Hola a todo el mundo! Perdón por la demora! Realemente estoy muy complicada con mis obligaciones y es por eso que no tengo ni un minuto para sentarme a escribir (eso más la falta de inspiración hace un combo fatal). Pero, escribí de una sola vez este capítulo y ya tengo a medias el siguiente. Espero poder terminarlo para el fin de semana que viene.

La historia está llegando a su final y es por eso que no quiero apresurar las cosas. No me gustan los finales precipitados y les pido perdón si les parece demasiado largo o tedioso en algunas partes, es que estoy evitando todo tipo de contradicciones y lleva mucho tiempo de revisión y lectura. También por eso es que tardo quizá más de lo acostumbrado en actualizar, porque estoy releyendo la historia todo el tiempo y son muchos capítulos!

Los dejo con la historia y si no es mucha molestia, les pido que me dejen comentario, porque es de esa forma que me entero si aún siguen alli. Gracias! Mary


Hueco Mundo

La arena se colaba a través de sus sandalias. Creyó haber olvidado esas viejas sensaciones. Volver a Hueco Mundo estaba trayendo a su mente y a su cuerpo recuerdos que no quería revivir. Todas las luchas por una causa que no le pertenecía y un rescate que al poco tiempo fue innecesario. Tragó saliva en seco, tenía sed y estaba cansado. Uryu lo notó inmediatamente, pero no hizo comentarios.

Caminaban hacia un lugar que parecía inalcanzable, como todo allí en medio del desierto. Desde ese lugar podían sentir perfectamente el reiatsu de Kisuke, el de Juushiro y el de Toushiro. También el de Ulquiorra. Ichigo chasqueó la lengua al notarlo y miro de reojo a Ishida, que se limitó a acomodarse las gafas.

Nada parecía fuera de lo normal y nadie se había dado por enterado sobre su presencia. Todo era silencioso y calmo. Corrían sin prisa pero sin pausa y ni siquiera se miraban. Tanto tiempo había pasado desde la última vez que habían estado juntos por una meta en común que ambos se sentían incómodos.

Al llegar a ese lugar que Ichigo creyó el indicado, notaron algo extraño. La arena estaba revuelta y arremolinada en el centro, como alguien hubiese estado excavando allí. Se miraron por unos segundos.

– Es inútil que estén aquí – una voz arenosa y con un tinte iracundo se escuchó. Los dos hombres venidos del mundo humano se pusieron en guardia. – No hay nada bajo esta interminable arena – una ráfaga de viento levantó polvillo y comprendieron que el dueño de esa voz se había hecho presente frente a ellos. – Hace tiempo que esperaba verte, Kurosaki – dijo a modo de saludo. La nube de polvo fue cediendo.

– Grimmjow – susurró Ichigo, muy sorprendido. Había olvidado por completo cómo se sentía el reiatsu de su viejo rival. Estaba confundido, nervioso y por demás molesto. Sus sentidos aún estaban dormidos. Frunció más el ceño.

– El mismo – el ex Espada sonrió. – ¿Estás buscando a tu pequeño retoño? – preguntó. No quería provocarlo, pero no podía evitarlo. La sombra que cubría el rostro de Ichigo le daba mala espina. Estaba pálido y ojeroso.

– ¡¿Qué sabes tú de mi hijo? – gritó, fuera de si. Arremetió contra Grimmjow, tomándolo del cuello con la mano derecha. Lo arrastró varios metros hacia atrás.

– No sé nada – dijo el atacado calmadamente.

– ¡Dime! – saltó hacia atrás y tomó a Zangetsu desenfundándola.

– ¡Basta! – Uryu lo detuvo, interponiéndose entre Ichigo y Grimmjow. Miró de soslayo a su amigo y luego llevó sus ojos al hollow.

– ¿Qué está sucediendo aquí? – preguntó. No tenía intensiones de comenzar una pelea y menos de tener que defender a Ichigo luego de que le diesen una golpiza. Tenía la certeza de que no estaba recuperado y no podría pelear decentemente en el estado en que se encontraba.

– La basura Shinigami está investigando – chasqueó la lengua. – No tiene caso que les diga nada – Uryu se acercó a Grimmjow.

– Vinimos aquí a buscar a Kaien – la voz del hombre era dura y sincera. No tenía ganas de entablar una discusión con el ex Espada y estaba convencido de que este no quería pelear. – Si sabes dónde está, dínoslo, sino déjanos en paz

– Está en los laboratorios hollow – Grimmjow entendió el mensaje. Ellos no habían ido a acompañar a los shinigamis y menos a pelear con nadie. Miró nuevamente a Ichigo. Estaba exhausto y se le notaba.

