Hola a todos! Esta vez pude sentarme unos minutos y escribir! Así que les dejo este capítulo. Cada vez se pone más y más interesante. Espero les guste y amerite un review. Nos leemos! Mary


Hueco Mundo

Estaba segura de que aquello que restringía su reiatsu había sido retirado. Podía notar la densidad del aire del ambiente. El olor era repugnante y estaba impregnado en sus fosas nasales. Tenía un brazo sobre la cabeza, su codo estaba doblado y con la punta de los dedos podía rozar su cabello. Movió apenas el anular y el medio y notó que su pelo era mucho más largo de lo que recordaba. Hizo una mueca de asco al notar que estaba áspero y sucio.

Intentó mover una pierna y logró levantarla unos centímetros. Dobló la rodilla hasta que su pierna quedó perpendicular a la cama donde yacía su cuerpo. Sus músculos habían perdido su tonicidad, estaba segura. Además, sentía un horrible dolor en la sien que la obligaba a mantener sus ojos cerrados. Sólo pensar en abrirlos y encontrarse con una fuente lumínica la hacía estremecerse.

De pronto, imágenes de un pasado que parecía muy lejano la atormentaban. Sentía gotas de lluvia arrancarle la piel, como si de pequeñas dagas se tratase. Estaba mojada y tenía frío, pero corría hacia alguna parte. Huía de algo, pero no recordaba de qué. El llanto de un niño pequeño y el llamado de una niña le retumbaban en la cabeza, haciendo eco. Apretó los dientes. No quería recordar, al menos no en ese momento.

Levantó con cautela la otra pierna, hasta adoptar la misma postura que con la primera. Notó que la cubría algo parecido a una manta liviana. No sentía frío ni calor y ya se había acostumbrado al olor. A lo lejos podía notar un sonido extraño, que parecía el correr del agua, pero no estaba segura. Rumores de voces y de lluvia se mezclaban con un ensordecedor dolor en el pecho que la aprisionaba contra la cama.

Alguien entró en la habitación, estaba segura. No quiso moverse. Esa persona depositó algo sobre una mesa, que sonó a metal. La persona trajo consigo un aroma a flores. Sonrió involuntariamente y otra vez imágenes aparecieron en su mente. Una niña pequeña, un bebé, shinigamis, espadas, sangre. Una sonrisa cálida.

– Veo que está mejor, Shinigami sama – la que hablaba era una mujer. Su voz era suave y cantarina. – Le traje algo de beber – continuó. – Si es que puede oírme, le pido que no se esfuerce. Pronto se sentirá mejor – le recomendó. – Le dejo una muda de ropa y agua para que pueda higienizarse. Por ahora no podrá ingerir alimentos – la mujer se retiró, cerrando la puerta con llave. El rumor de sus pasos se desvaneció en pocos segundos. Y otra vez la atormentaron los recuerdos.


Sociedad de Almas

El Capitán Kurotsuchi había sido claro, no le diría absolutamente nada porque él se había abierto de ese experimento. Nunca quiso inmiscuirse en los planes de aquel sujeto y menos si esas investigaciones se habían hecho en Hueco Mundo. Tragó saliva con dificultad. Estaba nerviosa. Le transpiraban las manos y no podía mantener su postura tranquila de siempre.

Estaba obviando los protocolos al no pedir autorización a la Capitana Soi Fong para entrar en la prisión subterránea, pero era urgente que ella supiera en qué consistía exactamente aquel viejo proyecto, que había nacido como un experimento de Sosuke Aizen cuando aún era Teniente del Goitei y la misma Cámara de los 46 había querido implementar años después, a pesar de todo.

Entró de incógnito a través de las gruesas puertas y caminó por los retorcidos y laberínticos pasillos que la conducirían a la celda donde el Capitán Traidor estaba encerrado de por vida. Cerró los ojos con fuerza y atravesó la última puerta que la separaba. Cuando los volvió a abrir se encontraba en una habitación en penumbras, sin ventanas. El aire era denso.

– ¿A qué debo este honor, Capitana Unohana? – la voz de Sosuke hizo que cada cabello de su cuerpo se erizara. Miles de veces en el pasado había mantenido largas conversaciones con el ex Capitán, pero jamás se había sentido como en ese instante, tan impotente e indefensa frente a su figura. Pero logró sobreponerse a sus miedos y se acercó a la reja. Inmediatamente sintió las restricciones en su reiatsu que atrapaban allí al traidor.

– Vine a – lo miró a los ojos. Él sólo tenía un ojo destapado. Todavía conservaba aquellas ataduras que le habían hecho cuando lo capturaron hacía más de veinte años – a pedirte que me expliques

– ¿Explicaciones? ¿Qué tipo de explicaciones le puedo dar yo, atrapado en esta prisión, a semejante figura de elite de la Corte de los Espíritus Puros? – su voz era de lo más irónica. Sonrió al ver la expresión de Retsu.

