Ira

Desde la punta de la colina se veía las tierras de pesadilla o al menos así llamadas por los locales. Don miró a los dos Jedi, llevaban una semana yendo y viniendo, aún no comprendía que estaba sucediendo, la suma que le pagaban era considerable, era lo único que importaba. Revisó por tercera vez su rifle, el planeta de Voss estaba lleno de imperiales, y las razas locales estaban en constante lucha, los Gormak eran muy hostiles contra todo lo que no fuera ellos, y los Voss estaban del lado de la República, eso los dejaba con los Místicos, sensibles a la fuerza, usualmente pacíficos, pero algo había cambiado, los Sith los habían corrompido. El contrabandista suspiró, esa era la única razón lógica por la cual dos Jedi estaban viajando incógnitos en el planeta. Entró en la nave, "La Sombra de la Noche" era un modelo híbrido, combate, transporte y camuflaje, era una belleza, robada al imperio Sith. Entró por la escotilla y caminó hasta la cabina, en los asientos de piloto y copiloto se encontraban Jenkins y Denis. El primero era un veterano de la guerra, un piloto que había luchado en planetas como Alderaan y Balmorra, Denis era el más joven e inexperto, era sobrino de Jenkins. –¿Qué estamos esperando capitán?-, dijo el novato, Don caminó hasta su asiento, y suspiró, -a que ellos decidan hacer algo, por lo pronto descansen no hay nada que hacer-. Cerró los ojos y se dio un muy merecido sueño.

Demian suspiró en derrota y fastidio, llevaban dos días vigilando la ciudad de los místicos, Voss-Ka, eran seres recluidos que solo ocupaban la fuerza para predecir el futuro, los "rituales" que alteraran el mundo físico estaban prohibidos para ellos, sin embargo, ahora eran un culto del lado oscuro, no ocupaban sables de luz aún, pero sus habilidades oscuras eran retorcidas, incluso para estándares Sith. Demian aún recordaba la noche en que habían salido de Tython, apenas habían pasado cuatro meses, sin embargo parecían años. La situación era cada vez peor, cuando Regina comenzó a ocupar el talismán de la Sith éste los llevó por los mundos internos, desde Balmorra hasta Alderaan, la cantidad de enemigos e infiltrados era alarmante, pero eso no era lo que le preocupaba al Jedi, su compañera cada vez era más agresiva, sus maniobras eran cada vez más peligrosas, él tenía una fuerte corazonada de que el artefacto oscuro la estaba corrompiendo, sin embargo ella había sido su maestra, no podía cuestionarla de tal forma. –deberíamos entrar con los sables de luz y hacer rodar unas cabezas, si eso no los pone a hablar, no sé que lo hará-, dijo la voz femenina de Regina, Demian suspiró, -sabes perfectamente que no debemos interferir no aún-, estaba frustrada, lo entendía, el Lord Sith que estaba en éste planeta era demasiado elusivo, todavía no podían identificarlo, -si no aparece pronto, no me podrán detener-, dijo ella con voz segura, con un toque de exasperación. El Jedi se sentó y comenzó a mirar las imágenes en el holo-proyector, mostraban a varios seres encapuchados, todos distintos, podría ser cualquiera.

El espacio era frío, silencioso. La cama era dura y las sábanas ásperas, había demasiado silencio. El deslizar de la puerta hizo que abriera los ojos, -amo, nos estamos acercando al planeta-, la voz venía de una Twi'lek de color rojo oscuro, iba vestida como todas las esclavas al servicio de Lord Viass, con una prenda de color rojo que no dejaba nada a la imaginación. Jay se levantó de golpe y miró su camarote, los interceptores Fury eran oscuros, a pesar de tener una cantidad aceptable de luces, el ambiente era oscuro, como la luz moribunda de una llama en la noche. Se puso la túnica negra y caminó hasta la cabina de la nave, el capitán imperial miró al Sith, -mi señor, nos estamos acercando al planeta, sus objetivos están en algún lugar del norte del planeta, la señal no es tan precisa, pero he logrado designar un área-, dijo mientras señalaba un mapa. Jay observó el área, era un terreno amplio que cubrir, pero el lado oscuro lo ayudaría, -muy bien capitán, prepárese para la cacería-.

