¡Penúltimo capítulo!

Rincón respuesta: isa: O_O vale, vale, te llegará en seguida esa invitación de boda pero por favor no me mates ¡mata a Cheshire! Cheshire:¡si hombre, que te mate a ti! A mi no me puede matar porque si no no me leerá muajaja/ saypoid-kagamine: aquí tienes tu conti después de 8500 años, sorry por la tardanza y bueno por hacerte llorar ^^U / Reiven: jajaja tranquilo, te lo perdono porque más tacos que yo no suelta nadie xD me alegro mucho, mucho, de que te guste lo que escribo ^/^ y sí..te daré lo que pides, en mis dos proxs fics Sebastian va a ser de todo menos "femenino, uke, violable, etc..." y kukuku para el capi final hay una indecencia reservada ¡no se puede acabar un fic sin lemmon! (mierda, spoiler xD)

¡Muchas gracias por seguir aguantándome little demons!

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Cap.24.-¡Mamma mia!

Esa noche había mucho que celebrar. El final de la temporada, la nominación a los premios, que Edward dejaría de perder pelo del estrés y la futura boda de los protagonistas. Ya eran las tres de la madrugada pero todo el mundo seguía teniendo cuerda para rato, y a esas horas uno se podía perder lo mejor si se iba; como a Zack y Hannah convertidos en rey y reina de las tarimas, a Edward compitiendo a base de chupitos con Grell y Ash, y a Agni y Soma dándose el lote.

The Rocky Horror Picture Show, vamos. Pero en fin, había que disfrutar y darlo todo porque probablemente no volverían a verse en bastante tiempo.

-¡Como se os ocurra no invitarme a vuestra boda os mataré!—amenazó Grell algo tambaleante tras tomarse el tercer asalto.

-Em, Grell, los que se casan están allí.—le dijo Will corrigiéndole el rumbo para que dejase de hablarle al pilar.

-Ah sí, eso.

-Me parece que esta noche te voy a dejar durmiendo en el felpudo.

Pero el pelirrojo ni le oyó, porque salió disparado de vuelta a la barra con sus dos contrincantes. El castaño puso gesto de derrota. A su lado pasó Claude que le dio una palmadita de consuelo en el hombro y siguió hasta ir con Sebastian y tenderle uno de los dos Martini que llevaba en las manos.

-Gracias.—le dijo dando un sorbo antes de quitarle la aceituna y comérsela, su pareja le imitó—Que descanso vamos a tener ahora que por fin hemos acabado.

-Ajá. Pero ahora nos esperan otra clase de follones.

-Pero por lo menos los dirigiremos nosotros.—De fondo vieron a Edward regodearse de haber tumbado ya a Ash, claro que Grell no se lo iba a poner tan fácil. —A estos no los pienso invitar.

-Si quieren venir que paguen la entrada.—bromeó Claude, Sebastian se rió.

-¿No iba tu padre a contratar un ejército como fuerza de seguridad?

-Capaz le veo.

-En una semana les veremos.—dijo, se le escapó un bostezo.

-Ajá...tengo que comprarme un arma antes de ello.

-Y yo otra.

············Semana antes de partir············

La pareja estuvo muy liada. Habían decidido volver a Europa para reunirse con sus familias y hablar tranquilamente de todos los detalles de su futura boda, pero claro antes tenían que arreglar unas cuantas cosas en América.

-¡No vale!

-¡Se siente! Decidimos echarlo a pares y nones y he ganado yo, así que nos quedamos con mi casa.

Claude se puso de morros, no le gustaba perder y que fuera su casa de Nueva York la que hubiera de venderse pero había jugado y había perdido.

-¿A qué esperas? ¡Vamos, llama a Sam para que lo agilice todo!

-No pinches y no pinches.—gruñó cogiendo su móvil, Sebastian no pudo evitar una sonrisa triunfal.

Esa semana también recibieron la visita de sus dos mánagers, Rob y Sam, que venían, como siempre, quejándose.

-Hay que ver...con lo que me costó regatear el precio de esa casa y ahora la vendes. ¡Porca miseria!

