Hola! Cómo han estado? Yo, algo ocupada y sin tiempo (ni inspiración) para escribir... Sin más preámbulos, contesto reviews y los dejo con el capítulo.
ENYA GLEZ MOR: ¡Qué bien que te gustó! Espero dejarte con mejor sabor de boca con este ^^
Anonymous: Aunque no me dices quién eres, gracias por el comentario y me alegra que te guste!
stheff perdomo: ¡Gracias! Si, Rukia estaba encerrada. Espero que un poco de tus ansiedades se detengan con este capítulo. No es la gran cosa, pero bue... Nos leemos!
Facuu: ¡Perdón por teminar los capítulos con más intrigas que antes! Ya me parezco a Tite sama, jajaja. Con este también te dejaré así, lo siento! Gracias!
Chi002: ¡Al fin la encontró! ¡Qué bien! Ahora veremós qué sucede... Perdón por la tardanza... Gracias!
Conchito: ¡AMIGA! ¡GRACIAS POR TOMARTE EL TIEMPO DE LEER TODO EL FIC! ¡TE QUIERO!
pdbdgt: ¡Gracias por comentar! Me alegra que te guste! Aquí hay más IchiRuki! ^^
Alexxx: Gracias por leer y comentar. Me alegra que te guste!
Megami Mars: Je! No me imaginaba que habías estado esperando para leer varios juntos! Gracias por leer esta historia. Me gusta mucho hacerla y me tomo el tiempo necesario para que todo sea perfecto y encuadre bien. Espero estar haciendo un buen trabajo. Muchas gracias por todo!
Y gracias a todos los que leen y no dejan su comentario. Anímense y díganme qué les parece. Gracias! Mary
El hombre que había entrado en la habitación estaba llorando desconsoladamente frente a ella. La sostenía entre sus brazos y ella apenas podía tocar el suelo con sus pies descalzos. Él parecía tener unos cuarenta años, su piel era blanca y sus ojos ámbar, irritados por las lágrimas. El cabello era anaranjado y le traía una sensación agradable, pero no podía recordar nada más.
La observaba con detenimiento, queriendo mostrarle todo lo que sentía en ese instante con una simple mirada, pero ella no captaba lo que él quería decirle. Algo le había sucedido, algo terrible y extraño que su mente no podía procesar. Estaba absolutamente seguro de que esa mujer era Rukia. Estaba más delgada y su cabello estaba largo y desprolijo. Pero todo lo demás pertenecía a su mujer, aquella que había buscado durante diez largos años.
– Rukia… – volvió a decir tímidamente. Ella continuaba mirándolo fijamente, sin decir nada. Un nuevo silencio invadió el ambiente. Él la soltó lentamente, dejando que la mujer volviera a apoyarse sobre sus pies. Y ella volvió a tomarse del respaldo de la vieja silla.
– ¿Rukia? – la voz de la morena era suave y le raspaba la garganta. Ese nombre le era familiar, pero no lo identificaba como propio.
– ¡Si, Rukia! – gritó enfáticamente Ichigo, mostrando una sonrisa. – ¿Qué es lo que estás haciendo aquí? – volvió a acercarse, pero esta vez rozó con su mano derecha la mejilla izquierda de la mujer, que dejó que él le diera esa caricia. Cerró sus ojos unos instantes.
– No lo se – dijo secamente. – ¿Quién eres? – preguntó. Estaba segura que él era alguien importante, pero por más que se esforzaba no podía recordarlo.
– ¡Soy yo! ¡Ichigo! Sé que estoy un poco diferente, ¡pero deberías recordar a tu marido! – bromeó. Luego, bajó la vista.
– Lo siento – dijo ella, apartando la mano de él con la suya. Pero no la soltó. – No puedo recordar nada, todo está – soltó un suspiro, aguantando el llanto. – Muy confuso…
Arenas
– Shinigamis – dijo el dragón despectivamente y chasqueó la lengua. – ¡Bah! ¡Un montón de basura! – buscó a su alrededor con la vista, centrándose en Nezumi. – ¡Viejo! – gritó e inmediatamente el aludido dio dos pasos hacia atrás. Ulquiorra no dejaba de mirar la resurrección de Kokoro entendiendo que algo no estaba bien.
– ¿Qué sucede? – preguntó en voz baja Orihime, entendiendo el cambio en la expresión de su pareja.
– Es otro ser – afirmó, en el mismo tono que usó ella. – No es ella – separó a la mujer de su cuerpo y lentamente se acercó al lugar donde estaba Grimmjow.
