Siento haber tardado pero entre el trabajo que aún tengo y la poca inspiración que me llega no había podido escribir.
Rincón respuesta: ChiharuLamperougue: hasta que al fin alguien da el brazo a torcer jeje, y me alegro que te gustara el detallito de Noir, me pareció que quedaría bien. Nos leemos y gracias por ser tan fiel ^^ / Izuspp: ¿sonrisa de idiota? jajja tranquila, yo de esas tengo siempre, y me encanta que los capis te sirvan para desestresarte, me hace feliz ^^ gracias como siempre por seguirme/ Luna de Acero: ¡hola y te doy la bienvenida al fic! muchas gracias por pasarte y dejarme un review tan estupendo ^^ Creo que tendré que mejorar un poco la actitud de Sebastian, para que no me salga infantil como dices. Y bueno me alegro de que te guste, espero que nos sigamos leyendo :D
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Cap.8.-Love Happens
-Bien míster Sebastian, el gato está sano, sólo hay que desparasitarlo, por lo demás no tiene ni un rasguño. Si lo desea puede dejarlo hoy aquí, le daremos un baño, lo desparasitaremos y lo pondremos bien guapo.—dijo con amabilidad el veterinario de la clínica a la que Sebastian hubo llevado a Noir acariciando al animal en la cabeza.
-Mm sí, creo que lo dejaré aquí hoy. Alguien que yo me sé se pondrá histérico si le digo que hay que limpiarlo de bichos y demás en casa.—ríe el ojirrojo.
-No me gusta ser cotilla míster Sebastian pero ¿se refiere a su pareja verdad?—el actor le mira, y le asiente—Si no es mucha molestia ¿le importaría darme un autógrafo suyo junto al de su pareja? A mi mujer le hará una ilusión tremenda, desde que estrenaron esa serie no para de hablar de lo mismo.
-Veo que la quiere mucho.
-Sí así es. Ella es lo mejor de mi vida, y haría lo que fuera para verla feliz.
Sebastian medio sonrió, y no supo muy bien por qué pero la imagen de Claude, su "supuesta pareja", se le vino a la mente. Sacudiendo la cabeza aceptó la petición del veterinario y se dispuso a abandonar la clínica. Caminando por las calles, algo camuflado, vio varias veces esos carteles de la serie Dears, su serie. Quién lo hubiera dicho, hace un par de meses si hubiera sabido desde el principio que Claude iba a ser su compañero de escena y encima su pareja se habría pegado un tiro. Y ahora convivía tan ricamente a su lado siendo pareja ficticia.
Llegando a su edificio subió a su planta y fue a echar mano de la llave para abrir la puerta.
-¡Ya he llegado! ¡He tenido que dejar a Noir en la clínica porque...!
-Sí, arreglalo. ¿Tres días no? Bien, nos vemos.—Claude hablaba por teléfono, Sebastian calló para no interrumpir, pero la conversación se terminó.—Ah ya has vuelto.—guardó el móvil en su bolsillo.
-Sí ¿con quién hablabas?
-Con mi mánager. Tiene que arreglar unos asuntos.—respondió evasivo—¿y el gato?
-Te decía que lo he dejado en la clínica, porque...em digamos que había que adecentarlo.
-¿Adecentarlo?
-Sí, adecentarlo.—respondió divertido.-Ah, y tenemos que firmar unos autógrafos.
Al día siguiente, con Noir de regreso, Sebastian tuvo que echarse las manos a la cabeza cuando vio lo que el gato le había hecho a sus carísimos cojines de plumón.
-Eso te pasa por no mandar que le corten las uñas.—dijo Claude sentado en el sofá leyendo un libro con el gato en su regazo.
-¡Ah que encima tengo la culpa yo!
-Evidentemente, eres su amo.
-¡Oye no te quites responsabilidad!
