Cap.14.-Cueste lo que cueste

-¡Claude, basta! ¡Suéltalo!

Medio equipo técnico se había lanzado a la pelea de gladiadores americanos protagonizada por...¡ring! ¡En una esquina, midiendo un metro noventa y uno y con un peso de setenta y nueve kilos y medio... Claude Faustus; y en la otra esquina con una altura de un metro ochenta y cinco y setenta y cinco kilos de peso...Byron Michaelis!

Desde luego si lo hubieran grabado para retransmitirlo habrían batido todos los récords de audiencia. Uno sobre el otro y agarrados como auténticos leones, ambos hombres peleaban, probablemente si algún antropólogo hubiera estado presente en el lugar sus palabras habrían sido: "Es una disputa entre machos dominantes, el macho que ha visto amenazado su territorio ha saltado sobre el macho invasor para proteger su dominio y sus hembras, lo que se traduce como una muestra de poder". Claro que, probablemente, Sebastian le hubiera partido las narices por insinuarlo a él con el término "hembra".

-¡Haced el favor de separarlos de una vez!—gritaba histérico Edward, que agitaba su portafolios con violencia, Richard se mordía las uñas y Hannah bebía tranquilamente agua en una pequeña botella de pitorro elevable.

Sebastian seguía estático viendo como ni siquiera cinco hombres lograban terminar de separar a su pareja y su hermano, ambos eran fuertes, y lo que era peor, tenían mala leche, y eso no ayudaba. "¡Ay!". Byron se quejó cuando Claude hizo diana plena en su nariz, un hilillo sanguinolento se desprendió de ella y Sebastian por fin reaccionó: metiéndose entre la marabunta de personas las va apartando con los brazos hasta que se queda sólo con los dos luchadores, en un segundo en que ambos se separan un poco para distanciar sus golpes el ojirrojo aprovecha y agarra a Claude por la espalda inmovilizándolo con una de sus llaves. El ojidorado protesta, pero si se mueve Sebastian aprieta y le hace daño; Byron resopla, pero como su enfado aún no disminuye pretende volver a la carga, la mirada asesina que le dedica su hermano menor le es suficiente para captar el mensaje: "Como te acerques te mato". Claude forcejea y suelta expresiones (de seguro malsonantes) en francés, pero Sebastian no piensa soltarlo.

-Claude cálmate. Cálmate o te haré la llave del sueño.

-...—aunque gruñe unos segundos más, finalmente el ojidorado se tranquiliza y relaja los músculos. Es entonces que el ojirrojo lo suelta poco a poco y se coloca enfrente de él, con un dedo le quita un unos cuantos mechones alborotados de cabello de la cara.

-¿Estás bien?—pregunta con calma y afecto, Claude le asiente y normaliza su respiración.

-¡Eh, y a tu hermano que le den! ¿¡No!?

Sebastian habría estado encantado de matar a su hermano por arruinarle el momento, pero se contentó con ignorarle, a Claude se le escapó un diminuta risa.

Las horas siguientes del día la tensión entre Byron y Claude se hubiera podido cortar con un cuchillo, aunque, por suerte, Sebastian estaba en medio para frenarlos a los dos; pues, como Edward decía: "Sebastian es el único dardo tranquilizante que existe capaz de frenar a Claude." Y en cuanto a la riña que ambos habían tenido esa mañana no fue menester que ninguno abriera la boca para recordarlo, pues sus mentes prefirieron enviar el acontecimiento a la papelera de reciclaje.

A la mañana siguiente, Byron despertó con dolor de cara y se levantó perezosamente, poniéndose las zapatillas que su hermano le había prestado para que pasase allí la noche (pues el ojirrojo mayor se resistía a irse "por si las moscas") echó a andar por el pasillo hasta llegar a la cocina donde se encontró con Sebastian sentado sobre las piernas de Claude y ambos desayunando.

-Buenos días. Y antes de que contestéis a eso, ¿es que no hay nada que no hagáis el uno encima del otro?

-¿Por?—preguntó su hermano terminando de masticar el trozo de tostada que tenía en la boca.

