Hola de nuevo. Heme aquí subiendo el capítulo 16 de esta atrapante historia. Al menos lo es para los que la seguimos. Y digo "la seguimos" porque yo misma la releo varias veces antes de seguir escribiendo para asegurarme de que no estoy cometiendo ningún error grosero.

Gracias a los que dejaron sus comentarios en respuesta a mi mensaje del capítulo anterior. Y vuelvo a agradecer especialmente a Emo Romántica 03 y a pbdbgt, que gracias a ellas estoy llena de energías para continuar.

También quiero insistir en que dejen sus comentarios para saber qué curso piensan que tomará esta historia. En este capítulo en especial hay cuestiones claves e incipientes acerca de lo que pasará en el futuro. No sé si aún pueden interpretarlas como tales por la escasa información que compartí con ustedes hasta ahora, pero por eso justamente quisiera saber sus opiniones. Así que anímense a comentar y a decirme sus inquietudes y sus deseos para con esta historia.

Ahora sí, que disfruten el capítulo.


Hospital de Karakura

– ¿Vamos a casa? – preguntó Uryu entrando en la habitación donde estaba internado Ichigo. Rika, que permanecía sentada en la silla enclenque junto a la cama lo miró con afecto.

– Por supuesto, Kaien debe estar comiéndose los codos – se levantó. – Seguramente tenga hambre – dio un beso fugaz en la frente de Ichigo. – Y no sabe ni calentar la comida de ayer – bromeó. Uryu sonrió, pero se mantuvo parado en la puerta, con su mano en el picaporte. Rika pasó a su lado y antes de cerrar la puerta le dirigió una mirada preocupada a su amigo, aún dormido.

Todo estaba mal, podía sentirlo en el ambiente. También se había dado cuenta de que Rika desconocía todo lo que habían hablado Uryu y Renji, incluso no se había percatado de la presencia del Capitán. Las cosas no estaban bien y él debía concentrarse en su recuperación. No podía dejar todo en la manos del pelirrojo aquel y menos sabiendo cómo se había comportado la última vez que lo vio, hacía ya diez años.

Uryu cerró la puerta con suavidad y cambió su expresión instantáneamente por una más amable y serena. Miró a Rika caminar hacia el final del pasillo y pensó que lo mejor sería que ella ignore la visita de Renji. De cualquier forma no podría hacer nada y preocuparla antes de tiempo era inútil. Caminó rápido hasta alcanzarla.

– ¿Qué comeremos? – le preguntó la joven al médico. – No tengo demasiadas ganas de cocinar. Además es tarde – dijo observando la tormenta que se avecinaba una vez salieron del Hospital.

– No lo sé, cualquier cosa rápida – acotó Uryu. – Mejor nos apresuramos, esa tormenta no me gusta y podría volver a cortarse la luz en cualquier momento

Caminaron varias cuadras en silencio, mirando los relámpagos y oyendo los truenos. Cada uno de ellos parecía querer que recordasen lo ocurrido hacía diez años.

– Uryu – llamó la atención del quincy, sin mirarlo ni detenerse. – ¿Crees que todo lo que hizo mi papá fue en vano? – le preguntó. Uryu se sorprendió un poco por la pregunta que nunca antes le había hecho la joven. Sabía que tarde o temprano se vería en esa situación.

– Ichigo lo buscó por todos los medios sabiendo que era muy difícil que recuperara sus poderes

– Ya lo sé. Urahara me platicó acerca de eso. También me dijo que el método que usaron como último recurso había tenido que ver con todo lo que sucedió después – continuaban caminando, pero más lentamente.

– Lo que sucede es que no sabemos nada acerca de… – dudó en seguir. Rika paró y lo miró a los ojos.

– Sé que mi papá intentó por todos los medios recuperar sus poderes de shinigami para poder ir a la Sociedad de Almas a buscarla – bajó la vista. – Pero no alcanzó con eso, quería más, necesitaba más. ¿Por qué? – volvió a mirarlo con lágrimas en los ojos.

– Es que no sabíamos dónde estaba – explicó Uryu escuetamente. – No sabemos con certeza qué sucede con los shinigamis en esa situación

– ¿Y qué hay del Seireitei? – las lágrimas salían de sus ojos y las gotas de lluvia comenzaron a caer.

– Ellos – Uryu apartó su vista – no hicieron nada, absolutamente nada


Sociedad de Almas

Quinto Escuadrón, oficina del Teniente

Estaba listo para ir al mundo humano. Había resuelto todas las cosas que tenía pendientes. Sólo le faltaba comunicarle a Momo que debía ausentarse de su cargo por dos meses y que estaría en casa de Urahara durante su estadía en el mundo humano.

