Capítulo 6: ¡Santos Picnics demoniacos, Batman!
Notas de Jedah: Hola gente bonita, aprovecho el rato para decir que:
Me alegra que les guste el fic, lo hago lo mejor que puedo y espero no aburrirlos con ello.
Ela-Leto: No mi amiga, estás mal… tal vez la regué a momento de editar el capítulo pero yo no tengo líos amorosos con los Sparda… Eso es cosa del diablo y la llorona. La respuesta correcta es que:
-Trabajo gratis- respondió Jeedah, caminando lado a lado con los Sparda y con Patty. Era una suerte que Dante se hubiera ofrecido/resignado a llevar la pañalera porque francamente, y desde que Jeedah viera al ancianito de los grilletes salir de ese lugar. No le tenía mucha confianza a dicho objeto. –Y al principio no estaba muy convencido de contratarme…- agregó, señalando discretamente a Vergil, quien venía discutiendo con su hermano.
-No puedo creer que me hayas arrastrado a esta ridiculez-
-Bueno ya, bro… solo es una vez. Además, Patty asegura que no te vas a aburrir como piensas. El gemelo azul bufó molesto. –Anda bro, sólo es un rato… además dijeron que habría pizza.
-Tú eres el amante de la pizza, ¡no yo!- alegó en su defensa, muy consciente de que con todo y todo, en verdad le gustaba la pizza. Pero en esos momentos Dante lucía mucho más intrigado por el susodicho evento que por recordarle las faltas a su hermano mayor.
Vergil se detuvo en su lugar para esperar a las niñas y poder hablar con Jeedah.
-Oye…-
-¿uh?- Jeedah notó que el peliblanco parecía tener problemas para iniciar la conversación. Miraba a todos lados y después la miraba a ella casi por una fracción de segundo. -¿Qué?-
-Así que… eres sobrina de Lady-Jeedah asintió y Vergil sintió que se le bajaba la bilis a los pies. Ella sonrió pícaramente cuando notó el gesto del gemelo azul.
-… Je, je… ¿te gusta no?- inquirió, y Vergil sintió el impulso de golpear al condenado Hobbit con la funda de su katana. La escuchó reírse y esos impulsos de golpearla se convirtieron en deseos homicidas. –Ya, ya, no te sulfures Verge… no le voy a decir a nadie…- Vergil enarcó una ceja, algo estaba mal ahí.
-¿Por qué no lo harías?- quiso saber.
-Porque serías mi tío favorito…- respondió ella sin más. – ¡Serías el Tío Verge!- musitó, y antes de que el aludido pudiera contestar en su defensa, el sonido de una risa estruendosa invadió sus orejas.
-Tío VERGE JAJAJAJAJAJAJA…- Dante se sostenía el estómago mientras prácticamente se revolcaba de la risa. Entonces de la nada y como previamente había sucedido, Vergil sacó a Yamato de donde solo Dios sabe.
-¡Silencio, o te corto la lengua!-gruñó, señalando a Dante con Yamato. Después usó susodicha espada para amenazar a Jeedah.-Ni una palabra de esto… a NADIE… ¿¡Capisci!?-
-Simona Tío Verge…-Dante se secó las lágrimas y trató de recobrar la compostura.
-Es tan lindo… el Hobbit ya tiene tí- gah!-
Esta vez, Vergil se decidió por utilizar el bolillo para aplacar a su hermano.
-Aquí tiene "sobrina" muchas gracias-
-Todo un placer "Tío Verge"…-
Una vez que llegaron al lugar del siniestro… uhm, de la celebración. Dante sintió que su corazón se llenaba de gozo al notar todas las cajas de pizza dispuestas sobre la enorme mesa en el centro del parque.
-Creo que estoy en el cielo…- murmuró. Y Vergil concordaba con él, más porque la situación irónicamente reflejaba algo bastante religioso. Escuchó a su hermano respingar y enarcó una ceja al verlo tan confundido. –Oie Bro…-
-¿Qué?- Dante señaló hacia la mesa con el dedo pulgar, aún con gesto de incredulidad.
-Esos son… ¿Pingüinos?...- Si su ego se lo permitiera, Vergil se habría echado a reír, y más cuando notó nuevamente indignación en el rostro de Patty. La chica se acercó a Dante y estirándose de puntitas le jaló la gabardina hasta agacharle la cabeza, y después le jaló la oreja.-Oye! Duele, duele!-
-Jum! Obvio que duele… tonto…- Se cruzó de brazos y le dio una patada en la espinilla.- ¡No son pingüinos, son mis maestras!- Dante parpadeó un par de veces. ¿Cómo está eso? ¿Sus maestras eran pingüinos?