– Gracias – Uryu dio media vuelta en dirección a Ichigo.

– Iré con ustedes, tengo cuentas pendientes allí


Sociedad de Almas

Apretaba un pañuelo con fuerza entre sus manos. Estaba nerviosa. Hacía años que no le sucedía algo así. No sabía cómo actuar, ni qué decir. Siquiera entendía mucho de lo que estaba sucediendo. Pero sabía que lo correcto era hablar con el Comandante General.

Aizen no le había dicho más de lo que ella sabía o suponía y tampoco diría más. Y Kurotsuchi tampoco le daría la información que necesitaba. Si lo que suponía era cierto, ella había hecho algo terrible en aquel entonces, insertando aquella semilla dentro del alma de esos dos inocentes niños.

Aspiró profundamente y tocó la puerta de la oficina del Comandante General. Unas palabras se escucharon desde el interior de la habitación y ella entró sigilosamente.

– Capitana – dijo Yamamoto. – ¿Qué es lo que la trae por aquí? – preguntó a sabiendas de que algo atormentaba a Retsu. Su rostro era sombrío y tenía sudor en la frente. Ella entró en la oficina y cerró la puerta sin contestar. Se acercó al escritorio y se sentó, mirando fijamente a Genryusai.

– Necesito que sea sincero conmigo, Yamamoto dono – pidió.

– Siempre he sido sincero con usted, Unohana san – refutó. – Usted dirá – le devolvía la mirada profunda que ella le daba, intentando saber qué le preguntaría. No le gustaba la actitud de Retsu.

– ¿En qué consistía el proyecto que concreté hace quince años? – Yamamoto no se sorprendió.

– Creo que no es momento de hablar de eso

– ¡Si que lo es! – ella se paró violentamente, apoyando con fuerza sus manos sobre el escritorio. Yamamoto arrugó el ceño. – Estoy harta de que me mientan, ¡quiero que me digan la verdad!

– Cálmese, Capitana – pidió. – Siéntese – ordenó. – Si lo que quiere saber es eso, no debe preguntármelo a mí

– ¿A quién sino? – se sentó. – Esto – tomó la carta que tenía guardada y la apoyó sonoramente en el escritorio. – Sé que usted sabe la verdad – lo miró con ira en los ojos. – Y me la dirá ahora mismo

Genryuusai tomó el papel entre sus manos. Su rostro mostró sorpresa. Leyó rápidamente y miró a Retsu, que esperaba una respuesta. No podría evadir el pedido de la Capitana. Carraspeó y dobló la carta, volviéndola a apoyar en el escritorio.

– No preguntaré cómo consiguió tener acceso a esa vieja carta, Capitana – comenzó a hablar. – Pero si lo que supongo es cierto, usted está aquí porque infligió las leyes y fue a hacer una visita que de ninguna forma habría podido hacer – afinó sus ojos. – Él le debe haber negado que tuvo que ver en esto – se recostó sobre su sillón. – Y tiene razón – Retsu se sorprendió, pero optó por guardar silencio. – Hace muchos años el entonces Capitán Aizen me propuso iniciar junto al Capitán Kurotsuchi un proyecto. En ese entonces no estaba interesado, por eso me rehusé a aprobar esa investigación. Y él me aseguró haber destruido todo acerca de ese proyecto

– Entonces – dudó en preguntar, pero no podía aguantar las ganas de hacerlo – ¿por qué después lo concretaron?

– Cuando Kurosaki derrotó a Aizen, allanamos todos los laboratorios que había en Hueco Mundo y hallamos el proyecto completamente desarrollado. El Capitán Kurotschi me informó acerca de las posibilidades de llevarlo a cabo como prueba piloto, pero me rehusé. Hasta que el científico que estaba a cargo de los laboratorios hollows

– Nezumi – soltó Retsu, Yamamoto asintió con la cabeza.

– Nezumi vino a verme. Me pidió autorización para continuar con ese proyecto, y me invitó a participar de él. Si todo salía como debía ser, crearíamos dos soldados únicos, uno protegería la Sociedad de Almas y el otro Hueco Mundo. Los dos lados nos beneficiaríamos. De todas formas, él se haría cargo de toda la responsabilidad

– ¿Y usted aceptó? – Retsu estaba descolocada.

