Hueco Mundo
Caminaron en silencio hasta la entrada al palacio. Ulquiorra se detuvo y miró al científico con desprecio. Luego miró a la joven arrancar, que estaba unos metros más lejos con cierta desconfianza. Si ella era parte del equipo, tenía responsabilidad sobre lo ocurrido, o al menos información fehaciente.
– Mañana – se sentía abrumado y necesitaba pensar – tendré una reunión a solas con Kokoro – informó a Nezumi y continuó caminando. No pretendía darle más información que esa. Debía avisar a Hallibel que estaba haciendo averiguaciones sobre lo sucedido, pero no quería hacerlo hasta estar seguro de que el gordo o la chica tenían algo que ver. El científico y la arrancar desaparecieron en la oscuridad de los pasillos.
Orihime abrió decidida una de las puertas que la llevaría al lugar donde se había encontrado con Ulquiorra unos minutos antes. Pero se sorprendió con la presencia de él a punto de tomar el picaporte.
– ¡Ah! – dio un grito que se ahogó en los ojos verdes de él.
– ¿Qué estás haciendo? – la voz fría de Ulquiorra denotaba su profundo estado de meditación.
– Nada. Sólo te buscaba – se excusó Orihime. Después de todo era cierto. Lo buscaba para saber qué estaba haciendo con aquel repugnante ser, paseándose por Las Noches y por fuera también. Además, estaba la mentira y la mirada que le había hecho antes y ya no aguantaba no saber.
– Creí que me esperarías en la habitación
– Así lo hice, pero me preocupé al ver que no regresabas – sonrió. – Ya es tarde
– El tiempo no pasa aquí – sentenció él y pasó junto a ella, cerrando la puerta. – Tus visitas al mundo humano te están afectando – no la miraba, pero sabía que estaba sorprendida por su comentario que no venía al caso. Orihime no dijo nada. – Vamos
Caminaron hasta llegar frente a una puerta blanca y lisa. Ulquiorra la abrió y se hizo a un lado para darle paso a Orihime, que pasó sin mirarlo. Se sentó en la cama y se quitó los zapatos. Él entró en la habitación y cerró la puerta con llave.
– ¿Qué es lo que te dijo? – Orihime decidió preguntarle directamente. Estaba cansada del misterio y además tenía que saber más sobre lo sucedido. Era casi imposible que hubiera sido Grimmjow el atacante y en el caso de que Nezumi lo culpara, había algo más detrás, de eso estaba segura.
– Nada – contestó él y rodeó la cama para sentarse en lugar opuesto al de ella.
– ¿Cómo que nada? – giró y lo miró. Ulquiorra le daba la espalda. – Para que haya salido de esa cueva, tendría algo qué decir
– Yo fui a buscarlo
– ¿Por el ataque al Capitán Hitsugaya?
– Si. Él es responsable de que las investigaciones de la Sociedad de Almas sean seguras – se recostó, apoyando su cabeza en la almohada, con los ojos cerrados. Orihime lo miró, con cierta confusión. No podía decirle a Ulquiorra que había visto a Grimmjow y que éste le dio aquel mensaje.
– ¿Y qué te contestó? – Hime se recostó a su lado y apoyó su cabeza en el hombro de él.
– Nada interesante – era mejor no decirle nada a Orihime por ahora. No quería hacer especulaciones apresuradas y tenía que descansar.
Karakura
Isshin y Kaien caminaban uno junto al otro en silencio. El atardecer estaba llegando a su fin y algunas luces se habían encendido.
– ¿Quieres que cenemos juntos? – preguntó Isshin al llegar a una esquina.
– Debo regresar a casa. Rika estará esperándome
– Bien, entonces nos separamos aquí – Isshin se detuvo. Kaien siguió. – Hasta luego
– Adiós – Kaien no podía creer que su abuelo siguiera intentando hablarle sobre su madre. ¡A él no le importaba nada que tuviera que ver con ella! Lo único que tenía eran recuerdos borrosos y una angustia en el pecho que no lo dejaba respirar cada vez que la recordaba. Sacudió la cabeza para quitarse esos pensamientos y apareció el rostro de Orihime. ¿Quién sería ella? ¿De verdad podía hacer algo por su padre o eran más patrañas? Suspiró y siguió caminando con las manos en los bolsillos.