Estaba sentado en el sillón de ella, y añoraba sus momentos como teniente al mando del Capitán Kuchiki. ¿Sería prudente avisarle que estaría con su sobrino durante dos meses? No estaba seguro de querer avisarle, pero tampoco podía ignorarlo. Se levantó, inseguro pero con la convicción de que sería mejor que Byakuya supiera parte de la verdad sobre lo que la Sociedad de Almas había decidido. Rukia jamás hubiera dudado en pedir el consejo de su hermano.

Al abrir la puerta se topó con alguien que jamás hubiera esperado ver dentro de su escuadrón, más considerando que hacía meses que no veía.

– C… Capitán – dijo con sorpresa. Iba a verlo justamente en ese momento, pero jamás pensó que él sería el que se acercara.

– Renji – dijo a modo de saludo. Byakuya alzó una ceja, invitándolo en silencio a volver a entrar en la oficina y cerrar la puerta. Ambos entraron y se sentaron. La incomodidad de Renji se sentía en el ambiente.

– Usted dirá, Capitán – le dijo, tragando saliva a continuación.

– Sé que irás en misión al mundo humano – le dijo con severidad. – Pero el Comandante General no ha querido decirme el motivo de tu visita después de diez años que no has estado allí – lo miraba a los ojos.

– Es una misión secreta, señor – aún conservaba el profundo respeto por Byakuya, como solía sentirlo desde hacía años.

– Sé que es una misión secreta, y no voy a preguntarte nada sobre eso – afirmó Byakuya sin dudar un momento. – Lo que quiero es que si ves a Kaien o a Rika les des esto – le extendió un sobre sellado con el logo de la familia Kuchiki. Renji lo tomó sin decir nada. – Es una carta, sólo eso. Necesito decirles unas palabras y me es imposible ir hasta allá ahora

– No tiene que darme explicaciones. Les alcanzaré esto ni bien pueda – guardó el sobre entre sus ropas. Se miraron intensamente por unos momentos. Byakuya se levantó. Renji no podía articular palabra alguna.

– Espero que tengas suerte en tu misión y que tomes la decisión correcta – Renji se sorprendió mucho con el deseo de su ex Capitán. – Sé que podrás hacerlo – se retiró dejando la puerta abierta y a Momo allí parada, mirando con desconcierto. Cuando Byakuya desapareció en el codo del pasillo, Hinamori entró rápidamente y se sentó frente a Renji que aún observaba la puerta con abstracción mientras tocaba el sobre que le había entregado Byakuya.

– Renji – le dijo la mujer por lo bajo. – ¡Renji! – lo llamó más fuerte y él movió su cabeza, intentando volver a la realidad. – ¿Por qué vino el Capitán Kuchiki aquí? – le preguntó en pose chismosa.

– Vino a darme un recado – murmuró Renji. – Es que

– ¿Recado? – lo interrumpió. – ¿Por qué? ¿Irás a algún sitio? – preguntó ella sin entender mucho.

– Si, me ausentaré por dos meses

– ¡Dos meses! ¡¿Y qué haré yo en ese tiempo? ¡No puedo sola con todo! – protestó.

– Si que puedes – la alentó Renji. – Son sólo dos meses y si sucede algo podré venir a socorrerte

– ¿Dónde tienes que ir? – le preguntó realmente interesada.

– Al mundo humano – dijo, bajando la mirada.

– ¿Al mundo humano? Hace muchos años que no vas allí. ¿Para qué necesitan que un Capitán vaya? ¿Está sucediendo algo malo?

– Justamente no lo saben y por eso me envían a investigar. Pero todo estará bien – sonrió falsamente, porque comenzó a sentir una gran presión en el pecho. – Estaré en casa de Urahara san

– Está bien – Momo sonrió. – Pero cuídate mucho – era mejor que él se ausentara durante el tiempo que le tomaría a ella deducir lo que sucedió en Hueco Mundo. Después de todo Renji estaba custodiándola por órdenes de la Capitana Unohana y no podría investigar a fondo sobre el caso con él a sus espaldas todo el tiempo. Y si Renji estaba con Urahara, nada malo podría suceder.


Karakura

Casa de los Kurosaki

Kaien había regresado a su casa justo antes de que comenzara a llover. ¿Qué había sido todo eso? ¿Esa tal Kokoro realmente era un hollow? No podía entender cómo era que había podido verla y también a esa supuesta alma encadenada. Nunca antes había visto nada parecido y no había podido sentir algo como lo que estaba sintiendo en ese momento. Los cabellos de su cuerpo se erizaban con recordar el escalofrío que sintió al tocar a la chica.

