Sociedad de Almas, oficina del Comandante General, en el Primer Escuadrón

– Adelante. Capitán Abarai, estaba esperándolo – Yamamoto miraba a Renji fijamente, con su ceño arrugado. Renji entró y cerró la puerta detrás de sí. Carraspeó antes de acercarse con parsimonia al escritorio que estaba al fondo de la oficina, que tenía unos cinco metros de largo. Llegó frente al viejo, lo reverenció y se sentó en uno de los sillones rojos. Se miraron seriamente.

– Usted dirá para qué me ha mandado llamar con tanta urgencia, Comandante

– Mire Capitán, no daré más vueltas con este asunto. Tenemos un problema grave en Karakura, y cada vez será peor si no hacemos algo para solucionarlo – a Renji se le transformó la cara. ¿Problema grave? ¿Ichigo era un "problema grave"? Se recostó contra el respaldo.

– Lo escucho, señor

– ¿Usted recuerda el extraño episodio que ocurrió durante el nacimiento de Kurosaki?

– ¿Un episodio extraño? – ¿Algo que pasó durante el nacimiento de Ichigo? Era verdad que Ichigo tenía sólo 39 años y que él tenía muchos más, pero en ése entonces no prestaba atención a esas nimiedades.

– Si… – Yamamoto se levantó de su sillón y tomó el bastón. – Ocurrió algo inexplicable aquella noche calurosa de julio – se fue acercando hacia una ventana, que estaba abierta. Daba a un pequeño patio y se veía a lo lejos unos shinigami entrenando con unas katanas de madera. Renji lo miraba algo desconcertado. – Ése chiquillo que nació fue destinado a servir a la Sociedad de Almas

– ¿Servir? Pero

– Si. Sólo siendo un verdadero siervo de la Sociedad de Almas puede salvar su alma de su inevitable destino forjado esa noche de su nacimiento

– Disculpe, señor – ahora fue Renji el que se paró, intentando conservar la calma. ¿Qué era lo que el viejo quería decirle? Yamamoto giró y lo miró a los ojos. – ¿Qué quiere decir? ¿Qué Ichigo–

– No estoy hablando de Ichigo Kurosaki – los ojos de Renji se abrieron aún más.

– ¿K… Kaien?

– Kaien Kurosaki, efectivamente

– P… Pero él… ¡Él ni siquiera tiene el suficiente reiatsu como para vernos! ¡¿Cómo es posible que él–

– Kurosaki es uno de los mayores peligros de la Sociedad de Almas. La corte de los Espíritus Puros junto a la Cámara de los 46, han decidido mantener el secreto a todos aquellos que tuvieran relación directa con el chico, al menos hasta tener ciertas certezas acerca de su naturaleza

– ¿Ciertas certezas? – Renji recordó de pronto las palabras de la Capitana Unohana. – ¿Quiere decir que ahora saben qué tan potencialmente poderoso puede llegar a ser Kaien? ¡¿Es por eso que habla de que tiene que ser un servidor de la Sociedad de Almas?

– ¡Capitán Abarai! – gritó el Comandante. – ¡Cálmese! – Renji apretó sus puños con fuerza y bajó su vista.

– Lo siento, pero –

– Escúcheme atentamente, porque no voy a repetirlo – Yamamoto se acercó nuevamente a su sillón y se sentó. Miró a Renji, que también se sentó. – Hay dos soluciones posibles

– ¿Soluciones? ¿Pero cuál es su poder? ¿Por qué habla de soluciones? – el viejo lo miró mal.

– Una de las soluciones es aislarlo de las fuentes de poder espiritual que tiene a su alrededor

– ¿Aislarlo?

– Y la otra es detener la posible recuperación de Ichigo Kurosaki – ahora sí Renji no entraba dentro de su asombro. ¿Detener la recuperación de Ichigo? ¿Acaso estaba pensando en matarlo? – Sé que no entiende qué clase de poder es la que tiene el chiquillo, pero es necesario que nadie lo sepa. Capitán – lo miró más fijamente y mantuvo unos segundos de silencio – debe decidir qué hacer

– ¡¿Yo? – el grito de Renji retumbó por toda la habitación.

