Hola a todos! Gracias por sus comentarios! Me hacen súper feliz y me llenan de energía y ganas de continuar escribiendo como loca. En este capítulo continúa el misterio, aún no se sabrá qué es exactamente lo que le sucedió a Rukia, pero mi intención es no revelarlo de una, sino mantener este suspenso que me apasiona. Tampoco se sabrá mucho de los supuestos poderes de Kaien, al menos no por ahora.

Espero disfruten con este capítulo y que amerite que dejen su comentario. Muchísimas gracias a todos por el apoyo. Besos, Mary.


Hueco Mundo

– Al fin regresas – la dura voz de Nezumi se escuchó desde la oscuridad. Kokoro había regresado del mundo humano y recién entraba en Las Noches. – Veo que has tenido éxito

– ¿Por qué supones que he tenido éxito? – preguntó a desgana.

– Por la expresión tonta que traes – espetó. – Apresúrate y ponte a trabajar. Hay mucho qué hacer y además el principito pronto vendrá por ti. Has tardado demasiado en el mundo humano

– Aquí el tiempo no existe. ¿Era así no? – preguntó con sorna la hollow. – ¿Y ahora me dices que tardé mucho?

– Silencio – dijo con énfasis y con una voz turbia que parecía salir del fondo mismo de sus entrañas. Kokoro calló y obedeció.


Karakura

Se encontró caminando en un desierto de arena blanca. Era de noche y la única luz era la de la luna, que le pareció diferente. El aire era denso y le costaba respirar. Llenó sus pulmones y retuvo la respiración por un momento, luego exhaló generando una nube de vapor. Hacía bastante frío en ese desolado lugar.

Miró hacia todos lados, intentando descubrir dónde estaba. Se sentía a gusto en ese extraño lugar aún desconociéndolo. La sensación que lo invadía era extraña pero podía sentir que provenía desde su interior, justo desde el centro del pecho. Su corazón bombeaba con fuerza y casi podía oír los latidos sin esforzarse demasiado. El silencio del ambiente era estremecedor.

Siguió caminando por varios minutos sin encontrar absolutamente ningún cambio en el paisaje. ¿Qué era aquel recóndito lugar? Por su mente pasó una fugaz imagen de la hollow llamada Kokoro. Ese lugar tenía su aroma. Ella olía a arena y desierto, y eso tal vez era lo que le resultaba familiar.

Bah… – soltó. ¿Familiar? Si sólo había estado con ella unos cuantos minutos. Además, ni siquiera sabía si ella era realmente la que decía ser o simplemente una humana que quería jugarle alguna broma de mal gusto.

Pero le había hablado de shinigamis y de almas. También de monstruos o hollows como alguna vez aprendió que se llamaban. Todo daba vueltas en su cabeza a tal velocidad que lo mareaban. Cayó de rodillas en el suelo.

¡Kaien! – un nuevo grito se escuchó como un eco en todo ese gran e infinito desierto. – ¡Kaien! – otro más, pero mucho mas nítido que el anterior. Era una voz femenina que se sintió familiar. Una lágrima se desprendió de su ojo derecho e hizo un pequeño hoyo al caer en la arena. El chico llevó su mano a la gota, que se había helado al contacto con el suelo.

¿Qué significa esto? – se preguntó a si mismo. Tomó la pequeña gota helada y sintió una energía poderosa venir desde ella. Hasta él podía notarla. Comenzó a emanar una gran luz azul. Kaien cerró la mano y encerró la esfera dentro de ésta.

¡Escúchame Kaien! – la voz se alejaba de él, pero oyó perfectamente lo que le pedía.

¡¿Quién eres? – gritó, con rabia. – ¡¿Dónde estás? – volvió a gritar desaforadamente. Pero el silencio volvió a reinar.

– Kaien – una voz masculina lo llamó despacio. – ¡Kaien despierta! – lo llamó más fuerte al ver que el chico no reaccionaba y continuaba agitándose en su cama. Se notaba a simple vista que tenía una pesadilla. Al fin cesaron sus movimientos y abrió lentamente los ojos.

– ¿Quién es? – preguntó aún confundiendo el sueño con la realidad.