-¿Yo?—preguntó con fingida inocencia rascándole la cabeza a Noir, que ronroneó. Sebastian bufó, por alguna razón el animal le había cogido cariño al ojidorado a pesar de que mayormente él se ocupaba de su cuidado. Supuso que debía ser debido a que fue él quien lo sacó de la calle.
-Oye ¿cuando nos llamará CH para empezar a grabar?
-Quién sabe.
-¿Te pasa algo?—inquirió el ojirrojo cuando vio el semblante del otro ensombrecerse.
-No, no es nada. Es sólo que...
-¿Qué?—se sentó a su lado.
-Nada, que mañana he de ir a mi casa y estar allí unos días.
-¿Y eso?
-Minucias. Es que quiero arreglar unas cuantas cosas.
-Pero si está todo bien.
-No creas.—respondió volviendo a concentrarse en la lectura, Noir se posó esta vez sobre Sebastian, que siguió mirando con extrañeza a su compañero.
Al día siguiente Claude se dispuso a irse, aún así no se llevó su ropa de casa de Sebastian.
-¿Entonces vuelves o voy yo?
-No tranquilo, ya...ya te lo diré. Depende de lo que tenga que estar fuera.
-Bueno, como quieras.—se resignó Sebastian—Me vas a dejar sin sexo por un tiempo, esa te la pienso guardar.
-Un poco de abstinencia no mata a nadie.—le contesta divertido—Te echaré de menos, algo.—dijo acariciando su cabeza como si fuera un crío.
-Anda vete ya antes de que te eche yo.—le protestó retorciéndole el brazo por la espalda y sacándolo al rellano. Claude le dedicó una sonrisa fiera, Sebastian meneó la cabeza. Cuando el ojidorado desapareció por el ascensor, el pelilargo entró en casa y se apoyó en la puerta.—Idiota...
Mientras en el ascensor, Claude no sabía cómo sentirse, se masajeó la frente. Ya había tomado una decisión, y él no era persona de las que se echaban atrás. Aunque eso significase que Sebastian le odiase por completo nuevamente.
-Lo siento Michaelis. Pero no quiero meterte más en esto.
Cuando el ascensor se detuvo y él llegó a la planta baja agradeció no encontrarse a ningún vecino. Los vecinos de Sebastian no se pasaban de cotillas, pero claro también tenían curiosidad, sobre todo por tener a dos actores famosos y emparejados viviendo cerca de ellos. Salió a la calle y de un silbido paró un taxi desocupado que pasaba por allí.
-¿Dónde vamos jefe?
-Al cruce con la 96 de la avenida Madison.
-Oído cocina.
Y arrancó. Para fortuna de Claude el taxista que le tocó estaba más centrado en oír la radio deportiva que en preguntarle cosas a él, pues no estaba con ganas de charlar. Unos 20 minutos después alcanzaron su destino, pagó al taxista y éste se marchó.
-¡Bienvenido de nuevo míster Claude!—saludó alegre el portero—Su mánager le está esperando arriba,me ha pedido las llaves.
-Ya...ya lo sé. Gracias.—respondió vagamente.
En su ático, su mánager le esperaba, un hombre alto y estirado como un auténtico espárrago con el cabello castaño, tan claro que casi parecía rubio, largo y siempre recogido en una coleta baja que dejaba escapar mechones medio rizados que a veces escondían sus ojos marrones. Claude le hubo elegido entre muchos porque este hombre decía las cosas a la cara sin tapujos y le conseguía cuanto quería.
-No es propio de ti huir de semejante modo Claude. ¿Te persigue la mafia?
-La mafia no, algo peor.
-Vaya ¿no me digas?—hace girar un bolígrafo entre sus dedos como si fuera un cuchillo—¿Aviso al FBI o a la CIA?
-Menos cachondeo Sam, o te tiraré al vacío desde el balcón.
El mánager calló, su cliente estaba frustrado, y en situaciones como estas era mejor no enfadarlo.
-¿Lo tienes ya?
