^^U ya estoy de vuelta, siento haber tardado pero el verano tiene un efecto sedante en mí.

PD:¡ ya está aquí el primer lemon del fic! A ver que os parece :)

Gracias por los reviews del anterior capítulo a: Izuspp, ChiharuLamperougue, Adagio10 y RinMeltdown02(ahora con nueva cuenta xD) -Sorry no me da tiempo a hacer un rincón respuesta decente -_-

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Cap.9.-Tengo ganas de ti

El mundo se había detenido, en esos momentos nada importaba, tan sólo el contacto de sus labios. Claude pensó que si abría los ojos todo se desvanecería y él despertaría en el vuelo de camino a Londres; por suerte, no fue así. Al abrir sus orbes de oro se encontró con las joyas rubí de Sebastian, que le miraba con una amalgama de emociones reflejadas en su cara.

-Entonces me deshago de los billetes ¿no?

Claude tuvo ganas de estrangular a Sam en ese momento, el mánager, que por fin había conseguido controlar a la multitud de curiosos, se había apostado a su lado y bamboleaba los billetes de avión en una mano. El actor ojidorado soltó una expresión en francés, que Sebastian supuso sería una especie de insulto mezclado con maldición hacia el castaño.

-¿Tú qué crees?—preguntó retórico cogiendo él los billetes y haciéndolos añicos para lanzarlos a la papelera.—Ahora ya no te puedes escapar.—dijo refiriéndose a Claude, quién sonrió.

-Ya no pensaba a hacerlo.

Sam rodó los ojos al verlos enzarzarse otra vez en un beso. Carraspeando ligeramente consiguió otra mirada asesina, sólo que esta vez era por partida doble. Dándose por vencidos decidieron dejar sus cosas para más tarde y se fueron del aeropuerto, claro que por una de las últimas puertas para evitar a todo el gentío que se estaba formando ante el revuelo y reconciliación de película que muchos acababan de presenciar. Mientras caminaban una voz metálica resonó por el aeropuerto:

"Última llamada a los pasajeros del vuelo 6774 con destino a Londres, embarquen por la puerta 9."

De manera instintiva Sebastian agarró a Claude por la muñeca "por si acaso", Sam reprimió como pudo una risa, aunque se llevó una ligera patada en la pantorrilla de parte de su cliente.

-Menos mal que decidiste dejar el coche aquí en América.—comentó Sam.

-Y menos mal que mi coche es potente, aunque biplaza.—dejó caer Sebastian dedicándole una mirada cómplice a Claude, que sonrió mezquino.

-Dame las maletas Sam, y ya nos veremos.

-¿¡Qué me vas a dejar aquí después de todo lo que he pasado!?

-Oh vamos no te hagas la víctima que te veo venir y ya eres mayorcito. Ya nos veremos.—volvió a decir, su mánager dejó caer la cabeza pero se rió para sus adentros.

-Vale de acuerdo.—dijo con fingida derrota—Nos veremos cuando esa loca productora me llame a gritos para desollarme vivo.

-Sobrevivirás.

Conversaban de camino al coche de Sebastian y cuando llegaron los dos actores se montaron y se despidieron del castaño, que les vio partir mientras suspiraba pensando en que tendría que volver a reorganizar las tareas de la Tablet.

El trayecto de vuelta al centro de la ciudad fue más bien silencioso, Sebastian se concentraba en la carretera y el tráfico, y Claude miraba por la ventana abstraído en sus propios pensamientos cuando por el cielo se veía perderse en la lejanía uno de los aviones del aeropuerto. Cuando llegaron al edificio de Sebastian y aparcaron el coche el ascensor fue su próximo destino, las puertas metálicas se cerraron y ,como quién lo planea con meses de antelación, Claude se echó sobre Sebastian para robarle un beso que lo pilló de sorpresa.

-¿A qué ha venido eso?—preguntó el ojirrojo tras la separación.

