Bueno después de casi morir de estrés por los exámenes de mi querida y odiada carrera por fin estoy libre ¡Dios que descanso!
Rincón respuesta: Izuspp: ooh me alegra de que te gustase el capi jeje sí, podríamos considerarlo un regalo indecente de año nuevo xD ¡mis mejores deseos también para ti en este año! / Yami Michaelis: que envidia le tenemos a Sebastian xD, yo se la tengo y no es nada sana jeje La serie está que hecha humo y ahora más que nunca, el asunto de Boss con Eric tendrá un por qué pero no puedo decir nada de momento ;) tendrás que esperar y seguir leyendo ¡pero mientras yo te agradezco por aguantarme y te mando besitos!
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Cap.16.-Esto es la guerra
-Os echagué de menos.
Claire abrazó con cariño a su hijo, poniéndose un poco de puntillas para poder llegar del todo hasta su altura completa, y después a Sebastian. Era triste, pero los actores debían volver a América para continuar con la serie sino querían que su director los despellejase y cocinase en salsa; de hecho, bastante generoso había resultado el rubio dándoles la semana libre y apañándose con el resto de actores.
-Yo también echaré de menos todo esto.—reconoció el ojirrojo tras separarse de su suegra.
-Pues ya sabes lo que tienes que haceg, volveg más a menudo.—le dijo, sus ojos dorados se pasearon un poco por su alrededor y se fijaron en un perro pequeño metido dentro de una jaula de viaje—Pobge Napoleón, estoy seguga de que seguigá llogiqueando cuando vuelva a casa.
-Ya no es un cachorro, y ya sabe que es lo que le toca.—argumentó Claude.
-Oh vamos rude boy que sé que tú también le vas a echag de menos.—regañó, ella y Sebastian rieron, Claude rodó los ojos haciéndose el loco.—Cuidaos mucho.—se despidió antes de que embarcaran, susurrando al oído de Sebastian una última frase—Cuida bien de Claude, Sebastian, le dejo en tus manos.
···········América···········
En cuanto llegaron a una de sus residencias de América, la de Sebastian para ser exactos, Claude se dejó caer en el sofá como si acabase de correr una maratón y se dedicó a rascar a Noir en la barriga, el gato ronroneó con felicidad tras estar una semana en la guardería de mascotas, por detrás Sebastian meneó la cabeza.
Edward recibió como una bendición caída del cielo la vuelta de ambos y les instó a dar un repaso de última hora a sus guiones, ya era hora de volver a ponerse las pilas.
Precisamente en eso se encontraban cuando Sebastian encontró algo leyendo páginas que no supo bien cómo le hizo sentirse.
-Claude...
-Lo sé Sebastian...lo sé.—le dijo su pareja sin apartar la vista de su propio guión, él también había llegado a ésa página—La segunda temporada se acaba ahí.
A la mañana siguiente ambos se presentaron en los estudios a una hora bastante temprana, el equipo se mostró alegre de volver a verlos y el director tachó de su lista de tareas la opción: "Matarles si no aparecen". Ya iban de camino a sus camerinos para prepararse cuando sus ojos se toparon con algo que en vida no creyeron llegar a ver.
-Grell vas a hacerme daño si tiras tanto de mi cuello.
-Ups, lo siento Will.
-¿Qué coño?—dijeron al unísono, los otros dos actores los miraron, y mientras que Will se mostró algo azorado, Grell cambió sus ojos por estrellas y se lanzó a abrazar cual peluche a Sebastian.
-¡Sebas-chan, por fin has vuelto!—exclamó feliz, a Claude no le pasó desapercibida la mirada reprobadora del castaño, que con un seco tirón le quitó de encima al pelirrojo.
-Uf gracias.
-No hay de qué.—contestó llevándoselo a tirones del cuello de la chaqueta.
-¿Tú también has visto lo que yo verdad?—preguntó Sebastian a Claude una vez los otros dos se hubieron retirado.