-Sí, aquí está.—respondió Sam sacando un sobre blanco del bolsillo interior de su chaqueta—La verdad es que quedé bastante sorprendido cuando me llamaste metiéndome tanta prisa. Ahora que tenemos algo de tiempo, creo que que merezco una explicación.
-Pues...bah, ayúdame a guardar las cosas y mientras te lo cuento.
-Como quieras.—se resignó el mánager levantando las manos.
De vuelta con Sebastian, y aunque apenas hacía unas horas que Claude se hubiera ido, la casa y hasta el propio actor parecían echarlo de menos. Noir se había recorrido todas las habitaciones buscando a su mitad amo, pero como no lo encontró tironeó con los dientes del bajo de los pantalones de Sebastian.
-Tranquilo Noir, ya verás como Claude vuelve pronto y tienes la oportunidad de arañarle otra vez.—el animal maulló.
El tiempo pasó despacio, Sebastian ya no sabía en qué entretenerse, para su fortuna y tras echarse un rato en el sofá y quedarse dormido, llegó la hora de la cena. Desperezándose, fue hasta la cocina y buscó en la nevera algo de comer; su pereza le decía que no era momento de encender la sartén. Sus ojos rojos se posaron en el tupperware del fondo de uno de los estantes, que guardaba los raviolis que entre él y Claude probaron a cocinar el otro día; el resultado no fue tan malo, pero la pobre cocina pagó el experimento. Rió acordándose de la escena y lo sacó del frigo. Los dispuso en un plato y lo metió al microondas para calentarlos.
-Jum, ahora que lo pienso ¿dónde estará mi móvil?—se preguntó;y en el tiempo que disponía fue a buscarlo, dando con él en su habitación sobre la cómoda.—Vaya, sin batería.—bufó, agarrando el cargador de uno de los cajones lo conectó al enchufe y lo dejó cargándose, ya lo encendería mañana cuando la batería estuviese alimentada del todo.
Volviendo a la cocina, se encontró a Noir encaramado a la nevera, tratando de alcanzar las lucecitas que tenía arriba del todo. Cogiéndolo en una mano, el bip del microondas fue señal de que la comida ya estaba caliente, así que con la otra lo abrió y cogió el plato.
-Tú ahí quieto, y si tienes hambre ya sabes donde está tu comida.—el gato maulló en protesta.
Terminado de cenar, recogió la cocina y fue derecho a ver la tele; aunque para su desgracia no hacían nada demasiado interesante, y volvió a quedarse dormido mientras en la tele se emitía una de las tantas películas de Hollywood. Sebastian poseía lo que Claude llamaba "poder marmota", una capacidad asombrosa para quedarse dormido a su antojo cuando se le diese la gana; y hacían falta por lo menos tres despertadores sonando la vez para levantarlo o que se despertase por cuenta propia. Se despertó cuando su mascota dio un salto desde el suelo hasta su tripa.
-¡Noir!—regañó, sobándose la zona dolorida. El reloj marcaba algo más de medianoche.—Puff, creo que es hora de que me vaya a dormir.
Buscó medio a tientas el mando del televisor, y cuando lo encontró y fue a apuntar para apagarlo una gota se le resbaló por la frente cuando vio que a esas horas estaban emitiendo la película de Disney Hércules, y justamente por la escena en que la mujer, Mégara, cantaba aquella canción de "No diré que es amor".
-Están locos estos directivos.—gruñó el ojirrojo apagando la tele y yéndose a dormir. Se puso el pijama y se echó sobre la cama, esta noche después de tiempo para él sólo. Se le hacía algo raro el volver a disfrutar del espacio. Poniéndose de lado, agarra una almohada y la estruja. En su cabeza sonaba todavía la canción de Hércules; y el hecho de no tener a Claude a su lado picándole para tener sexo o simplemente discutiéndole algo sólo empeoraba las cosas.—"¿Pero qué pasa conmigo?"
