¡Hola a todos! No acostumbro poner comentarios en los capítulos, pero este merece la pena. Es un regalo para dos de las seguidoras más fervientes de esta historia: Emo Romantica 03 y pbdbgt. ¡Gracias por leer!
Además, este capítulo es especial porque -junto al anterior- marca el comienzo de las retrospecciones y los recuerdos que son un pequeño presente para los lectores. Además de que contribuyen a entender pequeños detalles de la historia. Seguramente en el próximo capítulo habrá IchiRuki (al fin, je).
Espero con ansiedad recibir reviews para que me animen a continuar escribiendo, porque últimamente... mmm... cómo decirlo... Necesito incentivo. ¿Gusta o no gusta esta historia? ¡Porfis, díganme! Es un mísero clic y una pequeña frase... ¡Gracias a todos!
Sociedad de Almas
Quinto Escuadrón, habitación del Capitán
"Aquel nacido de la muerte, será el que logre destruirla y devolver el orden y la justicia a este mundo. Y debes saber que todo aquello que nos une será lo que nos separe cuando muramos."
Renji había guardado bajo llave la carta que encontró días antes en su oficina, no sin antes releerla. Su cabeza daba vueltas. No podía entender cuál era el peligro que representaba Kaien a la Sociedad de Almas, si ni siquiera se desprendía una gota de reiatsu de su alma humana. Y tenía el extraño presentimiento de que esa carta tan sospechosa escrita por Aizen tenía que ver con Kaien. Suspiró y escuchó unos leves golpes en la puerta.
– Pase – dijo con desgana. Pero, se sorprendió cuando se abrió la puerta y detrás de ella estaba Rangiku. – Rangiku, ¿qué haces aquí? – la pregunta era tonta, pero estaba realmente sorprendido. Pensó que después de lo sucedido con el Capitán Hitsugaya ella se quedaría haciendo sus quehaceres en el escuadrón.
– Renji… – dijo con cierta preocupación, al ver la expresión de su amigo. Estaba ojeroso y parecía abrumado por algo. – ¿Sucedió algo? – preguntó, entrando a la habitación y cerrando la puerta. Caminó hacia él y se paró a su lado, mirándolo a los ojos.
– No, nada – intentó sonreír, pero salió sólo una mueca horrenda de sus labios. Rangiku confirmó que sucedía algo y era malo.
– Sentémonos. Quiero que me lo digas – le dijo y se arrodilló en el futón que estaba en el suelo. Renji se sentó sobre el tatami, dejando a un lado su zampakutoh. Rangiku miró la katana con sorpresa porque nadie llevaba su arma, a menos que fuera a alguna misión. – ¿Vas de misión? – le preguntó, aún observando la espada.
– Si – dijo él. No podía dar detalles, pero tampoco quería mentirle a su amiga. Con los años habían podido entablar una amistad profunda y sincera. Y sabía de sobra que no podría mentirle. Cerró sus ojos un momento. – Es una misión secreta y no puedo darte detalles
– ¿No puedes darme detalles? – se extrañó. Pasó por su mente el ataque a Toushiro. – ¿Tendrá que ver con el ataque que recibió Shiro en Hueco Mundo?
– No, no es eso. Supongo que la Comisión se encargará de hablar con Hallibel o con Ulquiorra y arreglar esa situación. Creo que la Capitana Unohana será esta vez la que guíe la misión – Rangiku estaba pensativa.
– ¿Y si no es eso…? ¿Qué otra cosa secreta está sucediendo? ¿Tanto misterio? – abrió los ojos, dándose cuenta de algo importante. – ¿Tiene que ver con Ichigo? – le preguntó. Renji la miró desorbitado. No sabía qué responder. Rangiku sonrió. – Tiene que ver con él – Renji asintió levemente con la cabeza. – Está bien, no me lo digas. Seguramente tengas que irte por varios días al mundo humano y es hora de que alguien supervise esa zona – lo miró seriamente a los ojos. Se quedaron en silencio varios minutos.
– Rangiku – llamó su atención. – Tengo que tomar una difícil decisión y me ausentaré por un tiempo. Por favor, cuida de Hinamori kun – miró hacia un costado, de reojo. – Sabes que ella aún hoy está inestable emocionalmente y a veces me cuesta pararla
– Si, sé que insiste en querer ver a Aizen – Rangiku lo miraba seria.
– Y también… – apretó sus puños. – Si es que algo sucede… Por favor, quiero que sepas que en todos estos años
– Si, lo se – lo interrumpió y sonrió. – No digas nada, porque simplemente nada sucederá. Tienes que estar tranquilo porque lo que tienes que decidir te está haciendo daño. Ve y haz lo que debes hacer. Con calma y tranquilidad. Sabes que aquí te estaré esperando
Décimo Escuadrón, hall principal
– ¿Qué querías decirme, Hinamori? – preguntó Toushiro una vez que se sentaron en el sillón y hubo servido té.
– Estoy preocupada por ti. ¿Por qué has vuelto al trabajo?
– No puedo quedarme de brazos cruzados. Tú mejor que nadie me conoce y sabe que es imposible que me quede en mi casa sin hacer nada
– Si, tienes razón – rió divertida Momo. – Pero algo más me preocupa – su tono se volvió más serio. – ¿Qué sucedió en Hueco Mundo? – le preguntó directamente.
– ¿Por qué lo preguntas? – Toushiro sabía perfectamente que ya le había contestado esa pregunta. No quería repetirse y menos tratándose de hablar con ella.