-O en este set hay espejismo o yo diría que sí.
-La leche, no si acabaremos todos igual. Me siento el elemento desencadenante.—se rió.
Lo que tan perplejo había dejado a ambos, y que hubiera valido millones si se hubiera conseguido una fotografía, era la imagen de Grell subido a espaldas de Will en una estampa "demasiado feliz", sobre todo porque el castaño no hacía ademán de querer alejar de sí al pelirrojo.
-¿Ah que no te habías enterado?—le cotilleó Soma a Sebastian en maquillaje—Esos dos ahora están juntos—risita divertida—Ya veremos lo que duran, empezaron casi como vosotros dos y por lo que se sabe la culpa fue de "San Valentín".
-Bueno, ellos no se odiaban, sólo que Will no tenía bastante paciencia para tratar con la felicidad natural de Grell. ¿Edward lo sabe?
-Claro que lo sabe, pero por el momento está pasando bastante del tema. Lo llevaría peor si sus papeles fueran como los vuestros. Por cierto ¿qué tal en París?
-Bastante bien.—respondió dejando el suspense en el aire, Soma carraspeó.
-¿Sólo eso? ¡Venga ya, París la ciudad del amor!
-No voy a venderte una exclusiva gratis.—le dijo guiñándole un ojo, el pelivioleta soltó una carcajada.
Eric estaba nervioso con la actitud de Boss últimamente. El peligris había duplicado el número de veces que quería verle por semana, y él empezaba a temerse que Jared sospechase; claro que podría negarse...pero conociendo a su jefe lo más probable sería que no se lo tomase a bien, y Eric se negaba a ser un mantenido, especialmente ahora que había vuelto a vivir con Sage.
-Uf...
-¿Estás bien Eric?—pregunta Sage entrando a la habitación del ojirrojo, que está tumbado boca abajo en la cama con un libro de texto entre las manos.—Je je, ése es un tema difícil, si necesitas ayuda...
-La ayuda que necesito no me la puedes proporcionar tú Sage...pero te lo agradezco.—contestó sin mirarle. Sage bajó las cejas con gesto preocupado, así que fue hasta él y tomó asiento en el borde de la cama.
-Eric, sabes que puedes confiar en mí, para algo soy tu mejor amigo ¿no?
-...
-Eric.—llamó imperioso tirando de su hombro para que se diese la vuelta—Escucha ¡quiero que volvamos a ser amigos como antes! ¡Quiero que sepas que yo sigo viéndote como el chico alegre y enérgico a quién podrías confiar tu vida!—exclamó el peliblanco con ímpetu, su amigo tenía los ojos como platos—¡Y si tienes problemas con algo, no te lo calles, dímelo y haré todo lo que esté en mi mano y más para ayudarte!
-...—el pelinegro agachó la cabeza y no dijo nada, Sage se mostró compungido hasta que le oyó soltar risitas—Sage...desde luego eres el mejor amigo que se puede pedir por encargo,—bromea—gracias "mamá".
-¡Corten!
Casi al instante Soma se echó a llorar y abalanzó sobre su marido, que se cayó encima de Sebastian.
-¡Ack, joder quitaos de encima!
-¡Agni ha sido tan bonito! ¡Eres el mejor!
-Soma...cariño...me estrangulas...
-...—Edward contiene un gruñido mientras ve a uno de sus actores aplastado, a otro lloriqueando y a otro ponerse azul.—Necesito unas vacaciones yo también.
Patricia repasaba los últimos papeles para formalizar su trasvase a la oficina periodística de Nueva York, un paso más en su reconquista de Jared: el tenerle cerca. Curioso, piensa, precisamente trabajando fue cómo le conoció.
-"Buenos días ¿es usted el señor Stason?"
-"El mismo. ¿Qué desea?"
-"Necesito asesoramiento legal, soy periodista de investigación y..."
