Hola! Perdón la demora! Feliz 2012!
Hueco Mundo
El abrazo duró unos pocos instantes. Pero fueron suficientes para que Kokoro retomara su actitud de siempre y entrara en sus cabales. ¿Por qué había vuelto a su mente aquella sensación de que ella no pertenecía a Hueco Mundo? Hacía varios años que había comprendido que su naturaleza y su reiatsu eran hollows. Grimmjow se lo había enseñado. Él le había mostrado qué y cómo debía usar sus poderes de hollow, sin importar nada de lo que pudiera haber pasado en su vida anterior.
En su cabeza continuaban rondando imágenes de su pasado. Un pasado que no deseaba recordar y menos en ese momento. Kaien quiso separarla un poco de él para poder volver a mirarla a la cara y comprobar que estaba mejor. Pero Kokoro no lo miró, bajó su vista a la cama y mantuvo sus ojos serenos y abiertos.
Jadeaba. No podría soportar por demasiado tiempo el peso que ejercía sobre ella la energía espiritual de Grimmjow. Sabía que no era él el que era fuerte o el que estaba empecinado en aplastarla con su reiatsu, sino que era ella la que no tenía la suficiente energía para poder mantenerse en pie. Habían estado entrenando por seis horas sin detenerse ni un instante. El ex Espada parecía intacto mientras ella estaba hecha un verdadero desastre. La sangre brotaba por algunas de sus pequeñas heridas, mientras que estaba seca en otras. Sus ojos, edematizados, no la dejaban ver con claridad. Sus miembros le pesaban y los movía con mucha dificultad. Tenía la garganta seca.
Tragó saliva, la poca que le quedaba, y afinó sus ojos intentando identificar el paradero de Grimmjow. La energía espiritual la abrumaba y no podía saber con precisión dónde estaba su oponente. Apretó sus puños con fuerza.
– ¿Dónde estás? – pronunció por lo bajo. Llevaba sus orbes de un lado al otro, sin mover ni un solo músculo más de los que necesitaba. Sus jadeos continuaban llenando el silencio del ambiente. – ¡Grimmjow! – gritó, con mucha bronca. Estaba cansada y desilusionada. En todas esas horas sólo había podido acercársele tres veces. El aludido sonrió detrás de ella y colocó su espada sobre el cuello de Kokoro.
– Así no llegarás a ningún sitio – dijo, mofándose.
– No es justo – se quejó Kokoro. – Tú me tuviste bajo tu presión espiritual todo el tiempo
– Acostúmbrate a ella – ordenó irónicamente. Kokoro dio un giro con una velocidad increíble, que sorprendió a Grimmjow y lo siguiente que sintió fue el choque de sus zampakutohs.
Kaien supuso que la vida que había tenido Kokoro no había sido fácil. Podía notarlo en su mirada y en su actitud. Era demasiado parecida a él y eso se tornaba molesto en algunas ocasiones. Dejó de tocarla y Kokoro levantó sus ojos hasta focalizar su mirada en los de Kaien. Él se notaba abrumado con la situación que se estaba presentando. Podía sentir la inseguridad que le provocaba no saber lo que a ella le sucedía.
Unos golpes en la puerta alteraron aún más a los dos jóvenes. Kokoro se puso inmediatamente de pie y cambió abruptamente su expresión humana por otra que no mostraba absolutamente ningún sentimiento. Se acercó a la puerta, a sabiendas de quién era el que tocaba y la abrió por completo.
– Veo que no la estás pasando mal – la voz de Nezumi le dio náuseas. Kaien se incorporó y se acomodó la ropa. El científico, desde la puerta, lo miró con una sonrisa. – Necesito que Kaien-dono venga a mi laboratorio, tengo algunas novedades que podrían interesarle
Arenas
Ulquiorra estaba inseguro. Jamás se había sentido de esa forma, pero que los shinigamis le pidan que lance un cero, de los más poderosos que pueda hacer, sobre uno de los inventos de aquel científico loco Capitán de la Corte le daba un mal presentimiento. Además, desconfiaba de que ese extraño objeto resistiera semejante poder.
No pudo objetar absolutamente nada de lo que el Capitán Hitsugaya había dicho. Definitivamente el discurso de los shinigamis estaba tan bien hecho y tan pensado que su mente racional no podía encontrar una brecha, por más pequeña que fuese.
Tampoco tenía ganas de hacerlo. Más importante era salir de esa incómoda y ridícula situación y dedicarse a saber dónde estaba Orihime. Después de haber analizado a fondo lo que Grimmjow dijo, estaba seguro de que ella sabía más de lo que decía. No tenía intensiones de entrometerse en lo que deseaba hacer, pero tampoco podía permitir que el mundo humano volviera a provocarle sentimientos que la hieran o que le recuerden todo el dolor del pasado. Apretó levemente su puño izquierdo.
