Hola de nuevo! Mil gracias por el apoyo y por aguantar el tiempo que estoy tardando últimamente en actualizar. Pero prometo, prometo y prometo que no voy a dejar de subir al menos dos capítulos por semana (generalmente martes y sabados, pero puede ser que sean otros días). Estoy ansiosa por contarles qué está pasando, pero de a penas estamos viendo la punta del iceberg. Espero les guste este capítulo y que me dejen comentarios sobre qué les pareció. Besos, Mary.
Karakura
Estaba amaneciendo y la ciudad comenzaba a moverse. Renji estaba aún como shinigami y en cierta forma esperaba que alguien fuera a su encuentro. Caminaba en dirección a la tienda de Urahara cuando se sorprendió al ser llamado por una voz femenina.
– ¿Abarai san? – la voz era joven y definida. Él no volteó, pero se detuvo. Sintió pasos acercándose y alguien que le tocó el hombro. – ¿Eres tu? – le dijo con auténtica confusión. El volteó. No reconoció a la primera a la dueña de aquella voz, era una jovencita de cabello castaño, con una mirada que lo dejó estupefacto. No tenía dudas, era la hija de Rukia.
– ¿Rika? – preguntó con más confusión que la que ella tenía.
– ¡Si! ¡¿Eres Renji? – gritó con alegría. – ¡Qué gusto verte! – dijo recordándolo como una persona muy querida por sus padres, que hacía años que no iba a Karakura. – ¿Qué te trajo por acá? ¿Sucedió algo? – el rostro de Renji se ensombreció y Rika lo notó.
– ¡Has crecido mucho! – cambió abruptamente de tema, no quería entrar en detalles y menos con ella. – ¿Cuántos años tienes?
– Diecinueve – contestó extrañada por el comportamiento del Capitán. – Y Kaien tiene quince, ¡deberías verlo! Sólo lo reconocerías por su cabello – rió divertida. – ¿Quieres que vayamos a casa? Uryu ya salió hacia el hospital y Kaien aún está dormido, así que tendrás tiempo para poder acomodarte antes de
– No – Renji la interrumpió. – Aún no puedo ir a tu casa porque primero debo pasar por casa de Urahara san. Él tiene mi gigai
– Ah – Rika estaba un poco desilusionada. Desde que su papá estaba internado ellos estaban solos, de no ser por Uryu que había llegado hacía poco.
– ¿Ishida está viviendo con ustedes? – preguntó asombrado Renji.
– Si, desde que volvió de Sapporo ha vivido en casa
– ¿Antes estaban solos? – Renji estaba un tanto preocupado por la situación de ellos desde hacía tiempo. No tenía sentido que hablaran de eso en medio de la calle, pero su intriga pudo más que su razonamiento.
– Si y no – Rika sonrió. – Mi abuelo y Urahara san nos visitaban todos los días. ¡¿Cómo está tío Byakuya? – de pronto, el Capitán recordó la carta que había traído entre sus ropas. La tomó y la extendió en su mano hacia Rika.
– Esto te lo manda el Capitán Kuchiki. Me lo dio en persona para ustedes cuando se enteró que viajaría al mundo humano – dijo, sonriendo. Rika se alegró mucho.
– ¡Gracias! – lo abrazó efusivamente durante unos segundos. Renji se sorprendió. Se separaron y Rika miró la hora. – ¡No! ¡Es tardísimo! ¡Nos vemos más tarde en casa o en la tienda de Urahara san! ¡Adiós! – Rika corrió por la calle y rápidamente desapareció de la vista de Renji.
Hueco Mundo
Un gran nudo, acompañado de un espantoso dolor en su pecho, se había apoderado de toda su atención mientras se adentraba en los lúgubres pasillos que conducían al laboratorio de Nezumi dentro de Las Noches. No había dormido prácticamente nada debido a los últimos sucesos, y además retumbaban en su cabeza las palabras de Orihime antes de irse.