-"No diga más ¿necesita que le encuentre un modo de fisgar sin que se meta en un lío?"
-"Lo da usted demasiado por hecho."—protesta, el abogado esboza una sonrisa altanera.
-"Es usted periodista ¿es a lo que se dedica, no?"
Aunque al principio no le cayó bien, la mujer tuvo que admitir que el abogado era muy eficiente con su trabajo. Un día, como agradecimiento le invitó a tomar un café y a partir de ahí pudo decirse que comenzó su relación; un período magnífico hasta que pasaron por el altar, pues de vivir solos a en pareja hay una gran distancia, especialmente cuando ambos tenían trabajos que los mantenían mucho tiempo fuera de casa y sus personalidades no admitían quejas.
Especialmente por ése mismo hecho la ojiazul se preguntaba día tras día qué había podido ver Jared en un chico arisco, arrogante, cabezota e impulsivo como Eric Swan. Bufó. En fin, teniendo al hombre peligris de su parte podía decir que le llevaba un par de casillas de ventaja al pelinegro, y ella sabía muy bien cómo arrojar sus dados al tablero.
Nathan no era ciego, y mucho menos tonto; era perfectamente consciente que desde que Eric volvió, Boss adoptó un rol muy protector y hasta posesivo con el pelinegro, empezando, por ejemplo, por subirle las tasas a todo cliente que quisiese acostarse con él.
-Black Butler. Ni de coña.—llamó Boss una noche apostado en las cortinas de terciopelo negando con la cabeza tanto a Eric como al hombre que se le insinuaba.
Claro que ahora directamente optaba por negarle a todo el mundo ése "privilegio". Y si le preguntaba a Eric, este no respondía y fingía no tener ni idea. Oh, claro que tenía idea, y al pelirrojo no le iban a sacar de sus treces.
-Mejora esa cara Red, o te saldrán arrugas en la frente.—bromea Ion sirviéndole un refresco de la barra.
-No puedo Golden...sé que pasa algo con Boss y Eric, aunque él lo niegue.
-¿Tú también lo crees?—se suma a la conversación Pink Gangster, el bailarín que generalmente trabajaba las mismas semanas que ellos. Boss le puso ése nombre por la primera impresión que tuvo de él que se le opuso por completo cuando el chico comenzó a hablar con una voz tan suave que casi no parecía suya.—No hay que ser un genio para ver que ahí pasa algo.
-Exacto Pink, Boss tiene cercado a Eric...como si...
-¿Le quisiera sólo para él?—interrumpe Ion. Nathan asiente.
-Bueno—prosigue Pink Gangster, cuyo nombre real es Liam Harper—todos sabemos que Boss ha cambiado mucho desde que readmitió a Black y expulsó a Blue. Yo me apuesto la liga que llevo en la pierna a que el jefe se ha encaprichado de él.
-¡Liam! ¡Eso es hablar más de la cuenta!—regaña Ion.
-No.—corta Nathan—Tiene razón Ion ¿con cuántos de nosotros ha actuado así Boss? Con ninguno, sólo con Eric ¿no te parece eso raro?
-Bueno no sé...es que tampoco quiero acusar a Boss de nada.
-No es acusar Golden.—rebate Liam—Yo no sé vosotros, pero por mi parte estaré ojo avizor. Si Boss verdaderamente se trae algo entre manos con Black Butler...que lo diga a la cara.
-Aquí tiene su encargo míster Sebastian.
-Gracias por todo.
-Tenga cuidado, aunque no pese le tapa la visibilidad.
-No se preocupe, le he robado el coche a mi pareja.
La chica que atendía en el mostrador se sonrojó ante el guiño coqueto del pelinegro, que salió por la puerta de lado para evitar chocarse debido al enorme paquete envuelto que llevaba en brazos. Menos mal que había podido aparcar al doblar la esquina, buscando las llaves, por poco no se le cae la carga, refunfuñando abre el maletero y la mete dentro donde ya había otro envoltorio casi igual de grande.