-Porque dormís también de la misma manera.—respondió como si estuviera mencionando una obviedad, a Sebastian casi se le escapa la taza con el café de las manos.

-¿¡Has entrado en mi cuarto!?

-Bueno sólo me asomé...

-¡Cotilla de mierda! ¡Tú a mí me montabas un pollo tremendo cuando se me ocurría meter las narices en el tuyo!—se exalta levantándose de encima de Claude, que sigue desayunando con igual tranquilidad.

-¡Eh, yo sólo velaba por la seguridad de mi hermanito!

-¿¡Y quién te pidió que lo hicieras!?

-¡Pues mamá para empezar!

-¡No te vale de excusa para fisgonear en MI casa!

Volvieron a años atrás cuando ambos ojirrojos peleaban como chiquillos a diario y siempre intentando quedar por encima del otro. Claude le echó un vistazo al reloj, las diez de la mañana de un sábado, a nadie le apetecía despertar y luego asistir a semejante escándalo; ahora entendía que el carácter con tendencia a las discusiones venía de familia, tomando aire le tapa a Sebastian la boca con la mano derecha y con la izquierda le lanza un cereal a Byron acertando en su frente.

-¡Mmf!—protesta Sebastian, intentando quitarle la mano.

-Basta. Acabo de levantarme y lo último que me apetece es tener a dos Michaelis discutiendo a voces en mis narices.—mira de reojo a su pareja mientras va haciendo que su dedo índice se abra paso entre los labios hasta llegar a la boca, se le une también el dedo corazón. Byron se pone rojo.

-¡Oye! ¡Deja de...de...!—pero como Claude pasa de él y sonríe entre altanero y divertido el ojirrojo mayor señala con dedo acusador y eleva el tono de voz—¡Suelta a mi hermano, pervertido!

-Oblígame.—le contesta el ojidorado con simpleza. A Byron le salió humo de las orejas.

Por suerte, Sebastian fue más rápido en actuar para ponerse en el medio y evitar que volvieran a pelearse nuevamente. Quizá sea por ese cometido que se había auto-impuesto de frenarlos a los dos que no se fiaba de irse de la casa y dejarlos solos, pero su mánager le reclamaba con urgencia para que revisara futuros proyectos que le estaban llegando al despacho.

-¿Seguro que no os mataréis?

-Tranquilo, ya está el gato de árbitro.—contesta Byron.

-Se llama Noir, y seguro que si os ponéis a pelear se pondrá del lado de Claude.—responde regañón Sebastian—Que no se os ocurra liarla u os arrojo a los dos por el balcón, vuelvo en un rato, vigílalos Noir.—como respuesta el animal maulló, y cuando su amo desapareció por la puerta se enfiló derecho hacia una posición panorámica para tener vigilada la situación.

Byron resopla ¿desde cuándo era su hermano menor el que lo regañaba a él? Agarrando su teléfono móvil decide llamar a su mujer. El ojirrojo llevaba casado ya tres años y su mujer y su hija esperaban su regreso a Londres; saliendo al balcón se apoya en la barandilla y conversa al menos media hora por el aparato, cuando cuelga es que cae en la cuenta de que Claude llevaba también en el balcón todo el rato, sentado en uno de los sillones que había fuera le miraba fijamente.

-¡Joder que susto me has dado!—protesta.

-No sabía que estuvieras casado, aunque claro, hasta ayer tampoco sabía que existias.—le responde, omitiendo su queja.

-Es algo que me suele pasar. A Sebastian nunca le ha gustado mucho hacer mención de su familia.—suspira sentándose en otro de los sillones, gracias a que el balcón era acristalado el frío no entraba—Aunque tampoco se lo tengo en cuenta, mi mujer lleva peor que yo ése tema. Mi hermanito no le cae bien y considera que yo le tengo mimado y consentido y que por eso hace lo que le da la gana.

-¿Y es así?—indaga Claude con calma, subiendo a Noir, que acaba de aparecer para seguir con su tarea de vigía, a su regazo.

