Hola! Aquí les dejo el capítulo 42. ¡Esta historia se pone cada vez mejor! Espero les guste y amerite comentario! Gracias a todos por leer! Mary
Mundo Humano
– Debes conservar esto – Kisuke le extendió a Uryu una especie de amuleto de forma rectangular color negro, que llevaba unas inscripciones extrañas en letras occidentales blancas. Era un pequeño objeto colgando de una cadena de metal.
– ¿Qué es esto? – preguntó tomándolo con su mano derecha.
– Una garganta
– ¿Qué? – estaba asombrado.
– He podido desarrollar esta entrada a Hueco Mundo desde la última vez que lo intenté. Pero la desventaja es que sólo sirve para una persona – Uryu lo miró con fiereza. – Es posible que necesite tu ayuda para controlar a Kaien y quiero que cuando te llamen estés preparado para ir
– Pero yo
– Nada de peros. Y de esto ni una sola palabra a nadie – se retiró, dejando a Uryu con las palabras en la boca. ¿Qué podría hacer él? Además, hacía mucho tiempo que no se dedicaba a entrenar y no estaba seguro de poder hacer nada. Sacó de su bolsillo la cruz quincy y la apretó en su mano izquierda.
Hueco Mundo
Se detuvieron frente a la entrada de lo que parecía una cueva sobre unas rocas. Ulquiorra no recordaba haber estado allí antes. El lugar estaba cerca de los laboratorios shinigamis, pero lo suficientemente lejos como para que no molestaran. El aire del lugar era denso y pesado y la arena se tornaba amarillenta en algunas zonas. Grimmjow avanzó lentamente en dirección a la entrada sin mencionar palabra alguna. Ulquiorra se limitó a seguirlo varios pasos más atrás, con las manos en los bolsillos del hakama. Nunca había querido hablar con Grimmjow sobre absolutamente nada. Pero esta situación lo ameritaba. Necesitaba saber qué era lo que el ex quinto Espada había querido decirle entonces.
Entraron. El lugar era acogedor. La decoración era prácticamente nula, pero todo estaba ordenado. En medio de la cueva había un gran espacio que se asemejaba a una pista de entrenamiento. Algunas rocas estaban colocadas estratégicamente, cosa que llamó la atención de Ulquiorra. ¿Grimmjow viviría allí desde hacía tanto tiempo como para haber organizado un lugar así? Más lejos, se veía lo que parecía una mesa con dos sillas y unos vasos sobre esta.
– ¿Té? – la voz de Grimmjow resonó en el lugar, despertando a Ulquiorra, que negó con la cabeza. – Yo tampoco – dijo y se sentó en una de las sillas, desplomándose. – Toma asiento – ordenó. Ulquiorra hizo lo propio. Se miraron durante algunos segundos. – ¿Qué es lo que quieres, Ulquiorra? ¿Después de tantos años de exilio vienes así sin más a preguntarme esto? – apoyó los codos sobre la mesa y chasqueó la lengua, con una mueca de fastidio. Se volvió a recostar en el respaldo y se cruzó de brazos, apartando la vista hacia la pista de entrenamiento.
– Necesito que me digas qué era lo que ibas a decirme en ese momento – insistió Ulquiorra.
– ¿Por qué debería? – volvió a mirarlo a los ojos. – En ese momento era importante y no me escuchaste. ¿Qué cambió? – Grimmjow sostenía su mirada rencorosa, pero en realidad sentía curiosidad por saber qué era lo que había motivado a Ulquiorra a humillarse de la forma en la que lo estaba haciendo.
– Kokoro – soltó y el peliazul se sorprendió.
– ¿Qué sucede con ella? – comenzaba a preocuparse.
– ¿Quién es ella, Grimmjow?
– Sólo una arrancar más de los laboratorios – no era mentira, pero sabía que eso no era lo que Ulquiorra quería escuchar.
– Dímelo – ordenó, apretando los puños dentro de los bolsillos. No debía exaltarse si quería llegar a buen puerto.
