Un pasillo angosto y oscuro. Sabía que era estrecho porque mientras corría podía sentir el roce de las paredes con sus brazos. Se tocó el pecho y descubrió que no tenía nada puesto. ¿Acaso estaba desnudo? Bajó su mano para comprobar que traía unos pantalones.

A lo lejos, notó una luz azulada que llamó su atención. ¿Qué sería aquello? Intentó correr más rápido, pero sus piernas flaquearon y cayó de rodillas. El suelo era blando, ¿de qué era? ¿Arena? No importaba ahora, tenía que alcanzar la luz.

Cuando levantó la cabeza, todo estaba oscuro nuevamente. ¿Qué estaba sucediendo allí? Se paró y notó que las paredes de su alrededor ya no existían. ¿Estaba en un sueño o era real? Caminó sigilosamente y volvió a ver la luz a lo lejos.

Mientras se acercaba, se esforzaba por recordar qué era lo que había sucedido. Estaba con esa tal Orihime en la vereda frente al hospital, hablando acerca de cómo iba a hacer para entrar sin que nadie la viera. Se detuvo en seco. ¿Dónde estaba esa mujer?

Cerró los ojos. Si él estaba ahora en ese lugar, casi sin ropa, a oscuras, observando una luz azul, después de haber estado hablando con ella, ¿dónde podía estar? No muy lejos de él. Abrió los ojos y siguió caminando, con paso firme.

La luz comenzó a agrandarse, hasta cubrirlo todo, junto con una brisa, que comenzó a intensificarse de tal forma que lo obligó a entrecerrar su ojos y cubrirse con los brazos.

Mierda – susurró. Un dolor punzante parecía quemarle el brazo derecho. Llevó su mano izquierda al lugar y miró sorprendido. – ¿Pero qué demonios? – luego, todo volvió a la oscuridad anterior.

¡Kaien! – un grito desesperado de mujer se oyó a lo lejos. Él giró su cabeza en dirección a la voz.

¿Mamá?

¡Kaien! – un nuevo gritó, pero más fuerte.

¡¿Quién es? – preguntó con temor. ¿Miedo? ¿Miedo a qué? ¿Por qué sentía que su cuerpo temblaba?

K… Ka… i… en… - la voz, desapareció en el viento. Nuevamente, la luz lo cegó.

Se sentó en la cama, sobresaltado.

– ¡¿Qué mierda fue eso? – gritó. Su respiración era agitada y aún temblaba y sudaba. Miró con detenimiento su alrededor y descubrió que estaba en la casa de su abuelo. ¿Qué hacía ahí? ¿Acaso…? ¿Qué estaba sucediendo?

Sociedad de Almas

Cuarto Escuadrón, oficina del Capitán

– Adelante, está abierto – la voz de la Capitana Unohana se notaba preocupada. No estaba sonriendo y eso inquietó a Momo, que entró tal y como se lo había pedido.

– Buenas tardes, Capitana. ¿Quería hablarme de algo? – le preguntó, sabiendo que la respuesta era un "si". Pero, la verdadera pregunta era "¿Para qué?". ¿Tan grave era lo que le había pasado a Toshirou como para que la quisiera ver antes de que hablara con él?

– Si. Toma asiento por favor – los ojos de Retsu denotaban su profundo estado de meditación. Se veía agotada. Tenía ojeras y los ojos enrojecidos. ¿Qué estaba sucediendo? Momo se sentó inmediatamente, sin dejar de mirarla con sorpresa y algo de angustia.

– Usted dirá

– El ataque al Capitán Histsugaia es algo que no esperábamos

– Es cierto. Se suponía que la zona estaba deshabitada desde que la guerra terminó

– Nadie en el escuadrón de reconocimiento pudo detectar el reiatsu del atacante

– ¿Y el Capitán?

– Él reaccionó porque vio el ataque. Según su descripción, era un Gran Rey Cero

– ¿Gran Rey Cero? – preguntó, algo incrédula. Había leído que sólo los Espadas podían hacer ese tipo de cero. Pero, ¿sería capaz que alguno de ellos se atreviera a desobedecer?

– Si. Me temo que tendremos que hacer algunas investigaciones en los restos de reiatsu que pudimos detectar en la herida del Capitán y luego mandar algún mensaje a Hueco Mundo para que investiguen acerca de esto – Unohana se paró de su asiento y se acercó a la pequeña biblioteca, que abarcaba una parte de la pared de la derecha del despacho.