– Me convocaron para ir como parte de la Comisión. Y necesito saber – lo miró expectante.
– ¿Cómo parte de la Comisión? ¿Y con quién irás? – comenzó a alterarse. El Comandante General estaría loco para mandarla a ella, justamente a ella, a Hueco Mundo.
– Con la Capitana Unohana, el Capitán Ukitake, Hisagi san, Kira san, y otros shinigamis de bajo rango como escolta – enumeró Momo.
– ¿Y tú aceptaste ir? – preguntó Toushiro y luego se dio cuenta de que la pregunta no le había gustado a la chica.
– Por supuesto – dijo con enojo. – Además, no contestaste a mi pregunta. ¿Qué sucedió en Hueco Mundo?
– Entramos por la Garganta de la zona Oeste
– ¿Es la que está más alejada de los laboratorios, no? – el capitán asintió con la cabeza.
– Y nos dirigimos hacia Las Noches en una misión de registro de eventuales apariciones de hollows sobre el desierto
– ¿Por qué estabas tú haciendo ese reconocimiento? - sabía que él era el supervisor de ese tipo de misiones, pero no tenía la certeza de que las hiciera personalmente.
– Sabes que parte de mi trabajo es supervisar el avance en la regeneración de los hollows. Después de la guerra y de tantos años, la vida en Hueco Mundo nunca volvió a ser la misma. Parece que Aizen había acabado con gran parte de los hollows y se interrumpió abruptamente el flujo de almas allí. Por eso nosotros – dijo con orgullo, refriéndose al Seireitei – teníamos que hacernos cargo de que todo volviera a la normalidad
– Eso lo sé, continúa
– Entonces, en esta misión en particular, queríamos constatar que esa región, la Oeste, aún estaba deshabitada. Cuando logré divisar Las Noches, perdí el conocimiento
– ¿O sea que estaban cerca del palacio? – Toushiro volvió a asentir con la cabeza.
– Pero el golpe que recibí no lo vio venir ninguno de los shinigamis que estaban a mi cargo. Apenas pude verlo e intentar defenderme. Vino desde un costado, a gran velocidad. Estoy seguro de que fue un Gran Rey Cero
– Si, ya me lo habías dicho. Pero me parece muy extraño que alguno de los ex Espada haya podido hacerlo. No hay muchos que digamos
– Yo no confiaría en ellos – la miró heladamente. Momo estaba insatisfecha con el relato que había obtenido. ¿Cómo se suponía que podía sacar deducciones acerca de qué características tenía el ataque que había recibido Toushiro si él no quería darle más detalles? Arrugó el ceño.
– ¿Y cómo es que piensas que fue un Gran Rey Cero? – el peliblanco se sorprendió.
– Es que ningún cero normal podría haberme dejado inconsciente, aunque haya sido a quemarropa – parecía confiado con lo que decía. – Creo que estamos en una situación delicada y pediré expresamente a la Comisión ir yo mismo a Hueco Mundo a entablar conversación con Hallibel y Ulquiorra
Arenas de Hueco Mundo, en las afueras de Las Noches
Orihime estaba sentada en la arena, mirando la luna. Sentía una presión horrenda en el pecho, como si le hubieran arrancado el corazón. Sonrió tristemente ante este pensamiento.
– Hollow – susurró, tocándose el pecho. Se sentía sola. Ulquiorra había sido muy claro y ella había podido interpretar lo que había querido decirle. No tenía caso que siguiera discutiendo con él porque siempre iba a ser igual. Sabía perfectamente que tenía la razón y que seguramente nadie había pensado en que ella podría hacer algo por Ichigo. Además, todos tenían las herramientas necesarias para ir a buscarla a Hueco Mundo, si ese hubiera sido el caso.
Suspiró y se levantó. Una leve brisa comenzó a soplar y el vestido rosado que traía puesto se movía, rozándole las piernas. La arena se colaba entre los dedos de sus pies y le hacía cosquillas. Se sentía tan bien estando en aquel desierto vacío…
– Hallibel san – llamó la atención de la ex Espada, que estaba sentada leyendo unos papeles que había recibido esa mañana de parte de la Sociedad de Almas. Hacía tres años que estaban en paz. La rubia la miró en silencio. – ¿Crees que podría traerlo a la vida nuevamente? – la mujer se sorprendió con la pregunta de la chica. Hacía tres años que había finalizado la guerra con el encierro de Aizen y también tres años que Orihime los visitaba con frecuencia y entrenaba con ella.
– ¿Traerlo a la vida? – preguntó con curiosidad.
– Si – bajó la vista, algo ruborizada. – Estuve pensando mucho y también busqué información y hablé con Urahara san sobre la muerte de Ulquiorra – Hallibel sonrió apenas. – Y cómo él no fue purificado, sino que se volvió cenizas, estuve analizando la posibilidad de que pueda regresar su tiempo y espacio
– Puedes intentarlo. Si lo que me estás pidiendo es autorización, sabes que aquí puedes hacer lo que te plazca
– Gracias – sonrió la castaña. Se levantó de la silla y caminó por varios minutos a paso ligero hasta que por fin salió de Las Noches.
Se quitó los zapatos y caminó varios metros por la arena de Hueco Mundo, descalza, sintiendo a cada paso cómo los pequeños granitos le hacían cosquillas.
– Sólo espera un poco más, porque te traeré de nuevo conmigo… – susurró mientras seguía caminando.
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