Rukia caminaba por la orilla del río, con un niño de cabello naranja tomado de la mano. Más adelante, un hombre también de cabello naranja llevaba en los hombros a una niña un poco más grande.

Mamá – la llamó el pequeño Kaien. – ¿Por qué yo no puedo ver lo que ustedes si? – le preguntó con auténtica preocupación. Rukia lo miró. – ¿Hay algo malo conmigo?

No – ella se agachó a su lado y lo tomó por los hombros. – No hay nada malo contigo. Eres un niño muy especial, y nosotros somos los diferentes – no dejaba de sonreír, pero el pequeño no lograba entender lo que su madre quería decirle.

Es que papá y tú siempre hablan de esos monstruos. Y tú sales por las noches a cazarlos – se avergonzaba de hablar de aquello que no podía ver. Rukia lo tomó por el mentón.

Mírame Kaein – el niño alzó su mirada. – Papá y yo los protegeremos a ti y a tu hermana a toda costa, siempre, para que no tengan que preocuparse por nada. No importa que Rika te diga que ve a esos monstruos, porque siempre estaré para que no te molesten – Rukia lo abrazó con ternura.

¿Cómo se llaman esos monstruos? – dijo el pequeño y su voz salió apagada por estar apoyado en el pecho de la mujer.

Hollows – dijo Rukia acariciando la cabeza de Kaien. – Pero no importa cómo se llamen, porque jamás deberás preocuparte por ellos

– Hollow – repitió, recordando aquella remota escena que se dibujó en su mente por un momento. Su madre le había prometido que nunca debería preocuparse por esos monstruos. Pero nada era cierto. Ni lo protegió de ellos ni eran unos monstruos. Kokoro no era un mostruo, pero sin embargo se definió a si misma como un hollow.

Escuchó las voces de Uryu y Rika llegando. Entraron haciendo bastante alboroto y Kaien se levantó molesto y se acercó a la puerta.

– ¿Por qué tanto escándalo? – preguntó.

– ¡Estamos todos mojados! – dijo Rika divertida. – ¡Tráenos unas toallas! – Kaien bufó.

– ¡Qué molestos! – fue en busca de las toallas. Uryu sonrió.

– No cambiará más – comentó mientras se quitaba los zapatos y el guardapolvo, ambos empapados.

– No – rió Rika. – Y eso es lo bueno de él. Todo en Kaien es diferente – lo dijo a modo de broma, pero Uryu no se lo tomó como tal. Rika tenía razón, había algo en Kaien que lo hacía distinto: no sólo no podía ver almas, sino que tampoco poseía una sola gota de reiatsu. Nada fluía de su cuerpo. El rostro de Uryu se ensombreció. En ese momento Kaien volvió y les arrojó las toallas.

– Espero que hagas de comer, si me muero de inanición será culpa tuya – ladró refiriéndose a la hermana.


Hueco Mundo

Orihime preparaba una garganta. Debía volver al mundo humano. Sabía que no podría hacer nada para que Ichigo se recupere, pero menos podía ayudar quedándose allí, tan lejos. Había tomado la decisión de volver, ver a Uryu y conocer los detalles de lo que sucedía.

– ¿Te vas? – la voz de Hallibel la sorprendió.

– Si – sonrió. Pero la ex Espada notó la tristeza en la mirada de la humana.

– ¿Discutieron? – preguntó sin acercarse. Estaba a varios metros de Orihime, recostada en una columna.

– Si – la mujer apartó la vista. – Él no entiende que hay lazos que no se pueden romper ni con el tiempo ni con la distancia

– Creo que si lo entiende – Orihime se sorprendió. – Lo que sucede es que tiene miedo de que decidas volver con los que son como tu, humanos

– ¿Tú crees? Pero yo… – apretó sus puños. – Sólo quiero ayudar

– Si, lo sé – Hallibel miró de reojo hacia un costado, viendo el perfil escondido e Ulquiorra. – Y él también lo sabe. No te preocupes. Ve y haz lo que te parezca correcto

– Yo… – Orihime la miró con los ojos llorosos. – Lo amo – Ulquiorra se sorprendió en su silencioso escondite. – Pero tengo que hacer esto – giró y entró en la garganta. – Hasta luego, Hallibel san

– Ve con cuidado – respondió la hollow y la garganta se cerró. – Ya la escuchaste – dijo fuerte. – Volverá antes de lo que piensas