-Impulsos.—respondió con simpleza y esbozando una de sus encantadoras y tenues sonrisas que se dejaban ver de una eternidad a otra. El click del sistema de elevación informó que ya habían llegado a su planta.

-No creas que te voy a perdonar ésta con facilidad.—repuso el dueño de la casa al tiempo que abría, los ojos de Noir relucieron por el pasillo y el gatito maulló acercándose a los dos y restregándose contra sus piernas.—Te ha echado de menos...

-...—Claude se agachó y con una mano elevó al animal para acariciarlo, Noir tanteó con sus zarpas sobre la camiseta y una de sus orejas le hizo cosquillas al ojidorado en la nariz.

-Y yo también.—finalizó apegándose a él para esta vez ejercer de ladrón de besos. Claro que el hurto no duró mucho, pues el gato en cuanto se notó algo aplastado por los dos frentes bufó y lanzó sus garras al aire. Sebastian lo cogió por la piel del cuello y depositó en el suelo para volver con presteza a la boca del otro actor, que notó una oleada de calor repentina por todo su cuerpo. Envolvió al ojirrojo con los brazos y sus manos bajaron por su espalda hasta que alcanzaron el lugar donde la misma pierde su nombre.—Eh,eh ¿ya te estás calentando?

-Es tu culpa, que tienes ese efecto en mí.—se excusó mientras sus manos seguían a lo suyo, Sebastian suspiró quedamente.

-Siempre te las arreglas para hacerme quedar como el culpable, cuando claramente tú tienes la culpa de todo.—responde agarrándole por el cuello de la camiseta y llevándoselo a empujones hacia el dormitorio; una parte de su subconsciente le necesitaba con urgencia, necesitaba atarle a él para asegurarse de que no se fuera.

Cuando alcanzaron la habitación, el ojirrojo ejecutó una de las variadas llaves que se sabía para tumbar al otro en la cama, que emitió una especie de carcajada.

-¿A qué viene esa risa cuando te acabo de atacar?—preguntó subiéndose de un ágil salto sobre él.

-A que nunca te había visto tan ansioso.

-...—calló unos segundos, su mano derecha acarició la piel de Claude por encima de las telas—Tienes razón, pero...

-¿Pero?—pregunta mientras intercambia posiciones y deja a Sebastian bajo suyo.

El pelilargo esboza una sonrisa traviesa y su dedo índice enrosca el travieso y rebelde mechón que adornaba la frente del ojidorado, que le mira sin pestañear un ápice y desciende para volver a degustar sus labios.

-Sebastian...—llama con suavidad—Je vais...

-Lo que tengas que decirme—le corta con delicadeza—dímelo en un idioma que entienda, que sé algo de francés, pero no lo bastante.

-Digo—roza sus narices—que voy a hacerte el amor.

-De acuerdo. Veamos que tal se te da la diferencia entre eso y el simple sexo.

-¿Nunca has estado en París verdad?

-No. ¿Por qué?

-Porque tengo que llevarte.

Sebastian no tuvo tiempo de volver a preguntar, pues Claude ha empezado a subirle la camiseta que lleva puesta, dejándola a medio quitar en el arco de los brazos. El blanco pecho sube y baja al ritmo de la respiración, el ambiente más bien frío de la casa hace que los rosados pezones se yergan; los dedos ágiles del mitad francés los tocan y esperan una reacción. El ojirrojo aguanta un segundo la respiración, los ojos de oro relucen maliciosos, pues su dueño sabe lo orgulloso que era Sebastian y lo mucho que le costaba rendirse a sus caricias y delatar cualquier signo de "pasividad". Dispuesto a derribar esa muralla orgullosa apresa con sus labios una de las rosadas aureolas para que luego su lengua haga trazas.

-Mmh...

Viendo que comienza a cumplir con su objetivo desciende por el abdomen hasta que llega al ombligo, su lengua serpentea y provoca placenteras cosquillas en Sebastian, que se retuerce un poco entre risas.