-Sebastian aún hay que firmar el contrato del próximo papel y lo estás dejando para el final.

El último aludido les miró fijamente, dejó el montón de ropa que llevaba en las manos sobre una silla y les señaló amenazador.

-Si habéis venido únicamente a quejaros os echo a patadas.

-¡Bonita forma de tratar a tu mánager!

-¡Y al mánager de tu pareja! ¿Que por cierto dónde está?—el ojirrojo le señaló hacia el salón—Gracias.

Cada mánager se quedó hablando con su cliente en un punto, claro que Rob seguía a Sebastian por la casa mientras éste ordenaba su ropa.

-Esto me lo llevo, esto no, esto sí, esto no, esto...

-¡¿Pero y cómo vamos a hacerlo?!

-¿El qué?

-El rodaje de tu próxima película es de aquí a un año y seis meses ¿os habréis casado para entonces?

-Claro ¿por qué lo dices?

-¡Porque temo que os alarguéis!—dramatizó.

-Eres un angustias.

-¡Tengo motivos para serlo!

Sebastian alzó los ojos y huyó al salón. En el suelo estaban sentados Claude y Sam ordenando papeles, el castaño claro le daba instrucciones al pelinegro y éste asentía.

-Y recuerda que tenemos que refrescar un poco el japonés.

-Sí, sí...

-¿El japonés?—preguntó Sebastian sentándose también.

-Claro, tenemos que ir a Japón para rodar. Me muero por ir a un restaurante de sushi ¿verdad Rob?

-Así es.—sonrió Rob frotándose la barriga goloso.

-¿Es que tú también vas?

-Vamos.—le dijo sorprendiéndose—Creí haberte dicho que rodarías allí.

-Pues no lo hiciste.—le reprende, luego mira a Claude—Estaremos cerca, así te tendré vigilado.

-Lo mismo te digo.—responde guiñando un ojo. Ambos mánagers se miran confusos.

-Bastante bien vigilados porque vais a estar juntos.

-Ya estamos juntos.

-No en ese sentido.—rebate Rob—Por curiosidad ¿sabéis cuáles son vuestros papeles?

-Pues claro.—contestan a la par—Yo soy Vincent Valentine, el protagonista de la película que quieren hacer del videojuego Dirge of Cerberus.—dice primero Sebastian—Y yo soy un tío llamado Weiss el Inmaculado, pero no me preguntes el título de la película porque Sam no me lo ha dicho.—dijo después Claude.

-¿¡Cómo que no te lo he dicho!?—se exalta Sam—¡Claro que te lo dije, el que tú no te acuerdes es diferente!

-Si me lo dijiste recién levantado seguro.—comentó con desgana, un rojo ira se apoderó de la cara de Sam.

-Bueno pues repíteselo ahora y en paz.—calmó Sebastian tras aguantarse la risa.

-Claro...igual le hace ilusión saber ¡que él es tu antagonista!—gruñó Sam perdiendo los nervios. Claude le miró como si acabase de llegar de Marte y Sebastian como si fuera una tortuga parlante.

-No jodas ¿en serio?—preguntan a la vez, el ceño fruncido de Sam y la mirada circunstancial de Rob les dijeron que sí.

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-Venga Noir ¡por favor!

Noir maullaba y bufaba como si lo fueran a matar, si supiese hablar estaría gritando pidiendo auxilio. Y la razón era que su dueño Sebastian estaba intentando que se metiese en un porta-animales.

-¡Noir, por todos los demonios métete de una vez!

Un chillido del animal le negó la petición. Noir se retorció y consiguió escapar de las manos de Sebastian, saltó por encima de su hombro y se encaramó a una repisa; desde ahí le bufó al pelinegro, que tuvo tentación de gruñirle.

-¿Qué pasa aquí?—pregunta Claude, que estaba liado también con sus maletas.

-Pasa que nuestro gato no quiere hacerme el favor de probar el porta-animales que le he comprado.—contesta ofuscado Sebastian, el otro mira la especie de jaula/maletín forrada de peluche y pudo entender que Noir no se quisiera meter en ella—Haz tú que baje y se meta.