-Uf, como a ése estúpido se le ocurra objetar algo va a salir volando desde la terraza.
Noir le recibió dando saltos e intentando agarrar con las uñas ambos paquetes. Con sus maullidos y las regañinas de Sebastian, Claude asomó la cabeza por el final del pasillo.
-¿Dónde estabas? ¿Y qué es eso con lo que vas cargado?
-¡Nada!
-...—el ojidorado enarca una ceja, a Sebastian se le daba fatal mentir cuando le descubrían con las manos en la masa, sonriendo malicioso va hacia él impidiendo que se escape más hacia dentro—¿Seguro?
-Déjame pasar...por favor.
-Oh, el gran Sebastian Michaelis suplicando por algo que no sea que le dé más fuerte.—se burla. Sebastian enrojece por completo y si hubiera tenido alguna mano libre le habría dado un buen puñetazo al muy descarado de su pareja por tales comentarios.—Dime la verdad ¿qué escondes ahí?
-¡Ya te digo que no es nada!—exclama. Claude se acaricia la barbilla y se da la vuelta encogiéndose de hombros, Sebastian pone gesto extrañado pero aún así prefiere no inquirir y seguir para adentro, pero en cuanto pone en marcha sus pies Claude se da la vuelta y lo agarra por la cintura echándoselo por los hombros aún cargado.—¡Claude! ¡Suéltame, suéltame!
-¡No hasta que declare lo que lleva en esas bolsas míster Michaelis!—bromea llevándole a la sala de estar, el ojirrojo patelea pero no suelta las bolsas. Inclinándose hacia delante el ojidorado hace que su pareja se resbale de su hombro hasta sus brazos, en los cuales le sostiene hasta que lo echa sobre el sofá.
-¡Claude!—gruñe e intenta levantarse, pero el otro hoy está juguetón y se lo impide colocándose sobre él, la guinda del pastel es Noir, que también quiere jugar y de dos saltos se sube primero al sofá y luego a la espalda de Claude, asomándose por su hombro.—¡Noir muérdele las orejas a éste imbécil para que se quite de encima!—el gatito maúlla—¡Noir!
-¿Se rinde ya?—pregunta el ojidorado tras reír, el ojirrojo le frunce los labios y chasquea la lengua.
-Vale sí, me rindo. ¡Pero me has fastidiado la sorpresa, no hay quién pueda contigo!
-¿Sorpresa?
-Sí sorpresa.—le aclara mientras Claude se va quitando de encima suya y él se incorpora—Quería...agradecerte lo de San Valentín y...bueno, esto fue lo que se me ocurrió.
Sebastian le tendió primero la bolsa más pequeña, cogiéndola Claude la aprieta como tratando de averiguar que hay dentro, está blando, así que de un tirón rasga el papel de regalo y un montón de pelo procedente de un enorme peluche de San Bernardo se hace presente. Al mestizo le resbaló una gota por un lado de la frente mientras que el inglés se partía de risa viéndole la cara.
-¿Te gusta? Así no echarás tanto de menos a Napoleón.—dice Sebastian intentando controlar su risa—Antes de que de digas nada abre el segundo, y luego ya me dices lo que te de la gana.
Claude se resigna y obedece mientras su pareja se seca una lagrimilla que se le ha escapado de tanto reirse, el segundo regalo era enorme y rectangular pero pesaba poco; con una ligera idea de lo que podía ser, el ojidorado lleva más cuidado abriéndolo, Noir tira de un trozo de papel que se ha quedado colgando y termina de arrancar todo el envoltorio desvelando una fotografía enorme impresa en un cuadro de tela.
-Vaya...esto es...
-Sí. Es una de las fotos que nos sacaron aquella vez en Vanity Fair.
