Capítulo 5: Cómo entrenar a tú Hobbit
Cuando Lady y Trish se hubiesen retirado –amablemente por los gritos histéricos de Vergil- El trío entró en la enorme mansión. Jeedah no pudo evitar sentir algo de pánico al escuchar las enormes puertas de la entrada rechinar con tanta exageración. ¿Se habría metido a una casa de locos? Ella pudo notar un extraño ambiente rondando en ambos gemelos mientras caminaba detrás de ellos.
-Será mejor que te comportes…- Vergil miró de reojo al hobb- a Jeedah, la cual continuaba admirando la casa conforme más y más adentro caminaban. Era un lugar enorme, no era de extrañarse que estuviera tirando migajas de pan y… -¿Qué diablos haces?- inquirió, viendo cómo ensuciaba su pulcro tapete sin el decoro alguno.
-Si me pierdo sabré como diablos encontrar la salida- respondió ella, sacando otro pan de su bolsa. –A menos que tenga un guía permanente no me daré el lujo de perderme…
-Aaaay que leeeendo, el Hobbit teme perderse…- Jeedah gruñó tras escuchar semejante comentario, lanzando el pan directo a la cara de Dante. Vergil notó con suma sorpresa cómo Dante caía de espaldas directo al suelo. Miró entonces a Jeedah con cierto recelo.
-¿Qué diablos eres?- quiso saber, tentado a sacar su espada y golpearla con ella. Jeedah se acercó a un noqueado Dante y recogió el pan, golpeándolo en el piso un par de veces. Vergil escuchó un sonido pesado provenir del alimento- ¿Qué diablos…?-
-Es pan de una semana- comentó ella.-Bueno para marcar caminos, malo para la digestión- entonces miró a Dante y con una sonrisa de triunfo agregó.-Bueno para golpear al troglodita…- El gemelo azul casi quiso esbozar una sonrisa (malvada) tras el último comentario, era curioso ver con cuánta facilidad podía someter al bruto de su hermano. Algo que sólo pocas personas en el mundo podrían conseguir, ella lo había logrado con un pedazo de pan.
Caminó entonces casa adentro, con una pequeña sonrisa en los labios y la seguridad de que esa chica podría hacer lo que él había intentado en muchos años: Aplacar a Dante.
Un par de minutos después, ambos gemelos y el Hobb—uhm, Jeedah se encontraban en el salón principal de la mansión. La chica sintió que la virgen le hablaba cuando vio tremendo desastre en la sala: Biberones en los sillones, leche en polvo desperdigada aquí y allá, y lo que parecía un anciano con grilletes con un bote de leche en las manos.
Jeedah señaló al enclenque anciano, el cual le gruñó cuando creyó que la había visto ver su bote de leche.
-¿Quién chingados es el abuelo?...- preguntó, agregándolo a la lista de "cosas extrañas en la mansión Sparda".
-Venía con la pañalera- respondió Dante, señalando dicha bolsa a unos metros del anciano.-Es increíble lo que le cabe ¿no? ¡Por eso yo la llamé Pandora!- Jeedah desistió de saber las razones tras el nombre, así que simplemente se limitó a escuchar las indicaciones de Vergil sobre el cuidado del bebé.
-Toma, sostenlo mientras reviso algo- Vergil le ofreció el bebé a la chica. El gemelo la miró, curioso por la forma en que ella lucía renuente a tomar al niño en brazos.-Eres la niñera ¿no? Haz tu trabajo- Musitó.
Pero Jeedah, aun con la consciencia de que su trabajo era cuidar de Nero, no pudo evitar sentir un poco de escalofríos al notar la mirada que Nero tenía sobre ella.
Nero: o.o?
Ella de repente sintió que le despeinaban brutalmente el ya de por sí despeinado cabello.
-¿Awww no es una ternura? ¡Nero también cree que eres un Hobbit Y gah!— Dante no terminó tras ser atacado brutalmente por el pan que Jeedah aún sostenía en sus manos. -¡Verge controla al pinche Hobbit! Gah!- Bolillazo en la cara nuevamente.
-No soy un Hobbit, ¿comprendes?- ella miró al bebé, ya en sus brazos, y éste ladeó la cabeza mientras se dedicaba a no quitarle la mirada de encima a su niñera. Era un poco perturbador si venía de un bebé… un bebé que supuestamente ni idea tenía de qué diablos un Hobbit era.
-Así es mi hermano…- intervino Vergil rascándose la cabeza, tomando el bolillo y golpeando con él a un Dante que estaba intentando levantarse del suelo, dejándolo nuevamente inconsciente.- Y tendrás que acostumbrarte a ser un Hobbit, para él y para Nero.
Jeedah gruñó.
-¿Ves? Gruñes como Hobbit-
-Pero…-
-Te quejas como Hobbit-
-Estúpido albino-
-E, insultas como uno… espera, ¡NO SOY UN ALBINO!-
Podrían haber continuado con su pelea demonio-hobbit de no ser porque ambos escucharon a Nero gruñendo… o lo que era más bien, las tripas de Nero gruñendo.