-Tal vez. Sebastian es mi hermano, le quiero lo bastante como para consentirlo, sobre todo después de que nuestro padre faltara.—Byron mira de reojo a Claude, que pone cara de incomprensión—Me explico, mi padre murió hace ya mucho tiempo, yo tenía diez años recién cumplidos pero Sebastian ni siquiera había llegado todavía a los cinco, fue un golpe demasiado bajo para esas edades. Conforme fui creciendo una parte de mí se auto-convenció de que ahora yo debía tomar las riendas de todo, digamos que...ser el nuevo hombre de la casa. Eso ha sido lo que más discusiones me ha causado con Sebastian.

-Es comprensible—se miran—tu actitud digo, hacia Sebastian. Siempre has querido protegerle.

-Sí...Aunque me alegro de haber fracasado en mi cruzada para tratar de impedir que se metiese en interpretación, si lo hubiera conseguido él no hubiera triunfado como lo ha hecho y tú y él no os hubiérais conocido nunca.

-Hace tiempo ese hecho no me hubiera importado. Pues tu hermano y yo nos llevamos a matar tiempo atrás, pero como quien no quiere la cosa hemos acabado así.

-...—Byron guarda silencio unos segundos y entrelaza las manos con gesto pensativo—Ya que sacas el tema quiero preguntarte algo...

El ojidorado le mira sin pestañear, Byron le mira también pero una parte de su ser parece seguir abstraída en sus propios pensamientos. "¡Déjame en paz Byron, te crees papá pero no lo eres!" le grita en sus recuerdos un ojirrojo adolescente.

-¿Tú quieres de verdad a Sebastian?

-¿A qué viene...?

-Sólo contéstame con sinceridad por favor, tengo que saberlo para poder volver a Londres tranquilo.—le corta, sus ojos vino tinto se clavan con fijeza en los oro de Claude.

-Sí.

-...

-He pasado por muchas cosas con él, de ser como el perro y el gato o de la noche a la mañana a ser pareja y a no imaginarme un despertar de la mañana sin tenerle al lado mirándome con esa cara que suele usar para conseguir de mí lo que se le antoje; así que sí, puedo decir que quiero a tu hermano, más incluso de lo que jamás llegué a pensar.

Ante tal discurso Byron se queda a cuadros, no esperó tamaña y bien elaborada respuesta; esbozando una sonrisita igual a la de Sebastian le tiene una mano, apenas pestañeando un poco Claude se le estrecha.

-Entendido. Que romántico resultas...cuñado.

-Je suis français.—le contesta, Byron se ríe y Noir ronronea cuando su amo le rasca la oreja.

De este modo comenzó la etapa de buena relación entre ambos cuñados; que al primero que sorprendió fue al mismo Sebastian, aún así se mostró conforme. Byron apenas se quedó dos días más en Nueva York, pues debía volver a Londres pronto, el día que se marchaba la pareja le acompañó al aeropuerto para despedirse de él hasta que volvieran a verse.

-Cuida de mi hermanito ¿de acuerdo beau-frère?

-Descuida, veré que puedo hacer.

-¡Oye!—Sebastian protesta ante el apretón de manos de ambos hombres, Byron le sonríe y le soba la cabeza pero antes de retirar del todo la mano la deja extendida formando un puño, Sebastian resopla pero le choca el suyo.

-Cuídate Sebastian y vuelve a Londres cuando termines, te estaremos esperando, bueno, os estaremos esperando.

-De acuerdo...Dale recuerdos a mamá y mi sobrina y...bueno a tu mujer también.

-No entiendo por qué os cuesta llevaros bien.

-Pregúntale a ella.—Byron suspira y coge la bolsa de mano que lleva consigo dispuesto ya a embarcar por la puerta que le tocaba—Hasta la vista, hermano.

-Adiós Byron.—se despide también Claude.

-Eh, no lo dejéis en un adiós, mejor en un hasta luego.