-¿Yo?

-Es tu gato también ¿no? ¡pues entonces hazlo!

El ojidorado se quedó derrotado, Sebastian le dejó ahí y se fue del salón con el problema de Noir para él. Suspiró y se aproximó a su mascota. El gato le miró con desconfianza pero finalmente dejó que lo cogiese, él lo acarició hasta que se relajó y le rascó el lomo.

-Perdóname Noir.

-¿Miau? ¡Miau!

Noir se quedó maullando como un loco dentro del porta-animales cuando Claude, que se hubo acercado hasta él con mucho disimulo, lo lanzó dentro sin que al animal le diese tiempo a reaccionar.

-Lo siento, te compraré una lata de atún para compensártelo.—le dijo, Noir estuvo a punto de rugirle como un tigre.

-Sabía que le quedaría perfecta.—dijo satisfecho Sebastian, echó un par de vistazos y luego le abrió la puerta al animal—Ahora ya puede embarcar en el avión.

-Pues ese día lo metes tú o me tomará manía a mi.

-Si no he podido hoy a lo mejor no puedo entonces.

-¿Ah y yo sí?—pregunta irónico.

-Tú eres el malo, se supone que estas cosas se te dan mejor.—le contesta dándole un beso en la frente, Claude volvió a quedar derrotado.

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-A mi pobre Napoleón nunca le tuve que hacer tal cosa...

-Oh vamos deja de lloriquear y ponte cómodo, ya verás como a Noir no le pasa nada.

-Pero entre todo el equipaje y solo...

A Sebastian le resbaló un goterón, Claude estaba de un dramático con lo de dejar a Noir en el portaequipajes que ya era demasiado. El gato ya le estuvo haciendo pucheros desde que lo metieron en el porta-animales y lanzó un lamento Shakesperiano cuando le dejaron en lo de facturación, y eso para la conciencia de Claude fue como un yunque de diez toneladas. Sebastian suspiró y agarró una revista, por el rabillo del ojo vio a Claude suspirar también y le sostuvo del brazo para evitar que se escapase e intentase sacar a Noir del portaequipajes.

············London Dry Gin············

Sebastian aspiró con fuerza el aire de su amada Londres nada más puso un pie fuera del avión. Claude por su parte salió disparado hacia la recepción del equipaje. El ojirrojo se rió y salió corriendo tras él, había sido un vuelo largo así que venía bien estirar las piernas.

-Out of the way, please!—pidió Claude haciéndose hueco entre la gente que había para recoger sus pertenencias, fue cogiendo las maletas que llevaban cada uno y de la ansiedad por poco no se sube a la cinta transportadora. Desde detrás, Sebastian agarraba las maletas que le tendía y fingía no conocerle de nada.

-¿Tío Sebastian?

Sebastian miró en dirección a quien le llamaba y vio a su sobrina arrastrando a su padre de la mano. El ojirrojo se quitó las gafas de sol que llevaba puestas y entonces la niña chilló de alegría y echó a correr hacia él soltando la mano de su padre.

-¡Tío Sebastian has vuelto!—dijo emocionada abrazándole, su tío se agachó y le devolvió el abrazo.

-Pues claro que he vuelto, no me iba a quedar con los yanquis para siempre.

-Te hubieran deportado.

Sebastian alzó la cabeza y vio a Byron sonreírle afable y divertido, se levantó y soltó a Scarlett, que se quedó mirando en todas direcciones como si se le hubiese perdido algo.

-Hola de nuevo Byron.

-¿A qué vienen esas formalidades? ¡Que soy tu hermano y hace una eternidad que no me ves!—bromea el ojirrojo mayor extendiendo los brazos para abrazarle.

-Y no veas lo a gusto que he estado.—le responde en el mismo tono de broma devolviéndole el saludo. Desde abajo Scarlett tironeó del pantalón de su tío.

-Tío Sebastian ¿dónde está mi tío Claude?