-Es hora de que el niño coma- comentó Vergil, dejando lo del insulto para después. Tenía su propia lista de venganzas por cumplir, eso lo dejaría en el puesto número 20. –La cocina está por este camino- Ambos caminaron hacia dicho lugar cuando de pronto escucharon un ruido aterrador, era como el gruñido de una enorme bestia hambrienta. Vergil sacó inmediatamente su espada, Jeedah por otra parte apenas y había captado la idea de que debía correr por su vida con el niño en brazos. ¡Estaban esperando lo peor, ese animal desconocido saltaría en cualquier momento y!
Dante salió de las sombras que se habían formado en el pasillo de la sala a la cocina, con una sonrisa nerviosa mientras se sobaba el abdomen.
-Creo que tengo hambre- murmuró entre risas. Vergil bajó la katana, suspirando irritado.
-Esa cosa horrible… ¿fue la lonja de Dante?- preguntó Jeedah. Dante exclamó ofendido.
-¡¿Lonja?!... ¡¿LONJA?! Esto…- dijo, señalando su abdomen- Esto es…
-Una lonja- repitió Jeedah, recibiendo la risa de Nero como respuesta. Con una mirada de triunfo en el rostro se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la cocina.
Dante miró a su hermano gemelo en busca de ayuda.
-Me hace Bullying, bro…- Vergil se encogió de hombros, sonriendo burlonamente.
Más tarde cuando los cuatro habían llenado la tripa. Jeedah se dedicó a recorrer la mansión Sparda (Obviamente usando sus migajas de pan) Vergil se encontraba en la biblioteca buscando, si bien podía recordar ella, un hechizo o algo parecido. Dante había decidido tumbarse en el sillón de la sala a dormir un rato.
Nero se había dormido sobre la panza de Dante, y Jeedah no encontró inconveniente por ello. Era curioso ver cómo el gemelo rojo parecía consciente sobre el pequeño Nero incluso estando dormido. Tal vez Lady se había equivocado y ellos no necesitaban tanta ayuda como ella creía.
-…- Cuando de pronto el timbre de la casa resonó por todo el pasillo. Jeedah pegó un brinco del susto, pero inmediatamente al reconocer el sonido corrió hacia la puerta, esperando que fuera el paquete de panes que había pedido en la mañana. La casa era enorme y el bolillo se le habría acabado antes de hacer un caminito para el baño.
Al abrir la puerta una cabellera rubia fue lo primero que entró en su ángulo de visión.
-Por Dios, ¡¿otro Hobbit!?- gruñó, escuchando un quejido de protesta.
-Yo no soy un Hobbit, yo soy Patty Lowell- Jeedah enarcó una ceja.
-Y… ¿Me lo estás diciendo porque….?- La chica, ligeramente indignada abrió más la puerta auto invitándose a entrar. Jeedah, aun con recelo cerró la puerta y caminó detrás de la chica, con el bolillo en el aire listo para golpearla por si se pasaba de lista.
Patty se giró a verla en el justo momento en que Jeedah iba a lanzar el bolillazo.
-¿Qué diablos haces?-le preguntó, mirando de reojo al bolillo. Jeedah lo miró y después lo escondió detrás de sí.
-¿Quién diablos eres?- preguntó Jeedah, tratando de desviar el tema del bolillo. Antes de que Patty contestara, notaron al gemelo azul acercándose a ellas.
-La amiga de Dante- murmuró éste, cerrando el libro que traía consigo. Su búsqueda había sido nuevamente infructuosa por lo que francamente no estaba de buen humor para más visitas. Patty sonrió al ver al gemelo de Dante, esperó a que el aludido también apareciera pero en cambio sólo escuchó un par de ronquidos provenientes de algún lugar más al fondo de la mansión.
-… ¿Y Dante?- quiso saber ella, luciendo algo impaciente. Vergil, al igual que Jeedah no pudieron evitar preguntarse por qué el repentino enojo. Patty pareció indignarse aún más, y señaló a Vergil con el dedo índice.- Prometieron acompañarme al día de campo de mi escuela-
Vergil enarcó una ceja.
-… ¿Era hoy?...- quiso saber, a lo que obtuvo un asentimiento de cabeza por parte de Patty.
-No me dijeron que saldrían hoy- comentó Jeedah, después miró a Vergil- Si no piensan tardarse mucho, por mí adelante. Nero ya está dormido y sólo falta qu-
-Ah no, no, no, no…- Vergil tomó a Jeedah de hombros y la hizo caminar con él.-No creas que vamos a dejarlos solos en la mansión a ti y a él-
-Uhm… ¿Por qué?- quiso saber ella. Y a Vergil se le vino a la mente de pronto, el enorme agujero tiempo-espacio que se había creado en la biblioteca, que estaba agrandándose más y más conforme ellos hablaban y que Vergil no tenía idea de cómo deshacerse de él.
-…Porque… hay fantasmas- musitó, y Jeedah soltó una carcajada.
-Lo de los demonios lo sabía, pero… ¡¿fantasmas?! Bitch, please… Soy sobrina de Lady, ¿recuerdas?- inmediatamente la chica se llevó las manos a la boca.