Y dicho esto se va despidiéndose con la mano, cuando el avión que se lo lleva despega Sebastian deja escapar la respiración que estaba conteniendo por unos segundos, Claude le medio abraza y una idea le surca la mente. Esa tarde, aprovechando el momento en que Sebastian está dándose una ducha coge el móvil y llama a Edward.

-"¿Diga?"

-Majestad...

-"Ah Claude, eres tú. ¿Qué quieres? Por favor no vayas a decirme que alguno de los dos está enfermo o derivados para mañana."

-Tranquilo no es nada de eso.—mira hacia la puerta para asegurarse de que Sebastian no sale y por si acaso baja un poco el tono de la voz—La segunda semana de Febrero Sebastian y yo no podremos estar en América.

-"¿Y eso por qué?"

-Tenemos algo importante que hacer en Europa.

-"Espera...segunda semana de Febrero..."—se oyen traqueteos al otro lado de la línea como si Edward estuviera trajinando con algo, se oyen hojas pasar—"San Valentín...¿por qué será que no lo vi venir?"

-Yo te aviso con tiempo, para que...te vayas haciendo a la idea.

-"Menos cachondeo o dejaré de pagarte. ¿Cuánto tardaréis en volver?"

-Menos de una semana, te lo garantizo.—se hace el silencio, es evidente que el director está pensando.

-"Está bien, una semana. Pero cómo se os ocurra tardar más pondré precio a vuestras cabezas."

Click. Piiiii.

-Gracias majestad.—termina de decir Claude colgando también.

···········Rodaje···········

Boss fue muchísimo más meticuloso para despedir a Blue Robin de lo que lo fue para con Black Butler. Cayó sobre él sin avisar, como el paciente jaguar que espera oculto entre la alta maleza a que su presa se le ponga a tiro; incrédulo y pasmado, de que el plan hubiese quedado al descubierto, el pelinaranja apenas lograba emitir balbuceos mientras su jefe se encargaba de sacarlo a empujones del Bizarre Dolls con su finiquito en la mano; por detrás de Boss, Nathan, Ion y Eric le hacían adiós con la mano dibujando muecas burlonas en sus caras.

-Sayonara baby!

-Arrivederci vito.

-Adiós mala zorra.

Se despidieron los tres bailarines por orden, cuando Boss y Big Daddy cerraron la puerta no pudieron reprimir una exclamación victoriosa al tiempo que chocaban las palmas. El peligris apenas soltó una risa, su portero se rascó la nuca; yendo hacia la barra Boss saca unas cuántas copas de licor y, demostrando unas dotes dignas del mejor barman del mundo, las va rellenando del cocktail Daiquiri que prepara en apenas dos minutos.

-Brindemos mis adorados Dolls. Porque sólo los mejores permanecéis a mi lado.

-Siempre fieles jefe.—responde primero Daddy alzando su copa.

-That's right! Cheers!—exclama después Nathan imitando su gesto con efusividad, el resto pronto se suma. Eric se lleva la copa a los labios y da un buen sorbo, mientras la retira va vislumbrado a través del cristal que la mirada de Boss está clavada en él; sin musitar palabra el hombre le hace un disimulado gesto de brindis y hace desaparecer la bebida de la copa.

-¡Corten!—exclama Edward, Soma hipa y Grell tose con fuerza—Y por favor que alguien traiga agua para los poco tolerantes a la bebida.

-Deberían practicar más a menudo.—comenta el peligris con naturalidad sirviéndose otro Daiquiri.

-Por Dios y tú un poco menos.—rebate el director quitándole la coctelera de las manos, el actor protesta.—¿Listos Agni y Hannah?—un asistente le levanta el pulgar desde lejos—Perfecto, pues pasemos a la siguiente escena. ¡Monten entrada y ascensor!

A Sage le había costado lo suyo superar su complejo de vergüenza para acceder a la petición de Eric de que fuera a buscarle a casa del abogado; no es que tuviera nada en contra de ése hombre ¡desde luego que no! Pero se sentía algo "indefenso" quizás, ante esa mirada insondable y escudriñadora que el abogado poseía, y presentarse en su casa así por las buenas no hacía más que ponerlo nervioso. Sacudiendo la cabeza se regaña mentalmente por esa actitud tan infantil, una mujer que pasó por su lado caminando le miró con cara rara, y tomó aire disipando sus dudas, o, al menos, intentándolo.