-Pues verás...—empezó a decir sin saber qué cara poner y mirando disimuladamente hacia donde seguía estando el ojidorado entre la gente buscando a Noir—Tu tío Claude está, está...

-¿?—padre e hija pusieron gesto de confusión.

-¡Noir, t'ai trouvé!—se oyó desde detrás, Byron y Scarlett miraron detrás de Sebastian asomándose por los costados y entonces vieron a Claude sujetando triunfal un porta-animales del que se oían maullidos. El ojidorado abrió la puertecita y un gato gris oscuro saltó desde dentro a su hombro como si pretendiera abrazarlo. Noir se restregó contra su amo y éste le consolaba diciéndole cosas en francés. Sebastian rió nervioso.

-¡Tío Claude!—volvió a exclamar Scarlett. Byron le echó un vistazo a su hermano, al que le temblaba una ceja, y se aguantó la risa.

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Claude ya sabía que los mejores fans eran los de la familia, pero el caso de su suegra y su cuñada ya era incluso espectacular. En cuanto llegaron a la casa de Mrs Michaelis para tener una primera reunión familiar ambas mujeres por poco no se le echan encima. Keira no dejaba de repetir lo mucho más guapo que era al natural y Birgit le preguntaba cuál era su secreto para aguantar de continuo a Sebastian a su lado.

-Bueno mujeres, dejadle ya o lo espantaréis antes de que lo pueda retener.—frenó Sebastian a las dos salvando a Claude del cerco. Birgit le puso morros.

-Tienes razón hijo, no es plan de que atosigue a mi yerno.

-Tranquila Keira, no es molestia. Mi madre hace igual.—le dijo Claude.

-Y hablando de padres y madres—interrumpió Byron—, sería bueno que ahora que estáis aquí podamos conocer aunque sea a tu padre, Claude.

El aludido puso cara de susto. Por delante de él pasó Scatty que corría persiguiendo a Noir. El ojidorado tuvo que sentarse en el sofá y su pareja se sentó a su lado.

-¿He dicho algo malo?—preguntó Byron confundido.

-No...malo no...catastrófico.—le responde Claude con la mirada perdida. Todo el mundo se mira extrañado excepto Sebastian, que sólo suspira.

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Antes que el timbre sonase se escucharon unos graves ladridos y una voz de mujer que ordenaba silencio. Birgit y Scatty fueron a abrir. Sebastian había querido irse a su casa pero su madre no le dejó y él y Claude acabaron quedándose allí. Esa mañana su hermano y familia habían aparecido temprano por el lugar y todos se encontraban en el jardín de la casa, que estaba a las afueras de la ciudad, tomando un refrigerio. En cuanto la mujer y la niña abrieron la puerta se encontraron con una mujer rubia que intentaba sujetar a un enorme San Bernardo para que se estuviese quieto.

-¿Sí?—dijo apenas Birgit sin saber muy bien qué más decir. La recién llegada le prestó atención tras que por fin el perro se sentase y sonrió acalorada.

-Pegdón ¿la gesidencia de los Michaelis?

-Eh...sí, es ésta...

-Fantastique!exclamó, el perro miraba hacia dentro y olfateaba—¿Lo ves Nap? Te dije que llegaguíamos.

Pero Nap no parecía hacerle mucho caso a su dueña porque seguía mirando hacia dentro. De momento levantó las orejas y comenzó a menear su espesa y peluda cola con frenesí mientras jadeaba de emoción. Pegó dos ladridos que hicieron reír a Scatty y que sobresaltaron a Birgit y de un tirón se soltó del agarre de la mujer.

-¡Nap, arrête!—le ordenó ella corriendo tras él y entrando como si nada. Scatty rió y echó a correr también dejando allí plantada a su madre.

El San Bernardo corrió por el lugar hasta que llegó a la puerta corredera de cristal que llevaba al jardín; poniéndose sobre sus dos patas traseras abre la puerta con las delanteras con una facilidad asombrosa y sale fuera.

-¿Napoleón?