-Me haces cosquillas.—ríe retorciéndose.

-Bueno, es una reacción algo pertinente, aunque no mi objetivo principal.—responde ascendiendo nuevamente y mordiendo sus labios, cosa que el ojirrojo aprovecha para dar una voltereta y volver a intercambiar posiciones.—Ya decía yo que estabas tardando en actuar.

-Será que te tengo muy mal acostumbrado.—comenta sarcástico deshaciéndose a tirones de la camiseta de Claude, desabrochándole el cinturón y bajando la cremallera de los vaqueros. El ojirrojo dibuja una mueca triunfal en su cara ante el bulto que tiene delante, acariciandolo por encima de la tela cuando oye el primer sonido satisfactorio de su acompañante lo libera de su cárcel.

Algo dudoso, porque no es muy de su estilo, lo masajea primero con las manos y luego lo acerca hasta sus labios.

-¿Sebastian qué...?—pero el ojidorado no tiene capacidad para terminar la pregunta, pues su garganta se inunda con un placentero gemido cuando sin previo aviso el ojirrojo se mete todo su miembro a la boca.—Nnh...Ah...

Algo más tranquilo con la reacción del otro actor, Sebastian sigue a lo suyo lamiendo y succionando con brusca gentileza, circulando el glande y proviniendo de caricias los testículos. Los gemidos de Claude se intensifican y se suceden con mayor rapidez, el "trabajito" que el ojirrojo le estaba haciendo era sin duda una de las cosas más excitantes que había experimentado en su vida; pero aún así no pensaba acabar tan pronto, así que agarrándole del pelo tironea con poca fuerza para detenerle.

Sebastian se extraña, un calambre de nerviosismo le oprime el pecho. ¿Acaso lo estaba haciendo mal? ¿Por qué Claude le detenía? El mencionado, notando la cara de preocupación del otro le acaricia la mejilla y le vuelve a besar subiéndole sobre sus piernas; abandonando sus labios al poco tiempo, su boca desciende nuevamente al pecho, donde apresa una de las tetillas de Sebastian mientras que sus manos le acarician la espalda y van intentando deshacerse del pantalón. El ojirrojo entre jadeos nota esta acción y dirige también sus manos hacia abajo para colaborar y de un pequeño bote terminar de quitarse todas las prendas de abajo.

Claude ase a Sebastian por las caderas y lo aleja de sí apenas unos centímetros, le contempla, sus ojos de oro relucen más de lo normal, y el ojirrojo no puede evitar sentirse como su personaje Eric bajo la atenta mirada de Jared, sus mejillas adquieren cierto tono vergonzoso.

-¿Qué me miras tanto? Ya te conoces mi anatomía.

-Tienes razón pero supongo que hoy luces diferente a mis ojos.—contesta con parsimonia.

-Serán quizás...¿ojos enamorados?—en cualquier otro momento días atrás esta pregunta habría supuesto el inicio de una de las tantas peleas entre los dos, pero hoy era algo mucho más simbólico, y algo que el inglés estaba dispuesto a asegurar.

-Sí.—vuelve a contestar el mestizo con absoluta simpleza tras un silencio.

Las joyas rubí centellean y una de sus típicas sonrisas galantes se forma en los labios finos, que buscan los otros mientras sus dueños vuelven al juego inicial. La excitación ya es abrumadoramente evidente en ambos; antes competían por ver cuál de los dos se "rendía",es decir se excitaba, antes ante las acciones del otro, y ahora Sebastian entendía por qué Claude había estado perdiendo últimamente. Pero eso ahora es agua pasada y el presente sólo exige el placer mutuo.

Sebastian da un pequeño respingo cuando nota unos dedos traviesos colarse entre sus glúteos y acariciar su entrada, las hebras del pelo de Claude le hacen cosquillas en el pecho. Los gemidos se hacen presentes en su garganta y se convierten en jadeos cuando los dígitos se abren paso en su interior, buscando y encontrando con una rapidez pasmosa su punto G. Las manos de Sebastian se convierten en garras sobre los hombros y brazos de Claude, que no abandona su tarea y la intensifica.