– Disculpe, Capitana, pero… ¿por qué me dice esto a mi? – le parecía de verdad extraño que le dijera tales cosas a una Teniente y más teniendo en cuenta que su escuadrón no podía hacer absolutamente nada al respecto.

– Porque esta información no debe salir de aquí y ni siquiera el mismo Capitán Hitsugaia debe saber que fue atacado por un Gran Rey Cero. Teniente Hinamori, esta es información confidencial, ¿entiende?

– Si, Capitana. Pero no entiendo por qué me lo dijo a mí

– Porque tengo entendido que usted tiene algunos conocimientos en esta área y era probable que se diera cuenta de qué ataque era el que recibió el Capitán

– Ah… entiendo – si, era cierto que ella había estado informándose mucho en los últimos años acerca de la actividad y entrenamiento de los hollows y arrancars, pero de allí a poder reconocer cuáles eran las secuelas de un ataque era demasiado. Arrugó involuntariamente el ceño y Retsu lo notó.

– ¿Sucede algo, Momo? – cambió su tono serio por el habitual, haciendo la pregunta con una sonrisa, que se desdibujaba un poco por los rasgos cansados de la Capitana.

– No. Sólo que me resulta muy extraño que alguno de los Espada pueda haber atacado al Capitán

– Nada es imposible viniendo de Hueco Mundo

Hospital de Karakura

– ¿Entonces? ¿Llamarán a Unohana? – la ansiedad estaba pudiendo con ella desde que Uryu dio a entender que deberían llamar a la Sociedad de Almas para alertar de la posible recuperación de Ichigo.

– No, aún no – Uryu miró a Rika con dureza. Estaba siendo demasiado impulsiva últimamente y eso lograba sacarlo de quicio, más si se trataba de la Sociedad de Almas. – No podemos informarlos de algo de lo que no estamos totalmente seguros

– Pero, Ishida-san, tu acabas de decirnos que es posible que ya esté consciente – acotó Kisuke, intentado calmar los ánimos.

– Si, es lo que dije. Pero eso no quita que todavía falte mucho para que despierte. Una cosa es que demuestre que está escuchando lo que le decimos y otra muy distinta es que abra sus ojos

– ¿Tendremos que seguir esperando? – Rika volvió a sentarse en la silla que ocupaba cada día en la sala de espera, junto a una ventana.

– Si – Urahara se acercó a Uryu, mirándolo directamente desde debajo de su sombrero.

– ¿Puedo pasar a ver a Kurosaki-san?

– Si, tienes diez minutos. Luego debemos irnos, ya es tarde – el humor de Uryu no era de los mejores. Se había pasado todo el día intentando hablar con los médicos que habían atendido a Ichigo durante los últimos meses y ninguno de ellos pudo decirle algo que le sirviera. Además, tener que lidiar con la impulsividad de Rika era mucho para él. Se acercó a la chica y se sentó a su lado, estirándose sobre la silla.

– ¿Y ahora qué? – ella se notaba molesta.

– ¿Dónde está tu hermano? – preguntó, cambiando de tema. No tenía intenciones de armar mucho escándalo en el Hospital.

– Seguramente esté en la casa del abuelo. Es raro encontrarlo acá en el hospital

– Si, sé que no viene muy seguido. Hace más de tres meses que estoy supervisando a Ichigo y si lo vi entrar en su habitación dos veces, fue mucho – el silencio se apoderó del ambiente por unos minutos. – ¿Por qué él tiene esa negación con la Sociedad de Almas? Las pocas veces que he hablado con él me ha hecho saber que "no cree en lo que no ve"

– Justamente, él no tiene el suficiente reiatsu como para ver almas y eso hace que niegue todo – Rika apretó sus puños. Definitivamente ese no era el mejor día para Uryu.

– Tampoco cree lo que sucedió aquel día, ¿verdad?

– No

– Así que aquí estás, tirado en esa cama… ¿Qué no te cansas de estar siempre en la misma posición? – Urahara entró a la habitación de Ichigo y cerró la puerta detrás de sí. Se acercó a la cama y se sentó en la silla venida a menos.

Ichigo sintió una presencia conocida y se sintió reconfortado por un momento. No había duda, ese era Kisuke Urahara. Pero, ¿para qué estaba allí? ¿Tan grave era el asunto como para que hasta Urahara haya salido de su tienda para verlo? Intentó, nuevamente y con mucho esfuerzo, abrir sus ojos, pero no logró más que mover apenas sus cejas. Urahara sonrió.