Su razón le indicaba que todo era normal, que ella era humana y que necesitaba de esos ridículos sentimientos humanos, justamente por su condición. Pero su irracionalidad, aquella que había nacido, muerto y resucitado gracias a esa mujer humana, le gritaba ensordecedoramente que Orihime no debía volver a ver nunca más a nadie de su pasado, y menos a Kurosaki.
Apretó sus dientes al recordar el nombre de ese despreciable ser y luego sacudió levemente su cabeza intentando borrar las últimas imágenes antes de que él mismo hiciera lo más irracional que hizo en toda su existencia como hollow: salvar a un shinigami. Suspiró profundamente, deteniendo un segundo su andar. Cerró sus ojos y volvió a respirar con normalidad. Continuó caminando hasta que llegó a la puerta, que era la única que lo separaba de aquel asqueroso ser y de esa arrancar, que a su parecer, era algo misteriosa. Golpeó y entró sin esperar que lo autorizasen.
– Mi príncipe Ulquiorra – la voz de Nezumi, que se notaba fingida al máximo, lo exasperó. No podía soportar demasiado aquella situación otra vez, así que fue al grano.
– Vengo a buscar a Kokoro. Tengo que hacerle esas preguntas que te mencioné antes y quiero hacerlo en el comedor del palacio. Además quisiera que ella permaneciera en los aposentos
– ¿En los aposentos dice? ¿Tan importante es Kokoro chan como para que usted la quiera en sus aposentos? – recalcó esto último con sorna. Ulquiorra no contestó. La arrancar de cabello rosado salió desde atrás de unas máquinas, seria y nerviosa. Miró a Ulquiorra a los ojos, sin miramientos.
– Como usted desee, Ulquiorra sama – dijo con una frialdad digna de cualquier mujer poderosa.
– Vamos – Ulquiorra giró sobre sus talones. No pudo ver la gran sonrisa de satisfacción de Nezumi al mirar a Kokoro cuando pasó junto a él.
Al salir del laboratorio y hasta sentarse a la enorme y blanca mesa del comedor, no pronunciaron palabra alguna. Kokoro siguió a Ulquiorra por todos los recovecos de los pasillos, exactamente tres pasos detrás. Se sentía nerviosa, pero estaba segura de lo que debía decir.
Ulquiorra dio un sorbo a su té recién servido y miró por entre el vapor de la taza a la joven arrancar. La miró fijamente por unos cuantos segundos y ella mantuvo aquella fría e intimidanete mirada sin vacilación. Él podía ser el arrancar más fuerte sobre toda la superficie de Hueco Mundo, pero era un hollow como ella. Sólo era un hollow más.
– Tú estabas a cargo de la zona en la que el Capitán Hitsugaya fue atacado – afirmó severamente Ulquiorra. – Pero por lo visto no estabas mirando atentamente
– Perdón, Ulquiorra sama, pero yo no soy solamente la encargada de vigilar esa vasta zona del desierto. Hay otros tres arracars que trabajan conmigo – se excusó Kokoro, pero sabía que era cierto lo que decía. Ulquiorra dejó la taza sobre la mesa.
– Entonces dices que no tienes que ver con que nadie haya podido localizar al atacante
– No dije eso, señor – lo miraba intensamente. Ulquiorra pudo notar la determinación de la joven. Y que no tenía una sola gota de miedo. – En el momento en el que el Capitán recibió el ataque, nosotros estábamos sobre otras áreas. Pero eso no quita que no sea nuestra responsabilidad no haber notado la presencia de algún hollow capaz de hacer un ataque que le quite el conocimiento a un shinigami del nivel de un capitán – Ulquiorra estaba sorprendido. Nadie en todo el tiempo en el que él había estado a cargo de Las Noches se había dirigido a su persona con tanta naturalidad, soberbia y valentía.
