Hola a todos! ¿Cómo están? Yo, bien, pero con algunos inconvenientes de súper-desmotivación-para-escribir. Espero que me venga la inspiración pronto porque se viene la mejor parte de la historia (ya parezco Tite sama, sólo me falta poner mini spoilers). Espero sus comentarios sobre qué les pareció este capítulo. Gracias a todos por el apoyo!


Mundo Humano

Hospital, habitación de Ichigo

– Me alegra que estés mejor – dijo Renji cabizbajo, acercándose a la silla enclenque que sería su lugar durante los próximos minutos. Ichigo no dijo nada, sólo lo observó detenidamente mientras caminaba. No había cambiado en nada. – Inoue san ya partió a Hueco Mundo. Encontrará a Kaien y lo traerá de regreso, tenlo por seguro – miró a Ichigo de reojo. No se atrevía a verlo a los ojos. Un nudo le cerraba la garganta y le transpiraban las manos.

– ¿Byakuya sabe? – preguntó Ichigo, escuetamente. Aún no podía articular una frase completa ni levantar el tono de voz, pero necesitaba imperiosamente mantener esa conversación con Renji.

– El Capitán Kuchiki no fue participado de esto. Pero sé que sabe lo que está sucediendo. Además, mandó una carta para los niños

– Supuse que él sabía todo – volvió a decir lentamente.

– No me atreví a decirle nada, esa es la vedad – soltó, bajando la cabeza. – En todos estos años no he cambiado en nada – comenzó a hablar. – Rukia me regañaría por eso – sonrió. Ichigo no dejaba de mirarlo intensamente. – Fui un idiota, nunca me tendría que haber ido. Fui un cobarde – hizo una pequeña pausa, para tomar aire. Apretó sus puños. – Fui un mal amigo, un mal compañero y lo peor de todo es que defraudé a Rukia – por primera vez miró a Ichigo. Descubrió que este lo miraba sin sacarle los ojos de encima. Sus facciones denotaban su cansancio y los años que habían pasado desde la última vez que lo vio.

– Yo fallé – soltó Ichigo, sosteniendo aquella mirada. – No fuiste tu, ni Orihime, ni Ishida, yo fui el que les falló a todos – cerró los ojos y exhaló con pesadez. – Y al único que nunca va a perdonar Rukia es a mi

Las piernas le dolían de tanto correr. Había estado fuera todo el día intentando comunicarse con la familia de un paciente, y no había podido lograrlo hasta esas horas. Era muy noche, llovía intensamente y hacía frío. Uryu aún estaba en el consultorio y le había advertido sobre una presencia hollow cerca de su casa. Fue entonces que aún sabiendo que no podría hacer nada contra el monstruo, salió corriendo fuera del hospital. Llevaba una camisa, un chaleco y su guardapolvo desabrochado.

Maldición – soltó entredientes. Sabía que no podía sentir ni una gota de reiatsu, pero igual lo intentaba desesperadamente, más tratándose de Rukia. También sabía que ni bien él puso un pie en la calle, Uryu saldría de incógnito y sin decir nada a nadie para deshacerse del hollow antes de que Rukia lo haga. Era siempre igual.

Llegó agitado a su casa y abrió la puerta con violencia. No había nadie en la sala. La televisión estaba encendida en un canal de dibujos animados. Le resultó extraño, pero no dijo nada. Cerró la puerta y subió las escaleras.

¿Rukia? – preguntó suavemente, entrando en la habitación de Rika. Pero allí no había nadie. La cama estaba armada. – ¡Rukia! – dijo más fuerte, saliendo del cuarto y entrando en el de Kaien, donde tampoco había nadie. – ¡Oi! ¡Rukia! – gritó. Entró en su pieza. La cama estaba revuelta, pero no había nadie. La luz estaba prendida. – ¡¿Dónde te metiste? – gritó fuera de si. Era imposible que hubiera salido con los dos niños a esas horas de la madrugada.

