Hueco Mundo
¿Qué estaba haciendo Ulquiorra tanto tiempo fuera de Las Noches con ese científico detestable? Desde que ella estaba en Palacio, que hacía muchos años ya, aquel indeseable sujeto había salido contadas veces del laboratorio subterráneo. Ni siquiera recordaba bien su rostro y su voz le daba repugnancia.
¿Realmente Ulquiorra pensaba que algo de todo lo que ese tipo decía era cierto? Era más probable que estuviera intentando inculpar a Grimmjow que diciendo la verdad de lo que encontró. Orihime recordaba perfectamente lo que había sucedido después de que se firmara el acuerdo con la Sociedad de Almas y no pretendía que algo como eso volviera a ocurrir por la misma causa que antes.
Grimmjow era un sujeto indeseable, pero reconocía que parte de su personalidad no le agradaba porque le recordaba a Ichigo, a quién no quería recordar por nada del mundo durante los primeros años de su llegada a Hueco Mundo. Por eso fue que le insistió a Ulquiorra que lo mandara fuera de Las Noches la mayor parte del tiempo y también por eso mismo le pidió ayuda hace poco para poder hacer algo por Ichigo.
¿Estaría bien en ese momento? Además, estaba Kaien. Lo había dejado solo y desmayado en la casa de Isshin, para luego irse como vino, sin decir ni hacer nada más que lo mismo de siempre: nada.
Suspiró con desgano recostando su cabeza en la almohada de la enorme e inmaculada cama matrimonial que compartía con Ulquiorra. Acarició de forma automática el lado de la cama que ocupaba habitualmente el Espada y una lágrima rodó por su mejilla.
¿Por qué estaba llorando? ¿Era porque Ulquiorra le había prohibido volver al mundo humano? Era consciente de la molestia que sentía el ex Espada hacia los humanos, y más hacia los que solían ser sus amigos, pero también sabía que no por nada iba a prohibirle ir. ¿Acaso sospechaba algo más? ¿Estaba pasando algo tan grave?
Se incorporó y caminó hacia la puerta, tenía que averiguar qué pensaba Ulquiorra y por qué estaba actuando de aquella extraña forma. Y esta vez, ella haría más, tenía que hacer algo.
– ¿Entonces está sepultado en la arena? – insistió Ulquiorra con aquella pregunta ridícula. Nezumi lo miró casi despectivamente.
– Príncipe, disculpe mi atrevimiento, pero… ¿por qué tanto interés en el viejo laboratorio? ¿No sabe usted que fue la misma Sociedad de Almas quién enterró este laboratorio?
– Si, lo sé – contestó secamente. Miró al gordo de reojo y notó el sudor que tenía en su frente. ¿Acaso estaba nervioso por algo? ¿Qué podía tenerlo en ese estado? Sólo estaban fuera de Las Noches, recorriendo la escena del problema, sólo eso. Volvió la vista al frente, dedicando su mirada a los edificios que se veían a lo lejos.
– ¿Entonces? ¿Qué quiere saber? – preguntó Nezumi sin más. Tenía que intimidar a Ulquiorra, de lo contrario tendría que darle información que no quería dar, al menos no en ese momento. – Estos restos no son más que una parte olvidada del antiguo laboratorio de Szayelapollo, incluso lo abandonó antes de que el señor Aizen lo nombrara parte de su equipo – Ulquiorra no dijo nada, sólo se limitó a observar el horizonte por unos minutos.
– La Sociedad de Almas – susurró Ulquiorra, arrugando el ceño. – ¿Había avisado de la exploración de este territorio? ¿Mencionaron algo de la venida del Capitán Hitsugaya? – abrió los ojos.
– No exactamente – el rostro de Nezumi se ensombreció. – Por eso es más terrible que el ataque haya sido directo – miró a Ulquiorra esbozando una falsa sonrisa. – Si no lo hubiera recibido el Capitán, el shinigami que estuviera en su lugar estaría muerto y nosotros, también
– En los informes que presentó al entrar el Capitán Hitsugaya-
– Disculpe, príncipe, pero… ¿por qué debería yo saber eso? – interrumpió.
– ¡Porque tú estás a cargo! – gritó Ulquiorra, muy irritado. Luego, intentando retomar su calma habitual, agregó – ¿No es esa chica parte del equipo que controla el ingreso a través de la Garganta que está en la puerta principal de Las Noches? – dijo, señalando a Kokoro.
– ¿Kokoro? Pues… – se llevó la mano al mentón – creo que sí, ahora que lo mencionas
– Bien, volvamos. Hablaré con ella a solas
Hospital de Karakura
– Dos días es muy poco tiempo para darse cuenta de esto… – reflexionó Uryu, volviéndose a poner los anteojos. – Pero haré todo lo posible por detectar alguna anomalía en el reiatsu de Kaien. Abarai – Renji giró y lo miró a los ojos. – Creo que lo mejor es que pidas autorización para permanecer junto a Kaien durante algún tiempo
– El Comandante no autorizará eso – se acercó a Ichigo pero no se atrevía a mirarlo. – ¿Debería llevármelo conmigo? – preguntó más para si mismo que para Uryu. Ishida no contestó nada, también puso sus ojos en Ichigo.
– Él – hizo unos segundos de silencio más antes de seguir. – Él preferiría que su hijo se quede aquí
– Si, tienes razón. Debo hacer lo posible por convencer a Yamamoto de que no pasa nada malo con Kaien – se posicionó con la frente en alto. – Volveré a la Sociedad de Almas y haré algo
Isshin y Kaien habían estado largo rato en silencio en el banco de aquel parque. Kaien no podía dejar de pensar en Orihime y en quién era ella, pero no se podía permitir flaquear y preguntarle a su abuelo. ¿Y si ella en verdad conocía a sus padres? ¿Qué más daba si era cierto o no? De todas formas no le tenía por qué importar quién era esa mujer.
– Kaien – la voz de Isshin lo distrajo. – En casa tengo unas fotografías para darte, pero no he tenido oportunidad – el chico lo miró a los ojos, con cierto rencor.
– Si son de ella, no las quiero – se contuvo de llamar a su madre de otra forma.
– Pero, hijo, no puedes negar tu pasado
– No estoy negando nada. Ella se fue y no tuvo contemplaciones. Yo no quiero saber nada más. ¡Estoy harto de que me llenen la cabeza con el cuento de la Sociedad de Almas y de los hollows, y los fantasmas y todo eso! – gritó, aturdido. Isshin lo miró algo desconcertado. Sabía que él estaba sobrecargado con todo lo que estaba sucediendo y que, probablemente, no pudiera hablar con nadie, pero nunca imaginó que estaba tan molesto.
– Veo que será inútil que intentemos hablar, será mejor que regresemos a casa