– He estado reuniéndome con cada Capitán en privado, planteándole la situación, excepto con el capitán Kuchiki, el capitán Ukitake y usted

– ¿Y por qué yo debo decidir?

– Las votaciones fueron del 50 % para cada alternativa. Fuimos diez capitanes los que votamos. Necesitamos un solo voto más para desempatar y creo que usted es el indicado para hacerlo

– ¿Y qué hay de Ukitake? ¿O del Capitán Kuchiki?

– El Capitán Ukitake está directamente ligado con el chico en cuestión, ya que es su padrino. Tiene una estrecha vinculación con la familia y no puedo obligarlo a decidir, más que nada por su actual condición

– ¿Y acaso yo no estoy ligado a la familia?

– El Capitán Kuchiki es de la familia. Y usted – insistió con su mirada perforante – hace tiempo que no tiene contacto con ellos, ¿no es así, Abarai? – Renji bajó su mirada.

– Si, es así, Señor

– Le daré un par de días para que decida. En ese tiempo tiene absoluta libertad para moverse, no es necesario que pida autorización alguna para que vaya donde sea que desee


Karakura, al día siguiente

Orihime caminaba por una callecita, cerca de su antigua casa. Llevaba una solera rosada y la misma capelina que antes, más un bolso pequeño y blanco. Miraba cada detalle como si fuera la primera vez que veía todo en aquel lugar. Se detuvo frente a un viejo edificio y suspiró con nostalgia. Todo allí le traía muchos recuerdos de su pasado. Miró hacia el frente y logró ver a lo lejos una brillante cabellera anaranjada y enfatizó su sonrisa. Al menos no le sería tan complicado hallar a Ichigo.

Corrió hasta llegar cerca del lugar donde estaba Kaien, que no era más que la puerta de su casa. Hime dudó en acercarse, porque pretendía que nadie la viera allí. Se concentró un poco para sentir alguna presencia conocida cercana y no había nadie, así que decidida, se acercó al chico.

– Hola – dijo dulcemente. Kaien volteó y la miró mal.

– Hola, ¿qué haces aquí?

– Estaba recorriendo mi viejo barrio – miró a su alrededor, sosteniéndose el sombrero. – Me preguntaba si vivías en la misma casa que Ichigo cuando tenía tu edad

– No vivo aquí, esta es la casa de mi abuelo

– Ah – sonrió inocentemente.

– Si viniste sólo por eso, vete ya

– No, no vine por eso en realidad – se puso seria – ¿Cómo está tu papá?

– Igual

– ¿No hay novedades? ¿Qué dijo Uryu?

– No lo sé, no fui al hospital y no hablé con nadie

– ¿Por qué? ¿No te interesa? – se acercó y se sentó junto a Kaien, en la puerta de la casa. Él la miró.

– No es que no me interese

– ¿Entonces?

– Todos están hablando permanentemente de sacarlo de su cuerpo y eso me irrita mucho – Kaien había desviado su vista a la vereda, pero el tono de su voz ya no era tan malhumorado.

– Es que todos confían mucho en Ichigo como shinigami, y no pueden pensar ya en él como humano. Por eso quieren sacarlo de su cuerpo. Supongo que piensan que así solucionarían muchas cosas

– ¡Es que si eso sucede, él moriría!

– ¿Morir?

– ¿Acaso despojar un alma de su cuerpo no es matarla?

– No en el caso de Ichigo – suspiró. – Sé que no crees en ellos, pero tal vez yo

– No. No quiero que nadie más que tenga algo que ver con la Sociedad de Almas haga nada por mi papá – la miró a los ojos.

– ¿Por qué?

– Porque durante todo este tiempo estuvieron ellos haciéndole una y otra cosa sin ningún resultado, incluso Urahara no sabe qué hacer

– Puede que todo cambie a partir de ahora – ella sonrió dulcemente. – Yo puedo hacer algo por Ichigo