– Hace quince años se decidió implementar un proyecto que el Capitán Kurotsuchi halló en uno de los laboratorios que pertenecían a la Octava Espada

– Mi querido Szayelapollo Grantz – afirmó, en un fingido tono nostálgico.

– La investigación estaba completa. Incluso habían comenzado a desarrollarse dos prototipos. No sabemos la razón, pero este proyecto se había abandonado. Mayuri quiso convencer a la Cámara de los 46 de que eso no le serviría para nada al Seireitei, pero ellos no quisieron escuchar y le dieron a un científico que trabajaba en los laboratorios orden de continuar con el proyecto y desarrollar dos injertos para implementar en dos almas humanas, como se describía en el proyecto original

– ¿Y eso que tiene que ver conmigo? Las cosas que hacía Szayelapollo no siempre estaban vinculadas a pedidos míos, mi querida Capitana – dijo, queriendo correrse del lugar que le estaba dando Retsu. Ella arrugó el ceño.

– Más tarde apareció esta carta – sacó el papel de entre su kimono y lo abrió. – Está escrita por ti, Sosuke – el tono de voz de la Capitana era duro y firme. – Y bien sabes que está dirigida a alguien del Goitei. ¿A quién? – Aizen sonrió y luego largó una carcajada.

– ¿A quién? – siguió riendo. – ¡¿A quién? – gritó, y su rostro se volvió sombrío de pronto. – ¿No es obvio? – preguntó. – Al Comandante General – afirmó con severidad. Retsu se sorprendió, pero se esforzó en que él no lo notara.

– ¿A Yamamoto dono? ¿Por qué?

– El viejo siempre quiso tener humanos que le sirvan, humanos como Kurosaki – dijo, provocando al fin que el rostro de Retsu mostrara su sorpresa. – Y por eso se me ocurrió que sería interesante tener nuestro propio mesías entre los humanos. Pero no uno que no pudiésemos controlar, sino uno nuestro, que hiciese y dijese lo que le mandáramos, sin objeciones. El proyecto original era ese, lo que le hicieron hacer a Nezumi san fue otra cosa

– ¿Nezumi?

– Él fue el que se quedó con toda la información que Szayelapollo tenía sobre este experimento, que fue cancelado por mí cuando el viejo dijo que no le interesaba. Resulta que ahora me entero que si le interesaba, lo que no quería era meterse conmigo – irónico.

– ¿Qué es lo que hicieron con el alma del humano?

– No sabría decirte…

– Mientes

– Eso no es cierto – sonrió nuevamente. – No sé qué modificaciones habrá hecho Nezumi sobre el prototipo original, así que no puedo decirte qué le hicieron al humano donde insertaron la semilla – Retsu hizo unos segundos de silencio. – Dime algo – Aizen llamó su atención cuando notó que ella no respondía. – ¿A quién usaron?

– Al hijo de Ichigo Kurosaki

– Oh… – sonrió nuevamente.

– Y al hijo de Ulquiorra – Sosuke la miró con sorpresa.


Mundo Humano

– ¡Ichigo! – gritó Uryu. No entraba dentro de si mismo. Se paró violentamente dejando el objeto sobre la mesa.

– Papá – la voz de Rika se quebró en un llanto desconsolado. Corrió a abrazar a su padre que vestía de shinigami. Estaba parado en la puerta con su zampakutoh enfundada en la espalda. Abrazó a su hija con cariño, pero continuó mirando a Uryu por sobre el hombro de ella.

– ¿Qué pretendes, Ichigo? – insistió el quincy con su mirada intensa. Estaba más calmo, y quería entender lo que su amigo pretendía. Lo que no podía era permitirle continuar con esa locura. – Sabes que estás poniendo en riesgo tu vida al salir tan pronto de tu cuerpo

– No quiero escucharte, Ishida – Rika se separó de Ichigo y miró a Uryu aún con lágrimas en los ojos. – Dame eso – ordenó.

– No lo haré – Uryu tomó violentamente el objeto con la mano derecha y lo apretó con fuerza. – Urahara fue muy claro, diseñó esto para que yo fuera a ayudarle – su voz se notaba alterada. Estaba a punto de lanzarse sobre Ichigo para golpearlo. No podía comprender lo que le pasaba por la cabeza. Él también estaba preocupado por la situación de Kaien, pero no estaba preparado para dejar que su amigo ponga en riesgo su vida humana. Además, Ukitake y Urahara estaban en Hueco Mundo, ayudándolo.