– Soy yo. ¿Qué sucede? – Uryu sonaba calmado. Sólo estaba encendida la luz de noche. Miró de reojo al hombre, que no tenía puestas sus gafas y hizo una mueca de desagrado.

– Nada – dijo y giró dándole la espalda.

– No parecía que estuvieras durmiendo bien. ¿Tuviste algún sueño extraño? – le preguntó, intentando averiguar qué era lo que soñó. Esa podía ser la oportunidad perfecta para indagar en la mente de Kaien sin que se diera cuenta. Y poder averiguar algo sobre lo que Renji debía decidir.

– No te interesa – espetó. – No eres mi padre – dijo con asco.

– Sé que no soy tu padre y si él estuviese aquí le dirías qué sucedió. ¿Por qué no vas en la mañana al hospital y se lo cuentas a él? – el tono de Uryu denotó la molestia que le ocasionó el comentario del chico. Él no era su padre pero era el hombre que se había hecho cargo de ellos desde hacía meses. Al menos merecía cierto respeto. Kaien giró y lo miró a los ojos, que estaban enrojecidos.

– No me interesa lo que digas – le dijo sinceramente, pero ya sin tanto ímpetu. – No necesito a mi padre para superar un tonto sueño

– ¿Superarlo? ¿Tuviste más de una vez este sueño? – le preguntó con auténtico interés. Kaien retiró su mirada, pero no le contestó. – Al parecer si. ¿Y qué sucede en él? ¿Alguien te llama? – si algo había aprendido Uryu en todos sus años junto a los shinigamis era que el primer síntoma de poder en ellos era escuchar una voz en sueños que los llamaba. Si algún atisbo de poder estaba apareciendo en Kaien existía la posibilidad que fuera su zampakutoh que lo llamaba.

– No – dijo rápidamente. No tenía intenciones de que nadie se enterara de lo que le estaba sucediendo desde hacía un tiempo. Si bien Uryu había acertado de alguna forma que alguien lo llamaba en sus sueños, no quería decírselo. No sin antes saber qué era aquel llamado y quién era la dueña de aquella voz. – Son sueños extraños que no tienen nada que ver los unos con los otros. Simplemente son pesadillas sin sentido – contestó escuetamente. Uryu carraspeó a sabiendas que le estaba mintiendo.

– Está bien. Pero me parece prudente que vayas a ver a Ichigo al hospital. Él puede oírte y estoy seguro de que quiere hacerlo – Kaien lo miró pero no dijo nada.


Hospital de Karakura

El viento soplaba con violencia. La lluvia había cesado pero el ambiente era denso y cargado de humedad. Orihime había llegado no hacía mucho al mundo humano y no sabía qué hacer. Debía hablar con Uryu y saber los detalles de la situación de Ichigo, pero no podía aparecerse así como así después de tantos años de ausencia.

Sus pies la guiaron al hospital. Miró la ventana de la habitación de Ichigo, que estaba a oscuras, con una sonrisa triste. Nadie podía verla, ni oírla, ni sentirla gracias a la pulsera que traía. No quería, al menos por ese momento, que la vieran. Entró al hospital y fue a la habitación de Ichigo. Se sentó en la cama y lo miró con los ojos llorosos.

– Tanto te esforzaste… – comenzó a decir. Ichigo no podía sentir la presencia de nadie pero estaba seguro de que había alguien en su habitación. Orihime miró hacia todos lados e intentando bajar al mínimo su reiatsu, se quitó la pulsera. – Tantas veces te he dicho que no lo hicieras – Ichigo pudo oír una voz familiar. Era la de Orihime, estaba seguro. Intentó mover la mano, pero no lo lograba. – Tanto que me cansé de decirlo y simplemente no volví más – parecía una especie de disculpa tardía. Ichigo decidió poner todo su esfuerzo en escuchar lo que la mujer le decía. Su voz se oía exactamente igual que la de hace años atrás, como si el tiempo no hubiera pasado para ella. – En Hueco Mundo todos me trataron muy bien. Hallibel san siempre fue cordial y me respetó muchísimo. Ahora soy como una especie de consejera y tomamos todas las decisiones en equipo – sonrió y miró al techo. Las piernas le colgaban y las balanceaba. – Ulquiorra siempre me protege – lo miró, como si supiera que Ichigo la regañaría en esa parte. – Y ha cambiado mucho desde que lo conocimos – una pequeña risa se escapó. – Estoy segura de que él comprende que he vuelto al mundo humano porque no puedo romper los lazos con ustedes. Nunca he querido hacerlo, ni siquiera cuando no volví – suspiró y mantuvo el silencio por unos minutos. – Bueno, es hora de que me vaya. Intentaré hablar con Uryu – lo miró – y con Kaien – se bajó de la cama, pero una mano fuerte y grande la tomó por la muñeca. Orihime se sorprendió y no pudo decir nada por unos cuantos minutos.