Enterró la mitad de su cara en la almohada y cerró los ojos. Lo que ignoraba es que prácticamente al otro lado de la ciudad una mujer se paseaba ansiosa por su casa con una copa de vino en la mano y maldiciendo en voz baja.
-Maldita sea, como mañana a primera hora no responda al maldito teléfono iré a esa casa yo misma.
············Al día siguiente, 8 de la mañana············
Esa mañana Sebastian despertó mucho más temprano de lo habitual. Rodando en la cama quiso volver a conciliar el sueño, pero le fue imposible por mucho que lo intentó, maldijo haber dormido tanto el día de antes. Levantándose fue a lavarse un poco la cara y a peinarse, la luz de batería cargada de su móvil brillaba. Quitándole el cargador lo encendió y su cara de sorpresa fue mayúscula cuando vio más de dos docenas de llamadas perdidas, y todas del mismo número. Ya se disponía a marcarlo para ver quién lo requería con tanta urgencia cuando el móvil vibró y se puso a tocar entre sus manos, lo que le dio un buen susto al actor.
-¿¡Diga!
-"¡Hasta que por fin lo coges! ¿¡Dónde leches te metes!"
-¿CH?
-"¡La misma! ¡Y no estoy para nada contenta! ¡Dios, y encima tenemos el tiempo justo!"
-Oye oye cálmate un poco y dime qué te pasa.
-"¡Que tienes que detener a Claude, y rápido antes de que se largue!"—vociferó al otro lado del teléfono dejando a Sebastian sordo de un oído.
-¿Pero de qué hablas?
-"Vale, te lo explicaré en dos minutos."
/Flash-Back/
-Hablo de que no puedo hacer de Jared. No puedo volver a actuar con Sebastian en este papel porque...—hace una pausa, suspira abatido—porque he terminado por enamorarme de él. Estoy enamorado de ese estúpido idiota de Sebastian Michaelis.
-"Se supone que eso es lo normal ¿no? Para algo sois pareja...¿o me equivoco?"—inquirió desdeñosa ya oliéndose el pastel.
-Te equivocas.—respondió Claude—Sebastian y yo llegamos al acuerdo de fingir que eramos pareja de puertas hacia fuera como un método para escudarnos de todo, y funcionó de hecho. Llegamos a vivir juntos e incluso a entendernos, lo nuestro era puro teatro pero...
-"Pero os ha salido el tiro por la culata, especialmente a ti porque te has acabado enamorando. Ah, con razón tenía Edward motivos de sospecha. Pero eso sigue sin darme una excusa para dejarte marchar."
-Me da igual porque ya he tomado una decisión. No volveré a participar en este proyecto, y no intentes convencerme de lo contrario; además volveré a Europa. Sacaré de una sola vez a Sebastian de mi vida antes de que esto vaya a peor.
-"A peor dices, ya...¿y a ti quién te dice que él no sienta lo mismo que tú?"—preguntó sacando todo su arsenal de defensa.
-Por favor mujer, le conozco y sé que eso no es posible.
-"Uno nunca termina de conocer bien las cosas, siempre le sorprenden. Además ¿eres consciente de que perderás millones? Es una oportunidad única, y tú la estás desaprovechando.
-Me da igual. Ya te lo he dicho, me largo, me despido. Mi mánager ya se pondrá en contacto contigo para negociarlo pero yo me voy.
/End Flash-Back/
-"Y después de eso me colgó."
-...
Sebastian no sabía ni qué decir. ¿Claude se iba? ¿Dejaba la serie? ¿Abandonaba? Y lo peor de todo ¿se había enamorado de él? Un nerviosismo tremendo recorrió de pies a cabeza al actor.
-"Sebastian, eh ¿sigues ahí?"
-¡S-sí! ¿¡Y por qué no se lo impediste!
-"Porque no me dio tiempo, me colgó y bloqueó todas mis llamadas, se ha cerrado en banda."—suspira—"Pero aún podemos pararle. Y es ahí donde tú entras en juego."