Demian salió apresurado de la nave, acababa de pelear con Regina una vez más, había atacado a uno de los místicos, ella creía que era el indicado, dijo que iba a despejar su mente, y volvió seis horas después con un Voss místico, asegurando que era el indicado, su compañero no supo nada hasta que la encontró interrogándolo. El tipo estaba medio muerto, con heridas en todo su cuerpo, hemorragia interna en el abdomen, estaba horrorizado. El místico comenzó a murmurar, Demian lo miró y se apresuró a silenciarlo a través de la Fuerza, no podía revelar su locación. Pasó las siguientes dos horas curándolo, Jenkins lo ayudó, Regina no había salido de su camarote. -¿Qué vamos a hacer con ella?-, preguntó finalmente el contrabandista, Demian se quedó pensativo, el talismán le había hecho esto, ¿estaban aún a tiempo de regresarla a la luz? –por el momento nada capitán, sólo no la dejen salir, debo…meditar sobre esto-, Don asintió y le hizo una seña al mayor de sus compañeros, momentos después el Jedi estaba solo.

Estaba tratando de entrar en su mente, de decirle porqué lo había hecho, podía escuchar su voz, "hice lo necesario, tú sabes el precio del conocimiento", aquello había sido demasiado, ella estaba muy fuera de lugar, "jamás habríamos sabido la verdad, cosa que ahora sé", estaba tratando de convencerlo ¿o acaso era a sí misma? "fue lo correcto, ahora sé a dónde debo ir", Demian abrió los ojos y salió corriendo de su camarote, -¡CAPITÁN!-, Don salió corriendo junto a él, -¿Qué pasa?-, -sígueme-. Ambos corrieron al camarote de Regina, la puerta estaba abierta y Denis estaba inconsciente en el piso, cuando llegaron a la sala médica, Jenkins estaba sobre una mesa, tenía un fuerte golpe en la cabeza, no había rastro del místico.

Una sonrisa se dibujó en la cara de Jay, los Jedi no lo habían detectado, había entrado en sus mentes y no lo habían detectado, ahora sabía exactamente a donde ir. -¿ahora qué, señor?-, el Sith asintió. Cuando llegaron a donde la nave de los Jedi, Demian salió corriendo, les gritó algo a los tres hombres, tomó un speeder y se fue rápidamente, Jay hizo la seña al escuadrón que siguieran a Demian mientras él se encargaba de la nave.

Don ordenó a su tripulación que prepararan sus armas las cosas se podrían poner muy mal en un instante, -¿Qué está pasando Don?-, preguntó Denis, el contrabandista titubeó en responder, pero al final les dijo la verdad, -tenemos un grave problema, y es muy probable que tengamos que disparar unas cuantas rondas antes de poder largarnos de aquí, sólo quiero que estén listos antes de que esto suceda-. Don miró alrededor, sentía como si alguien lo estuviera observando, como algo hubiera entrado en su mente, puso su mano instintivamente en su blaster. Parecía que lo había invocado, como si hubiera caído de la atmósfera, un hombre encapuchado en túnica negra, su mano derecha iba enguantada en el mismo color, la mano izquierda parecía tener garras de metal, Dennis y Jenkins dispararon contra el hombre, el cual esquivó los disparos a una velocidad imposible, parecía una mancha oscura; Jenkins disparó por quinta vez, fue inútil, el Sith bloqueó todos los golpes y levantó al hombre con la Fuerza, Denis disparó con su blaster, pensando que había pasado desapercibido, Don miró impotente como su compañero volaba a los disparos del muchacho, Jay no paraba de reír. El joven corrió hacia su agresor, el cual soltó un golpe con la mano que tenía garras, para el horror del contrabandista, la mano había entrado en el abdomen del chico. Denis estaba llorando, la sangre manaba de su abdomen y boca, Jay sólo le sonrió y le hizo una seña para que guardara silencio, acto seguido lo arrojó contra la pared de la nave. Don estaba furioso, sacó dos blasters y comenzó a dispararle mientras el Sith caminaba tranquilamente hacia él, uno a uno los disparos fueron eludidos, con exceso de facilidad. Jay sacó su sable de luz doble y lo encendió al tiempo que brincaba hacía el hombre, Don sintió como si una fuerza invisible lo jalara hacia el sable de su enemigo, el sable atravesó el abdomen del experimentado contrabandista.