Tomó la mano de Ichigo, que estaba aferrada a su muñeca como si fuera la última salvación y la dejó apoyada sobre la cama. Lo miró y sonrió.

– Te prometo que haré todo lo posible para que te recuperes. No sé si podrás hallar ese lugar que tanto quieres hallar, pero deseo de todo corazón que seas feliz con tus hijos, aquí y ahora – las lágrimas comenzaron a caer. – No la busques más – sollozaba. – No te esfuerces más – miró hacia el suelo. – Ella no volverá y tú – el nudo que se había formado en su garganta no la dejaba continuar. – Y yo… no puedo permitir que sigas haciendo esto…


Sociedad de Almas

La puerta senkai estaba abierta frente a él. Nada podía salir mal. Debía cruzarla y volver al mundo humano con su frente en alto. Tantos años después de aquella terrible situación y aún no lo había superado. Y para completarla, después de ver a Ichigo tirado en esa cama, inerte e inconsciente, no podía estar tranquilo ni seguro. Quería hacer algo por él, y por Rukia. Quería hacer lo que no hizo en su momento.

¿Qué es lo que te sucede? – preguntó Renji de mal humor a Ichigo, que estaba sentado en un taburete junto a la mesada en la cocina.

¿Qué me va a pasar? ¡Estoy seguro de que encontraré el camino! Y nadie quiere ayudarme

¿Quieres recuperar tus poderes? ¡Estás demente! – le gritó el pelirrojo. – Nadie sabe lo que puede haber pasado con ella, incluso si recuperas tus poderes a cualquier precio nadie te garantiza que la encuentres. Y si lo haces igual ya es tarde

Papi… – una vocecita de niña se oyó venir desde arriba.

En cambio tienes cosas mejores en las que ocuparte. ¿Crees que Rukia te perdonaría si los dejas solos? – le preguntó muy enojado.

¡Tu no sabes nada! ¡Tu y la Sociedad de Almas son la misma basura! ¡Nadie entiende lo que siento! – gritó. La pequeña Rika estaba con su pijama parada en el dintel de la puerta.

Papi – le dijo con sorpresa, asustada de los gritos y los enrojecidos ojos de Ichigo. – ¿Sucede algo malo? – Ichigo se acercó a ella y la abrazó. Renji se paró.

No, no sucede nada malo – le dijo suavemente, acariciando su cabello.

Me voy – sentenció Renji. – Cuídalos muy bien – le dijo, pasando junto a ellos. – No te arrepientas de nada – lo miró de reojo, parándose un instante. Ichigo levantó su cabeza para cruzar sus miradas. – No volveré, pero quiero que sepas que ella nunca te perdonaría

Esa había sido la última vez que habló con él y ahora debía volver y enfrentarse con ese pasado, con ese abandono que hizo a su amigo, y a la familia de su mejor amiga en la vida. Trago saliva, apretó su zampakutoh con fuerza y entró con los ojos cerrados dentro de la puerta. La mariposa lo guió fuera y cuando volvió a abrir sus ojos ya estaba en Karakura.

– Rukia – dijo mirando las nubes y respirando profundo aquel denso aire de la madrugada. – Voy a liberar a Kaien de esto – hizo una breve pausa. – Te prometo que haré todo lo que no hice, todo lo que esté a mi alcance para que sean felices…