– Kokoro es un experimento del laboratorio. Es una arrancar, pero crece como humana. Ella tiene cuerpo de humano, ¿no te diste cuenta? – preguntó algo incrédulo. Conociendo a Ulquiorra y lo detallista que era, suponía imposible que no hubiese notado ese detalle.
– ¿Cuerpo? – el ojiverde arqueó levemente una ceja. Grimmjow sonrió.
– Es la primera vez que te veo confundido, Ulqui chan – rió y se acomodó en la silla. – Al parecer no te irás hasta que te diga todo lo que sé – su rostro se ensombreció. – Y realmente creo saber bastante
Sociedad de Almas
Quinto Escuadrón, Oficina del Capitán
– ¿Carta? – Rangiku pensó que lo mejor era hacer como que no sabía de qué le estaba hablando la Capitana. Lo que decía la carta era demasiado para que ella lo supiera. – ¿De qué carta me habla, Capitana?
– De ninguna, Matsumoto san – sonrió, mirando a Rangiku a los ojos. – Tienes razón, será mejor que nos vayamos. Está demasiado oscuro por aquí y es tarde – se puso de pie. – ¿Me acompañas? – preguntó amablemente. La rubia asintió con la cabeza y la acompañó.
Mientras caminaban fuera del quinto escuadrón, Rangiku se mantenía detrás de Retsu. Estaba demasiado nerviosa y no entendía lo que estaba sucediendo. ¿Por qué Unohana sabía sobre esa carta de Aizen? Ya de por si era extraño que estuviera en el cajón del escritorio de Renji una carta de el ex Capitán como para que también esta mujer supiera sobre ella. ¿Sería que Renji le había dicho que cuidara que nadie entrase en su oficina?
– ¿Usted sabe por qué el Capitán Abarai fue designado a esta misión especial? – preguntó Rangiku fingiendo inocencia. Debía sonsacarle información acerca de su visita. Se acercó, apurando el paso.
– Es una misión secreta, ninguno de nosotros sabe el verdadero motivo – la miró un momento, sonriendo. – Pienso que Abarai san te contó sobre ella – Rangiku se sonrojó levemente.
– Me dijo que se iba en misión, pero no el motivo
– Si quieres saber por qué vine hasta aquí cuando él no está, simplemente es porque estaba verificando que el escuadrón estuviera en calma – la teniente no sabía cómo responder a esa afirmación. Estaba segura de que la Capitana tenía otros motivos ya que antes no la había visto por allí. – Me fue encomendada esa responsabilidad ya que este escuadrón no tiene Teniente ni Capitán. Ambos están en misión
– Si, lo sé. Hinamori kun está en Hueco Mundo – intentó cambiar de tema.
– Y también el Capitán Hitsugaya – cambió la dirección de su vista al cielo. Ya estaban caminando por los pasillos y se acercaban a los cuarteles del Cuarto Escuadrón. – Espero que todo esté saliendo bien. Me preocupa que no hayan enviado informes sobre las investigaciones
– ¿No enviaron informes?
– Supongo que será demasiado pronto. Aunque conociendo a Hitsugaya kun nunca es temprano – sonrió y volvió a mirar a Rangiku que no pudo evitar reír levemente. – Muy bien, aquí me quedo – dijo a modo de despedida Retsu al llegar a las puertas de su escuadrón.
– Nos vemos mañana, Capitana
Hueco Mundo
– Grimmjow fue el único que me entendió y que me aceptó como soy. Para los demás sólo fui un objeto de estudio – concluyó Kokoro. Lo único que Orihime podía hacer era escucharla e intentar entender lo que la niña decía.
– ¿Un objeto de estudio? – preguntó, intentando ser coherente. Los pensamientos, los recuerdos y los sentimientos llenaban su mente y no la dejaban decir lo que quería decir.
