Hola a todos! Ustedes sabrán perdonar la demora. Es que estuve demasiado ocupada en mis quehaceres que apenas si he tenido tiempo para revisar el correo electrónico.
Pero, para la espera sirve de consuelo este capítulo lleno de sensaciones y sentimientos. Espero les guste y amerite un review.

Ahora las devoluciones:

pbdbgt: no hay cuidado! Mientras lo leas, no importa cuando sea. Me alegra que aún continues la historia, la tengo demasiado abandonada, pero no es porque yo quiera, eh! Espero poder terminarla, porque como bien dijiste, está llegando a su fin.

Emo Romantica 03: La conversación entre Ulquiorra y Grimmjow es una de las mejores partes de la historia. Es divertida, y parece casi imposible, pero si lo piensas bien, hubiera sido algo así. Gracias por seguir ahí leyendo esta linda locura.

Chi002: Por supuesto que lo continuaré hasta el final, puedes quedarte tranquila. Es que últimamente estoy demasiado ocupada. Pero aunque me tome mucho tiempo, la seguiré.

Y gracias a todos los que leen y no comentan. Gracias, Mary


Hueco Mundo

Laboratorios

Kisuke trabajaba sobre unas máquinas que había pedido prestadas a los hollows que trabajaban en los laboratorios. Decidió que era mejor comenzar de inmediato, incluso sin la autorización del encargado, aquel científico llamado Nezumi. Mostraba una preocupación que comenzaba a alterar a Juushiro, que observaba a su amigo sentado en una silla, cerca de la puerta. Kaien permanecía bajo una barrera doble que Urahara mismo había puesto sobre él, para reforzar el kidoh de Ukitake.

Suspiró nuevamente antes de girar sobre la silla en la que estaba sentado. Ésta rechinó. Miró a su viejo compañero fijamente, pero se mantuvo en silencio. Se levantó y se acercó al cuerpo de Kaien, que estaba recostado sobre una camilla especial que pertenecía a los laboratorios.

– Espero que todo esto sea lo correcto – comentó Kisuke y miró nuevamente a Ukitake. – Por lo que pude analizar, y hubiese preferido hacerlo con mis métodos, el reiatsu que apareció de pronto es el verdadero poder de Kaien. Él es un shinigami puro, hijo de dos shinigamis, por eso tiene un reiatsu tan potente. A diferencia de Rika, nació con un potencial especial – hizo una breve pausa que provocó un escalofrío en el capitán – y eso fue mi culpa

– ¿Tu culpa?

– Después del nacimiento de Rika, y viendo que su reiatsu fue estable y humano desde el momento de su concepción, quise hacer unas modificaciones en el gigai de Rukia. Siempre pensé que eso había provocado una mutación en el reiatsu de Kaien, pero descarté esa posibilidad cuando la Capitana Unohana intervino en el asunto. La Sociedad de Almas determinó que ese niño que apenas nacía debía ser observado con cautela por su potencial oculto. Nosotros no podíamos sentir reiatsu alguno proveniente del cuerpo del bebé, que si era humano físicamente hablando

– No entiendo demasiado lo que dices. ¿Estás insinuando que…? – Kisuke no lo dejó terminar.

– Alguien modificó las características del reiatsu de Kaien en el momento en el que salió del cuerpo falso de Rukia. Sé lo que hice con el gigai, y lo pude confirmar en estos días desde que Renji fue asignado a su misión especial. Mientras Kaien estuvo en el vientre de su madre no podíamos sentir su presencia porque el gigai absorbía y estabilizaba el poder espiritual del bebé

– ¿Hablas de Retsu? – el del sombrero asintió levemente con la cabeza.

– En el momento del parto sentí una presión espiritual de tal magnitud que me obligó a ponerme de rodillas. Luego, desapareció. Y la Sociedad de Almas me pidió que no dijera nada sobre eso, que ellos tomarían los recaudos necesarios – Juushiro se levantó como un resorte de la silla. Estaba iracundo.

– ¡¿Y no hiciste nada? – gritó y Urahara agachó la cabeza.