Echando un vistazo al papel en el que había apuntado la dirección se fijó también en el edificio en que supuestamente estaba su amigo, una enorme construcción que se notaba bastante lujosa. Mirando al letrero de la calle y al número de edificio constata por última vez que no se ha equivocado y entra por la puerta, un amable portero le saluda y le indica a qué piso debe ir cuando él le pregunta por el nombre del abogado.

-Gracias.

-Que tenga un buen día joven.—se despide el hombre, a sus espaldas Sage oye como saluda a otra persona—Buenos días ¿necesita ayuda para encontrar algún piso?

-No gracias. Sé perfectamente a dónde voy.—respondió secamente una voz femenina.

Una mujer muy guapa se coloca a su lado esperando al ascensor que no estaba ocupado, con un "tilín" el aparato llega abajo y abre sus macizas puertas. Ambos entran y Sage pregunta por el destino de su acompañante.

-Al mismo que tú por lo que veo.—contestó mirando de reojo el botón que el otro había pulsado. Sage asiente y se queda callado, el ascensor despega hacia arriba. Ninguno de los dos abre la boca durante el trayecto, aunque el joven médico le lanza alguna mirada furtiva a la mujer, que está tan impasible como desde que ha subido; no sabía por qué, pero esa mujer tenía una presencia imponente, le recordó un poco al abogado. Gracias a Dios el ascensor por fin se detuvo y ambos bajaron, la mujer primero y después Sage, por educación. Sin despedirse, ella se encaminó con paso decidido, para sorpresa de él, hacia la misma puerta a la que pensaba llamar y tocó al timbre. Unos segundos más tarde la puerta se abrió.

-¿Tú otra vez?—distinguió la voz de Eric.

-Lo mismo digo.—le respondió la mujer con frialdad.

-¡Eric!—llamó Sage haciéndose notar desde el rellano, el pelinegro asomó la cabeza pero sin moverse del marco.

-¡Sage! ¿Qué haces ahí parado? ¡Ven!—exclama, la mujer parece ofendida por éste hecho.

-¿Ni si quiera es tu casa y ya te tomas la libertad de meter a cualquiera?—pregunta mordaz cuando Eric mete a Sage dentro.

-No será mi casa pero tengo el permiso de SU dueño.—le contesta en el mismo tono y mirándola con desafío.

-¿Ah sí? Pues entonces permíteme comprobarlo, déjame pasar.

-¿Por qué?

-Porque yo te lo digo.

-Ese motivo me las trae al fresco.

Sage se muerde el labio inferior cuando comienzan a discutir, sus voces hacen eco por el rellano y él espera que no alarmen a los vecinos. Una figura llega a su lado desde dentro de la casa y lo sobresalta.

-¿Qué pasa aquí?—pregunta Jared entre molesto y sorprendido. Las dos personas que discuten se le quedan mirando, los ojos de oro se abren como platos ante una de ellas, evidentemente, ante la que aún está fuera de la casa.—¡Patricia!

-Hola mon chèrie. —responde la mujer con tranquilidad, Eric los mira a ambos de manera intermitente.

-¿Qué haces tú aquí?—pregunta Jared apartando a Eric hasta la posición de Sage y avanzando hasta la puerta.

-Vaya...después de casi cuatro años sin vernos y ése es el mejor saludo que me das.

-No me evadas la pregunta. ¿Qué haces aquí?

-Quiero hablar contigo.

-¿De qué?—inquiere en tono desconfiado.

-Eso digo yo ¿de qué?—se suma Eric a la conversación harto de estar ya tan paciente, ambos le miran y la mujer lo fulmina con la mirada.

-Eso a ti no te incumbe chico.

-Más de lo que crees, old woman.