– Acepté – afirmó con severidad. – Pensé que no perderíamos nada, de todas formas Kurotsuchi me había informado que era un proyecto piloto, que no estaba seguro de si era posible su implementación

– Entonces me convocó

– La llamé para que interceda, aprovechando los próximos nacimientos de los hijos de Kurosaki y Cifer

– No entiendo por qué fueron elegidos esos niños

– Los niños deberían ser humanos para que la semilla pudiera ser implantada. Esa era la condición principal. Dos niños humanos, uno con un potencial reiatsu Shinigami y otro con un potencial reiatsu hollow. Cuando Kisuke Urahara me confirmó que ambos niños eran humanos, supe que era nuestra oportunidad. Informé a Nezumi de esto y él me pidió que el mejor doctor de mi corte atendiera los partos e insertara la semilla. El resto lo conoce, Capitana. Lamentablemente para los hollows, su prototipo murió al nacer – Retsu agachó la cabeza.

La cité porque necesito pedirle un favor – Yamamoto se veía intranquilo. Retsu lo observaba, sentada en el sillón frente al escritorio. No era la primera vez que el Comandante le pedía favores, incluso personales, pero tenía la impresión de que lo que le pediría no era del todo legal. – Necesito que atienda los partos de Kuchiki e Inoue

Pero – iba a objetar, pero el Comandante siguió.

Hemos desarrollado conjuntamente con los laboratorios hollows una sustancia que ayudará a estos niños a manejar más rápidamente sus poderes. Sabemos, gracias a Kisuke Urahara que nacerán humanos

Pero si son humanos deberían ser atendidos por humanos – objetó Retsu.

Capitana – la miró fijamente. – Usted atenderá los partos de las dos mujeres y hará su deber – tomó una caja que tenía a un costado y se la extendió a la Capitana. – Insertará estas semillas. No se preocupe, todo saldrá bien


Hueco Mundo

Kisuke trabajaba arduamente, recitando hechizos y analizando sus resultados. No podía comprender del todo lo que había sucedido, pero estaba seguro de que estaba ante el verdadero reiatsu de Kaien. Notó que el chico se movía y se detuvo por un momento.

– ¿Kaien? – preguntó.

– ¿Qué sucede? – el pelinaranja estaba confundido. Las luces le hacían daño. – ¿Dónde estoy?

– Estamos en Hueco Mundo – dijo Juushiro, viendo que Kisuke no contestaba. – No te preocupes, pronto volverás a casa

– ¡Kokoro! – gritó, incorporándose en la cama. – ¡¿Dónde está? – estaba realmente preocupado. Las imágenes de lo que había sucedido con ella lo asaltaban.

– No te preocupes por la mujer hollow, ella está con Inoue ahora

– Pero yo… – agachó la cabeza. – Yo la herí

– Todo está bien, Kaien – dijo al fin Kisuke. – Estoy intentando estabilizar tu reiatsu. Sea lo que sea que te estaba reprimiendo, se ha ido

– Él – quería hablar, por primera vez en su vida necesitaba contarle a alguien lo que estaba pasando por su mente. – Kuroshi… Estaba dentro mió, dentro de mi alma – miró a Kisuke con lágrimas en sus ojos. – Me dijo muchas cosas, ¿qué soy, Urahara?

– Tú eres tu, Kaien – Kisuke se acercó a él, y se sentó en una silla junto a la camilla. – Sé que no entiendes nada de lo que está sucediendo y créeme, me gustaría mucho explicártelo. Pero no lo sé, realmente no sé lo que está sucediéndote – el chico soltó un sollozo. – Cuando naciste, en ese mismo instante, supe que eras muy poderoso, incluso posiblemente más que tu padre – Juushiro se sorprendió, pero no dijo nada. – Tu reiatsu me aplastó – sonrió tristemente. – Y luego desapareció – bajó la mirada. – Nunca hablé de esto porque creí que la Sociedad de Almas lo tenía controlado, jamás pensé que habían insertado algo dentro de tu alma. Ese algo se alimentaba de tu reiatsu, por eso nunca sentimos tu verdadero poder. Y ahora – suspiró – no sabes controlarlo

– ¿Qué debo hacer? – Kaien no comprendía las palabras de Kisuke, pero necesitaba saber qué tenía que hacer para poder controlarse y salir de ese lugar. Necesitaba encontrar a Kokoro, quería saber de ella, estar seguro de que estaba bien, que no le había hecho daño.

– Confiar

Afuera de Las Noches

– Comencemos con las pruebas – ordenó Toushiro. Kokoro estaba nerviosa, pero de alguna forma se sentía segura. Miraba a Orihime, que la observaba con una sonrisa. Esa mujer le daba las fuerzas que necesitaba para afrontar lo que vendría. No tenía miedo, ya no.