Una voz conocida pronunció su nombre y el perro por poco no aúlla de alegría. Echando otra vez a correr se tira en plancha sobre la persona que recién se levanta de la mesa.

Claude por poco no se cae al suelo cuando Napoleón se echó sobre él. El San Bernardo estaba a dos patas y parecía tratar de abrazar a su dueño, al que se le doblaron las piernas con su peso.

-Nap, Nap me aplastas. Sí, yo también te he echado de menos.—el perro gimoteó y se restregó contra su amo.

-¡Napoleón! ¡mauvais chien!—regañó también alguien que venía corriendo.

-Maman?

Claire Leblanc suspiró recobrando el aliento y fue de dos zancadas a abrazar a su hijo, que por fin consiguió bajar a Napoleón y le devolvió el abrazo. Pero el perro no estaba dispuesto a quedarse a un lado, así que se apegó a sus dos amos moviendo su cola.

-Mi suegra mamá, te va a caer bien.—le susurró Sebastian a su madre.

Minutos después Claire se presentó a toda la familia y también tomó asiento en el jardín. Noir miraba raro al perro que no se despegaba de su mitad amo pero de momento no hacía amago de irse del lado de Sebastian.

-Es un placer tenerla aquí Claire.—dijo Keira sirviéndole un té.

-Oh el placeg es todo mío. Ha sido muy amable invitándome a venig.—contestó ella sonriente—Así pog fin conocegé a la familia de mi quegido Sebastian.

Sebastian le sonrió a su suegra y ésta le acarició la mano. Durante un buen rato estuvieron conversando de trivialidades y de la boda de ambos actores; ambas suegras muy pronto se pusieron de acuerdo en meter las narices en todos los asuntos relacionados con ese tema. Ambos novios se miraban de reojo cada vez que las dos mujeres acordaban un nuevo punto. Sumido estaba todo el mundo en sus propias conversaciones o asuntos cuando el timbre volvió a sonar.

-Ya voy yo.—se ofreció Sebastian, deseoso de escaparse aunque fuera unos segundos del plan de ataque de su madre y suegra.

Se encaminó hacia la puerta y el timbre volvió a sonar con insistencia. El ojirrojo refunfuñó y apretó el paso.

-Ya va, ya va.—se quejó, agarró el pomo de la puerta y tiró—Cuanta prisa.

De vuelta al jardín la tranquilidad se vio cortada cuando la puerta que daba a él se abrió y pasó Sebastian por ella con una cara difícil de explicar. Todo el mundo se le quedó mirando extrañado. El ojirrojo se hizo a un lado y esperó, unos pasos venían detrás de él.

-¿Sebastian?—dijo Claude, que se levantó. Deseó no haberlo hecho cuando vio quien atravesaba la puerta.

-¡James!

Claire profirió una alegre exclamación y se levantó de la silla para ir a saludar a su ex-marido. Las caras del resto eran también difíciles de catalogar.

James Faustus era tan alto como Claude, tenía un porte regio muy erguido y se le notaba fornido a pesar de su edad que ya llegaba a los sesenta. Cuando le devolvió el abrazo a Claire casi pudo decirse que no hubiera tenido problemas en levantarla con un solo brazo. La soltó y miró directamente a Claude ladeándole un poco la cabeza, dando a entender que esperaba que se moviese de su sitio para saludarle. El ojidorado cogió aire disimuladamente y por fin pudo mover las piernas.

Sebastian miraba con ojos de ciervo que detecta peligro a su pareja estrechar la mano de su padre; Claude parecía un conejito indefenso al lado de James.

-It's been a while, Claude.

-I can tell you the same, father.

Claire sonrió afable y empujó suavemente a ambos para que se acercaran a la mesa y así presentar a James al resto de la familia. El hombre se presentó cortés a todos y miró de arriba a abajo a Byron como si le estuviera haciendo un escáner.

-Tranquilo, ha hecho lo mismo conmigo.—le susurró Sebastian a su hermano para que borrase la cara de ladrón pillado in fraganti de su cara.