Efectivamente, lo que el ojirrojo había hecho era encargar en un estudio fotográfico que revelasen e imprimiesen en cuadro una de las fotos que previamente había pedido en la redacción de la revista, no fue fácil, pero había merecido la pena. En la imagen se los veía a ambos de perfil, de cuerpo entero y frente a frente apenas a unos centímetros de distancia; Claude esboza una sonrisa complacida y se levanta, dejando al cuadro reposar sobre el sofá, para darle a Sebastian un abrazo.
-¿Quién es el romántico ahora?—le pregunta al oído.
-Oh venga, para una vez que me has pillado inspirado.—bromea.
-Merci, mon amour.—susurra. Noir sigue entretenido revolviéndose entre el papel de regalo y cuando asoma las orejas por un agujero una lluvia de ropa se le viene encima mientras sus amos sueltan risas, el animal maúlla en protesta, que humanos tan problemáticos.
···········Director's choice···········
Esa tarde Edward estaba muy liado: listín telefónico en mano, móvil pegado a la oreja en el hombro y bolígrafo en la mano libre pretendía acabar con todas las llamadas de un plumazo.
-Ajá, sí, perfecto pues pero ya sabe que quiero a uno que mida sino uno noventa como máximo dos centímetros menos, sino nada. Ajá...bien, ya les llegará el recibo y la dirección, gracias y adiós.—resopló y colgó, pasando página encuentra el siguiente número al cual ha de llamar, marca y espera paciente.—¿Ash? Sí, soy Edward; recuerda que te necesito para...vale, vale ¡no me pongo pesado, sólo cumplo como director que soy!...Sí ya...ahora dime que era broma, bah, es lo mismo, con que cumplas como actor me sobra. Nos vemos.
-¿Va todo bien hermano?—pregunta Richard apareciendo ante su escritorio.
-Sí...Puf, rodar finales de temporada es estresante no, lo siguiente, y adivina qué, aún tengo que llamar a CH.
-¿Y lo estás retrasando?—le pregunta burlesco queriendo denotar el aire temeroso del mayor.
-¡Por supuesto que no! Es sólo que estoy serenándome antes de hablar con ella.—rebate con aires de grandeza, Richard se ríe y abandona el lugar. Edward chasquea la lengua y marca el número de la mujer, que lo descuelga al primer tono.
-"¿Diga?"
-Mi encantadora, huidiza, prófuga, evasiva y maquinadora productora...
-"Vaya vaya...así que comprando mi tiempo con halagos. ¿Qué quieres Edwardin, han dejado ya de mimarte?"
-Sólo llamo para preguntarte qué tal va todo.
-"Acabo de salir de la reunión que he mantenido con los guionistas de la tercera temporada y antes de eso he hablado con la cadena televisiva y la publicitaria, como comprenderás no estoy de muy buen humor ni paciente, pero ha salido bien."
-Menos mal.—se relaja tras soltar un suspiro de alivio, al otro lado la mujer se ríe.
-"¿Con ganas de terminar?"
-Bastantes. Dime ¿cuánto se ha pensado alargar la serie?
-"Me temo que no demasiado. La tercera será la última temporada que se edite de Dears, pues a mis oídos y a mi escritorio llegan continuas quejas de los managers para que sus clientes se embarquen pronto en otros proyectos."
-Ya veo...En fin, supongo que no se puede exprimir más zumo de una pulpa ya casi acabada.
-"Yo no habría podido expresarlo mejor. La tercera temporada será la última sí, pero...no por ello dejará de ser la mejor; al público le gusta la miel, pero también disfrutan con lo amargo, y es justo lo que vamos a darles."
-Veo los estudios quemados cuando se emita el final de la segunda temporada.—bromea.
-"Te enviaré a un equipo de bomberos, por si acaso."