-Aah, haa...

-Esta parte me necesita tanto que no puedo aguantar.

-Haa, idiota, deja de...mmh parlotear.

-Si me callo no será tan divertido.

-Aah, que te calles y...haa...

-¿Y?—pica.

-Y dejes de jugar o dejaré de estar tan paciente.—responde en retahíla y con rapidez antes de que un gemido le ahogue las palabras.

A Claude se le escapa una risita de "ya me lo suponía", así que saca sus dedos de Sebastian, que emite un ruido quejumbroso, y acopla sus manos en sus caderas, no sin antes terminar de deshacerse de su propia camiseta; guiando su miembro hasta la entrada del pelilargo sincroniza movimientos y se mete en él de una sola vez al tiempo que le muerde la clavícula.

Sebastian pega un grito, Claude como le está mordiendo no emite mucho sonido. Ambos se quedan quietos unos segundos, los dientes se desclavan de la piel y la lengua alisa la marca, que mañana será moretón. El tiempo pasa despacio, sobre todo para el ojidorado, a quien la presión sobre su miembro le estaba exigiendo moverse, aún así aguanta quieto hasta que Sebastian haga o diga algo, si no las consecuencias serían que, como mínimo, él acabara con una fractura del tabique nasal.

-Sebastian...—suspira con acento francés, y como respuesta el aludido comienza a moverse, aumentando su marcha con genuina rapidez.

-Aah, pensaba que...querías empezar tú. Pero veo que hago falta.

-Haa, sí, un poco.

Moviéndose de arriba a abajo cabalga y transmite placer a ambos. Sus sentadillas son cada vez más fuertes, sus caderas serpentean, y las manos de Claude asiéndole con fuerza y empujando hasta lo más profundo de su ser los estaban guiando hasta la locura del éxtasis. Pero el ojidorado se resistía a acabar "tan pronto" así que tumba al ojirrojo de un empujón y lo agarra de los muslos comenzando de este modo un balanceo en el que él es el que domina.

-Aah, haa...—Sebastian jadea y aprieta las sábanas entre sus dedos.

-Haa...—Claude también jadea, dirige sus manos hasta ambos costados del ojirrojo apoyándose en la cama, unas blancas piernas se enredan en torno a su cintura.

Entre jadeos y vaivenes sus miradas se cruzan y no pierden detalle del otro, sigue siendo una lucha de pasiones. Salvo por el hecho de que ésta vez sólo cuenta el otro, no uno mismo. Corrientes eléctricas recorren sus espinas dorsales, el final está cerca. Y llega en un par de últimas, profundas y placenteras estocadas; Sebastian acaba entre ambos y Claude en su interior cayendo sobre él.

-Claude...pesas mucho...—dice entre suspiros el que está debajo.

El ojidorado está por gruñir hasta que escucha una risilla divertida y los brazos fuertes del ojirrojo lo tumban a su lado y echan por encima las sábanas.

-Ha estado bien.

-¿Sólo bien?

-Tendrás que repetir unas cuántas veces más hasta que termine de perdonarte por intentar escapar. ¿Por qué quieres llevarme a París?

-¿Por qué antes no me has contestado?

-Contestar con otra pregunta no es de buena educación.

-Ni dejar las cosas a media.

-...—Sebastian exhala aire por la nariz, y hace algo que Claude no esperó ver en vida, apoyó la cabeza sobre su pecho y le rodeó con un brazo—No quiero que vuelvas a hacer tamaña estupidez. Lo que te iba a decir es que no me da la gana de que te vayas, no te me vas a escapar.

-Entonces yo te quiero llevar a París porque tener las luces de la Torre Eiffel del fondo es mejor que tener los rascacielos.