– Nezumi nunca me consideró otra cosa
– ¿Nezumi? – los ojos de Orihime se abrieron desmesuradamente. Ese hombre nunca le gustó. Una desagradable bestia inmunda que trabajaba para Aizen y que los mismos shinigamis dejaron libre. Mas aún, le otorgaron poder al dejarlo a cargo de los laboratorios hollows y del control sobre las arenas de Hueco Mundo.
– Él fue el que me encontró en las arenas – continuó contando. – Me tomó bajo su tutela, escondiéndome de los shinigamis. Me crió, pero a la vez estudió cada parte de mi cuerpo y de mi alma – Hime la miraba anonadada. – Pero jamás quiso que nadie de Las Noches ni de las arenas tomara contacto conmigo. Menos los shinigamis, o Ulquiorra o tu
– Entonces, ¿cómo conociste a Grimmjow?
– Me escapé. Tenía cinco años. Me topé con él en las arenas, cerca de Las Noches. Después de eso, siempre estaba con él a escondidas de Nezumi. Grimmjow me entrenó, pero luego – Kokoro recordó de golpe todo lo que había sucedido recientemente. Se le hizo presente todas las advertencias sobre Orihime y Ulquiorra que Nezumi le había hecho durante años. Y en ese instante estaba contándole absolutamente toda la verdad sobre su existencia a la mujer humana. Cerró sus ojos con fuerza.
– ¿Qué sucede? – Orihime comenzaba a preocuparse por la actitud de la chica. Sentía que quería continuar escuchando todo lo que ella quisiera decirle.
– ¿Por qué? – la miró compungida. – ¿Por qué tu siendo humana vives aquí? – la mujer se sorprendió.
– ¿Por qué? – repitió. – Porque este es mi hogar
– ¿Hogar? – soltó el aire, burlándose. – ¿Llamas hogar a este mundo infestado de hollows que sólo piensan en comer almas humanas? Este lugar no es más que un basurero. Y para completarlo, está la basura shinigami – miró hacia otro lado.
– No digas eso – la voz de Orihime se había serenado. Ya podía hablar con naturalidad. Estaba shockeada por lo que Kokoro había dicho sobre su hijo, pero necesitaba saber más sobre ella. – Este es mi hogar desde que conocí a Ulquiorra
– No lo entiendo – insistió. – Viviendo con los que son como tu, ¿cómo pudiste venir aquí? Todos están muertos – Orihime sonrió.
– Tú no estás muerta, yo tampoco. Y Ulquiorra tampoco – miró un momento hacia la puerta, notando que estaba entreabierta. Lo ignoró. – Y por más que todos insistan con eso, nadie está muerto mientras su corazón siga latiendo
– Corazón – repitió en voz baja Kokoro. Luego miró intensamente a Orihime. – Los hollows no tenemos corazón – afirmó y un nudo se formó en su garganta. Ya no estaba segura de ser un hollow.
– Si que lo tienen – sonrió amablemente, transmitiéndole a Kokoro tranquilidad. – Sólo deben saber encontrarlo
Sociedad de Almas
– Listo – se dijo a si misma Momo cuando atravesó la Garganta y entró en el Seireitei. Era de noche y todo estaba en calma. Quería evitar a cualquiera que se atravesara en su camino. Y lo más importante, necesitaba hablar con la Capitana Unohana. Apretó el sobre que traía en su mano derecha y con shumpo, desapareció.
Al llegar a la ventana de la habitación de Retsu tomó aire. No estaba segura de lo que debía hacer. Su misión era informarle acerca de todo lo que sucedía en Hueco Mundo y por eso fue que Unohana la mandó a ella allí. Soltó el aire, intentando relajarse y golpeó suavemente el vidrio.
– Sabía que vendrías, pasa – la voz de la Capitana se coló suavemente en los oídos de Momo, que atravesó sin ninguna dificultad la ventana y se paró frente a Retsu, reverenciándola. – Deja las formalidades, siéntate – dijo. La mujer llevaba un kimono blanco y su trenza atada detrás de la nuca.
– Hicimos las pruebas de reiatsu sobre los tres ex Espada – se apuró a decir.