Salió habiendo arrojado el guardapolvo sobre el sillón de la sala. El frío comenzaba a molestarle. Le costaba respirar y sus ropas estaban empapadas debido a la lluvia. Comenzó a caminar. ¿Dónde podría estar Rukia? Pensó en ir a casa de su padre, tal vez había dejado allí a los niños. Pero, cuando tomó la dirección indicada, un ruido seguido de una nube de polvo llamó su atención.


Hueco Mundo

Arenas

– Creo que no tengo mucho más que preguntarte, Hallibel san – concluyó Ukitake después de hacerle las preguntas de rutina en las que no encontró nada nuevo. Suspiró resignado. – Hemos entrevistado a los principales sospechosos y no hemos obtenido ninguna evidencia de que alguno de ellos hayan sido los causantes del ataque al Capitán Hitsugaya – la voz de Juushiro se oía cansada, la ex Espada lo miró de reojo. – Y creo que las pruebas de reiatsu no han arrojado nada significativo

– ¡Ukitake san! – llegó gritando Momo. – Aquí están los informes – la joven shinigami miró a Hallibel no muy contenta. Ukitake sonrió.

– Está bien, Hinamori kun. Ella tiene derecho de estar aquí. Después de todo somos nosotros los que estamos fuera de lugar – sostuvo el papel entre sus manos y leyó rápidamente.

– Ukitake san, si quieres puedo irme – dijo Hallibel en un tono calmado. Después de todo ella misma sabía cuáles serían las conclusiones a las que llegarían.

– No – levantó su vista y clavó sus ojos en los de la mujer. – Según estos resultados, las muestras de reiatsu que fueron extraídas del cuerpo de Histugaya kun en el momento del ataque no coinciden exactamente con ninguno de los ataques que Ulquiorra san, Grimmjow san y tu han lanzado sobre la máquina. El ataque que recibió el Capitán es más poderoso que sus ceros, y también más poderoso que el Gran Rey Cero de Grimmjow – hizo una breve pausa. Continuó al notar la sorpresa en el rostro de Hallibel – pero menos potente que el Gran Rey Cero de Ulquiorra san

– Eso quiere decir que no fue ni Grimmjow ni Ulquiorra – repitió afirmando, Hallibel. Ukitake asintió con la cabeza.

– ¿Tienes alguna idea de que haya alguien en Hueco Mundo capaz de hacer un ataque de tal magnitud? – intervino Toushiro en la conversación, con poca paciencia.

– Nosotros no tenemos un registro de todos los habitantes de Hueco Mundo, y menos si viven en las arenas – la arrancar miraba alternativamente a los tres shinigamis. – Es probable que en estos años desde que fue derrotado Aizen los hollows hayan evolucionado, pero para que alguno alcance el nivel de Grimmjow y lo sobrepase... – lo pensó un momento. – No creo que sea fácil dar con ese hollow

– O sea que no descartas la posibilidad de que alguno de los hollows o arrancars que hayan quedado vivos después de lo que sucedió con Aizen pueda haber llegado por sus propios medios al nivel de un Espada – habló Toushiro. – No creo que sea posible que no haya registros de alguien con

– Disculpen – la voz de Orihime sorprendió a todos los presentes. Apareció desde Las Noches sin que ninguno de ellos se percatara de su presencia. – Quería

– Orihime san – la saludó amablemente Ukitake. – Veo que has regresado del mundo humano – comentó sonriendo. – ¿Podrás darnos tu testimonio? – era necesario saber qué era lo que declararía Orihime. Era clave en la investigación saber si efectivamente ella había estado con Grimmjow en el mundo humano cuando Toushiro fue atacado.

– Por supuesto, Ukitake san – sonrió. Lo mejor era actuar con naturalidad. En cualquier caso diría que había ido a visitar la tumba de su hermano. Juushiro miró a Toushiro de reojo, y el peliblanco asintió.

– Hallibel san, por favor, acompáñeme. Necesito que revise conmigo los resultados quela máquina arrojó. Quizá hayamos cometido algún error en el análisis y usted pueda detectarlo – pidió amablemente el Capitán de la Décima División, conservando su expresión seria y preocupada. Le dedicó una mirada furtiva a Orihime antes de virar en dirección a la máquina. Fue seguido inmediatamente por Hallibel, que hizo un gesto a modo de saludo, luego por Momo y Kira.

