Capítulo 2.

Soledad que ahoga.

Me dolían los ojos de tanto llorar durante toda la noche, me costaba poder abrirlos, era como levantar dos pequeñas pero pesadas piedras. Finalmente logre abrirlos lentamente y me topé con el resplandeciente sol que golpeaba mi cara.

Sentada en mi cama, ahora pensaba lo duro que era estar lejos de mi familia, aunque sea por un día, era duro no tener la cálida sonrisa que caracterizaba a Lucy y sin contar con su infinita alegría, sin su sereno y pacifico hermano Edmund, y finalmente sin su hermano mayor el Sumo Monarca, Peter. Obviamente sin olvidar a las bellas criaturas de Narnia, las cuales le mostraban siempre su respeto y veneración.

Sin pensarlo otra vez las traicioneras lágrimas asomaban por mis ojos. Pero en ese momento la puerta se abrió y un escalofrío me recorrió la espina dorsal, si era Rabadash lo último que quería era pasar la misma humillación de ayer.

El alma me regreso al cuerpo al darme cuenta de que era una de las mucamas que se encargaban de la limpieza de mi nueva habitación, una de ellas camino a paso lento hacia mí se podía ver vergüenza en sus ojos verdes como los de un prado.

La observe, hasta que esta decidió hablar.

'' Señorita Susan, el Príncipe Rabadash informa que debe alistarse para la cena de esta noche, sus vestidos están en el ropero, además de eso yo vendré a peinarla más tarde antes de que la cena se lleve a cabo''

Luego de esto se dio vuelta y salió de la habitación a pasos agigantados.

La furia no dejaba de poseerme, quien diablos se creía ese Rabadash para darme ordenes de ir a cenar con su detestable familia y para colmo estar rodeada de Calormenos indeseables por su irrespetuoso comportamiento, de eso podía darme cuenta cuando llegue a Calormen por la mirada de enemistad que llegaban de todos los ciudadanos.

Me limite a morderme el labio inferior del coraje que sentía dentro, me eche nuevamente a mi cama no quería saber nada de la vida, ni mucho menos ahora que esta soledad entre las cuatros paredes de aquí me ahogaba, era como tener la cabeza bajo el agua y sentir que te falta el aire.

Las horas pasaron volando, para mi mala suerte ya eran las 6 pm y en ese mismo instante se escucharon dos suaves golpes a mi puerta.

''pase'' dije con un tono poco amigable.

La mucama de hace unas horas atrás asomo lentamente su cabeza, estaba un poco asustada me pregunto si mi carácter tenía que ver con su miedo pero lo ignore después.

Ella me pidió amablemente que me sentara en una silla frente a un gran espejo, y así lo hice.

Milagrosamente comenzó con su trabajo de peinarme, sujeto dos largas hebras de mi cabello y las junto en un moño atrás mío, luego el resto de cabello comenzó a ondularlo. Poco después inicio con el maquillaje, un poco de rubor en las mejillas pálidas, estiro mis pestañas dejándolas bien apreciadas, y como final de oro puso mis labios más rojos que de lo que yo acostumbraba a llevarlos.

Luego de eso me llevo por mi vestido, el cual era hermoso en pocas palabras, era uno rojo con unos encajes azules pequeños y lo acompañaban unas hermosas zapatillas del mismo color, jamás pensé que Rabadash podía ser tan considerado en comprarme vestidos así de bellos, eso sí era un dilema.

Cuando estuve lista la mucama me guio hasta la puerta donde me indico que podía salir, no lo dude dos veces, por lo menos era libertad la que acariciaba un poco, caminamos hasta el final del largo pasillo. Ella me dijo que no bajara que llamaría al señor Rabadash, al escuchar ese nombre y pensar que otra vez vendría a mí, me hizo respirar con dificultad, trate de controlarme un poco y lo logre.

Una voz me volvió a la realidad.

''Mi reina que bella está usted para mí, ya no resisto las ganas de poder tenerla solo para mí, recuerde que usted me pertenece, así que le pido que se comporte ya que los invitados han llegado para presenciar la confirmación de la unión del Hijo De Tash Y La reina más hermosa de todas estas tierras salvajes'' dijo con orgullo en su voz.

Unión. Había dicho unión. Esto no podía ser peor ahora, maldición alguien me odiaba tanto como para dejar que esto me pase. Lo único que me preguntaba era donde podía estar Aslan ahora.

Agarro mi brazo con fuerza y me apego a él y me dio un corto beso en los labios. Luego me dio el brazo para que pusiera mi mano en el. Y así lo hice. Él estaba tan altivo como siempre y odiaba eso de él, pero solo me limite a apretar los dientes de este inmenso odio que sentía ahora.

Llegamos a una inmensa sala, la cual era hermosa y estaba repleta de gente Calormena que al presenciar nuestra entrada estallaron en aplausos. Algunos se limitaban a gritar

Viva Narnia y Calormen.

Rabadash me condujo hasta un viejo gordo y con joyas muy llamativas que le rodeaban el cuerpo deforme, ante este pensamiento me limite a soltar una risita pequeña a lo cual Rabadash me fulmino con la mirada.

El viejo que supuse que era El Tisroc, se volteo y comenzó a bendecir a Rabadash en una lengua extraña que no entendí ni un poco.

En un momento sentí que Rabadash me tomaba de la cintura y me llevaba a la pista de baile donde ya todos danzaban lentamente, me apretó a su cuerpo y me vi obligada a recostar la cabeza en su fuerte pecho, el cual latía a mil por hora, debido a nuestro acercamiento pero supuse que era de la excitación que era de tenerme tan cerca, seguimos danzando hasta que la música callo.

Este me tomo de a mano y me dirigió al centro, donde se arrodillo ante mí y las miradas de las personas se hacían intensas en nosotros dos.

'Mi reina hoy delante de Calormen entero te pido que seas mi mujer hasta el último de los días, que puedas tener la voluntad de dotarme de tantos hijos sanos como yo quiero y que unas nuestras tierras salvajes en armonía y paz hoy y siempre 'mencionó con superioridad pero en su mirada había un deje de lujuria y ternura en sus palabras.

No sabía que pensar en ese momento todo me daba vueltas en ese momento y quería desmayarme.

Pero una idea se me vino a la cabeza.

'Si acepto ser tu esposa y darte lo que me pides Rabadash'

El solo se aventuró a sonreír y a levantarse y delante de todos me tomo en su brazos y me beso con una impaciencia lo cual yo acepte abriendo mis labios y dándole paso a su lengua para que acariciara mi boca, en ese momento perdí la cordura ni yo misma me reconocía debido a que después de esto tome de sus cabellos y lo empuje más hacia mí para sentirlo más cerca de mí.

La sala entera estalló en aplausos y gritos.