···········Dears··········
El final de temporada se presentó agitado, cada actor se afanaba más que nunca en su papel, los técnicos ajustaban cada detalle de sus equipos, los realizadores ya hacían pinitos montando las secuencias y en lo alto de la jerarquía Edward y sus asistentes dirigían la micro nación dispuesta para la guerra.
-Director, actores y escenario listo.
-Perfecto. ¿Extras también?—le asienten, Edward sonríe y con la mano dirige a su equipo. Prácticamente necesitaba a casi todos sus actores en esa última escena que además era la más difícil y cara de realizar. Cuando asomó al exterior no pudo evitar resoplar, al menos un centenar de personas esperaban sus órdenes ¡Dios, que estrés!—Quiero que seguridad mantenga a los extras fuera de la carretera en todo momento mientras se rueda la escena con el especialista.
-Sí señor.
Alejados del follón estaban sus actores, que daban unos últimos vistazos a sus guiones, saludó y abrió el círculo que tenían formado.
-¿Listos?
-Si prometes una cena como la de la temporada anterior sí.—le contesta Grell esbozando una sonrisa traviesa, Edward enrojece.
-¡Ni en tus mejores sueños conseguirás que me vuelva a sentar a tu lado!
-Ya veremos...—se hace el loco.
-Tsk, Claude creo que ya has conocido a Lars, tú doble.
-Ajá, aunque he de decirte que en otros papeles no usé a ningún doble para escenas de riesgo.
-Tentar a la suerte no es lo mio, y ya puestos prefiero que no sean mis actores los que corran peligro aunque sea de romperse una uña. Preparaos, en diez minutos comenzamos.
-Sí, su majestad.—le contestaron todos al unísono, el rubio les sacó la lengua como contraataque.
Esto no iba a quedar así, juró por su vida y por todo lo que había logrado que no quedaría así. Cuando le llegó la carta del juzgado su rostro empalideció hasta el tono de su cabello, pero fue lo bastante listo como para ocultarla de los ojos de su mujer y las curiosas manos de su hija; ése maldito Eric le había demandado...Debía llevar esto con la mayor de las discreciones si no quería ver por tierra su reputación. Apretó los puños y se acabó de un trago el vaso de licor que se había servido de su mueble bar cuando una idea descabellada surcó su mente ¿por qué iba él a tener que perder cuando podía tratar de evitar que el sujeto clave testificara? Sí...lo que Blue Robin no consiguió de un modo él lo lograría de otro. Rió, una chispa de locura se asomó a sus ojos.
Era sábado, apenas las ocho de la mañana y aún así el tráfico era horrible, pero ahí estaba, plantado en la bocacalle del Bizarre Dolls, se lo había pedido a sí mismo. Estas últimas semanas se había distanciado un poco de Eric tras que éste volviese a vivir con su amigo y él se reencontrase con Patricia, pero eso no era lo que le preocupaba, el abogado intuía que Eric le ocultaba algo y esperaba no fuese nada importante.
-Oh, míster Stason.—oyó a sus espaldas.
-Ah, eres tú.—se asombró al reconocer a Sage—¿Qué haces por aquí?
-Pues Eric me pidió que viniese a por él por si acaso se quedaba dormido a mitad de trayecto—bromea consiguiendo arrancarle media risa al abogado—¿Ha quedado con usted también?
-No, pero necesitaba verle.—se sincera. El ojiplata sonríe comprensivo, quizás hubiese subestimado la importancia que tenía su amigo para éste hombre.—¿Importaría mucho si lo robo hoy?
-Creo que no.
Al cabo de cinco minutos un grupo de personas salió del club despidiéndose de Daddy, todas figuras delgadas y bien cubiertas para contrarrestar sus ligeros trajes nocturnos.
-¡Me muero de sueño!—protesta Nathan tras soltar un prolongado bostezo.
-Nos toca currar más hasta que Boss contrate a un quinto bailarín.—suspira Liam pasándose la mano por el pelo negro, Ion asiente.
