionado, ahora sus ataques venían entre complicadas piruetas a una velocidad en la que le era imposible a Ellie contraatacar. La batalla estaba perdida, James se encontró gritando el nombre de su aprendiz, dos sombras lo detenían, las atacó de manera brutal y sanguinaria, usando la fuerza para arrancarle la cabeza a su primer oponente, al segundo simplemente separó las piernas del torso. No fue suficientemente rápido, Ellie trató de hacer un ataque recto, Jay giró sobre sí mismo y encajó su sable en el abdomen de ella, el Lord Sith que una vez había llamado hermano había matado a su propia hermana.
James despertó con un grito de furia, se encontraba en una de las cámaras de meditación del templo, llevaba el torso desnudo, con las heridas de su abdomen visibles. –Llevas una semana inconsciente-, la voz de la líder de la Orden Jedi sonó en la sala. El joven volteó a su derecha, la maestra Shan estaba en posición de loto frente a él, -¿qué me pasó?-, la maestra miró hacia la ventana y respondió, -Sorzus Syn pasó sus habilidades a tu cuerpo, aparentemente es la única manera de sacar los objetos del holocrón-, James suspiró y miró a su acompañante, algo le molestaba, -mientras meditaba logré ver tu visión-, James se sintió avergonzado de haberse dejado llevar por la furia y la desesperación, ella sintió lo que le sucedía y prosiguió, -recuerda que el futuro siempre está en movimiento, es imposible predecir algo con exactitud, La Fuerza nos deja ver una posibilidad, no una seguridad-. El Jedi asintió, -sé lo que debo hacer para evitar que eso suceda-, se quedó pensativo unos momentos, -¿podrías darme el holocrón?-, Ella asintió y lo tomó de una estantería en la misma sala. En el momento que James puso una mano sobre el artefacto, éste se encendió como lo había hecho durante la conversación con Syn, sólo que en lugar de abrirse la punta del holocrón, se abrió la parte media, revelando algunos artefactos, había un talismán de color plateado con grabados en idioma Sith, parecían estar escritos con sangre, había un trozo de tela con encantamientos y dos cristales de sable de luz, uno era de un color verde intenso, como nunca lo habían visto, el segundo era un cristal de color rojo, forjado por los Sith, el joven suspiró, -manos a la obra.
El suelo estaba frío, era la novena vez que lo sentía, -de pie-, dijo su maestro con voz firme. Ellie se levantó y encendió el sable de luz de entrenamiento, ella había sido entrenada en la forma de combate seis, conocida como Niman, era una forma simple y que requería poco esfuerzo físico, pero para poder tener un duelo con gente como Jay, debía aprender más formas. James estaba tratando de enseñarle la forma tres, llamada Soresu, la cual le daría una defensa prácticamente impenetrable, luego pasarían al uso de la quinta forma, cuyo nombre era Shien o Djem So, la cual se especificaba en el ataque. Su maestro atacó con su sable derecho, Ellie lo bloqueó tan rápido como pudo pero antes de que ella pudiera reaccionar, James hizo un movimiento circular con la hoja, haciéndola soltar su sable, el arma en su mano izquierda acabó en el cuello de su aprendiz. –Si quieres dominar Soresu, debes ser como el ojo del huracán, alrededor de ti habrá toda la destrucción del universo, pero tú debes ser la paz, quietud, relájate y concéntrate, estar en sintonía con uno mismo es la clave-, volvieron a encender sus sables, James comenzó a hacerlos girar alrededor de él y avanzó, Ellie por su parte sujetó su sable y se acomodó en la posición defensiva inicial de Soresu, relajó todos sus músculos y cerró los ojos. A través de la Fuerza logró ver los movimientos de su contrincante, el Jedi dio un paso rápido y arremetió con ambos sables, Ellie bloqueó los ataques con facilidad, lanzándose en salto de tigre inmediatamente que desvió los golpes, alejándose del combate. James apagó los sables y comenzó a aplaudir.
La noche reinaba en el tranquilo mundo Jedi, todos dormían en el templo. Satele Shan miró a los dos cazadores, -recuerden, su misión es averiguar dónde se encuentran los Sith, no los ataquen-, Regina y Demian asintieron, llevaban el amuleto de Sorzus Syn, encontrarían a todos los Sith prominentes, entre ellos Jay Krioz.
James se acercó junto con Ellie, Regina los abrazó a los dos, -encontraremos a tu hermano Ellie y veremos que se puede hacer con él-. Ella asintió y dejó que la Cónsul abordara la nave, Demian miró a James, -estén seguros y vigila que no haga algo apresurado-, le dijo al Jedi. James y Regina se conocían desde pequeños, ella podía llegar a ser explosiva. –No te preocupes amigo, estaremos seguros-. El transbordador despegó en cuanto el Jedi entró, era una misión peligrosa, y larga, probablemente no los volverían a ver.
Un trueno le hizo abrir los ojos, aún no se acostumbraba a la oscuridad perpetua, llevaba dos meses viviendo en la Ciudad de Kass. La puerta se abrió, de ella surgió una esclava, iba vestida con un atuendo color escarlata, la tela era tan delgada que no dejaba nada a la imaginación, caminaba con tanta delicadeza que parecía estar flotando, -mi señor, Lord Viass está esperándolo-, Jay se levantó de la cama, y se miró el implante biomecánico, llevaba más de dos meses acostumbrándose a luchar con la mano izquierda. El palacio de Viass era enorme, era casi tan grande como el templo en Tython, llegó a la sala donde Darth Viass recibía al Consejo Oscuro, -tengo una misión para ti, mi aprendiz-, el joven se arrodilló frente al anciano, -¿Cuál es su voluntad mi maestro?-. Viass sonrió, el joven era dócil, -el holocrón con el que los Jedi escaparon ha revelado sus secretos, dos caballeros Jedi están ocultos en el planeta de Voss, viajarás al planeta y los traerás ante mí-. Jay asintió de manera silenciosa y se retiró de la sala, Viass no dejaba de sonreír, el chico era un excelente esclavo.
