Regalito de mitad de semana. Espero lo disfruten y dejen su comentario. Sin más, los dejo. Mary


Hueco Mundo

Había alguien ahí afuera, detrás de esa puerta que la separaba de su libertad, podía sentirlo. No estaba segura de quién era, pero las sensaciones que provocaba su presencia le eran familiares. Tocó su pecho con la mano derecha. El corazón rebotaba dentro como si quisiera salirse. Eso confirmaba que quién se hallara allí afuera era alguien que la conocía y que le explicaría qué estaba haciendo en ese espantoso lugar. Y lo más importante, era alguien que la sacaría de ahí.

Afuera de Las Noches

Kokoro cerró sus ojos y elevó su reiatsu. El viento hacía remolinos a su alrededor, levantando la arena del suelo. La intensidad de las ráfagas aumentaba. Abrió los ojos, que habían cambiado a un color verde intenso.

– Asesina – la voz de la joven se volvió turbia. – Dragón

El viento y la arena envolvieron el cuerpo de Kokoro, obligando a los presentes a cubrirse. La presión del reiatsu de la joven comenzaba a molestar. Orihime reforzó su barrera, manteniéndose estoica, mirando fijamente a la chica. Estaba confundida, su presencia no parecía ser la misma de antes. Miró de reojo a Ulquiorra, que se mantenía cerca, alerta y pensativo.

Una gran figura se asomó entre la arena en suspensión. Un enorme dragón negro con una armadura ósea con aspecto rígido se hizo presente ante los shinigamis, que la miraban con resquemor. El monstruo entreabrió la boca y por ella salió vapor verdoso. Estiró sus alas, que eran grandes, dejando ver su imponencia, siendo cruzadas por reflejos de esmeralda. La bestia dio dos pasos en dirección a la máquina y abrió la boca. La energía comenzó a juntarse frente a ella, armando lo que parecía querer ser un cero.

– ¡Kokoro! – el grito desesperado de alguien más que nadie sintió acercarse desestabilizó el cero que estaba formándose, haciendo que explotara. El aire condensado alrededor del dragón volvió a arremolinarse, y la arena nuevamente impidió la visión clara de la situación.

– Grimmjow… – susurró Orihime, que lo reconoció inmediatamente. Ulquiorra se acercó a su mujer. – Esto no me gusta, Ulquiorra – dijo ella. – Kokoro dijo que no podría controlar su resurrección

– Hay algo extraño en su reiatsu – afirmó el ex Espada con severidad.

– ¡Detente Kokoro! – Grimmjow, haciendo caso omiso de las palabras de los shinigamis que intentaban detenerlo, se acercó lo más que pudo a la bestia, que permanecía estática mirando al horizonte. – ¡Basta! – insistió. Orihime, dándose cuenta de las intenciones del felino, dejó que ingresara en la barrera. Él se colocó justo delante de Kokoro, mirándola a los ojos. Ella sólo bajó levemente la vista. – Ya es suficiente, déjalo mientras puedas

– No – dijo. Su voz estaba mezclada con la de alguien más. Un escalofrío recorrió la espalda de Grimmjow, a sabiendas de lo que se avecinaba. – Debo demostrar mi inocencia – inmediatamente, el ex quinto desapareció, y con sonido enfrentó a Hitsugaya, amenazándolo con su katana.

– Fui yo – dijo seriamente. Luego sonrió, queriendo provocar al Capitán.

– Mientes – las palabras heladas del peliblanco colmaron la poca paciencia de Grimmjow, que no dudó en arremeter contra él, que con sus reflejos reaccionó a desenfundar su zampakutoh y frenar el ataque del hollow.

– ¿Qué estás haciendo, Grimmjow? – Orihime quería suplicarle que se detuviera. Ese no era el momento de saber quién era el culpable.

– Cállate, mujer – refutó, continuando su ataque.

Los ojos del dragón intensificaron su color. Exhaló humo por sus fosas nasales y dio otro par de pasos hacia Orihime. Se inclinó hacia delante y la miró a los ojos.