-Oh vamos nenazas, que no aguantais ni una semana de guerra.—se burla Eric, sus compañeros le sacan la lengua con fastidio.
-¿No te había enseñado ya la pena por injurias?
-¡!—Eric abre los ojos como platos al reconocer al lado de Sage a Jared, que le observa de brazos cruzados y con sonrisa inquisitiva—¡Jared!—exclama para correr hacia él y abrazarle—¿Qué haces aquí?
-Necesitaba verte, que últimamente hemos estado cada uno muy por su lado.—el ojirrojo se apoya más en él y por detrás oye a Nathan suspirar de resignación, envidioso.
-¡Oye Eric, ya que tú te quedas con él ¿nos podemos quedar nosotros tres a tu amigo?!—le pregunta el pelirrojo.
-Eso ya depende del buen o mal gusto de Sage.
-Bueno yo...—se azora Sage, al que los otros tres bailarines acorralan como fieras.
Ya era la hora, él debía de estar a punto de salir del club.
-Hay mucho jaleo todavía por ahí Daddy.
-Creo que sus dolls se han encontrado con alguien en el callejón jefe.
-¿Ah sí?—conforme Boss va hablando con su portero tras cerrar su local echa un vistazo y distingue a sus bailarines muy ensimismados alrededor de un muchacho moreno y peliblanco, y justo al lado está Eric en brazos del abogado. El peligris frunce ligeramente el ceño y echa la llave.
-Jared me muero de sueño ¿podemos dormir antes de hacer nada?
-Puedo darte esa ventaja.
-Oye...siento haber estado distante, pero...he pensado mucho en todo lo que ha pasado, en la demanda, en mi vuelta al club, en ésa mujer...
-Eh, eh.—le corta haciendo que le mire—Olvida eso ahora. Estamos juntos en todo ello, te quiero y no dejaré que pase ni te pase nada malo. Ahora tú eres mi vida.
¡Allí estaban! ¡Y encima los dos, perfecto, dos pájaros de un tiro! Arrancó el motor, quitó el freno de mano y puso primera pisando a fondo en dirección al paso por el que estaban cruzando en esos momentos para abandonar la calle del Bizarre Dolls.
-¡Eric cuidado, cuidado!—gritó Pink Gangster.
Todo fue muy rápido. Estaban cruzando y no lo vieron venir, el todo-terreno gris metalizado que no atendió a señales de tráfico y se cernió sobre ellos como un mal augurio. Golden Sultan gritó y Red Death se llevó las manos a la boca; Black Butler sintió su corazón detenerse y sólo esperó sentir el impacto, pero éste nunca llegó, en su lugar sintió que las manos de Jared le empujaban con fuerza hacia un lado y cayó al suelo embaldosado de la acera. Se oyó un fuerte golpe, un frenazo y de nuevo un arranque que dejó atrás una estela de humo.
-¡Jared!—chilló desde el fondo de su ser tras que el humo se disipara y al ver la figura del abogado tendida en medio del asfalto.—¡Jared, Jared! ¡Reacciona por favor!—suplicó con ahogo, sus amigos llegaron al galope—¡Jared por Dios! ¡Llamad a una ambulancia, rápido maldita sea!—Sage sacó su móvil y con toda la rapidez que le dio su condición humana marcó el número de emergencias.
-Eric cálmate no le zarandees.—ordena Liam sujetando al otro pelinegro de los hombros.
-¡No me pidas que me calme!—le grita al borde un ataque de histeria—¡Le han atropellado! ¡Él me ha apartado y...y...!—Ion y Nathan se arrodillan y lo abrazan entre los dos tratando de consolar sus temblores y las lágrimas de desesperación que amenazaban sus ojos rubí y que se ocultaron entre las cabelleras de sus dos amigos al sentir la sangre caliente del abogado bajo sus piernas.
-¡Corten!—exclama Edward—¡Excelente trabajo todos! ¡Que preparen las lágrimas artificiales y la ambulancia! ¡Todos al hospital!