– Entonces vendrás conmigo – dijo, corriendo a Rika con delicadeza y acercándose al quincy. Se paró frente a él, a pocos centímetros. Lo miró intensamente, queriendo transmitirle toda la seguridad que sentía respecto a la decisión que había tomado minutos antes en el hospital. – Sé a lo que me estoy arriesgando, pero he decidido que Kaien volverá a casa. No haré lo mismo que hice con Rukia – Uryu no quitaba los ojos de los de Ichigo.

Apretó el objeto en su puño, quebrándolo y el suelo comenzó a temblar. Rika los miraba algo espantada, pero sentía una leve presión en el pecho que la hacía sentir segura. La determinación de su padre, el verlo convertido en shinigami, la calidez de su imponente reiatsu, le daban esperanzas. Uryu la miró de reojo y ella asintió levemente con la cabeza. Un agujero negro se abrió en medio de la sala y un fuerte viento arremolinó todo lo que allí había, atrayéndolo a la oscuridad. Ambos se metieron dentro, desapareciendo instantáneamente. La garganta se cerró detrás de ellos.


Hueco Mundo

– Ella es la que atacó al Capitán Hitsugaya – la voz repulsiva de Nezumi retumbó por toda la sala. Los tres llevaron su mirada hacia el científico que apareció desde la izquierda. – ¿Qué? ¿Kokoro chan no les contó lo mal que se portó? – irónico. Ulquiorra llevó su mano derecha a la empuñadura de su zampakutoh. Kokoro giró y dio tres pasos en dirección al científico. – ¿Por qué me miran así? En este momento estoy haciendo mi declaración, y esa niña arrancar es la única culpable. Ella lanzó un Gran Rey Cero sobre el Capitán Shinigami a quemarropa, y además inculpó a Grimmjow sama. ¿Acaso no es obvio que lo que digo es la pura verdad? ¡Vamos Kokoro chan! ¡Cuéntales lo bien que la pasaste haciéndolo!

– Basta – dijo ella. Las palabras estaban atrancadas en su garganta. Quería gritar, quería abalanzarse sobre Nezumi y matarlo. Le temblaban las rodillas. Estaba tan cerca de la verdad, de su verdad y le pasaba esto. – ¿Por qué estás diciendo eso? – Nezumi sonrió.

– Porque es cierto. ¿No te hicieron las pruebas? ¿No te has presentado como el arrancar poderoso que eres? – insistió. Su rostro se tornó serio. Miró a Ulquiorra. – ¿No les has dicho sobre tu resurrección y tu entrenamiento? Me extraña, Ulquiorra sama, que usted no se haya dado cuenta del potencial de esta mujer – intentó provocarlo. Orihime, que se había mantenido en silencio, se acercó a Kokoro y la tomó por la mano.

– Usted – dijo con una fortaleza y decisión que sorprendió a Ulquiorra. Su cerebro no podía procesar nada de lo que sucedía, pero se mantuvo estoico con los ojos puestos en el científico. – No tiene derecho de hacer una acusación semejante. Esta joven no es más que un rehén de sus investigaciones. Si hizo algo indebido, fue bajo su absoluta responsabilidad

– ¿Ah si? ¿Eso le ha dicho? – rió. – Has hecho muy bien, Kokoro chan. Te los estás ganando, como habíamos arreglado. Me asombra tu capacidad de actuación – se acercó unos metros a ellos. – ¿De verdad creyeron todo lo que esta inmunda mutación les ha dicho? – se llevó ambas manos a la cabeza, exageradamente. – ¡No me digan que creyeron que era su pequeño perdido! – gritó, teatralmente. Uliquiorra desenvainó su espada y con un sonido se colocó frente a Nezumi. El filo de la zampakutoh le rozó el cuello, haciendo que un hilo de sangre bajara por este y manchara su guardapolvo. El científico sonrió más enfáticamente. – Lo has hecho muy bien Kokoro chan – miró a Ulquiorra a los ojos. Sus orbes verdes estaban inyectados de sangre y rabia. – Mátame – lo provocó, en un susurro casi inaudible.

– ¡Ulquiorra! – la voz de Toushiro se escuchó en la habitación. El ex Cuarto Espada no se movió ni un centímetro. – ¿Qué significa esto? – inquirió.


Uf! Es difícil manejar a Aizen sama. Justo cuando estaba escribiendo esto, leí el spoiler de las nuevas novelas de Bleach, donde Aizen aparece y habla. Así que me copié un poco el sarcasmo y la ironía del original para que quede un poco más real. Por otro lado, espero que les haya gustado la decisión de Ichigo, que a mi parecer es lo más "Ichigo" que pude lograr, jaja.

Y Ulquiorra... no sé qué pensar sobre "mi Ulquiorra". Aquí lo planteo como un ser frío, pero que ha llegado a sus límites de paciencia. Yo tampoco le tendría paciencia al científico ese! Espero no lo mate antes de que diga la verdad, je.

Con gusto leeré y responderé sus comentarios. Sayonara, Mary.