– Tú eres… – dijo. Sus voces se escuchaban confundidas. Las lágrimas comenzaban a surcar las mejillas de Orihime, que no podía identificar aquello que sentía. Los ojos verdes de la bestia le traian mucha nostalgia, recordándole cosas del pasado que no quería recordar. Ulquiorra la tomó por el hombro cuando notó que la barrera comenzaba a desestabilizarse. Kokoro miró de soslayo a Ulquiorra, que permanecía inmóvil en ella. – Déjala – ordenó.

– Ya es suficiente, Kokoro – el tono que empleó el ex Cuarta Espada fue tan diferente al que siempre usaba, que Orihime volteó a verlo. – Vuelve a sellar tu espada – el dragón desplegó sus alas rápidamente, provocando una ráfaga de viento que levantó más arena. La humana y el hollow tuvieron que cerrar sus ojos. Orihime se cubrió en el pecho de Ulquiorra y este la abrazó, pero no dejó de ver a la chica, que comenzó a elevarse por el aire.

– ¡Agh! – un grito de dolor anunció que la voz femenina había desaparecido. – Al fin… – el dragón soltó una estruendosa carcajada. Toushiro y Grimmjow cesaron su enfrentamiento para voltear a ver lo que sucedía. – Pobres e insignificantes criaturas… gracias a su necedad estoy aquí, y no me iré hasta conseguir lo que necesito – volvió a carcajearse.

Laboratorios

Uryu había logrado colarse en el ala norte del edificio que Grimmjow les había marcado como los laboratorios. El olor era penetrante, pero no podía identificar qué sustancia era la que lo emanaba. Siguió sus instintos hasta que logró dar con una puerta que parecía ser diferente a las demás. Estaba agitado y cansado. De pronto vino a su mente Rika y apretó su puño derecho. Debía ser fiel a sus promesas y haría lo imposible para llevar a Kaien nuevamente al mundo humano, al que pertenecía. Abrió la puerta con la mano izquierda y su alma volvió a su cuerpo cuando vio a Kisuke junto a la camilla donde yacía Kaien.

– ¡Ishida san! – gritó sorprendido Ukitake, que fue el primero en ver quién era el intruso. Uryu, que no había notado su presencia, se sorprendió y lo miró inmediatamente, identificándolo.

– Ukitake san – dijo, aún sin salir de su asombro. No había sentido la presencia del capitán y no estaba seguro del por qué. Podría ser que hubiese una interferencia que no dejaba que su agudeza sintiera la presencia del Shinigami, o tal vez estaba demasiado cansado o aturdido por la situación. Movió la cabeza levemente para alejar todos sus pensamientos, que no venían al caso.

– Qué suerte que has llegado – comentó Kisuke, levantándose pesadamente de la silla en la que estaba sentado. Sabía que Uryu había llegado a Hueco Mundo con Ichigo, pero por alguna razón no le extrañaba que no estuviese con él. Exhaló y continuó. No podían esperar más. – Tenemos que hablar – dijo seriamente y miró a Uryu a los ojos. El quincy entró en la habitación y cerró la puerta. – No puedo controlar el reiatsu de Kaien – Ishida miró al joven, que estaba dormido sobre la camilla. – Tuve que inducirle el sueño a pesar de que volvió en si dos veces ya, venciendo mis kidohs – Uryu no se sorprendió. Desde que había entrado en el edificio podía notar cómo el reiatsu de Kaien afloraba indiscriminadamente desde su cuerpo, a pesar de estar bajo el encantamiento shinigami. – Desde que pudo sentir el reiatsu descontrolado de esa niña arrancar, está incontrolable. A toda costa quiere ir a buscarla y no puedo hacer que entienda que si lo libero de las barreras su cuerpo no soportaría la presión – Ishida cerró sus ojos un momento, concentrándose en el reiatsu del que hablaba Urahara.

– Ese reiatsu está dejando de ser hollow – afirmó. Los dos hombres lo miraron. Luego cerraron los ojos ellos también, concentrándose.

– Tienes razón – acordó Ukitake.