– No comprendo lo que quieres decir – dijo a modo de respuesta con el único fin de que Kokoro se repitiera y poder detectar en ella alguna contradicción. No podía afirmar que estuviese mintiendo, pero algo en lo que decía no le cerraba.
– Ulquiorra sama – su tono era irónico. – Comprendo que usted es un hollow experimentado y que ha llegado a conocer la muerte. Y volvió de ella – dejó de mirarlo un instante. Su corazón latía con mucha fuerza, pero por alguna razón no le temía a Ulquiorra. – El ataque que recibió el Capitán Hitsugaya provino de alguien que tiene el nivel de un capitán. Y los únicos que tienen tanto reiatsu, son las ex Espada – volvió a mirarlo intensamente, Ulquiorra volvió a tomar la taza.
– ¿Qué era lo que estaban mirando con tanta atención que no pudieron ver el ataque al Capitán? – la acusación que Kokoro estaba haciendo era demasiado grave como para que él se lo reconociera. ¿Qué un ex Espada era responsable del ataque? Era imposible que Hallibel hubiera hecho semejante atrocidad y él no había sido. El único que quedaba era Grimmjow, y además eso confirmaba sus sospechas.
– Estábamos haciendo la rutina, señor
– Muy bien – la miró nuevamente. – Necesito pedirte que te quedes en una de las habitaciones del ala principal de palacio para que participes de la reunión que tendremos en pocas horas con la Comisión que vendrá de la Sociedad de Almas. Ellos darán su versión de los hechos y tú podrás expresar tu excusa por no haber avistado a aquel que lanzó el ataque
– Como usted desee, Ulquiorra sama – bajó la vista sumisamente y no dijo nada más.
Sociedad de Almas
Primer Escuadrón
– Señores, los hemos convocado para conformar la Comisión de Control sobre Hueco Mundo a fin de investigar acerca de los sucesos ocurridos. Estamos aquí presentes el Comandante General Genryuusai Yamamoto, la Capitana de la Cuarta División, Retsu Unohara, el Teniente de la Tercera División, Izuru Kira, la Teniente de la Quinta División, Momo Hinamori, el Teniente de la Novena División, Shuuhei Hisagi, el Capitán de la Décima División, Toushiro Hitsugaya y quién les habla, en representación de la Cámara de los 46, Akira Satô – el shinigami que hablaba, subido en una tarima, llevaba un haori blanco con una inscripción en la espalda. Era bajo y usaba lentes gruesos. Su cabello era blanco y corto, y su voz ronca. – Tiene la palabra, el Señor Comandante General Yamamoto – se hizo a un lado y subió al pedestal el Capitán.
– Estamos en una situación crítica – dijo el Comandante con voz solemne. – Hueco Mundo nos ha atacado – miró fijamente al Capitán Hitsugaya, que sabía no había sido invitado a esa reunión. – Debemos ir allá y establecer diálogo con Hallibel Tier, Ulquiorra Shiffer, Orihime Inoue y alguno de los representantes de sus laboratorios, los cuales son los encargados de vigilar y velar por la seguridad de todos los shinigamis que periódicamente visitan e investigan en Hueco Mundo – el silencio reinaba entre los presentes. – ¿Alguna pregunta?
– Señor – dijo Toushiro, dando un paso al frente. – Sé que no me han convocado en esta ocasión para formar parte de la Comisión, pero solicito su permiso para escoltarlos hasta Hueco Mundo y escuchar las explicaciones que tienen respecto de lo sucedido – pidió cordialmente Toushiro. No podía mostrarse efusivo ni nervioso si quería que el Comandante accediera a su pedido. Genryuusai miró de reojo a Retsu y ella dio un paso al frente, mirando al joven capitán.