-Basta.—interviene Jared cuando Patricia frunce el ceño y aprieta los puños.—Eric, ella es Patricia Valley mi ex. Y Patricia, éste es Eric Swan...

-¿Tu sobrino mal encarado?—le corta.

-¡Soy su pareja, pedazo de...!—exclama Eric apunto de soltar algún elemento peyorativo, por suerte, Sage le tapa la boca. Jared regaña con la mirada a la mujer, que vuelve a mostrarse impasible.

Minutos después, y prácticamente a rastras y empujones, Sage consiguió sacar a Eric del piso a petición de Jared para poder hablar con Patricia. Al ojirrojo ya se le había ido por completo de la cabeza que había quedado con su amigo precisamente para eso, para salir a dar una vuelta, y ahora sólo pretendía volver para sacarle los pelos a "esa arpía de cubana albina".

-¡Corten! Buen trabajo Sebastian, te ha salido muy convincente, tú y Agni podéis relajaros ya, mañana empezamos con vosotros.—comenta Edward mordiendo el bolígrafo que lleva en la mano junto a su característico portafolios, deja de morder el utensilio y señala con él a Claude y Hannah—¡Pero con vosotros dos aún no he terminado!

-Sebastian ¿te apetece un café entre lo que terminan?—ofreció amigable Agni.

-...—el ojirrojo tarda unos segundos en contestar, los mismos segundos que emplea para mirar con detenimiento a su pareja y a la otra actriz que en esos momentos estaban recibiendo instrucciones de Edward—Prefiero algo con gas si no te importa...

-Claro, lo que sea. ¿Vamos?

-Sí...—acepta alejándose con el hindú, pero no sin antes echar un último vistazo.

-Bien sigamos, recuerda lo que te he dicho Hannah, la actitud de Patricia cambia para con Jared así que concentrate.—como única respuesta la mujer asiente. Ambos actores estaban sentados en el sofá del plató uno al lado del otro, esperaron a que el director diera la orden y sumergieron sus mentes en la de sus personajes.

-¡Acción!

-Ahora que ya estamos más tranquilos...¿me quieres explicar de una vez y con un argumento convincente por qué estás aquí?—dice Jared en retahíla, Patricia rueda los ojos.

-Tal y como te recordaba mon chèrie.

-No me llames así.—dijo de inmediato en tono cortante. Ella entorna los ojos y se gira un poco más hacia él.

-¿Tan mal recuerdo te dejé?—a esta pregunta el ojidorado no contesta—Vamos Jared, estuvimos casados casi dos años y medio...terminamos pero...fue cosa de los dos.

Jared frunce el ceño y cruza las manos mirando al suelo, a su mente se le vienen los recuerdos de la etapa final de su relación con Patricia, peleas, discusiones y finalmente el divorcio, con ella saliendo por la puerta de su antigua residencia con una maleta y sin mirar atrás.

-Sí...fue cosa de los dos. Por eso no entiendo que ahora de repente te haya salido de cuenta propia el volver a aparecer.

-En este tiempo he intentado rehacer mi vida más de lo que crees, pero no me ha terminado de salir bien...¿debería decir que al contrario que en tu caso?—le mira inquisitiva y curiosa. Jared abre y cierra los ojos como gesto afirmativo.—Nunca hubiera podido llegar a pensar que fueras bisexual.

-Y no lo soy.—la mujer se confunde y alza sus finas cejas—Al menos no lo siento así, con Eric es con el único que me pasa; tiene algo especial que me cautivó desde el primer instante en que le vi.

-Lo que no te puedo negar es que sea mono, pero tiene una lengua demasiado larga y descarada.

-No es tan crío como aparenta.

-Pero sí es más joven que tú.—comenta como afirmación.

-Seis años más joven que yo. Pero al primero que no le importa es a él.—se hace el silencio unos segundos, Patricia suelta un suspiro y Jared la observa de reojo alzando una ceja—Los periodistas de investigación tenéis la mala costumbre de omitir las preguntas que no os agradan a menos que las hagáis vosotros mismos.—los ojos azules de ella le miran—Respóndeme de una vez a la pregunta o dejaré de estar tan paciente.