– Orihime san, las preguntas serán breves y te pido por favor que respondas con la verdad – Ukitake la miró a los ojos. Ella sostuvo la mirada, mostrándose segura. – Muy bien – miró por un momento la hoja donde tenía las preguntas anotadas. – Antes que nada quisiera decirte que no sospechamos de ti, por supuesto. Pero es necesaria tu declaración para poder refutar cualquier cohartada por parte de los sospechosos – volvió al papel y luego levantó la vista. – ¿Dónde estabas cuando el Capitán Hitsugaya recibió el ataque?

– En el mundo humano – contestó Hime inmediatamente.

– ¿En el mundo humano? – le resultó llamativo que haya estado dos veces allí en tan poco tiempo, considerando los años que hacía que no iba. Orihime asintió con la cabeza. Además estaba el hecho de que Grimmjow había dicho lo mismo. Era improblable que se hubiesen visto después de que él declarase.

– Si. Fui a visitar a la tumba de Sora, mi hermano. Luego sentí la presencia de Ishida san cerca de la de Kurosaki san y pensé en ir a saludarlos – miró a Ukitake a los ojos, directamente, sin ningún resquemor. Era mejor evitar mencionar su encuentro con Kaien.

– ¿Ishida san estaba con Kurosaki en el mundo humano? ¿No es que Ichigo está en coma desde hace cuatro años? – preguntó más para si mismo que para ella. No se había enterado que Uryu hubiera tomado cartas en el asunto de Ichigo.

– Si, acabo de enterarme de eso – bajó la vista. – De todas formas cuando Histugaya kun fue atacado yo estaba en el mundo humano

– ¿Cuándo te enteraste del ataque?

– Al regresar, Ulquiorra me informó lo que había sucedido. No pude llegar a tiempo para la reunión con la comisión, de la que habíamos sido notificados

– Mientras estuviste en el mundo humano, ¿viste a alguien? – Orihime se sorprendió por la pregunta, pero luego adivinó que seguramente Grimmjow había dicho que se encontraron allí.

– Si. Mientras estaba en el mundo humano tuve un encuentro casual con Grimmjow

– ¿Con Grimmjow? ¿Y qué hacía él allí?

– Él también había ido a visitar a Ichigo – afirmó. – No tengo buena relación con Grimmjow, así que no hablamos mucho. Es más, volvimos en distintas gargantas

– Muy bien, eso es todo Orihime san

Habitación de Kokoro

Habían pasado unos cuantos minutos desde que Saru se retiró. Lo dejó solo en medio del desierto. ¿De verdad ella pretendía que él venciera a esa bestia? ¿Cómo iba a lograrlo? Nunca antes había tomado siquiera una espada de madera entre sus manos. No tenía ni la más mínima idea de cómo desenfundarla. Incluso le parecía demasiado pesada como para tomarla con una sola mano.

Miraba la shirasaya como si nunca antes hubiera visto una katana. Era larga y su funda brillante y azul. Los símbolos que tenía grabados en todo su largo parecían hechos en algún idioma antiguo. No comprendía qué significaban. Comenzó a desenfundarla. La hoja era plateada y también llevaba unas grabaciones hechas en el acero. Eran los kanjis de "desierto" y de "arena". Kaien sonrió.

Sabaku Saru – repitió en voz baja. Dejó la funda a un costado, sobre la arena, y empuñó la shirasaya con ambas manos. Hizo unos movimientos toscos. – Esto no va a salir bien – dijo malhumorado. En ese instante un rugido alteró el ambiente. Las ondas sonoras provenientes de ese ser acobardaron a Kaien, que inmediatamente se hizo hacia atrás, volviendo a tomar la funda de la katana, mientras que con la mano derecha empuñaba torpemente su zampakutoh recién descubierta. Miró de reojo hacia su izquierda y vio a Saru mirando un punto fijo en el horizonte.

Ahí viene – dijo la joven mujer sin mirar a Kaien. La figura humanoide y negra que pertencía a Kuroshi se dejó ver en el horizonte. Era alto y corpulento. Despedía un aura azulada que comenzó a helar el ambiente. Kaien lo observó con detenimiento. No pudo identificar ningún rasgo facial, sólo sus ojos amarillos y lo que parecía una gran sonrisa maniática.

