– Puede que todo cambie a partir de ahora – Orihime sonrió dulcemente, mirando a Kaien. – Yo puedo hacer algo por Ichigo

– ¿Qué es lo que puedes hacer? – Kaien insistió con su mirada perforante. ¿Ella podría hacer algo? ¿No era sólo una mujer que conocieron sus padres en el pasado, tan poco importante como para nunca mencionarla? La castaña sonrió dulcemente, cerrando sus ojos. Se quitó la capelina y la apoyó a un lado. Luego, miró al cielo.

– ¿No está tu abuelo en casa? – cambió de tema intencionalmente. No pretendía explicarle nada a Kaien sobre sus poderes, más considerando que él no creería nada y que tampoco podría verlo.

– No – otra vez volvió sus ojos a la vereda. – Él está en el hospital todo el día. Vengo siempre aquí, a pensar

– ¿Pensar? – sonrió. – Si, entiendo. Yo hago lo mismo, pero voy al cementerio

– Por eso estabas allí ayer

– Si, había ido a visitar a mi hermano

– ¿Tu hermano?

– Mi hermano murió hace tiempo y fue tu padre el que lo ayudó a descansar en paz – la sonrisa de Orihime se mantenía en su cara, melancólica. Kaien la miró nuevamente, pero descubrió que ella estaba fija en las pocas nubes.

– ¿Por qué dices que puedes ayudar a mi padre? ¿Eres médica o algo así? – Hime soltó una pequeña carcajada. – ¿Qué es lo gracioso?

– No soy médica, pero puedo ayudarlo. Sólo necesito – lo miró – que confíes en mi

Sociedad de Almas

Quinto Escuadrón, oficina del Teniente

– ¿Renji? – preguntó extrañada Momo, luego de descubrir que su ahora Capitán, estaba sentado en el sillón detrás del escritorio. Miraba con su ceño arrugado un papel, que temblaba en sus manos. – ¿Qué haces aquí? – insistió. Se acercó y notó unas gotas de sudor en su frente.

Renji estaba absorto en sus pensamientos. No podía hacerlo, no podía decidir él entre semejantes posibilidades. ¿Acaso tendría que matar a Ichigo? ¿Cómo podría hacer para que nada sucediera? ¿Tan poderoso podría volverse Kaien como para ser incontrolable? Además, ¿tenía algo que ver lo que decía esa carta que había hallado? ¿Quién la había llevado allí? ¿Podría ser que…?

– ¡Renji! – gritó Hinamori cuando llegó al lado de su amigo y él seguía sin responder. El pelirrojo se sobresaltó.

– ¡Ah! ¡Momo! – dijo fuerte. – Estaba buscando unos papeles y encontré esta nota, ¿es letra de Aizen? – le mostró el papel a su Teniente. Ella miró los trazos negros en este.

– Si, esa es la letra del Capitán. Pero… ¿qué significa… esto? – señaló unas líneas de la nota con sorpresa y sus ojos comenzaron a abrirse.

– No lo sé… está dirigida al Capitán-

– ¡Teniente! – el grito de un shinigami detuvo su conversación e, instintivamente, Renji arrugó el papel y lo guardó en su bolsillo.

– ¡¿Qué sucede? – gritó consternada Momo, aún sin salir de su asombro.

– ¡Es el capitán Hitsugaia! ¡Necesito que venga urgente al Cuarto Escuadrón! – el shinigami se veía cansado y sus ropas estaban ajeadas. Renji miró a Momo sin entender qué sucedía.

– ¡¿Qué sucedió? – gritó la morocha, acercándose al hombre.

– ¡Vamos! En el camino le contaré – ambos desaparecieron de la vista de Renji.

No entendía qué sucedía con Toushiro, pero eso no le intrigaba tanto como la carta que había encontrado, escrita por Aizen. La sacó de su bolsillo y la extendió nuevamente sobre el escritorio.

– Veamos – reflexionó en voz alta. – Si está escrita por Aizen, debería estar hecha hace veinticuatro años atrás. Pero, ¿por qué Momo no la encontró antes? Incluso se han hecho al menos dos allanamientos – repasó con su dedo y sus ojos cada letra de la carta, intentando comprender el significado de esas palabras. ¿Estaría escrita realmente por Aizen? ¿O alguien más la había llevado allí después de aquel incidente? – "Aquel nacido de la muerte, será el que logre destruirla y devolver el orden y la justicia a este mundo. Y debes saber que todo aquello que nos une será lo que nos separe cuando muramos." – leyó en voz alta. ¿Nacido de la muerte? ¿Todo aquello que nos une? ¿Qué quería decir aquello?

Karakura

– Este es el Hospital, pero no creo que te dejen entrar. Necesitas una autorización especial de mi abuelo para verlo – comentó Kaien, desde la vereda frente al hospital. Estaba parado con las manos en los bolsillos, junto a Orihime. La sombra de los frondosos árboles los cubría por completo.