– Veo que lo que dijo Ishida-san es cierto, parece que puedes escucharme. ¿Sabes? Quisiera poder seguir entrenándote, así que ahora mismo haré algo parecido. Por lo visto, no sabes qué es lo que sucedió, así que te lo diré

¿Qué era lo que sucedió? ¡Por supuesto que lo sabía! Él estaba tras un hollow esa noche y lo persiguió durante tiempo. No sabía bien por qué pero no podía alcanzarlo. Cuando por fin lo hizo y lo derrotó, ya era tarde.

– Cuando volviste a tu cuerpo, había comenzado un infarto. Supongo que el dolor que sentiste habrá sido inigualable, pero nada comparado con cómo quedaste después de Hueco Mundo, ¿no? – Kizuke sonrió. – Bueno, después de que tu padre te encontró tirado en tu casa, te trajo acá. Te operaron e intentaron reanimarte, y así fue como quedaste – estaba seguro de que eso le había pasado, pero ¿por qué tanto misterio? Hasta Uryu había venido desde Sapporo para verlo. – Cuatro años en coma. ¿No crees que ya es suficiente?– ¿Cuatro años? ¡¿Cuatro? No podía ser. ¿Tanto tiempo había pasado inconsciente?

– Urahara-san, ya es hora – la voz de Uryu interrumpió sus pensamientos. ¿Cuatro años?

– Hasta mañana, Kurosaki-san

Karakura, 1:23 A.m.

Estaba segura de lo que tenía que hacer. Ponerse aquella pulsera que una vez le dio Ulquiorra, entrar atravesando las paredes y curarlo. Sólo eso. Era fácil y seguramente sería rápido. El único problema era ese endemoniado de Grimmjow, si sólo pudiera quedarse quietecito en Hueco Mundo…

Se colocó la pulsera y notó que le temblaban las manos. Sabía que estaba nerviosa, pero no era para tanto, ¿o sí? Iba a hacer algo por Ichigo y tenía que tener fe en ella misma. Lo que dijera Ulquiorra o lo que hiciera Grimmjow estaba por fuera de eso. Debía entrar y hacer un diagnóstico de lo que le estaba sucediendo.

Atravesó la puerta sin problemas y comenzó a subir las escaleras, mirando con atención que no hubiera nadie, como si alguien pudiera verla. Y al fin, llegó.

Ichigo se veía tranquilo, como si estuviera durmiendo. ¿De verdad estaba en coma? ¿O sólo tenía un mal sueño? Se acercó y los recuerdos comenzaron a invadirla. Era como aquella vez en su alcoba. Él dormía y ella entró de incógnito a su habitación. Sonrió melancólicamente y colocó de inmediato sus manos sobre sus horquillas.

– Sôten Kisshun – susurró. Sus hadas comenzaron su trabajo, abarcando todo el cuerpo del shinigami sustituto en una luz anaranjada. Los ojos de Orihime comenzaron a agrandarse de a poco. – ¿Qué es esto? – se dijo a sí misma. Era evidente que algo estaba sucediendo en el cuerpo de Ichigo, que estaba fuera de lo normal, y ella lo había supuesto desde el comienzo. Pero nunca hubiera pensado que estaba sano, que ningún mal que ella pudiera repeler afectaba su cuerpo.

Quitó sus hadas y se sentó sobre la cama, junto a Ichigo. Lo contemplaba, con nostalgia, pudiendo sentir en su pecho una leve presión que le provocaba ganas de llorar. ¿Llorar? De verdad hacía tiempo que no lloraba. Ya no sabía lo que era sentirse angustiada.

Desde que decidió irse a Hueco Mundo, todo fue trabajo duro y momentos agradables, al menos para ella. Estar junto a Hallibel, al mando de Las Noches, fue la mejor elección. Recuperar lo que quedaba en pie de ese mundo oscuro y siniestro, y al fin, poder volver a la vida a Ulquiorra. Fue lo mejor que hizo en toda su vida hasta entonces. Y ahora, viendo a Ichigo allí tirado, y volviendo a sentir aquella vieja angustia nacer en su pecho, confirmaba que había hecho bien en irse. Sonrió y se levantó. Se alejó unos pasos y volteó a verlo nuevamente.

– Volveré cuando sea capaz de hacer algo por ti, aunque creo que ya no necesitarás de mis poderes – cerró sus ojos con fuerza y una lágrima rodó por su mejilla.