Volvieron a tomar asiento a la mesa y Keira le sirvió una taza de té a James, que sopló para disiparle un poco el calentor y dio un trago.

-Me alegro de que estén lo dos aquí ahora, Claire, James.—expresó Keira, Claire sonrió y James depositó la taza en la mesa sin cambiar de expresión.

-Que menos que aceptar su invitación para conocernos formalmente, sobre todo teniendo en cuenta el motivo principal de esta reunión.

-"Siempre tan directo, padre."pensó Claude.

-Estoy totalmente de acuerdo.—asintió Keira—Tenemos muchos temas de los que discutir ya que este par de novios no parece ponerse de acuerdo.—Sebastian miró a su madre con cara de ¿va en serio?

-¿En qué tema?—preguntó James, pero mirando directamente a Claude. Lo que produjo un escalofrió en la espina dorsal del actor, no ayudó que su madre también se le quedase mirando.

-¡¿Puede ser en la playa?! ¡Así no tendré que ir con zapatos que aprieten!—saltó de repente Scatty.

-Así que es en el tema de la localización...—Claude y Sebastian asintieron aunque a desgana.

-Claude, si elegís un lugag gecuegda que no esté demasiado lejos. Sabes que tu padge no puede haceg viajes laggos.—le susurró Claire a su hijo, pero el fino oído de Sebastian también lo captó.

-¿Le ocurre algo?—preguntó él a la mujer. Y como si tuviera un detector que se activaba al mencionarle, James giró la cabeza hacia él.

-No me ocurre nada. El problema es mi cadera.—le dijo con calma—Ser militar me pasó factura.

-¿Sirvió usted en el ejército, míster Faustus?—preguntó Byron agarrando a Scatty para que dejase de intentar que Napoleón se levantase del suelo tirándole de la cola.

-Así es, serví en el Special Reconnaissance Regiment. Y una vez estando de misión me dispararon a la altura de la cadera, eso me pasó factura. Fue entonces que dejé de ser militar pero seguí instruyendo en el ejército a los que entraban nuevos.

Fue en ese momento que Sebastian comprendió por qué su suegro tenía ese aire de autoridad que llegaba a dar miedo en ocasiones. También pudo entender a su pobre Claude y el terror que éste parecía sentir cuando su padre estaba envuelto en cualquier tema. Por fortuna, James no ahondó mucho en su pasado militar y decidió dejar que Claire siguiera llevando la voz cantante en el asunto.

············The coast is not clear············

Sebastian no tardó ni dos días más en sacarlos a él y Claude de casa de su madre. El ojirrojo estuvo tentado de hacer como el Papa de Roma y besar el suelo de su casa cuando llegó a ella. Su bonito chalé le había echado de menos y viceversa. Y claro, Claude tenía que conocer la casa y por supuesto la cama.

Pero en las preparaciones de boda las cosas no son siempre color de rosa. En principio la idea de ambos novios fue que cada uno empezase a mirar por su cuenta las cosas que mejor le parecieran en cuanto a ceremonia, restaurante, regalos, invitados, etc...y luego ponerlas en común para decidir juntos.

Pero claro, si el primer elemento fallaba automáticamente el resto también.

-¿¡Un año!?

-Más o menos ¿de verdad piensas que tardaremos menos?

-Pero para entonces ni si quiera sabremos si será legal. "Se espera", dice el comunicado. A mi eso no me suena muy seguro.

-Que desconfiado eres. Aunque tengamos que esperar un año mi opción es la más fácil para todo.

-¿En qué sentido?

-En el sentido de que alrededor del 75% de nuestras familias vive en Reino Unido, y diciendo 75 me quedo corto.

Claude torció el gesto. No le gustaba la idea de tener que esperar un año para casarse y menos el tener que hacer cola entre el resto de las parejas del mismo sexo que también esperaban para poder casarse en el país británico. Aunque claro estaba que la suya sería la más sonada y por tanto se convertiría en una boda mediática, justo lo que su padre le había dicho que evitase.

-Si no te gusta mi idea entonces dime tú la tuya.—le dijo Sebastian con algo de retintín viendo el gesto de su cara.