-¿Qué clase de magia pagana es esa?- preguntó al borde de la histeria, cuando sintió una mano sobre su hombro.
Vergil decidió apiadarse del lento de su hermano.
-Son monjas, Dante… no pingüinos…- señaló a uno de los sujetos, el cual se dio la vuelta. Y en efecto, sólo eran mujeres vestidas con un hábito negro. Una de ellas, de rostro amable y arrugado se acercó al cuarteto.
-Buenas tardes caballeros, ustedes deben ser los "primos" de Patty-
-Uh… ¿Qu—
-Ah, sí… en efecto señora…- interrumpió Dante, dándole un codazo a su hermano. Vergil tuvo que hacer un esfuerzo por no doblarse del dolor. En cambio decidió pisar brutalmente a su hermano como venganza. –argh!- la mujer dio un brinco para atrás.
-… ¿Sucede algo malo?- preguntó la monja. Dante negó con la cabeza, tratando de contener las lágrimas del dolor. Justo entonces Patty se acercó y saludó a la monja. –Patty, ¡cariño! Qué bueno que llegas- La anciana monja miró entonces a los hermanos que discretamente se estaban intentando matar uno al otro. Y después se percató de que alguien más venía con ellos, ese alguien traía un bebé en brazos. – ¡Madre mía!- pronunció ella, al notar a la pequeña criaturita. La cual comenzaba a despertarse.- Que hermoso bebé…- dijo, acercándose para poder apreciar a Nero mejor. Quedó encantada cuando notó el intenso azul zafiro de los ojos del niño. -¿Cuál es su nombre?- preguntó a Jeedah.
-Es Nero…- respondió, frunciendo el ceño al notar la expresión de sorpresa de la monja. La mujer sonrió y haciendo de lado el asunto sobre tan extraño nombre, le preguntó a la chica si estaba bien que ella cargara al bebé en los brazos.
-Ustedes dos vengan conmigo- Patty arrastró a los gemelos sin darles tiempo de quejarse. Lo último que ambos vieron fue a un montón de mujeres en hábito formando un círculo alrededor de la anciana monja que traía a Nero en sus brazos.
-Je, nuestro hermanito es popular, Bro…- comentó Dante con una sonrisa. Y esta vez, Vergil estaba totalmente de acuerdo con él.
En general, el día no estaba tan mal pensó Vergil. Las amigas de Patty se hallaban rodeando a su hermano menor, preguntándole cosas referentes a su trabajo de cazador cuando Patty les mencionó a qué se dedicaba. Él por otro lado, estaba a gusto y tranquilo mirando de lejitos cómo su hermano se divertía siendo el centro de atención. Podía vigilar a Jeedah y a Nero desde ahí mismo y nada parecía estar mal en absoluto.
-….!- hasta que el gemelo azul percibió un cambio en el ambiente, mínimo para los humanos. Pero para un demonio como él, era igual a sentir una enorme presión en el pecho. Notó que su hermano lo había sentido también, pues lo volteó a ver y traía un gesto de consternación igual al suyo. -…Demonios…- murmuró Vergil, dejando a un lado el vaso de ponche que traía en las manos. Pensaba sacar a Yamatto, pero intuía que eso sólo sería mala idea, la gente del lugar podría asustarse y malinterpretar su gesto. Eso sólo crearía caos y confusión.
No… Vergil necesitaba que todo estuviera tranquilo, de lo contrario no sería capaz de encontrar la fuente del aura demoniaca.
-¡Es mi turno de cargarlo!- Una de las monjas se acercó y sin siquiera obtener permiso de Jeedah, se lo arrebató de los brazos. La madre superiora (la mujer que les había dado la bienvenida) se acercó a la chica, recriminándole por semejante comportamiento. Jeedah frunció el ceño. Esa mujer, la que le había quitado a Nero lucía algo… siniestra.
-Hermana, ¿Qué clase de actitud es esa? Devuelve al niño y… ¡OH POR DIOS!-
La mujer que sostenía a Nero tenía una sonrisa tan grande que no cabía en su rostro…
Porque dicho rostro se estaba cayendo a pedazos.
-…!- Vergil escuchó el grito y una vez que dio con la fuente de este, gruñó cuando sintió que la presión se hacía cada vez más y más fuerte.