-¿Yo? ¿Y por qué yo?
-"Oh por Dios. Acabo de contarte su confesión de que está enamorado de ti y aún me preguntas eso."
-Pero yo no...
-"Sebastian Michaelis..."—empezó a decir—"A mí no me vas a negar que algo sí sientes por él. Ya he visto lo bastante como para poder apostar mi vida en ello; obviamente él está más enganchado que tú, pero tú también sientes algo por él. Y no me vengas con el cuento de la enemistad, a otro perro con ese hueso."
Nuevamente Sebastian se quedó callado, en forma de flashes se le vinieron a la mente las semanas convividas con el ojidorado, todo lo que habían vivido juntos; ahora entendía por qué de un tiempo hasta ahora se había comportado tan raro, y en su cabeza volvió a sonar la dichosa canción Disney. Se mordió el labio, al otro lado del teléfono CH esperaba paciente.
-"¿Y bien? ¿Vas a ayudarme o no?"
-¿Qué quieres que haga?
-"Quiero que corras al aeropuerto JFK lo más rápido que puedas. Su vuelo sale a las 10 y media de la mañana rumbo a Londres, tienes que detenerle."—Mientras CH hablaba Sebastian se vestía a toda prisa, Noir le miraba con aire de desconcierto.
-¿Cómo sabes tanto?
-"Yo muevo hilos Sebastian, no ha sido fácil conseguir esta información. Pero ha sido útil, ya son casi las 8 y media, tienes que darte prisa o Claude se nos escapará."
-¡De acuerdo! ¡De acuerdo! ¡Dios todavía no sé ni por qué hago esto!—exclamó colgando el teléfono y guardándolo en su chaqueta, cogió las llaves de su coche y salió disparado de su casa.
Al otro lado de la ciudad CH miraba por la ventana, su gato se enredaba entre sus piernas.
-Lo haces porque en el fondo le quieres, pero eres tan terco que no eres capaz de aceptarlo.
············9 de la mañana············
Claude ya estaba en el aeropuerto, dirigiéndose a facturar las maletas, a su lado su mánager tecleaba como un loco en su Tablet y de vez en cuando emitía gruñidos.
-¡Líos, líos y más líos!
-Deja de quejarte como una nena Sam.
-Dejaré de quejarme cuando consiga reorganizar todo. Además aún tengo que ponerme en contacto con esa extraña mujer. Buff, que follón. Oh, ahí está la cola.
-Mierda joder ¿todo el mundo sale hoy de viaje o qué?—gruñó Claude al ver la espectacular cola que tenía delante.
-Quizá sea una señal...—dejó caer Sam.
-¿Una señal de qué?
-De que no igual no deberías alejarte de Michaelis.—Claude le miró con cara de no creerselo, los ojos marrones de Sam se achicaron—Ya llevo tiempo trabajando contigo Claude, y nunca te había visto tan...—cavila—¿vulnerable? Sí, vulnerable, como para salir huyendo sin plantar cara al problema.
-¿¡Me estás llamando cobarde!—vociferó el ojidorado casi lanzándose a por el otro hombre y logrando llamar la atención de varias personas.
-Cálmate y no me des el espectáculo por favor. No te estoy llamando cobarde, sé que no lo eres, pero lo que sí te digo es que ahora te estás comportando como uno.
Mientras, Sebastian maldecía con todos los insultos que se sabía al tráfico y los semáforos, le faltaba nada para llegar a su destino y por poco no le paran por circular a una velocidad bastante elevada.
-¡Joder, joder joder! ¡Maldito seas Claude Faustus! ¡Tú y tus estúpidas ideas! ¡Te arrancaré la cabeza después de que te haya encontrado!