– Capitán Histugaya – lo miró a los ojos y un escalofrío recorrió la espina dorsal de Toushiro. – Si no me equivoco le recomendé que por unos días descanse y no vuelva a trabajar – Unohana miró al Comandante. – Creo que lo mejor es que el Capitán se quede en su división y descanse. Después de haber recibido ese ataque no es correcto que vuelva a exponerse
– Capitana, ¿dice usted que el Capitán necesita reposo? – preguntó Akira, el enviado de la Cámara de los 46.
– Si, Señor. Atendí al Capitán Hitsugaya personalmente, cuando todavía no había recuperado el conocimiento. Tuve que ir de urgencia a la base del Cuarto Escuadrón que funciona en Hueco Mundo porque los shinigamis de mi división asignados allí no podían hacer que el Capitán volviera en si
– Ya veo – murmuró Akira. – Entonces, si la Capitana Unohana considera que usted debe guardar reposo
– Espere un momento – interrumpió Yamamoto, con autoridad. – ¿Por qué tiene este empecinamiento con ir a Hueco Mundo, Capitán? – le preguntó a Toushiro, mirándolo fijamente a los ojos.
– Porque creo pertinente que yo sea el que escuche personalmente lo que tengan para decir los de Hueco Mundo. No estoy conforme con quedarme aquí, habiendo sido yo el que más perjudicado salió de todo esto – apretó sus puños con fuerza. Momo lo miraba con tristeza. No quería que fuera, por miedo a que tuviera dificultades con su recuperación, pero no podía impedírselo. Entendía cómo se sentía habiendo sido atacado y habiéndose desmayado por tanto tiempo.
– Está bien – sentenció el viejo. Retsu y Akira quisieron objetar la decisión de Genryuusai, pero él continuó. – Es mi decisión, como Comandante en Jefe de la Comisión de Control, que el Capitán de la Décima División, Toushiro Hitsugaya, sea parte de la escolta que acompañará a la Comisión hasta Hueco Mundo. Sin embargo los nombres de los integrantes ya fueron remitidos a Hallibel Tier y no podemos modificarlos, por lo tanto usted no podrá participar activamente de la reunión
– Iré como espectador. Me comprometo a no hablar, Señor. Gracias
Mundo humano
Calles de Karakura
Kaien estaba confundido. ¿Qué significaban aquellos sueños? ¿Quién era la dueña de esa voz que lo llamaba en cada uno de ellos? Además, estaba ese desierto y ese recuerdo de la hollow que lo visitó anoche. ¿De verdad lo iría a buscar? Pero, ¿cuándo? ¿Y para qué?
Caminaba rápidamente por las calles, intentando no ir a ningún sitio que conociera. No quería cruzarse por nada del mundo con su hermana, ni con su abuelo, ni con ese molesto de Uryu. ¿Qué tenía que meterse en sus asuntos? ¿Desde cuándo le daba consejos sobre qué debía o tenía que hacer con su padre? Ir a visitarlo al hospital. ¡Qué iba a hacer con un viejo que estaba tirado en una cama hacía años! ¡Qué ridículo! Sonrió sarcásticamente.
Cuando quiso acordarse, estaba nuevamente en el cementerio. Entró y sus pies lo guiaron a la tumba de su abuela Masaki. Se sentó junto a ella y miró el cielo. Aún estaba nublado y amenazante. Cerró sus ojos.
– ¿Kaien? – la dulce voz de la mujer que se hacía llamar Orihime lo obligó a abrir sus ojos rápidamente.
– ¿Tú? – dijo, con duda en la voz. ¿Qué hacía ella otra vez en el cementerio? ¿Tan seguido visitaba a su hermano? – ¿Qué estás haciendo aquí?
– Nada, sólo pasé y entré – sonrió. – ¿Y tú? ¿Qué haces otra vez aquí?
– No estoy haciendo nada – dijo de mala gana y se levantó. – Me voy
– Espera – pidió ella. – ¿Podemos charlar unos momentos?
– ¿Para qué?
– El otro día – comenzó a hablar Orihime, sin prestar atención a la respuesta que había dado Kaien. – Fui a ver a tu padre