-¿Y no será por eso de que es "la ciudad del amor"?

-También.

Ambos ríen, Sebastian está la mar de relajado en su posición, la respiración de Claude subía y bajaba su pecho a un ritmo hipnotizante y las hebras de su largo pelo se ondulaban entre caricias.

-Tengo sueño...

-Duérmete, y tranquilo que no me voy a escapar.

-No me fío de ti.

-No voy a irme ahora que te tengo atrapado entre mis brazos.

-Te hará falta mucho más que eso para atraparme de verdad.

-Sí claro.—ironizó.

-Calla y déjame tranquilo, cuando me despierte terminaré de aniquilarte.

-Me dejaré.

Sebastian sonríe y entorna los párpados; Noir acaba de entrar por la puerta y de un salto se sube a la cama, por la que se pasea hasta que se tumba al otro costado de Claude haciéndose un ovillo. El ojidorado le rasca una oreja con la mano libre, la otra está ocupada aferrándose a su pareja, pero ahora de verdad de la buena. Se les ha venido abajo el teatro con actores incluidos.

-Quién nos ha visto y quién nos ve...—susurra dejando caer también los párpados y entregándose a los sueños de Morfeo.

Un tiempo antes dos personas mantenían una conversación telefónica en dos puntos cardinales de la ciudad, dicha conversación estaba caracterizada por el tono guasón que los estafadores usan cuando un negocio les sale redondo del todo.

-"Y se presentó allí dando voces y puñetazos por doquier. Una amenaza de bomba a su lado habría palidecido."

-"La misión más peligrosa es para el soldado más experto."

-"Sabías que le detendría."

-"Por supuesto Sam. Y tranquilo, te reembolsaré los billetes."

-"Desde luego como productora es usted de los que no hay. Pero lo que nunca esperé ver fue a Michaelis confesarse a voces después de atizarle un golpe a mi cliente."

-"Sebastian es así de pasional."—ríe CH—"Además siempre le ha tenido ganas a Claude, especialmente para darle puñetazos."

-"¿Para cuando empezarán a rodar? Porque ya empiezan a llegarme nuevas ofertas tentadoras para que Claude las ejecute."

-"Pues recházalas o aplázalas. La segunda temporada comenzará en breve a rodarse y créeme...—hace una pausa que hace a Sam tragar saliva—va a estar cargadita. El hecho de que ahora esos dos sean pareja de verdad va a venir muy bien para la trama."

-"No es bueno mezclar realidad y ficción."

-"No la vamos a mezclar. Sólo digo que ayudará a que esos dos interpreten mejor, los enemigos se acercan..."

-"Entiendo."

-"Bien me despido, pero antes de eso ¿toca usted algún instrumento señor mánager?"

-"Em sí, tocaba el piano de niño ¿por?"—preguntó extrañado.

-"Pues tócala otra vez Sam."

Y colgó, dejando al castaño con un enorme goterón cayéndole por un lado de la frente mientras una graciosa mueca le cubría el rostro. La mujer se rió, sentada en el sofá con una copa de brandy en una mano y el teléfono en la otra, dejó la copa sobre la mesa baja y abrió su agenda telefónica, pasando las hojas con rapidez hasta que dio con la que buscaba.

-A ver a ver...ah aquí está, veamos...—entonó mientras marcaba los números. En cuanto oyó la señal de línea dejó la agenda y volvió a coger la copa, dándole un sorbo a su contenido y esperando pacientemente.

-"¿Dígame?"

-Tan encantadora como siempre, hasta por teléfono.-espetó irónicamente

-"¿Qué quieres? ¿Acaso ha pasado algo?"

-Nada de nada querida. Sólo quería decirte que te necesito aquí en una semana, vamos a ponernos pronto en marcha y necesito que te organices en Nueva York.

-"¿Sólo para eso me llamas?"