– Ulquiorra san – llamó su atención el Capitán Ukitake, por tercera vez. – ¿Estás bien? – preguntó, con una sonrisa sincera. Ulquiorra lo miró con algo de extrañeza, pero afirmó moviendo la cabeza. – ¿Podrías hacer el cero que el Capitán Hitsugaya te pidió? – el ojiverde extendió su mano derecha hacia delante y apuntó al dispositivo. Una bola de energía verdosa y brillante se formó rápidamente y fue lanzada hacia la máquina. Momo, que estaba a un lado, corrió enérgicamente hacia el aparato y anotó unas cifras que este arrojó.
– Ulquiorra, ahora necesito que hagas un Gran Rey Cero
– ¿Qué? – soltó, incrédulo. ¿Acaso ese shinigami estaba loco?
– Esta investigación se basa en el supuesto de que el ataque que recibí fue del calibre y naturaleza comparables a un Gran Rey Cero. Necesito medir tu ataque para compararlo con los resultados arrojados por las pruebas que me hicieron después de haber recibido el ataque – Ulquiorra, aún sorprendido por el pedido de Toushiro, volvió a formar una bola de energía en su mano derecha. Pero, esta vez, era más grande. Unas corrientes impresionantes de aire mezclado con energía se aproximaban a Ulquiorra con una velocidad impactante. Momo cayó de rodillas a la arena mientras los dos capitanes adoptaron una posición defensiva. El reiatsu del ex Espada se acrecentó indescriptiblemente, tornando denso el ambiente. Luego una enorme explosión azotó el desierto.
– No – soltó sin querer. Frente a él tenía los expectantes ojos de Orihime, llenos de lágrimas. – No comprendo – terminó con dificultad la frase. No lograba asimilar lo que sus oídos terminaban de escuchar.
– ¿Qué es lo que no entiendes? – preguntó ella, sintiendo una presión crecer en su pecho.
– No entiendo cómo puede ser posible esto – Ulquiorra hablaba sin pensar.
– Yo tampoco lo entiendo, pero es verdad – dijo con seguridad. – Urahara san me hizo una ecografía – argumentó. – Estoy embarazada de siete semanas
– Pero – por primera vez en su vida Ulquiorra no podía articular palabra. ¿Embarazada? ¿Iba a tener un hijo de él? Pero, él era un hollow, era un ser sin corazón, cúmulo de miles de seres de iguales características. ¿Cómo él siendo así podría engendrar un hijo con una humana?
– Urahara san me dijo que haría unas cuantas pruebas para poder saber la naturaleza del bebé, pero que por lo que pudo observar es humano – Orihime hablaba entusiasmada, pero Ulquiorra no podía asimilar nada de lo que ella decía. ¿Un hijo?
– Humano – soltó. Un hijo humano. ¿Cómo él siendo hollow podría haber engendrado un hijo de naturaleza humana? Orihime calló. No tenía caso continuar hablando. Él parecía no escuchar nada. Lo miró unos cuantos segundos, luego él levantó la vista. – ¿Qué debería hacer? – preguntó. No tenía idea de lo que ella pensaba en ese momento. Apenas si entendía lo que significaban algunos sentimientos. Pero lo que estaba pasándole a través de su mente y de su corazón en ese instante era demasiado. Orihime sonrió y sus ojos se llenaron de lágrimas que no tardaron en caer. Lo abrazó fuertemente.
– Nada – dijo entre llantos, acurrucándose entre el hombro y el cuello de Ulquiorra. – Nada – repitió más bajo. Él la rodeó con sus brazos.
Mundo Humano
Pudo percibir que alguien entraba en su habitación. El reiatsu era sumamente familiar y tranquilo. Suspiró involuntariamente y el extraño sonrió. Estaba seguro de que era Kisuke. Abrió los ojos lentamente, para poder evitar el golpe de la luz, pero se sorprendió al notar que las lámparas permanecían apagadas. Sólo entraba el tenue reflejo de los rayos del sol del amanecer. Era temprano y los pájaros cantaban alegremente. Quiso sonreír, pero no lo logró. El esfuerzo de mantener los ojos fijos en algún punto y sus párpados abiertos era demasiado como para agregarle a eso cualquier acción.
– Tienes que entender que no sé qué sucedió – insistió Urahara por tercera vez. Su tono de voz era de los más serios que Ichigo había escuchado nunca jamás. Y sabía que estaba hablando en serio. Pero no entraba en su mente que Kisuke no pudiera saber lo que había sucedido.