-… ¿Qué sucede madre superiora?- preguntó la mujer, con un tono menos que humano. La madre superiora retrocedió, pálida y con las manos temblorosas, casi en estado de shock. Cuando entonces el llanto de Nero le hizo recordar que el niño seguía en brazos de tan horrible criatura.
-¡¿Qué eres?!- gritó ella. Y antes de que el ente respondiera sintió cómo era empujado por algo, y el pequeño Nero se resbaló de sus manos. Cuando se incorporó del suelo vio a la chica que traía al niño en un principio y gruñó violentamente.
Jeedah se hizo para atrás, tratando de calmar a Nero, y a la vez de protegerlo de aquél ente. Sus rasgos, su voz… Jeedah estaba segura de que esa cosa era un demonio.
-El niño es nuestro…- Una segunda voz se escuchó cerca de ella, cuando giró notó con horror a otra de aquellas monjas con la misma sonrisa desquiciada que la primera. Jeedah vio al resto de las mujeres correr aterrorizadas, pero a ella los pies simplemente no le respondían. –Devuélvelo…- gruñó.
-¿Qué está pasando, Dante?- El aludido golpeó la cabeza de uno de los demonios que se habían abalanzado sobre él y el grupito de amigas de Patty. Gruñó cuando no logró ubicar a su hermano por ningún lado; Los gritos de la gente que corría de un lado para otro lo distraían completamente, sin contar que el proteger a Patty y a sus amigas le estaba causando problemas para deshacerse de los demonios.
-…Assaults…- murmuró.
Enormes reptiles de aspecto humanoide, con lo que parecía un adorno de penachos en la cabeza. Siseaban peligrosamente en torno al grupo que protegía Dante. Los más peligrosos eran los que tenían una clase de escudo sobresaliendo del brazo izquierdo, ya que Dante tenía que enfocarse en intentar romper su defensa y después lanzar una estocada mortífera.
Lo peor de todo, era que los Assaults eran demonios sumamente listos.
-¿Qué esperas humana? ¡Entrega al pequeño!- La monja-demonio estiró su mano hacia Jeedah, y ella pudo observar cómo la carne se descomponía hasta sólo dejar el hueso, el cual era cubierto por una especie de velo negro y rasgado.
-Es un Reaper…- El demonio sonrió, una vez que regresó a su forma demoniaca. La cual era una representación directa de lo que los seres humanos interpretaban como "La muerte" El velo que cubría totalmente su cuerpo esquelético ondeaba siniestramente, directo hacia Jeedah. La cual imaginó que el velo tenía vida propia.
-Tendrás que quitármelo primero- respondió ella, abrazando a Nero como si la vida se le fuera en ello. The Reaper exclamó gustoso y una oz se materializó en sus manos huesudas. –Diablos…- murmuró justo cuando vio aquella enorme cosa alzarse por encima de su cabeza. Cerró los ojos y esperó lo peor.
-… ¡CORRE!...-
-… ¿uh?... ¡Vergil!- Jeedah abrió los ojos, sorprendida al ver que la oz no la había cortado por ningún lado. Ella notó algo parecido a un campo de fuerza a su alrededor puesto que, a pesar de sus intentos, The Reaper no conseguía asestarle un golpe a ella… o a Nero. -… ¿Vergil?... –Ella había escuchado la voz del gemelo azul… Pero no lo veía por ningún lado. Decidió permanecer en su sitio, por temor de que el campo de fuerza desapareciera…
El campo…
-Esto… esto no es un campo de fuerza…- Jeedah sintió un nudo en la garganta, y una sensación de miedo y alivio recorrió su espina dorsal cuando notó esa enorme mano fantasmal sobre ella.
Aquella mano que estaba impidiendo que The Reaper los partiera a la mitad.
Jeedah recorrió con la mirada la silueta hasta que notó a un enorme demonio con armadura. El ente parecía más bien un aura ya que su cuerpo traslúcido se notaba muy débilmente con la luz del sol.
-Cómo es que…- Justo en aquél momento escuchó una explosión, el grito desgarrador de The Reaper y, cuando menos se dio cuenta el espectro demoniaco había desaparecido.
Junto con el demonio de armadura que la había protegido.
-… ¿Qué diablos pasó?...- se preguntó, cuando notó un par de botas y una enorme bazooka delante de ella.
-… ¿Ves lo que pasa cuando no invitas a tu tía?- El rostro de Jeedah se iluminó en una sonrisa.
-¡Lady!-
Continuará…