– Me alegro mucho de que me hayas traído hasta aquí – ella sonreía. – Pero no voy a entrar ahora, no puedo dejar que nadie me vea – Kaien frunció el ceño.

– ¿Cómo que no puedes dejar que nadie te vea? – estaba perdiendo su paciencia otra vez, ¿quién era esa mujer? ¿No que era conocida de sus padres? Entonces, ¿por qué nadie podía verla?

– Es que hace muchos años que me fui

– Diez – acotó Kaien. Ella cerró sus ojos y giró la cabeza, mirando hacia donde estaba la habitación de Ichigo, podía sentir su reiatsu muy débil.

– En realidad hace más de diez años que me fui… – su voz se tornó melancólica. Kaien no dejaba de mirarla con malos ojos. Necesitaba saber más de ella, ¿cómo pensaba "ayudar" a su padre si ni siquiera podía entrar a verlo?

– Dime – Hime lo miró. – ¿Cómo vas a hacer para entrar?

– No te preocupes por eso, yo – de pronto, abrió sus ojos desmesuradamente y sintió un ligero ahogo en su garganta. El cielo comenzó a nublarse y una nube tapó el sol. Orihime vio cómo Kaien caía de rodillas al suelo, agotado por la presión. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué ahora? Como pudo, volteó a ver al dueño de tal reiatsu a la cara.

– Déjalo – le dijo seria. No podía ver al sujeto, pero sabía muy bien quién era.

– ¿Qué demonios estás haciendo? – él se escuchaba irritado. Aflojó su reiatsu, hasta normalizarlo. La nube destapó el sol, pero la figura del hombre no se veía.

– Dime, ¿qué viniste a hacer? ¿No te pedí que dejaras todo en mis manos? – ella se mostraba muy molesta.

– Te estabas tardando demasiado y ya me había cansado de esperar – miró fijo a Kaien, que estaba inconsciente en el piso. – ¿Quién es ese? – preguntó, con una mueca de asco.

– Su hijo – respondió ella, apretando los puños. – ¿No puedes irte ya?

– ¿Dónde está Ichigo? – preguntó.

– Cuarto piso, tercera habitación – contestó.

– ¡¿Y por qué no vas y ya? Estoy cansado de esperar que se recupere, tengo deudas pendientes con él

– ¡No te cansas de decir eso! ¡Si hasta hace poco estabas medio muerto! – gritó. La estaba sacando de sus casillas.

– No te alteres, mujer – el tipo sonrió. – Creo que mejor me iré hasta que hayas terminado, no vaya a ser que después le vayas con el cuentito a Ulqui-chan – después de decir eso, se retiró. Orihime cayó de rodillas al suelo.

Se tapó la cara con ambas manos, aún iracunda. ¿Quién se creía que era él para venir ahora a apurarla de esa forma? Después de todo, era ella la que había ido en su ayuda, lo había cuidado y protegido durante largo tiempo. Y ahora necesitaba de su poder para poder hacer algo por Ichigo, de otra forma nunca conseguiría rechazar aquello que suponía ataba el alma del shinigami.

Sin levantarse, se acercó a Kaien y le acarició el cabello.

– Yo protegeré a tu padre, te lo prometo – le dijo. – Nunca debí haberme ido, pero no podía dejar a Ulquiorra solo – hablaba para ella misma. – Él… él me necesitaba, más que Ichigo, más que nadie… y yo… estaba de sobra aquí

Sociedad de Almas

Cuarto Escuadrón

– ¡Qué estoy bien! – los gritos de Toushiro se escuchaban desde fuera. Momo sonrió.

– Parece que está bien, no tenías que asustarme de esa forma – comentó al shinigami que la acompañaba.

– Que esté gritando no significa que esté bien, los daños que sufrimos no fueron muchos, pero algo graves. Más el Capitán, que nos protegió de aquel ataque

– ¿"Aquel" ataque? – Hinamori lo miró a los ojos, algo preocupada.

–Alguien nos atacó mientras reconocíamos el terreno, no sabemos quién fue, porque el Capitán se desplomó en medio de la arena al recibir el golpe directamente y tuvimos que volver

– ¿Reconocieron el reiatsu?

– No – el hombre agachó la cabeza. – Lo siento, no pude percibir reiatsu alguno –Momo no dijo nada más, sólo entró en el edificio, lentamente, como si nada sucediera. Antes de llegar a la habitación, la detuvo la Teniente del Cuarto Escuadrón, Isane Kotetsu.

– Hola Hinamori-san – la saludó con una sonrisa. – ¿Podrías acompañarme, por favor? La Capitana Unohana quiere verte antes de que visites al Capitán Hitsugaia, es importante

– C… como digas – la siguió.