-...—Claude desvió la mirada y movió la boca de lado a lado—No lo tengo claro. He estado dándole muchas vueltas pero siempre me surge algún problema.

Sebastian no dijo nada, se quedó plantado en el sitio con los brazos cruzados con gesto paciente. Lo cual no pareció gustar a su pareja.

-¿Por qué me miras así?

-No te miro de ninguna manera. Solo estoy esperando a que me digas algo más, porque no avanzamos ni a trompicones.

-Pues no tengo nada más que decirte.—le contesta con aspereza yéndose del lugar. El ojirrojo suspira y se masajea la sien contando mentalmente hasta diez.

Keira y Claire hablaban continuamente a pesar de que la francesa ya se hubo marchado a casa. A la segunda le entusiasmaba que su consuegra fuese decoradora de interiores, pues tendrían muchas más ideas para que la boda de sus hijos fuera maravillosa. Pero el motivo por el que hoy Keira llamaba a Claire no era ni mucho menos decorativo.

-"Allô?"

-Claire...

-"¡Keiga quegida! Cuanto gusto en que me llames."la pelinegra no pudo evitar sonreír divertida, su consuegra francesa siempre tenía ese toque alegre en la voz, además de que resultaba bastante gracioso su incapacidad de pronunciar una 'r'.

-El gusto es mio. Hay algo de lo que quiero hablarte.

-"¿Se te ha ocugido algo más paga la boda? Pogque el otgo día vi unos ageglos flogales que.."

-Me temo que no es de la boda de lo que quiero hablarte.—el tono apagado de Keira extrañó a la rubia.

-"¿Y de qué es?"

-De nuestros hijos.

Mientras la inglesa hablaba, la francesa, al otro lado de la línea, arrugaba cada vez un poco más el entrecejo con evidente preocupación y enredaba cada vez más los flecos del cobertor de su sillón favorito.

Lo que Keira contaba era que Sebastian y Claude parecían estar atravesando una especie de crisis. Ambos novios estaban muy irascibles y se irritaban con facilidad, especialmente el uno con el otro. Todos lo habían advertido ya y se mostraban inquietos con su actitud. Al parecer el que no se pusieran de acuerdo en los preparativos era el motivo de sus constantes riñas.

Sebastian se quejaba de que, a pesar de que la idea de casarse hubiera sido de Claude, ahora era él el que parecía estar intentando llevarlo todo a cabo mientras el otro estaba perdido en su mundo de dudas.

"¡Como el perro del hortelano, ni come ni deja comer!" Así de simple y conciso fue para calificar a su pareja y sus dudas. Pues según él, Claude aunque no aportase ideas tampoco gustaba de las que el ojirrojo le proponía. A todo tenía que encontrarle una pega.

-Y me preocupa que esto vaya a peor.

-"Es extgaño, Claude nunca se ha mostgado tan indeciso y pgotestón."—cavila Claire deshaciendo los nudos que ella misma había hecho—"¿Cgees que debegíamos hablag con ellos?"

-No estoy segura de ello...Tal vez el que nosotras estemos por en medio empeore las cosas...—se produjo un minuto de silencio hasta que la rubia lo cortó.

-"Está bien, de momento tú y yo no hagemos nada."

-Sí, mejor...Te llamaré si tengo más noticias.

-"Merci beaucoup."

La línea se cortó y la llamada finalizó. Tanto la pelinegra como la rubia exhalaron aire. Pero una de ellas volvió a coger el teléfono tras meditar un par de minutos. El aparato comunicó y ella esperó, tono tras tono su impaciencia aumentaba. Frustrada ya pensó que nadie contestaría, hasta que un tono antes del buzón de voz por fin descolgaron.

-"¿Diga?"

-James...

-"¿Claire? ¿Qué pasa?"

-Necesito tu ayuda.—pidió la mujer con un tono que llegó a preocupar a su ex. Después de todo ella le había dicho a su consuegra que ninguna de las dos haría nada. Pero eso no significaba que otros no pudieran interceder en su nombre.