– ¡¿Dónde está? ¡Quiero verlo! – el vozarrón áspero del alma que ahora controlaba el cuerpo de Kokoro retumbó en el desierto. Nezumi continuaba haciéndose el desentendido y la furia del dragón comenzaba a notarse en el ambiente. Los shinigamis, notándolo, comenzaban a impacientarse.
– ¡Kokoro! ¡Déjalo! – intentó calmarla Grimmjow, aún sabiendo que ya no era la niña. Dragón volteó.
– ¡Tú! – dijo y se abalanzó contra el ex Espada. Ulquiorra se interpuso en su camino, parándolo con las manos desnudas. El animal se detuvo.
– ¿Qué es lo que quieres? – preguntó Ulquiorra en calma. El dragón exhaló vapor por la nariz.
– No te metas – contestó, apretando los dientes.
– Déjalo Ulquiorra, no tiene caso – pidió Grimmjow. – Lo que quiere no tiene que ver con nosotros – miró de soslayo a Nezumi, que intentaba escapar. Toushiro, entendiendo el mensaje, usó shumpo y detuvo al científico.
– ¿Qué tiene que ver usted en esto? ¡Explíquese! – exigió el peliblanco que había perdido su poca paciencia. Nezumi bajó la cabeza. Luego sonrió.
Laboratorio
– ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Uryu.
– Kokoro es una arrancar, pero por lo que puedo analizar no es un arrancar cualquiera. Este reiatsu que sentimos es similar al que emanaba Kaien cuando estaba poseído por esa otra criatura que habitaba su alma. Ese ser, al que Kaien llamó Kuroshi, se alimentaba del reiatsu de Kaien, un reiatsu shinigami puro
– ¿Piensas que esa arrancar tiene en su interior un ser del mismo tipo?
– Es una posibilidad. Si logramos llevar a Kaien donde ella y lo que suponemos es cierto, esa segunda bestia querrá alimentarse de este reiatsu. Y así el cuerpo de Kaien logrará controlarlo
– Pero – objetó Juushiro – será muy arriesgado
– Lo sé – Kisuke lo miró seriamente. – Pero no tenemos otra alternativa. Con estas herramientas no puedo hacer nada. Liberarlo de la barrera es una locura y aunque Ishida san desviara su reiatsu, no creo que sea suficiente
– Lo haremos – dijo Uryu con seguridad.
En algún lugar del desierto…
Rukia estaba más calma. Se había sentado en la cama. Ichigo permanecía de pie, alejado. No comprendía mucho lo que estaba sucediendo. ¡Era Rukia! ¡¿Por qué no lograba recordarlo? Golpeó la pared con el puño.
– ¿Sabes qué es este lugar? – al fin ella rompió el largo silencio.
– Hueco Mundo – soltó él, sin voltear, conteniendo sus lágrimas.
– ¿Hueco Mundo? ¿Y por qué estoy aquí? ¿Qué sucedió? Yo… yo soy shinigami – afirmó. Tomó su cabeza con las manos, negando.
– Si, eres shinigami – volteó, sin mirarla. – Eres Rukia Kuchiki, Séptima de la Treceava División, shinigami asignado al pueblo de Karakura – caminó lentamente hacia donde ella estaba, parándose en frente. – Y yo soy Ichigo Kurosaki, un simple humano – se miraron.
– Ichigo – susurró ella. Bajó la vista, mirando sus pies descalzos que colgaban. – Entonces… ¿por qué estás vestido como shinigami? – Ichigo se agachó frente a ella.
– Porque tú me diste tus poderes el día que nos conocimos – la tomó con la mano derecha por el mentón. – Y desde ese día supe que no quería separarme jamás de ti – corrió un mechón de pelo de su cara con la mano izquierda y lo colocó detrás de la oreja. – Muchas cosas pasamos juntos – unos instantes de silencio.
– Tu… tus ojos… – imágenes invadían su mente. – Kaien… – ese nombre salió de sus labios sin querer. Se tapó la boca con la mano izquierda.
– Rika y Kaien son nuestros hijos – sonrió tristemente. – Y te extrañan mucho – llevó la otra mano a la cara de Rukia y levantó su rostro, obligándola a mirarlo. – Yo también te extrañé mucho
– ¿Por qué no recuerdo nada? – las lágrimas corrían por el rostro de Rukia. Sentía una espantosa opresión en el pecho que no la dejaba respirar.
– No lo sé… no lo sé…