La cola avanzaba, y ahora el actor de ojos oro no decía nada, se había quedado muy pensativo con las palabras de su mánager. ¿A qué tenía miedo? ¿A la reacción de Sebastian? ¿A que volviera a odiarle? O ¿a que se riese de aquí a la eternidad? No, no era nada de eso. Acaso...¿estaba asustado de sí mismo? El amor nunca fue algo común en su vida, con sus padres divorciados y él yendo de acá para allá todos los años no podía decirse que verdaderamente conociese el auténtico amor entre dos personas. Sí, había tenido relaciones en el pasado, pero nunca había sentido antes lo que sentía cuando estaba con Sebastian. El altivo y creído actor había conseguido calar hondo en su interior, y a eso no sabía como reaccionar.
-Prepara las maletas, ya no falta tanto.—anunció Sam, que seguía tecleando.
Sebastian aparcó de un sólo movimiento, cerró el coche y salió al galope; el aeropuerto era grande y ya eran casi las 9 y media, tenía que darse prisa.
-¡Disculpe! ¿¡Los vuelos hacia Londres!
-Por ahí recto...
Sin dar tiempo a más, el actor dejó al trabajador con cara de asombro y corrió nuevamente. El corazón le latía con desenfreno en el pecho y sus ojos miraban a todos lados tratando de encontrar a su objetivo.
-Eh mira, ¿no es ese el actor Sebastian Michaelis?
-No sé.
-Pues yo creo que sí. ¿A dónde irá tan rápido?
-Y yo que sé. A lo mejor pierde el avión.
Aquella pareja no fue la única que se fijó en el acalorado actor, que ya estaba por echarse las manos a la cabeza y que le diese un ataque. Parándose, se apoyó en las rodillas y trató de normalizar un poco su agitada respiración. A su izquierda pasajeros sentados esperando a que dijeran la puerta por la que debían embarcar, delante el aeropuerto todavía se extendía y a su derecha la facturación de maletas...¡un momento!
-Siguiente por favor.—pidió la encargada tras despachar al último viajero. Claude avanzó, era su turno. Y entonces el mundo se detuvo una milésima de segundo, y Sebastian echó a correr como nunca antes había corrido.
-¡No!—gritó desde lo más profundo de su garganta.
Abalanzándose, literalmente, sobre la encargada, la cogió de la muñeca, impidiendo que agarrara la maleta que Claude le estaba tendiendo.
-¡No te atrevas a facturar esas maletas!
-Se...¿Sebastian?—Claude estaba patidifuso, su compañero estaba allí, estaba rojo y su frente tenía una fina capa de sudor, se le notaba cansado y agitado.
-¡Suélteme señor! ¡Seguridad!—exclamó la mujer, Sebastian la soltó y esta vez agarró a Claude del cuello de la camiseta.
-¡Eres un idiota, idiota idiota idiota! ¿¡Pensabas largarte así sin más! ¡Eres lo peor!
-Señor, cálmese o tendrá que acompañarnos.—dijeron dos guardias de seguridad que aparecieron ante la llamada de la mujer.
-¡Yo no me voy a ningún sitio! ¡Y tú tampoco! ¿¡Oíste!-espetó a los dos hombres y seguidamente al ojidorado.
-Señor acompáñenos.
-¡Soltadme seguratas! ¡Soltadme u os dislocaré los dos brazos!—bramó Sebastian, completamente fuera de control.
-Tranquilos agentes. Suéltenlo, yo me ocupo de él.—intercedió Claude tras recuperarse del shock.
-¿Seguro señor?
-Sí, no pasa nada.
Los guardias soltaron a Sebastian y Claude lo apartó un poco de la gente, que seguía estupefacta. Incluso algunos habían sacado móviles y cámaras fotográficas; Sam trató de calmar a la multitud y escudarlos un poco. Pidió la colaboración de los guardias alegando asuntos diplomáticos de estrella.
-¿Qué haces aquí Sebastian?—preguntó el más alto una vez estuvieron apartados. Sebastian respiraba agitado, rechinó los dientes y cruzó su cara de un puñetazo—¡Eh! ¿¡A qué ha venido eso!