Jay cayó de manera ágil en el piso, el hombre estaba muriendo, no tan rápido como hubiera querido, lo arrastró hasta la escotilla de la nave, -un capitán debe morir con su nave-. Se alejó lo suficiente antes de usar la fuerza para encender el motor y destrozarlo, momentos después la explosión arrasó con la vida del capitán.

-Ahora les toca a ustedes, Jedi-, dijo tranquilamente mientras caminaba en la dirección que Demian había salido.

En el último mes, la capital de Voss, la ciudad mística de Voss-Ka había sido abandonada, salvo por las aberraciones del lado oscuro, que antes habían sido conocidos como los místicos. Sobre la puerta estaban colgados los restos de varios Gormak, al menos Demian suponía que eran Gormak, los cuerpos estaban mutilados a un grado que apenas eran reconocibles, el Jedi sacó su sable de luz, por si lo necesitaba antes de lo pensado. Parecía que las puertas estaban cerradas, Demian trató de abrirlas, sin embargo no cedieron ni un centímetro, el hombre se quedó pensativo unos momentos, podría intentar forzarla con el sable de luz, o podría buscar otra entrada, sería mejor buscar otra entrada. Dio dos pasos hacia atrás y estaba listo para rodear la muralla de la ciudad cuando las puertas se abrieron por si solas, "Ven a nosotros" decía una voz, no parecía que alguien la dijera, tampoco parecía estar dentro de su mente, parecía venir de todos lados, "prueba que eres el guerrero que todos esperan y ven a nosotros", ésta vez no fue una voz, sino varias voces, todas eran distintas, sin embargo sonaban igual, su cabeza comenzó a doler. La ciudad estaba desierta, parecía un pueblo fantasma, una ciudad abandonada hacía mucho tiempo, las paredes estaban dañadas, algunas parecían manchadas de sangre que se había secado hacía ya tiempo, las calles estaban llenas de baches y había restos de cualquier cosa que Demian pudiera imaginar, las puertas estaban rotas, no se detuvo a comprobarlo pero creyó haber visto un cadáver dentro de una de las casas. "Síguenos", las voces lo guiaban, en ningún momento guardó su sable de luz. Al fondo se veía el templo de los místicos, habían dos filas de seres encapuchados, sus caras apenas visibles se veían grises, en el centro estaba un místico sin capucha, su piel parecía estar en estado de descomposición, sus ojos naranjas estaban opacos y cuando sonrió Demian pudo ver sus dientes de un color negruzco -Bienvenido curandero, o guerrero, demuéstranos que eres-.

El Jedi ignoró lo que el místico decía y comenzó, -vengo a buscar a mi compañera-, el místico se sobó la cabeza, -hay una guerrera oscura que se encuentra con nosotros-, Demian frunció el seño, -tráiganla-. Las risotadas sonaban en todos lados, sin embargo las aberraciones estaban en silencio y sin mover un músculo, el claro sonido del sable de luz del Jedi encendiéndose fue lo que las calló. Subió las escaleras que llevaban a la entrada del templo, los seres que le estorbaban se hicieron a un lado. Con sable en mano el Jedi entró en la oscuridad del templo de los místicos, el silenció lo cubrió todo, incluso su sable de luz se había vuelto mudo, no escuchaba ni sus pensamientos, le costó bastante acostumbrarse al ambiente del interior, seguía desorientado, pero al menos ya podía caminar derecho. Un sollozo vino de detrás de él, miró en esa dirección, el sonido se repitió ahora desde otro lado, Demian cerró los ojos, intentó conectarse con la Fuerza, algo interfería, pero al menos logró sentir a Regina. Caminó con los ojos cerrados a través de la negrura total del templo, su sable estaba apagado, escuchaba los sollozos venir de todos lados, pero no les hacía caso, a través de la fuerza veía a Regina.

La encontró postrada en un cuarto muy pequeño, sus túnicas estaban completamente desgarradas, apenas servibles, Demian trató de despertarla, solo obtuvo un leve quejido como respuesta. Los sonidos habían vuelto a la normalidad, una luz apareció a lo lejos del pasillo, la luz de color índigo dejaba ver al místico sin capucha "ven a morir Jedi", Demian encendió su sable de luz.