– No – dijo y se levantó de su lugar junto a la pequeña mesa. Estaba ofuscado y se sentía sumamente desconcertado.
– Ichigo – susurró Orihime, viéndolo desde su lugar, un poco alejada. Podía sentir perfectamente cómo se sentía Ichigo. Rukia había desaparecido sin dejar rastros. Ella podía saber lo que sentía que alguien a quién amas mucho desapareciese de tu vida así sin más. Cerró sus ojos un momento, reprimiendo sus lágrimas.
– No estoy de acuerdo con eso – Ichigo miró a Kisuke a los ojos. Sus orbes estaban irritadas. – Continúa con la investigación y avisa a la Sociedad de Almas. Tal vez Kurotsuchi pueda hacer algo al respecto
– Kurosaki, no continúes con esto. Ella murió – Uryu apenas podía hablar, pero no tenía caso continuar dándole vueltas al asunto. Rukia había muerto y su alma shinigami se había desvanecido, para volver a formar parte del ciclo de la vida.
– ¡No vuelvas a decir eso! – gritó, abalanzándose sobre su amigo y tomándolo por el cuello con la mano derecha. Los anteojos del quincy volaron por el aire y cayeron unos cuantos metros más atrás, rebotando dos veces en el tatami.
– Aunque no quieras que lo diga – dijo Ishida con la misma serenidad de antes, haciendo caso omiso a la violenta reacción de Ichigo, – es la verdad. Ella está muerta – el pelinaranja lo soltó con asco y apretó sus puños.
– Me voy – dijo apretando los dientes. – Recuperaré mis poderes de shinigami y la encontraré, esté donde esté
Kisuke cerró la puerta y se acercó a la cama, notando inmediatamente que Ichigo tenía sus ojos abiertos y miraba el techo. Enfatizó su sonrisa. Realmente estaba feliz porque él hubiera recuperado la conciencia. Se sentó en la silla junto a la cama y se quitó el sombrero.
– Hace poco estuvo Ishida san en la tienda y me contó que al fin habías abierto tus ojos. Al principio no podía creerlo, pero veo que es verdad – no lo miraba. Ichigo necesitaba decirle demasiadas cosas como para quedarse quieto y callado, simplemente mirando el techo. – Todavía no sé dónde está Rukia – sonaba compungido. – Y tampoco sé dónde está Kaien – su tono de voz se iba apagando. Ichigo logró girar la cabeza un poco. Urahara lo miró. – Tal vez tú lo sepas – sus miradas se cruzaron. Kisuke no había cambiado en nada en esos cuatro años. – Estoy seguro que Kaien no está en este mundo, y también sé que tú sabes dónde está. No puedo decírselo, a ninguno de ellos – prosiguió. – La Sociedad de Almas nos pondría en peligro a todos si lo que pienso no es verdad – retiró su vista. – Pero si tu sabes dónde está Kaien y lo encontramos antes de que ellos hayan hecho nada, todo volverá a ser como antes
Hueco Mundo, Laboratorio
Nezumi jugaba con una pluma mientras terminaba de releer un informe que había escrito hacía pocos minutos. Kaien, más nervioso de lo que estaba antes, lo observaba mordiéndose los labios. ¿Ya había sacado conclusiones respecto de su supuesto poder? ¿O simplemente le diría lo mismo que cientos de veces había escuchado de la boca de Urahara? Tragó saliva. Kokoro, notando su ansiedad, lo miró furtivamente e hizo una pequeña seña con sus cejas. Kaien lo notó y miró hacia otro lado.
– Niña, será mejor que te retires – ordenó el científico sin mirar a la hollow. Ella miró inmediatamente a Kaien, sintiendo que debía quedarse allí y saber ella también lo que Nezumi diría. – ¿Estás sorda o qué? – preguntó de mal humor, esta vez levantando la vista y clavándole los ojos a Kokoro. Ella asintió con la cabeza y salió del laboratorio.
– Quiero que se quede – espetó Kaien de mal humor. La seriedad se apoderó del rostro de Nezumi.
– No. Lo que tengo para decirte es entre tu y yo. No quiero que ni ella ni nadie lo sepa. Eso también va para ti. No se lo dirás a nadie – ordenó de mala manera. Kaien lo miró iracundo. ¿Quién era ese tipo para darle órdenes a él? Pero, cuando iba a objetar, Kokoro le hizo un gesto para que no dijera nada.
– Como desee, Nezumi – la hollow se retiró sin rechistar.