-...—la mujer se habría mostrado tan altiva e impasible como siempre, pero si quería cumplir con su objetivo debía mostrarse más suave, especialmente ante Jared—La razón por la que estoy aquí Jared—le coge las manos, el hombre no le quita ojo—es porque no he podido olvidarme de ti por mucho que lo haya intentado—agacha un poco la cabeza denotando afligimiento—no he logrado sacarte de mi cabeza...ni de aquí tampoco.—dice mientras guía una de las manos de Jared hasta su pecho, a la altura del corazón.

Jared está algo shockeado, por eso tarda unos segundos en reaccionar, y cuando lo hace se libera del agarre de la mujer y retira la mano.

-Lo siento Patricia, pero ya es un poco tarde para que vengas a decirme esto.

-...

-Después de como acabamos, de todo lo que dijimos e hicimos, y tras pasar cuatro años vienes aquí a decirme que aún me quieres; pues lo siento, pero no puedo aceptar ni corresponder ese sentimiento.—habla con su tono frío de abogado ante un juicio—Eric es ahora el que ocupa tu puesto en mi vida, o quizá mejor dicho: él ocupa ahora el lugar que tú nunca supiste llegar a completar.

La mujer tiene la mirada baja, contemplando sus piernas, su semblante se ha oscurecido. Sin decir nada se levanta del asiento y se encamina hacia la salida, parándose a mitad del recibidor.

-Supuse que sería difícil y que me dirías algo así, no podía esperar menos.—reduce su tono hasta prácticamente un susurro—Aún así no soy persona que se rinde con facilidad.—Jared no dice ni media y sólo la observa, ella vuelve a elevar su tono—Hasta la vista, querido Jared.

Y dicho esto desaparece por la puerta dejando a Jared en el sofá masajeándose la sien.

-¡Good work!—exclama el director, el resto del equipo asiente, incluido Agni, que había vuelto junto a Sebastian de conseguir las bebidas.

-No hay duda de que miss Hannah es una excelente actriz.—comenta jovial, Sebastian sólo le da un trago a su bebida. Las estilistas van desmaquillando a ambos actores, en un momento dado la mirada de Hannah se cruza con la de Sebastian y a ambos les recorre un chispazo por los ojos. El ojirrojo chasquea la lengua.—¿Ocurre algo?

-No nada.

-¿Seguro? Te pones un tanto más irritable cada vez que ellos dos ruedan a solas.—observa Agni.

-¿Bromeas? Estoy como siempre.—rebate mirándole con cierta réplica, el hindú se encoge de hombros. Aunque, en el fondo, la conciencia de Sebastian le decía que Agni tenía razón; sin poder evitarlo se ponía de mal humor cada vez que Annafellows estaba a solas con el ojidorado, tanto dentro como fuera del rodaje. Sacudió la cabeza. Abstraído como estaba en sus pensamientos no se dio cuenta de que Claude había llegado hasta él.

-Estaré listo para irnos en cinco minutos. Espérame aquí ¿vale?

-No tardes.—pide más que ordena el ojirrojo, el ojidorado le asiente esbozando una media sonrisa cálida. Agni también sonríe acordándose de su pelivioleta, que seguramente esté esperándole con algo de cena preparada y su encantadora manera de darle la bienvenida lanzándose a su cuello para darle un beso.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Bueno dears of mine, en el próximo capítulo no sé si pondré algo de rodaje (no lo he decidido) porque me gustaría centrarme más en otra cosita...(risita de sé algo que tú no, activada). Tendréis que esperar whajaja ¡Pero gracias por leerme!

Question for all of you to answer: Si Claude tuviera que cantar una canción ¿cuál sería?-quiero decir que penséis en algún cantante que le vaya genial para con él, canción incluida. Por ejemplo: a mi me pega la parte que canta Usher en la canción Dirty Dancer (pero esto es sólo un ejemplo)

¡Contestadme por favor! Si no el próximo capítulo no me saldrá! O_O

atte.-Cherry Cheshire ;)