Hueco Mundo

Laboratorio

– Tal vez nada de lo que pueda llegar a decirte sobre tu naturaleza te suene familiar y necesito saber más para hacer un informe. Así que lo mejor será que vayas a descansar. Kokoro te preparó una habitación junto a la suya – dijo como últimas palabras Nezumi antes de retirarse inmediatamente y en silencio, observando la impresión que había hecho con el extraño aparato. Los electrodos habían dejado una mancha roja sobre la piel de Kaien, que se sentía aliviado desde que el científico había cruzado una de las puertas laterales. También escuchó cuando cerró con llave.

Exhaló con pesadez y volvió a colocarse la camiseta. Se puso de pie y caminó sobre sus propios pasos, intentando hallar rápidamente la salida de ese laboratorio que le daba repelús. Esperaba encontrar a Kokoro fuera, pero sólo se topó con la penumbra del largo pasillo y el silencio de la soledad de ese enorme palacio blanco. Siguió su camino en dirección a la supuesta habitación, pero pensó que lo mejor sería volver al cuarto de la hollow, en el que ya había estado y sabía dónde era.

Arenas

– ¿Qué es lo que sabes, Grimmjow? – insistió Kokoro cuando entraron en la cueva que ahora era el hospedaje del ex Espada. Grimmjow la miró a los ojos con enojo.

– Te dije que no es nada. Al menos no importa ahora y menos que tú lo sepas – contestó de mala gana.

– Dímelo – ordenó Kokoro mirándolo fríamente. Grimmjow primero sonrió y luego soltó una carcajada que logró exasperar a la hollow. – ¿Qué es lo gracioso?

– Parece que estuvieses dándome una orden. Niña, ¿quién te crees? Eres sólo un pedazo de mierda, como yo – bajó la vista un momento y su expresión se ensombreció. Tomó una taza que había sobre la mesa de piedra y sirvió té con la tetera.

– ¿Aún conservas esa reliquia? – Kokoro cambió de tema porque sabía que Grimmjow odiaba hablar de ciertas cosas. El cambio en el rostro del hombre no le gustó para nada. Lo miraba intensamente.

– ¿Lo dices por esta tetera? – Grimmjow arqueó una ceja y miró el objeto. – es lo único decente que tengo – agregó y continuó sirviendo té en la taza que pertenecía a Kokoro. – Además, tú las has robado para mí de la cocina de Las Noches. Debería ser como una especie de tesoro secreto – volvió a reír.

– Hoy estás extraño. ¿Es por lo que dijo la jefa? – preguntó con sorna Kokoro. – ¿O el príncipe te hizo enfadar? – el peliazul, de un solo movimiento, se acercó a ella y la tomó del cuello, con suavidad.

– Nunca más me hables así – le dijo y la soltó. Chasqueó la lengua. – Jamás aprenderás, niña tonta – comentó más calmo. – Las cosas aquí no son como deberían ser – caminó hacia una especie de mueble y tomó un recipiente. – Este miserable lugar está lleno de mierda shinigami, ¡y tú crees que me preocupa lo que diga el hijo de puta de Ulquiorra! – gritó y la miró. – ¡Lo único que debería preocuparte es quitar a esa mierda de la Sociedad de Almas de este puto lugar! – Kokoro no podía decir nada. Lo miraba atónita. No podía creer que Grimmjow estuviera tan iracundo respecto a lo que sucedía con la Sociedad de Almas. – Ellos vinieron para destruirnos – se acercó con el recipiente, – y para deshacerse de nosotros, los rebeldes – la miró a los ojos con decisión. – ¿Y tu? ¿Qué harás?

– ¿Yo? – Kokoro se sorprendió con la pregunta. – ¿A qué te refieres con eso?

– Cuando se enteren de que tu lanzaste ese supuesto ataque, querrán castigarte – la miró más intensamente, intentando amedrentarla. Pero Kokoro no movió ni un solo músculo. – Y créeme si te digo que no te va a gustar


Mundo humano

– ¿Abarai san? – preguntó suavemente Orihime al notar la presencia de Renji cerca de ella, de espaldas. Renji giró.

– Inoue – dijo a modo de saludo. – ¿Tienes novedades? – Orihime negó con la cabeza.