– Al principio estaba ansioso por saber qué era lo que la Sociedad de Almas se empeñaba en ocultar. Hice todo lo que estaba a mi alcance, pero cuando había agotado todos mis recursos, necesitaba estudiar a Kairn… Quise hacerlo, quise investigar, pero Ichigo no me dejó


Sociedad de Almas

El lugar no había cambiado en nada. Los laboratorios del área de investigaciones del Seireitei eran como los recordaba. No tenía certezas sobre la última vez que había estado allí, pero tampoco se moría de ganas por saberlo. Estaba alterada. No quería verse inmersa en ese embrollo, no después de todo lo que tuvo que pasar hacía quince años atrás.

– Capitana, por favor, pase a la oficina. El Capitán Kurotsuchi la atenderá a la brevedad – un pequeño shinigami de aspecto dudoso la acompañó hasta el despacho de Mayuri. Era absolutamente necesario que hablara con él y supiera de una vez por todas qué era lo que habían descubierto hasta ese momento sobre aquel viejo experimento que intentaron hacer. Apretó con su mano derecha la carta que había ido a buscar al despacho del Capitán Abarai.

– Capitana Retsu Unohana, ¿qué milagro es este? – dijo Mayuri al entrar a su despacho, a modo de desagradable saludo. Traía su atuendo habitual. Retsu se limitó a no contestarle. Él se acercó a su sillón detrás del escritorio y se sentó. Estaba serio. – ¿Qué es lo que quieres? – soltó.

– Esto – sacó la carta de su bolsillo y la puso sobre la mesa con brusquedad. El Capitán la miró con sorpresa. – Dime qué es lo que significa

– ¿Una carta? – dijo, con ironía. – ¿Qué es esa carta?

– ¡No te hagas el idiota! – gritó. – ¿Fuiste tú, verdad? – preguntó con bronca. – Tú la pusiste en la oficina de la Teniente Hinamori

– ¿Eh? – arqueó una ceja. – No sé de qué me habla, Capitana – tomó la carta y la abrió. Su expresión de incredulidad no cambió en lo absoluto. – Esta carta es vieja – la cerró y la volvió a colocar en el mismo sitio donde estaba. – ¿Qué quieres saber, Capitana? – inquirió.

– ¿Qué fue lo que me hicieron hacer hace quince años? – fue directa. Ambos se miraban intensamente.

– ¿De verdad lo quieres saber? – preguntó. Ella asintió levemente con la cabeza. – Deberías preguntárselo a él


Hueco Mundo

Su paso era apresurado. Debía buscar a Nezumi y obligarlo a que le dijera la verdad. Si era necesario, recurriría a la fuerza. Ya no entraba dentro de si, estaba como poseído por una fuerza descomunal que lo obligaba, que lo doblegaba y lo impulsaba a saber la verdad sobre su hijo. Kokoro podía ser su hija. Realmente podía serlo y él no se detendría hasta saberlo.

Entró en la gran sala de reuniones. Le faltaban pocos metros más para llegar a los laboratorios y enfrentarse a la verdad. Ese científico se lo diría, podía jurarlo. Levantó la vista un momento y se quedó estático en su lugar. Jamás había sentido tales sensaciones recorrerlo en un segundo. Su corazón latía con violencia. Sus ojos permanecían abiertos y no podía pestañear. Estaba tieso, atónito y fijo en una imagen sin poderla asimilar. Allí, parada en la puerta, mirándolo, apenas ruborizada, estaba Kokoro. Llevaba una solera verde que recordaba era de Orihime. La luz del sol artificial se colaba por los ventanales y alumbraban todo con un brillo especial.

Ella lo miró con sorpresa. No esperaba encontrárselo tan pronto y más aún, no había notado su presencia en lo más mínimo. Los ojos verdes de él la observaban con detenimiento. Se respiraba en el aire nerviosismo y tensión, la misma tensión que Kokoro sentía en el pasado cuando lo veía por los pasillos de Las Noches. Toda su vida la había intimidado la presencia de Ulquiorra. Sólo pensarlo cerca o creer que se podría encontrar con él la aterrorizaba a tal punto que su cuerpo se paralizaba. Pero, cuando Nezumi le ordenó acercarse a él, tomó una confianza inusitada y pudo sobreponerse a ese miedo que el ex Espada le infundía.

