– ¿Dónde estabas? – una voz masculina retumbó como un eco en la calle. Orihime se detuvo al instante y esbozó una sonrisa.

– Fui a visitar a mi hermano – contestó con suavidad, y siguió caminando.

– Tardaste mucho – el tono de la voz demostraba su molestia.

– Es que me encontré a alguien en el cementerio – detuvo sus pasos en una plaza y miró al sol, que ya estaba bajando. Las nubes se tornaban anaranjadas. La voz no respondió. – Era alguien especial – Orihime hizo una pausa de unos minutos. Luego, se acercó a la estatua que estaba en medio de la plaza, que era de una mujer con dos niños. – Él se veía solo… - bajó la vista. – Creo que necesita a alguien que lo escuche

– ¿Él? – el dueño de la voz apareció detrás de la mujer, apoyando su mano blanca en su hombro.

– Kurosaki-kun – dijo con nostalgia.

– ¿Kurosaki? – apretó los dientes tras escuchar ese nombre otra vez, después de tantos años. Dio vuelta a Orihime, para que lo mirara a sus ojos verdes. Ella sonrió.

– Si, Kaien – dijo diverida.

Kaien caminaba por las calles de Karakura sin ningún rumbo fijo. No tenía intensiones de ir a su casa, menos al hospital. ¿Qué podría haber de nuevo? Sólo otro día más sin su padre. Suspiró profundamente y se detuvo frente a una vidriera. No prestaba atención a lo que se mostraba en ella, sino a su propio reflejo.

¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué no podía dominar sus sentimientos? ¿Por qué no podía parecerse más a su padre? En realidad, era casi igual. Su cabello naranja, su rostro, su físico… Pero, por dentro, era distinto. No podía hacer como que nada ocurría y llevarse el mundo por delante, queriendo encontrar la forma de vivir. Cerró los ojos por un instante y volvió a abrirlos. Y allí encontró el reflejo de Rika, su hermana, junto al suyo.

– ¿Qué es lo que estás haciendo solo acá? – le preguntó, haciéndose la enfadada.

– Estoy dando un paseo entre la gente normal

– ¿Por qué dices eso? Si nosotros somos tan normales como todos

– ¿Ese nuevo médico también intentó sacar a papá de su cuerpo? – dijo en tono burlón. Rika frunció el ceño.

– No – su respuesta fue seca. Tomó a Kaien por el hombro y lo giró bruscamente. – ¿Puedes decirme qué es lo que te pasa?

– ¿Qué me pasa? ¡Todo el mundo vive diciendo que quiere encontrar la forma de sacar a papá de su cuerpo! ¿Qué no ven que él está muriendo?

– ¡No está muriendo! – una lágrima apareció en un ojo de Rika. Kaien apretó los puños y retiró su mirada a un lado.

– Si, Rika… Él – la chica le dio una fuerte cachetada a su hermano. – ¡¿Qué haces? – gritó, sobándose la mejilla.

– ¡Es lo que te mereces por decir esas cosas! ¡Papá está bien! ¡Sólo que su cuerpo tiene atrapada a su alma dentro!

– ¡¿Y qué conseguirán sacándola? ¡¿Acaso no lo hacen para que muera? – los gritos de ambos se escuchaban por todo el lugar. Se miraron con furia. Kaien mantenía su mano en su mejilla y Rika tenía lágrimas en ambos ojos.

– No. Él no va a morir – una tercera voz hizo que los chicos lo miraran.

Sociedad de Almas

– Capitán Abarai – un shinigami se acercó a Renji, que observaba con detenimiento el entrenamiento de su escuadrón.

– Dime

– Debo decirle que el Comandante General mandó llamar expresamente al Capitán de la Quinta División

– Pues – lo miró, – ¿no soy yo ese Capitán?

– Sí, señor

– ¿Entonces? ¿Por qué tanto misterio?

– Se trata del caso Kurosaki, Capitán – los ojos de Renji se abrieron, pero mantuvo la calma.

– Gracias, puedes retirarte

¿De Ichigo? ¿Qué tenía que decirle de Ichigo? Después de cuatro años que estaba en ese estado, ¿habría novedades? Dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida del dôjo.

– Rukia – susurró y miró al cielo antes de salir en dirección al Primer Escuadrón.