Veo que ya has despertado – dijo con una voz que erizó cada uno de los cabellos que cubrían el cuerpo de Kaien. La voz era tétrica y retumbaba en la soledad del desierto. – Pero eres muy incrédulo, niño. No durarás mucho. Pronto seré el dueño de este lugar y tu existencia desaparecerá – Kaien podía escuchar claramente lo que el monstruo decía mientras se acercarba a ellos. Podía notar el nerviosismo de Saru a su lado, y cómo no movía ni un músculo. Se aferró a la tsuka de su zampakutoh. – Creer no es suficiente, Kaien sama – dijo con sorna. – Deberás sentir sobre tu carne, deberás reconocer quién soy. ¡Yo soy – desapareció. Para cuando Kaien notó su presencia nuevamente, Kuroshi había apoyado su mano helada sobre el cuello del chico. – el rey!

El reiatsu que desprendía el cuerpo de Kaien había inundado la habitación. Kokoro estaba sentada al pie de la cama, observando atónita lo que sucedía. No podía moverse ni dejar de mirar a Kaien, que sudaba y emanaba un aura añil y helada. Sentía frío. Y sentía miedo. Esa presencia que nuca jamás había sentido antes comenzaba a irritarla. ¿Qué era él?

Se incorporó con difcultad y se acercó a la cabeza del chico. Luego sintió una mano con una fuerza descomunal tomándola del cuello y arrastrándola con violencia hacia la pared contraria a la que estaba viendo. La piel de aquella mano estaba helada, tanto que provocó un escalofrío en Kokoro. Focalizó a su atacante. Era Kaien, pero hubiera jurado que no era él. Sus ojos estaban abiertos y la miraba fijamente. Podía notar que estaba absorto en algún pensamiento muy profundo. Quiso zafarse del agarre, pero no pudo.

– Kaien – dijo suavamente, – suéltame – pidió. Él no respondió. Continuó haciendo presión sobre el cuello de Kokoro. Parecía querer estrangularla. Luego soltó un gritó con una voz ronca y la soltó violentamente. Se hizo hacia atrás varios pasos. Kokoro llevó instintivamente su mano izquierda a su cuello y su derecha a la empuñadura de su katana. – ¡Kaien! – lo llamó más fuerte, queriendo que despertara de ese extraño transe. El reiatsu que emitía estaba logrando que se le dificultara la respiración. ¿Ese era su verdadero poder? Pero, ¿por qué en ese momento había despertado?

El ojo derecho de Kaien se tornó amarillo y una media sonrisa macabra apareció en sus labios. Kokoro apretó su zamapakutoh. No le gustaba la expresión del chico y en ese pequeño lugar no podría hacer demasiado para defenderse. No al menos sin llamar la atención. Kaien extendió su brazo derecho hacia un lado, dejándolo a la altura de su hombro.

– Levántante – la voz del chico estaba mezclada con la de alguien más. Kokoro adoptó posición defensiva. – y mata – hizo una breve pausa mientras una luz se formaba en su mano. – Sabaku Saru – dijo y una zampakutoh apareció sostenida desde su mano. Estaba desenfundada y no tenía tsuba, cosa que llamó la atención de Kokoro. Luego desapareció de la vista de la arrancar para aparecer frente a ella con una enorme sonrisa de satisfacción. Ella pudo parar el ataque gracias a que desenfundó rápidamente su katana y bloqueó la hoja de la de Kaien.

– ¿Qué es esto, Kaien? – preguntó incrédula.

– Es mi zampakutoh – respondió confiado. – Y no me llames así – dijo retrocendiendo. – ¡Soy Kuroshi! – gritó, dejando salir de golpe una gran cantidad de reiatsu.


Shirasaya: es en apariencia similar a la katana, aunque carece de tsuba (guardamano), y su tsuka (mango) no tiene same (forro) ni tsuka-ito (encordado). La empuñadura parece formar una sola pieza de madera junto a la saya (vaina) al estar la hoja envainada, dándole un aspecto similar a un bokken (sable de madera).