– ¿Tienen conclusiones?
– Ninguno de ellos fue el atacante – Retsu arrugó el ceño. – Si bien la zona pertenecía a Grimmjow, el nivel de su Gran Rey Cero es inferior al del ataque recibido por el Capitán. Además, Grimmjow tiene una coartada
– ¿Qué? – soltó asombrada.
– Cuando el Capitán fue atacado, él estaba en el mundo humano. Fue confirmado por Orihime Inoue
– ¿Qué hay de Ulquiorra?
– El nivel de Ulquiorra es muy superior. Y confirmó que Inoue san estaba en el mundo humano cuando sucedió el ataque. La coartada de Grimmjow es válida y no pudimos aprehenderlo
– Entonces descartaron que haya sido él, comprendo – se paró del futón y se acomodó en una de las sillas que estaban alrededor de una pequeña mesa redonda. La habitación era grande y minuciosamente decorada.
– Hay algo más, Capitana – Momo dudaba, pero algo le decía que debía decírselo. Retsu la miró, intrigada. – El hijo de Ichigo Kurosaki, Kaien Kurosaki estaba en Hueco Mundo
Hueco Mundo
– Estuve ahí cuando tu hijo nació – Ulquiorra miraba a Grimmjow atentamente. – La shinigami había colocado una gruesa barrera en la habitación, parecía que no quería que nadie supiera lo que sucedería allí dentro. Cuando me apoyé sobre el muro, encontré una brecha y pude sentir levemente el reiatsu de la vieja y de Orihime – tomó aire y continuó. – Cuando nació, su reiatsu era humano, pero a los pocos segundos una fuerza descomunal me obligó a hincarme de rodillas
– ¿Fuerza descomunal?
– Era un enorme poder espiritual. Y era hollow – Ulquiorra apretó los dientes. – Después no sentí nada más. Salió casi corriendo de la habitación con el niño envuelto en mantas y entró al final del pasillo
– Luego de eso yo – Ulquiorra no continuó, no podía hacerlo. Una gran presión apretaba su garganta. Jamás había pensado en que lo afectaría tanto recordar.
– No es todo, Ulquiorra. En el lugar donde ella entró con el bebé había alguien. No sé quién era, ni lo que buscaba, pero no era humano, ni shinigami, ni hollow. Y estoy casi seguro que fue él quien se llevó al crío
– Nezumi – afirmó por lo bajo Ulquiorra. – ¿Qué es lo que insinúas? ¿Que mi hijo estaba vivo cuando nació y que ese insecto se lo llevó al laboratorio?
– No son simples insinuaciones – la seriedad de Grimmjow alarmaba a Ulquiorra cada vez más. Hacía años que lo conocía y jamás lo había visto así. – Cinco años más tarde conocí a Kokoro. Era una niña pequeña y estaba sola y llorando. Fui conociéndola y entendiendo que ella no era como nosotros. Tenía máscara y podía sellar su liberación, pero no era un arrancar normal. Ella crecía al ritmo humano, adquiría características únicas y su obstinación porque era diferente hizo que yo mismo quisiera saber más sobre ella
– Crecer como humano – Ulquiorra recordó lo que había escuchado antes de la boca de Kokoro. ¿Cómo un hollow podía crecer al ritmo de un humano?
– Y descubrí que ella no es como nosotros porque no es un cúmulo de almas, ella es un alma en un cuerpo. No pongas esa cara de idiota – bromeó un poco, – yo tampoco lo entiendo
– ¿Eso es posible? ¿Un hollow con cuerpo humano?
– ¿Acaso Kurosaki no es un shinigami con cuerpo humano? – preguntó, haciendo referencia a Ichigo.
– El único que puede decirte la verdad es el científico de mierda ese que todos los shinigamis apañan tanto. Estoy seguro que esa rata es quien se llevó a tu hijo, y estoy convencido que no murió al nacer – lo miró intensamente. No se atrevía a decirlo, pero estaba seguro que Kokoro era hija de Ulquiorra.