Y de hecho, lo mismo pensaba Keira que justo en los mismos momentos enviaba mensajes a su hijo Byron para pedir su ayuda.

············Call of duty············

-¡Argh!

Byron gruñó cuando su hermano le retorció las piernas con las suyas. Le costó liberarse un poco, pero finalmente lo consiguió golpeando con los nudillos en la parte baja de las costillas de Sebastian.

Ambos se levantaron casi de un salto y miraron al otro con desafío. Byron se retiró mechones de pelo de la cara y se apoyó sobre las rodillas.

-¿Ya te rindes? Te has vuelto un flojo.—le dijo Sebastian.

-¿Tú sabes el tiempo que hace que no practico jiu-jitsu?—contesta algo sofocado tratando de acompasar su respiración, su hermano bufa—¡Además tú estás hecho una mantícora!

-Entonces tú estás hecho un chihuahua.

Byron resopla y ve como Sebastian toma asiento en el suelo del jardín cruzado de piernas y brazos. Le conoce demasiado, sabe que ese gesto suyo no es sólo porque no está siendo un combate equiparado como los que tenían antaño.

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Era una partida silenciosa. Tan silenciosa que hasta crisparía los nervios de una bibliotecaria. Sólo se oía el ruido de las piezas moviéndose por el tablero y cuando éstas eran eliminadas de un seco golpe.

-Jaque mate.

James frunció ligeramente los labios. De las cinco partidas que habían echado, Claude le había ganado ya cuatro. Y no es que estuviera subestimando la inteligencia de su hijo; pero lo conocía como la palma de su mano y sabía que el ajedrez era uno de los juegos que al ojidorado más aburrían. Y generalmente se dejaba ganar con absurda facilidad para que su contrincante (que solía ser su padre) desistiese de echar más partidas. Únicamente se lo tomaba en serio cuando su mente estaba ofuscada con algún tema que o bien lo enfadaba o lo entristecía.

-Vaya. La primera partida que echamos en ¿qué han sido, 6 años? Y no haces otra cosa que ganarme.—comenta James, Claude no dice nada y sólo frunce el ceño tras sus manos cruzadas frente a su cara—Bueno, eso y fruncir el ceño.

-...—se producen dos minutos de silencio mientras el padre recoloca una por una las fichas en el tablero hasta que únicamente le queda su rey negro en la mano. Claude mira sus fichas como si fuera a moverlas con la mente o a prenderles fuego con la vista.

-...—James entrecierra los ojos y se le evapora la paciencia. Pero antes de que pueda colocar a su rey de un seco golpe en el tablero, su hijo le detiene la mano de un rápido movimiento—O me sueltas o me dices de una buena vez qué demonios te sucede.

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-¿Qué pasa contigo? ¡Vamos hombre, dame una semana y te juro que te machaco!

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-Es la primera vez que veo una respuesta...¿agresiva, tal vez? Para conmigo.

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-¿Bro?

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-Claude, hijo...

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-Estoy asustado.

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-Estoy muy confuso.

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-Yo...no sé si...Ya no estoy seguro de que Claude quiera seguir adelante con esto.

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-No sé si quiero casarme.

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Holy crap! ¿¡Después de tanto tiempo!? Ok, dejo que me apedreéis porque ni yo misma estoy contenta. ¿Que por qué he tardado tanto? Bueno, como suele decirse: Hay vida después de fanfiction punto net ; además de que mi inspiración ahora mismo es casi nula para escribir.

En fin, después de este capi me estoy dando cuenta de que el último me va a ocupar por lo menos unas 24 hojas de word -_- Pero en fin, veremos si lo arreglo o lo termino de desarreglar.

¡Oh! Antes de que se me olvide quería comentaros que ya tengo listos (desde hace algún tiempo O.o) el primer capítulo piloto de El rey de los gitanos y de Corazón de tinieblas. Cuando me decida a subirlos depende de la recepción, impresiones y críticas que tengan los orientaré de un modo u otro.

Atte.- Cherry Cheshire ;)