Pero, en ese fugaz instante, todo aquello cuanto había construido, todo el esfuerzo puesto en que la presencia del arrancar no la hiciera recular, se desvaneció. Le temblaban las rodillas. Podía sentir una gota de sudor helado recorrerle la espalda. Él dio dos pasos, acercándose más a ella y su expresión se endureció nuevamente, mostrando la seguridad que Kokoro siempre había admirado en silencio.

Desde atrás de Kokoro apareció Orihime. Vio a Ulquiorra acercándose a la joven y dejó de caminar. Los observó en silencio desde la penumbra del pasillo. Notó que la arrancar se movió unos pasos, acercándose a él con temor. Estaba segura de que estaba muerta de miedo. Se abrazó a si misma, pretendiendo con eso ayudar a esa niña a enfrentarse a su verdad. ¿Sería realmente su hija?

Sólo los separaban tres pasos. Se miraban intensamente. Podían sentir el latido de sus corazones, alterados, queriendo salirse de sus pechos agujereados. Si, eran hollows. Pero eso no los podía detener. Sentían. Podían sentirse el uno al otro, queriendo reconocer exactamente lo mismo. Varías veces quisieron decir algo, articular sólo una pequeña y escurridiza palabra que no se escapaba de sus labios. Ulquiorra abrió levemente la boca unos segundos, pero luego volvió a cerrarla. Kokoro apretó sus puños.

– Es… – comenzó a decir la niña, pero inmediatamente se detuvo, volviéndose a perder en la intenso color verde de los ojos de él. Bajó la vista.

– ¿Estás bien? – al fin las palabras, frías e insensibles, volvieron a su boca como si le llegara el alma al cuerpo. Ulquiorra no podía quitar su vista de encima de ella. Orihime notó ese hipnotismo y sonrió levemente. Cada vez estaba más convencida de que ella era su hija. Lo sentía, lo notaba dentro de si misma, en sus entrañas. Kokoro era su hija. La arrancar levantó la cabeza.

– Si – contestó escuetamente. Todo cuanto quería decir se le había olvidado. No podía articular palabras. Su garganta estaba anudada.

– ¿Dónde ibas? – insistió con las preguntas. Tenía que hacerlo en ese momento. Estaba frente a alguien que desconocía, pero que sentía tan familiar que lo asustaba.

– A buscarte – Orihime decidió intervenir tras el silencio de Kokoro. Salió de la oscuridad del pasillo y se colocó junto a ella. La mirada que le daba a Ulquiorra era tranquilizante. Él pudo relajar sus hombros. Luego, volvió su vista a la joven que no podía dejar de mirarlo con la misma intensidad.

– ¿A buscarme? – preguntó para confirmar. Era extraño que ellas quisieran encontrarlo a él, ¿cuál sería su propósito?

– Necesitamos hablar contigo – Orihime sonrió. – Kokoro – la tomó por la mano, sorprendiendo a la chica. – Ella…

– Ella es la que atacó al Capitán Hitsugaya – la voz repulsiva de Nezumi retumbó por toda la sala. Los tres llevaron su mirada hacia el científico que apareció desde la izquierda.


Mundo Humano

– ¿Qué es eso? – la voz de Rika sorprendió sobremanera a Uryu, que jugaba con el objeto que Urahara le había dado en el hospital. La miró y atrapó en su mano derecha la supuesta garganta.

– Nada – dijo y apartó la vista. Rika se sentó junto a él. Estaban en el comedor de la casa de los Kurosaki.

– ¿Te lo dio Urahara san, no? – preguntó, suponiendo que aquel pequeño objeto era algún artilugio extraño. – Renji san me dijo que los vio hablando

– Urahara piensa – comenzó a hablar con dificultad. No podía entender nada sobre lo que Kisuke pretendía – que yo podría serle de ayuda

– ¿Y para qué te dio eso? – insistió la joven.

– Es una garganta – afirmó, volviendo su mirada hacia ella. – Pero no sé como funciona, y menos podría serle de ayuda – dijo con bronca e impotencia. Apartó nuevamente la vista hacia el objeto, abriendo la mano.

– No necesitarás ir – la voz que se escuchó hizo que ambos voltearan sobre sus asientos para descubrir con sorpresa al dueño. – Iré yo