Los soldados imperiales se posicionaron frente a la entrada del templo Místico, no había rastro de nadie, -sargento, toma a dos soldados y entren-, dijo el líder, -afirmativo-. Los tres soldados se acercaron a la entrada, de pronto, un ruido provino del interior, -que…-, un pedazo de pared salió despedido, golpeando a los tres militares. Los místicos salieron del templo blandiendo espadas; estaban encantadas con el lado oscuro, haciéndolas resistentes al sable de luz del Jedi. Demian usaba la mano derecha para pelear, mientras que con la izquierda llevaba a Regina, la cual apenas comenzaba a despertar, el Jedi soltó a su compañera y dio un salto en el aire, cortando a un místico por la mitad mientras caía. Los soldados abrieron fuego tanto contra el Jedi como contra los místicos.

Las aberraciones del lado oscuro contestaron salvajemente contra los imperiales, los atacaron de manera rápida, usando piruetas para evadir sus disparos y cuando estaban suficientemente cerca ocupaban las espadas, unos no tan misericordiosos ocuparon sus manos y bocas para asesinar a los soldados, era una verdadera masacre. Claro, no todos los soldados resultaron unos inútiles, hubo dos, tal vez tres que lograron matar a unos cuantos místicos antes de que perecieran. –Vamos Jedi, ¿es lo mejor que tienes?-, Demian miró hacia atrás, el líder de la orden estaba sujetando un sable de energía, una versión menos potente y primitiva del sable de luz, la hoja era de color blanco; el líder comenzó a lamer el sable, la lengua quemada parecía no molestarle, comenzó a reír cuando saltó hacia el Jedi. Demian bloqueó su ataque con facilidad y dio dos pasos hacia atrás, en posición de defensa; el ruido de un sable de luz encendiéndose hizo a ambos combatientes voltear, Regina se había levantado y acababa de recuperar su sable. Tras estar unos momentos en calma total, se lanzó a la batalla con un grito de guerra, su estil de combate era igual de salvaje que el de los místicos, la diferencia mortal era que ella tenía mucha mejor técnica, no había pasado un minuto cuando ya había múltiples cadáveres en el piso.

Demian y el líder continuaron su duelo, mientras el Jedi hacía ataques centrados y contundentes, el místico era impredecible, daba saltos y sablazos a diestra y siniestra, parecía un niño furioso. La aberración dio un golpe frontal al área central del cuerpo de Demian, él a su vez bloqueó moviendo el sable hacia la derecha, acto seguido dio un giro hacia adelante, sujetando a su contrincante de la túnica y procedió a decapitar al místico.

El Jedi miró a su alrededor, todos los imperiales habían sido asesinados por los místicos, y todos los místicos habían sido asesinados por Regina. Ella estaba de rodillas a la mitad del patio; su sable estaba tirado en el piso; estaba sollozando. Demian corrió a verla, -los…maté a todos-, dijo mientras lloraba en el hombro de su compañero, él suspiró -yo también maté a algunos-, -¿en qué nos convertimos?-, Demian no supo contestar esa pregunta, -por desgracia, no lo sé-, -yo sí-, dijo una voz no muy lejos, ambos Jedi voltearon y tomaron sus armas.

Jay se quitó la túnica negra, había reemplazado su armadura por un traje negro ajustado de cuerpo completo, su mano izquierda con injertos de piel sobre lo mecánico era lo único que no estaba cubierto. –Vengan a comprobarlo por ustedes mismos-, dijo en tono burlón, Demian y Regina encendieron sus sables de luz, si iban a morir, no dejarían que Jay viviera, era hora de matarlo.