– Es parecido al reiatsu de Kaien antes de que se desmaye – comentó Kisuke, haciendo una reflexión en voz alta. Lo más probable era que ella también haya sido alguna especie de experimento.

– Entonces… – Juushiro miró al del sombrero.

– Puede ser… – el misterio estaba matando a Uryu. Parecía que ellos sabían mucho más que él y sólo hacia unas horas que estaban en Hueco Mundo. El reiatsu de Kokoro aumentaba y la presión podía sentirse hasta ese lugar.

– ¿Qué sucede? – preguntó, no aguantando más la curiosidad.

– Si Kokoro es como Kaien, puede que tengamos la solución a esto

Arenas

Había dejado el shumpo, sólo caminaba lentamente por el lugar, ignorando todo lo que sucedía cerca de Las Noches. Podía sentir el reiatsu de Orihime, el de Ulquiorra y el de Grimmjow, que estaba seguro tenía una especie de pelea con Toushiro. Suspiró, dejando que su mente quede en blanco.

No podía entender qué era lo que estaba sintiendo. Era una inexplicable atracción hacia ese montón de arena revuelta. Algo dentro de él le decía que debía buscar, que allí encontraría algo que lo acercaría más a ella. La imagen de Rukia apareció en su mente en el mismo instante que puso un pie en Hueco Mundo. No tenía idea del por qué, y menos ganas de averiguarlo. Sólo una desesperación por saber el fundamento de aquellos sentimientos que lo invadían.

Elevó su reiatsu un poco para hacer que la arena se mueva debajo y alrededor de si. Cerró los ojos y cuando todo volvió a la calma, los abrió, descubriendo lo que parecía una puerta entre medio del polvo. Corrió lo que lo separaba de ella e intentó abrirla. Para su sorpresa, la cerradura no opuso ninguna resistencia y las dos hojas de pesado metal se abrieron hacia adentro, dejándole la entrada sólo para él.

Caminó. El lugar estaba lleno de humedad y moho. El olor era nauseabundo. Parecía estar abandonado hacía muchos años. Un ardor le llenaba el pecho. Hacía tiempo que no se sentía igual. Sus pasos se hacían cada vez más rápidos mientras atravesaba el largo pasillo. Al final, una puerta cerrada.

La tocó con temor. Por primera vez sentía miedo. Un terror que lo acechaba desde adentro. Temía a lo que habría detrás de la puerta. Las rodillas le temblaban y sus manos estaban heladas. La respiración se entrecortaba y el corazón parecía querer salirse de su pecho.

Apretó sus puños y cerró sus ojos con violencia, intentando calmarse. Sabía que estaba siendo ridículo e imaginó a Rukia regañándolo por eso. Cuando volvió a la realidad, se halló nuevamente frente a esa puerta de acero remachado, con sólo un picaporte redondo. Lo tomó y lo giró.

La puerta comenzó a abrirse. Adentro el aire era más denso, pero más cálido. Todo estaba en penumbras, alumbrado por una tenue luz azul que enseguida identificó pendiendo del techo. Enfocó su vista en una figura humana al final de la habitación. Estaba parada, sostenida en el respaldo de una silla. Era de pequeña estatura y contextura física delgada. Su cabello era largo y le tapaba parte del rostro. Pudo saber que era una mujer y que estaba vestida de blanco.

Dio dos pasos hacia delante y se detuvo en seco. Volvió a localizar a la mujer, esforzando su vista al máximo. Se concentró el en reiatsu de esa persona y fue suficiente para que su cuerpo perdiera el control. Corrió desesperadamente hacia ella y la abrazó con todas sus fuerzas. Estaba fría, podía sentir con sus brazos sus costillas. Pero su olor, su esencia, el perfume de su cabello, su calidez, eran tal como los recordaba. Todo se colaba por sus fosas nasales confirmando sus sospechas desde que puso un pie en la arena de Hueco Mundo. La separó sólo un poco de él, para mirarla a los ojos. Parecía perdida en sus pensamientos. Lo observaba. Sus preciosos ojos estaban apagados.

– Rukia – dijo suavemente. Su voz se quebró y las lágrimas brotaron, cruzando su rostro y mojando el de ella.