– He recorrido todos los lugares que se me han ocurrido y no pude localizarlo. Tampoco está en su casa, ni en el hospital ni en casa de Isshin

– Ya veo… Tampoco Ishida ha dado con él. Y al parecer Rika no tuvo noticias en todo el día – Renji miró hacia el horizonte, que se estaba cubriendo de tonos anaranjados y lilas. – ¿Qué haremos?

– Creo que deberíamos hablar con Urahara san y ver cómo podemos localizarlo – los dos miraron hacia el sur, desde donde se acercaban Uryu y Rika, corriendo.

– ¿Tu eres… Orihime? – preguntó algo confundida y cansada Rika, al notar la presencia de la mujer. Hime sonrió.

– Si, soy Orihime Inoue. Es un placer volver a verte – se inclinó a modo de saludo.

– Si, es bueno volver a verse – acotó Renji. – ¿Alguna novedad?

– Nada – afirmó Uryu con su rostro ensombrecido. – No hemos detectado ningún cambio en el ambiente, y ni rastro de Kaien

– Yo visité los lugares donde suele estar y nadie lo ha visto hoy allí. El último que lo vio fue el abuelo. Me dijo que le dio unas fotografías y que se fue – dijo Rika con preocupación.

– ¿Será prudente que vayamos con Ichigo? – preguntó con timidez Orihime, pensando en la reacción que él tuvo con ella cuando lo fue a visitar. Tenía el presentimiento de que él sabría algo.


Sociedad de Almas

Décimo Escuadrón

– Entonces… ¿me dejarás a cargo dos meses? – preguntó por tercera vez Rangiku, dejándose caer sobre el sillón de la oficina. No podía creer lo que Toushiro le estaba diciendo.

– Si, mal que me pese eres mi teniente y es tu deber quedar a cargo del escuadrón en mi ausencia. Además, son sólo dos meses. Creo que no habrá de qué preocuparse. Si todo está como hasta ahora… – se miraron un instante. Los dos se sentían angustiados con la idea de separarse. Él porque no confiaba del todo en ella, y ella porque tenía un mal presentimiento sobre lo que podría suceder en Hueco Mundo. El Capitán se sentó junto a Rangiku.

– ¿Estás conforme con la resolución de la Cámara? – le preguntó sin mirarlo.

– Creo que fue correcto que me designen a mí como Comandante del Comité. Suena lógico que quieran que yo mismo investigue sobre el ataque que recibí. Además, es una de las zonas que están bajo mi supervisión como Comandante de las fuerzas de Control… – se miraron un instante, y ambos retiraron la vista.

– Si tú estás conforme, confío en ti. Pero… cuídate y – volvieron a mirarse – cuida de Momo – él la miró sorprendido. – Es que ella no está bien, e ir a Hueco Mundo puede ser demasiado… – dudó un momento, pero siguió. – Además, Renji me pidió que cuidara de ella y si ella va allá, será tu deber hacerlo

– No tienes ni que decirlo. Es obvio que cuidaré de ella – un gran silencio de apoderó del ambiente por unos cuantos minutos. Ninguno de los dos se animaba a decir nada, tampoco se miraban.

– Yo – Rangiku rompió el hielo – estaré esperándote

– Por supuesto


Hueco Mundo

Había pasado un largo rato con Grimmjow y no se había dado cuenta de que era demasiado tiempo. Volvió rápidamente, usando su sonido, a Las Noches y fue directamente al laboratorio, donde no había nadie. Las máquinas estaban apagadas y frías. Definitivamente había pasado mucho tiempo. No había señales de Nezumi. Suspiró con cierto alivio y salió del laboratorio en dirección a su habitación. Pasó frente a la puerta del cuarto que estaba destinado a Kaien y no pudo evitar sonreír. Se llevó las manos a la cara y siguió caminando.

Al entrar en su habitación, grande fue su sorpresa al ver al humano recostado en su cama, sin camiseta ni zapatillas. Cerró la puerta y se apoyó en ella, sin dejar de mirarlo un instante. ¿Tan poderoso podría llegar a ser que Nezumi quería a toda costa que lo llevara a Hueco Mundo? Si ni siquiera tenía una miserable gota de reiatsu, ni hollow, ni shinigami, ni humano. ¿Qué era él?