Ambos saltaron a atacarlo al mismo tiempo, Jay encendió su sable doble para bloquear los ataques, los Jedi, que antes luchaban con precisión y serenidad; luchaban con fiereza y descontrol, Jay sonrió. Demian atacó desde el lado izquierdo con un golpe horizontal, Jay ocupó su sable para bloquearlo, al mismo tiempo Regina atacó de una manera similar. Antes de que ella pudiera golpearlo, Jay sacó un shoto, que era un sable de luz más corto y bloqueó con facilidad el ataque de Regina, esto sería mucho más fácil. Los ataques eran cada vez menos precisos y más salvajes, Jay pasó a la defensiva, dejando que ambos se cansaran, Regina trató de sujetar a Jay con la Fuerza, el contestó con una ola de rayos; Demian bloqueó el ataque de Jay comenzó a ahorcarlo con la Fuerza, "así es, atácame con toda tu ira", la voz estaba dentro de la cabeza de Demian, lo cual lo hizo enfurecerse aún más, Jay empujó a ambos y luego volvió a encender sus armas. Tras varias combinaciones de piruetas que se veían humanamente imposibles Jay tomó a Regina con la Fuerza y la azotó varias veces contra una pared "¡ATAQUENME!" dijo en las mentes de ambos Jedi, parecía que ambos le obedecieron, dado que segundos después ambos saltaron hacía él.

El Aprendiz Sith bloqueó los dos ataques y comenzó a reír, -¿es eso todo lo que pueden hacer?-, los ojos de Regina estaban completamente amarillos, los de su compañero no estaban tan lejos. Jay esperó a que hicieran más presión, ambos Jedi sujetaban sus sables con ambas manos, tratando de superar la fuerza que tenía el Sith en cada una, cuando menos se lo esperaban Jay apagó sus sables.

El sable de Regina hirió fuertemente la pierna derecha de Demian y el sable de él casi le corta el brazo izquierdo; ambos cayeron al piso, tratando de levantarse. Jay jaló sus sables con la fuerza y los partió en dos cuando los tuvo al alcance de su shoto. –Debo admitir que lo hicieron bastante bien, su ira es buena-, se acercó a Demian y lo pateó en el costado, -pero la ira sin técnica los reduce a seres primitivos y salvajes, el lado oscuro les dará la técnica para superar a todos sus adversarios-. Regina tosió sangre, -te odio-, Jay sonrió, -bien, me odiarás mucho más antes de que termine contigo-, miró hacia atrás, se quedó unos segundos quieto, pensando en su siguiente movimiento, su maestro no debería saber de ellos, todavía no; miró a ambos Jedi caídos, su cara mostraba felicidad, segundos después asco. No dejó de lanzarles rayos hasta que ambos quedaron inconscientes, al borde de la muerte.

James sintió una presión en el pecho, algo malo había sucedido, pero no sabía qué. Caminó hasta los prados del templo Jedi en Tython, Ellie estaba recostada en una orilla del río, descansando. –Buenos días Padawan-, ella le sonrió, -buenos días maestro-, -tengo algo para ti-, su aprendiz se levantó y lo miró, llevaba algo envuelto en tela de color café. Ellie lo tomó con delicadeza y tranquilamente desenvolvió el artefacto; era un sable de luz. La empuñadura era plateada, con la parte central de cuero, el botón de encendido estaba casi hasta la punta, estaba hecha para sujetarse de manera tradicional; -es muy cómodo-, -enciéndelo-, Ellie presionó el botón, la hoja era de un color naranja intenso, Ellie estaba hipnotizada, su sonido era apenas perceptible, -es…hermosa-; James le sonrió, -es un regalo, por realmente superarte, por tener el privilegio de verte crecer de ésta forma-. El maestro Koth los interrumpió, -Castle, tú y tu aprendiz deben presentarse ante el consejo ahora-.

Entraron en la sala circular del consejo Jedi, había varios maestros sentados en las múltiples sillas, otros estaban presentes a través de un holograma, todos tenían caras de seriedad, James no sabía que espera, la maestra Shan por fin rompió el silencio, -Castle, tenemos muy malas noticias, la guerra ha comenzado-. James no sabía porque le decían esto a él y mucho menos porque tenía que oírlo con Ellie, Shan prosiguió, -llevaremos a cabo nuestro plan original, Demian y Regina llevan dos semanas sin hacer contacto, deben de seguir en Voss-, Castle pensó que los mandarían a rescatar a sus compañeros, -irán a Balmorra y eliminar al Sith Lord que está en control del planeta, viajaran con las tropas de la República, James, el senado me ha permitido otorgarte el rango de comandante de fuerzas especiales, tú y tu Padawan se encargarán de los líderes mientras otros maestros comandarán al ejército regular-. Tanto James como Ellie estaban atónitos, -confío en ustedes-, dijo Shan mientras hacía una reverencia, ambos contestaron. Era hora de abandonar la seguridad de Tython.