-¿¡Y lo de que te largues! ¡Me engañaste! ¡Dijiste que ibas a tu casa y me tengo que enterar por terceros de que en realidad te marchas a Europa y encima abandonando tu papel en la serie!
-Mis motivos no te incumben.—respondió frívolo, el tener a Sebastian aquí sólo complicaba las cosas.
-¡Claro que me incumben!
-¿Ah sí? ¿Por qué?
-¡Pues porque...!—no supo cómo seguir—¡Pues porque eres mi compañero! ¿¡Qué va a ser de la serie!¿¡Y de tu carrera!
-Eso no me importa.
-¿¡Que no te importa! ¡Eres un frívolo y un mezquino!¡Y encima el más idiota soy yo por venir a buscarte!—estalló, se había agarrado a la camiseta de Claude y sus manos temblaban, sus ojos se volvieron vidriosos—El más idiota soy yo por no querer dejarte ir después de saber que me amas.
Claude se quedó de piedra. Maldita CH.
-Lo sabes...
-Sí lo sé. Y en lugar de dejar que te largues con viento fresco aquí estoy, corriendo como un loco, montando escenitas y a punto de darte una paliza que te envíe a la UCI.
-Sebastian yo...
-No digas nada. Porque todo lo que digas lo utilizaré en tu contra.—se apoyó en él—Ibas a dejarme...A huir por la puerta de atrás...Después de todo lo que hemos conseguidos juntos...Habíamos conseguido llevarnos bien...Y aún así...
-Sebastian—le despegó un poco de sí y le buscó la cara, la cual seguía colorada—Todavía no entiendo qué haces aquí, no sé si te envía CH o quién o es que has venido de propia cuenta.
-CH me dijo que te ibas y que tenía que pararte, y salí corriendo.
-¿Por qué?
-...
-¿Por qué no quieres que me vaya? Después de todo lo nuestro no es nada, es como la máscara de un mimo y...
Claude no pudo seguir hablando. Pues Sebastian se abalanzó contra él y estrelló sus bocas rodeándole el cuello con los brazos, el ojidorado se quedó de piedra otra vez y con los ojos abiertos como platos. Se separaron apenas unos centímetros y los rubíes de Sebastian encararon a los citrinos de Claude.
-Si no quiero que te vayas es porque...—traga saliva—porque creo que...¡es porque te quiero pedazo de idiota!—gritó finalmente.
Esta confesión hizo diana plena en Claude, que tras un segundo de sorpresa, abrazó a Sebastian con fuerza, como si quisiera fundirse con él. El ojirrojo se aferró a su espalda, ambos temblaron ligeramente.
-Mira las cosas que me haces decir idiot*.
-Sebastian...—llamó, susurrando a su oído—Je t'aime, mon beau et fou corbeau*.
-Y yo a ti, francés de pacotilla.—respondió buscando su cara para darle un beso.—"Entre esa dichosa canción y tú al final habéis conseguido que me vuelva loco."
Sam sonrió complacido y siguió tratando de evadir un poco a los espectadores, aunque la foto de portada de todas las revistas del corazón de mañana ya estaba captada. ¿Pero qué importaba eso ahora?
En alta voz, no diré que es mi amor. Sí claro, ¿y qué más?
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*idiota o bobo, (obviamente)
*Te amo mi bello y loco cuervo.
Lo de poner la tele a las 12 de la noche y verte una peli Disney a mi me ha pasado jaja. Madre mía estaba de los nervios por terminar este capi. Estoy de un ñoño últimamente xD, pero espero que os haya gustado y que os haya hecho comeros las uñas de los nervios jajaja
PD: (os dedico estas bonitas frases ya para rematar el momento más ñoño del mundo): Si tú te vas no queda nada, sigo cantando con la luz apagada, porque la guerra me quitó tu mirada...Y aunque se pase toda mi vida yo te esperaré.
Atte.-Cherry Cheshire ;)