La ambulancia llegó con rapidez y se llevó al abogado de allí. Liam paró un taxi y todos subieron en él persiguiendo a la ambulancia, Eric respiraba agitado y estaba a punto de sufrir un colapso, Sage le acariciaba la espalda y trataba de animarle. Boss y Big Daddy asomaron casi al galope y con sus mayores caras de asombro viendo a los dos vehículos partir.
En el hospital ni siquiera hubo tiempo de preguntas o explicaciones cuando metieron a Jared en el quirófano; cerca de dos horas estuvo todo el mundo con el corazón en vilo hasta que el mismo cirujano salió de la sala y se abalanzaron sobre él.
-Cálmense cálmense por favor. El paciente está fuera de peligro, por fortuna el golpe no ha causado heridas internas, pero sí varias fracturas en costillas, pelvis y piernas además de un traumatismo craneal que no es grave.
-¿Podemos verle?—habla Sage, pues Eric está sin voz.
-En cuanto le suban a planta les informaremos de ello.—dijo el doctor dándose la vuelta y alejándose. Se hizo el silencio hasta que Eric lo cortó.
-Localizad y traed aquí a Gerard Walter.
El castaño ojiverde por poco no piensa que se trataba de una broma de mal gusto cuando reconoció cierta voz perteneciente a cierta mala bestia pelirroja, pero se lo creyó cuando alguien le quitó el teléfono y le corroboró las palabras dichas por su interlocutor. Corriendo, se presentó en el New York Downtown Hospital y preguntó en recepción por su compañero, se le formó un nudo en la garganta cuando la celadora le dio el número de habitación. Mierda, ya pensaba que podía ser un mal sueño, pero no.
Subió maldiciendo la lentitud del ascensor y casi sin dar tiempo a que las puertas se abriesen; de un empujón a la puerta irrumpió en la habitación y acaparó todas las miradas salvo una, avanzó hacia la susodicha apostada al lado de la cama en la cual yacía Jared vendado en su mayoría y enchufado a sueros y máquinas que controlaban sus latidos.
-¿Qué ha pasado?—pregunta por fin. Eric se gira y con ojos enrojecidos y gesto abatido aprieta los puños sobre sus piernas.
-Gerard...ayúdame.
Tres días pasaron. Tres largos días que fueron años para Eric, quien no se movió del lugar en ningún momento a pesar de las insistencias de todos. Gerard escuchó con calma las declaraciones de todos y se puso manos a la obra con la investigación, aunque ya con cierta idea de a quién debía enganchar por el cuello. 'Tranquilo Eric, como tu abogado y amigo de Jared te juro que no pararé hasta que dé con el culpable y lo conduzca hasta la horca.' Pensando en eso, Eric se durmió apoyado medianamente sobre la cama de Jared hasta que un ligero movimiento le despertó.
-Mm...
-¿Eh?—el ojirrojo se puso tieso y expectante al notar el movimiento de su pareja y ver cómo abría poco a poco los ojos—¿Jared...?
-¿Qué...qué ha pasado? ¿Dónde estoy?
-Oh Dios menos mal.—suspira poniéndose en pie y abrazándole con cuidado—Te atropellaron, has estado inconsciente tres días desde que te operaron...—explicó mientras sus ojos se volvían acuosos de alegría que se tornó incertidumbre al ver la cara de desconcierto del ojidorado.
-¿Quién eres?
-¡Eso es...primer plano de sus caras y...corten!
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O_o oh shit! ¡Soy mala y perversa! por eso mismo dejaré que intentéis dejarme un review bomba o algo así xD para que por lo menos me digais que os ha parecido
PD: Haré un actualización seguida de dos o tres drabbles de mi fic De arañas y cuervos antes de seguir con esto.
¡Nos leemos y gracias por seguir conmigo!
atte.-Cherry Cheshire ;)