-No te des tantos aires morena mía.—responde con algo de frivolidad la productora, la mujer del otro lado bufó.—Eres una pieza importante pero no clave ¿comprendes? Así que vete preparando porque te toca salir a escena.

-"Si no fuera porque pagaras tan bien..."

-¿Si no qué?

-"Ya te lo puedes imaginar."

CH se terminó la copa de brandy de un sólo trago cuando la otra le colgó con brusquedad, la quemazón de la garganta ayudó a alentar su inminente cabreo. Nadie osaba dejarla a medias.

-Hice bien en ponerla del lado oscuro de la fuerza. Joder.

···········Al día siguiente···········

Sebastian estaba como hipnotizado observando a su ahora pareja hablar por teléfono con alguien en francés, alguien que a juzgar por la palabra maman debía ser su madre.

Claude suavizaba un montón su tono de voz en francés y hablaba con el doble de rapidez que en inglés, Sebastian pensó que parecía un disco grabado. Tras aproximadamente media hora de conversación el ojidorado se despidió y colgó el teléfono, mirando con extrañeza al ojirrojo.

-¿Qué miras?

-Creo que me pone el que hables en francés.

-Pues no te acostumbres, que no pienso malcriarte.

-Screw you.—gruñó Sebastian con sequedad. Su primer día como pareja auténtica y ya empezaban a discutir. Pero un lo siento susurrado en francés al oído del pelilargo fue suficiente para disiparle el enfado de manera automática.

-Si te hablo en francés no te vas a enterar de la misa la mitad.

-Ya lo sé bobo. Pero porque me digas alguna cosita por la noche...—dijo sugerentemente mirándole a los ojos.

-Vale tú ganas.—se rindió depositando un beso en su frente.

Sebastian sonrió con malicia y preguntó acerca de la conversación teléfonica. Claude contestó que, efectivamente, era su madre con quien hablaba; la mujer había llamado tras hartarse de reír con el reportaje fotográfico de la "violenta reacción" de su pareja en un aeropuerto; el ojirrojo se quedó blanco, jodida prensa informativa internacional jodidamente unida al maldito internet.

-¿Y qué ha dicho?

-Dice que le gustas, piensa que me complementas de maravilla, sobre todo tras reírse mdia hora de mi por dejarme pegar tal puñetazo.

-Y tuviste suerte de no llevarte más. Buf, por lo menos la prueba de la suegra la he superado.—ríe—Tú tienes suerte de que mis padres pasen de mi.

-¿Pasen o pases?

-Un poco de las dos, pero tranquilo...ya tendrás la desgracia de conocerlos si esto funciona.

-Tengo una buena sensación respecto a eso.

Ambos toman asiento en el sofá y comienzan una ronda de besos que amenaza con ir a más si no fuera por una de las oportunas leyes de Murphy o de quién sea que se manifestó en forma de mensaje entrante a sus teléfonos.

-Más vale que sea importante o mataré al que lo envía.—rugió Sebastian al tiempo que los dos agarraban sus teléfonos.—¿Pero qué?

-¿Qué mierda significa esto?

Winter is coming. And enemies come with it.

-Tiene pinta de ser de esa loca productora, número privado. Cuando me la eche en cara le voy decir un par de cosas, la primera por interrumpir y la segunda por poner mensajes en clave.

-Tal vez nos esté avisado de que la segunda temporada comenzará a rodarse en breve.

-Pues que no lo diga en forma de amenaza, shit.

Winter is coming. And enemies come with it.

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Joder, yo ya no sé escribir lemons -_-U ¡me falta entrenamiento!

Bueno gente, comenzamos la segunda temporada, que como CH ha dicho viene bien cargada ¡ya veremos por qué! ¿Quién es el enemigo? ¿O quiénes?

PD: La frase de "Tócala otra vez Sam" es de Casablanca y la de "Winter is coming" es de Juego de Tronos, la de los enemigos me la he inventado x3

Atte.-Cherry Cheshire ;)