-Tu… ¿qué?- Ella sonrió nerviosa.
-Nada…- Vergil gruñó, esa Lady… sabía que no podía confiar en alguien que osara trabajar para y con Lady. Era extraño que la chica no le cobrara cuando Lady te quitaba un dólar hasta por el aire que respirabas. – Aun así, soy buena en mi trabajo, y usted lo ha visto- comentó ella en su defensa.
Vergil no podía negarlo, la chica había cumplido con cada tarea que él le había encomendado, la pizza le salía decente y era capaz de aplacar a Dante y cuidar de Nero.
Lo dejaría pasar… por esta vez.
Ambos escucharon a Patty aclararse la garganta. ¡Diablos! Se habían olvidado de la molestia rubia.
-¿Y bien?- quiso saber ella, cruzándose de brazos.-Vamos a llegar tarde-
Vergil suspiró, y resignado caminó hacia el sillón donde estaba Dante, le pasó el bebé a Jeedah procurando no despertarlo y, una vez que la chica se alejó lo prudente. Vergil procedió a despertar "delicadamente" a su hermano gemelo.
-¡SE QUEMA LA CASA!-
-¡AGUA! ¡AGUA! ¡RÁPIDO TRAIGAN AGUA!- Tanto Jeedah como Patty trataron de aguantar la risa en cuanto Dante cayó del sillón, aleteando como pájaro en pleno vuelo y con una mueca de susto igual a cuando miras a los Teletubies a las 3 de la mañana.
-Nunca me cansaré de hacer eso…- murmuró Vergil con una media sonrisa en los labios. Dante se levantó del suelo, mirando a todos lados con tal de asegurarse de que, en efecto, sólo había sido una mala broma por parte de su hermano.
…
¿Una broma? Dante miró a su hermano con gesto serio.
-¿Qué?- preguntó Vergil. Dante se levantó del piso, acercándose a su hermano picándole el pecho con un dedo.
-¿Tú haciendo bromas? Creo que sigo soñando…- Vergil entonces se dio cuenta de lo que acababa de hacer. Él, específicamente él había hecho una broma a su hermano.
Bromas que desde hacía mucho tiempo atrás ninguno de los gemelos solía hacer.
-…- Antes de que el gemelo azul respondiera algo, Patty se acercó a ambos, tomando a Dante de la gabardina para llamar su atención. –Eh?... ¿Patty?...- La chica infló los cachetes, molesta y señaló el reloj de su muñeca.
-Día de campo ¿Recuerdas?...- el cazador rojo asintió, tallándose los ojos para tratar de despabilarse completamente hasta que finalmente ese engrane que tenía en la cabeza decidiera comenzar a trabajar.
-Oh, cierto… el evento ese tuyo… -Dante se rascó la cabeza, no estaba muy de buenas para salir a la luz de sol. Todo ese ajetreo con el pequeño Nero y el anciano de los grilletes salido de la bolsa de pandora lo habían dejado bastante cansado. -… ¿No podemos hacerlo otro día?...-
-¡ME LO DEBEN!- Jeedah decidió intervenir porque, a este paso, esa chica gritaría tan fuerte que sería capaz de despertar a Nero. Bastante trabajo que había costado lograr dormirlo.
-¿Es tan malo?- preguntó ella como si no fuera la gran cosa.- Es sólo un día de campo… además, si no quieren hacerlo, podrían cumplir en alguna otra cosa…-
-Bueno sí, ella quería otra cosa a cambio- murmuró Vergil luciendo pensativo. –Ella-!
-¡NO!- interrumpió Dante, tomando a Vergil de la solapa de su abrigo.-¡NINGÚN PINCHE BESO YAOI!- gritó, escuchando una risilla.- ¿Qué?-
-Oh vamos ¿Qué tan malo puede ser?- preguntó Jeedah sonriendo macabramente. –Sólo cierra los ojos, para la trompita y deja que Verge haga el resto… él parece mucho más apto-
-Lo sabía, sabía que yo era el seme…- Dante sintió que se le caía el mundo encima.
-¡No habrá ni HOY ni NUNCA ni el 30 de Febrero ese… ese… ese beso suyo!- Gruñó cuando notó la cara de decepción de su hermano.-Más te vale estar bromeando…-
-…Tsk, qué poco aguantas…-
En eso estaban los tres, en pleno alegato sobre los besos, el seme, el uke… su mamá, la mía… Cuando sintieron una mirada bastante penetrante, de esas marca Vergil, patentadas por el gemelo malvado.
Los tres, de una manera casi sincronizada miraron hacia la puerta, donde se encontraba la pequeña rubia. Brazos cruzados, ceño fruncido, vestido rosado y cabello alborotado. Parecía el mismísimo diablo.
-…Uh… oh cierto…-murmuró Dante.- Tu evento ese…- Patty parecía echar humo por las orejas, justo cuando ambos hermanos, más un hobbit sintieron que lo más prudente era retroceder un par de metros.
-¡Llegamos tarde!-
Continuará…