Hospital de Karakura
– Bien, me voy – Renji miró a Ichigo de reojo y saludó con la mano a Uryu antes de salir por la ventana. El quincy no contestó mas que con un gesto y se quedó pensativo por unos cuantos minutos.
Kaien era potencialmente poderoso. ¡Y ellos tan tranquilos! Ichigo intentaba por todos los medios mover alguna parte de su cuerpo, abrir sus ojos, algo que le diera a entender a Uryu que él había escuchado todo, ¡qué quería opinar! ¡Era su hijo! ¡Hijo de Rukia con él!
¿Quién tenía derecho a decidir su futuro? Nadie, por eso tenían que hacer algo. No se podían quedar esperando sentados a que la Sociedad de Almas se haga cargo de su reiatsu y lo despoje de su vida.
– Ichigo – dijo Uryu, sin levantar la vista del suelo. – Haré lo posible porque Kaien conserve su vida tal cual está. Pero si la Sociedad de Almas ha puesto su ojo en él será complicado… – lo miró con dolor en sus ojos. – Yo… te prometo que lo protegeré
Hueco Mundo
– Kokoro – la voz de Nezumi se oía irritada. La chica continuaba caminando detrás de él, dirigiéndose a su laboratorio subterráneo en Las Noches. – ¿Recuerdas que te he dicho muchas veces que al Príncipe Ulquiorra no le gusta que le mientan? – su palabras eran ásperas.
– Si
– Pues bien, es tu turno de demostrarme que puedes mentir sin que el principito lo note – Kokoro no se sorprendió con lo que el científico le pedía. – Debemos hacer todo de acuerdo al plan, y además de inculpar al felino inmundo ese, comenzaremos con la segunda parte
– Pero… mañana
– Aquí no hay mañana – se detuvo en medio de la oscuridad del pasillo y ella también. – Lo que Ulquiorra quiso decir es que pensemos bien qué vamos a contestarle. Mañana o más tarde, da igual. Será cuando él lo desee
– Señor – preguntó tímidamente. – ¿Debo comenzar ahora mismo?
– Si, ahora – sonrió maniáticamente. Kokoro desapareció.
Karakura
En casa no había nadie. Entró y encendió las luces. Dejó sus zapatillas en la entrada y tomó una gaseosa del refrigerador. Se sentó en el sillón y encendió la televisión.
– Bah… – murmuró. – ¿Dónde estará Rika? – miró de reojo el teléfono y metió su mano en uno de los bolsillos del jean. – No hay nada – miró su móvil, que no tenía ningún cambio. Instantáneamente entró un mensaje.
– "Llegaréenunrato" – decía el mensaje de Rika. Kaien se extrañó, pero optó por no contestar y siguió tomando su gaseosa.
Un ruido de cristales en la parte superior de la casa lo alteró. Parecía que se había caído algo en el dormitorio de sus padres. Bufó y se levantó, dejando la televisión encendida. Subió las escaleras a desgana y entró rápidamente en la habitación. Todo estaba oscuro y el aroma inundó sus sentidos. Olía a jazmín. El rostro de Rukia apareció en su mente, sonriente. Un escalofrío recorrió su espalda cuando notó que lo que se había caído era un portarretratos. Encendió la luz.
Entró y lo tomó, intentando no ver la fotografía, pero no pudo evitarlo. Los vidrios estaban esparcidos por la alfombra. Dejó el objeto sobre la cómoda, pero la foto resbaló y cayó a su lado. Impúdica y terrible. Allí estaban su madre y su padre, abrazados, uno frente al otro. Se miraban compenetrados. Se notaba a simple vista que estaban enamorados. Una lágrima se escapó de sus ojos y se sentó en el suelo. Tomó la foto entre sus manos, sin poder dejar de observarla.
– Mamá… – susurró. – Devuélvemelo – el llanto invadió el ambiente.