Se acercó con cautela, cuidando cada paso. A medio camino entre la puerta y la cama se quitó las botas. El leve ruido que hicieron los cierres al desprenderse no irrumpió en la profundidad del sueño de Kaien, que continuaba con su ceño relajado y su respiración acompasada. Cada tanto daba un sonoro suspiro, que estremecía a Kokoro, logrando que los pequeños e imperceptibles vellos de su piel se erizaran. ¿Qué era él?

Se acercó sigilosamente y se agachó a su lado. La leve brisa que generó su movimiento, hizo que Kaien girara y quedara con su rostro muy cerca al de ella. Lo miró intensamente, intentando sentir algo provenir desde él, algo que le diera la pauta de su naturaleza. Lo hizo así como Grimmjow le indicara tantas veces de pequeña, lo hizo como Nezumi le ordenó en cada oportunidad que lo necesitó durante su niñez, pero no logró absolutamente nada. Pero allí estaba él, acostado en su cama, durmiendo plácidamente.

No podía interpretar qué era aquella sensación que comenzaba en el medio de su pecho, cerca de su agujero de hollow y se elevaba hasta su garganta, dificultándole la respiración. ¿Qué era él? Era un humano común, necio y maleducado. Sólo otro más de los tantos. Pero provocaba reacciones en su cuerpo que jamás se había permitido tener. Quería pararse y retirarse de su habitación, pero su cuerpo no se movía. No le respondía ni sus manos, ni sus piernas ni nada. Estaba petrificada frente a ese niño humano que no era nada más que un objeto de investigación más de ese científico mal nacido.

La bronca se apoderó de ella y se levantó raudamente. En ese descuidado movimiento, un objeto calló al suelo. Miró y vio que era el álbum que traía Kaien consigo cuando entraron en Hueco Mundo. ¿Qué contendría? Lo tomó y notó que unas cuantas fotografías se habían desparramado por el suelo. Las junto y se sentó en la mesa.

En casi todas las fotos salía un joven muy parecido a Kaien, que supuso era su padre, junto a otros humanos. En otras estaba Kaien de pequeño y otra niña, que supuso era su hermana. Pero lo que más llamó su atención fue ver en algunas de esas fotografías a Orihime. ¿Qué relación tenía ella con ese humano y su familia? Siguió revolviendo entre las fotografías, hasta que una la dejó petrificada. La tomó con ambas manos y la acercó a su cara, como si no pudiera entender lo que veía.

– Es imposible – murmuró. – ¿Tuvo… un hijo? – dijo para si misma. No tenía ninguna duda, en la foto salía una mujer morena y baja, y Orihime, ambas embarazadas. Con una enorme barriga que podría jurar que estaban a punto de parir.

Kokoro, así impresionada como estaba, se dejó llevar por su curiosidad, y guardó la fotografía en su bolsillo. Dejó el álbum en las mismas condiciones en la que estaba antes de que ella lo dejara caer y salió de su habitación.

Lo único que sentía era un dolor indescriptible en su pecho y el ardor de las lágrimas cayendo desde sus ojos, surcando su pequeño rostro de niña y mojando parte de su ropa y de su oso de felpa. Corría por los interminables pasillos de Las Noches, oscuros, blancos y fríos. No tenía idea de dónde estaba, sólo sabía que quería huir, que no quería volver a ver a Nezumi nunca más en su existencia.

Luego, un gran golpe en su frente y más tarde otro en su trasero. Cuando levantó la vista, allí estaba él. Sus ojos eran verdes, fríos y tenebrosos. Comenzó a temblar y pensó que ese sería su final. El hombre de piel blanca la miró de arriba abajo, y continuó caminando sin decir palabra alguna. Llegó al final del pasillo y desapareció en la penumbra.

Ul… Ulqui… Ulquiorra… – murmuró la niña entre sollozos, recordando las palabras de Nezumi. Nunca debía acerarse al príncipe Ulquiorra, ni a su mujer, porque eran seres despreciables e impuros. Cerró los ojos con fuerza y continuó corriendo.