− Kaien − fue lo primero que dijo. − Quiero vivir − sonrió con lágrimas en sus ojos.
Orihime, al escucharla, retiró su barrera y se abalanzó sobre Kokoro, abrazándola con fuerza. Ella, sin poder responder, sintió los brazos de la mujer presionándola sobre su cálido pecho, el perfume de Orihime la invadió y sintió cómo su cuerpo, su nuevo cuerpo humano, se estremeció con el contacto. Levantó levemente su mirada y allí, estoico, incrédulo y confundido, estaba Ulquiorra. Ese ser al que siempre había temido. Ese ex Espada que sin querer admiraba y temía desde pequeña, la estaba viendo con sus grandes ojos verdes. La miraba con una expresión confusa, que le transmitía muchos sentimientos encontrados. El llanto de Orihime la alteró. La trajo de nuevo a la realidad.
− Kokoro − dijo la mujer. − Me alegra tanto − las lágrimas continuaban saliendo. − Me alegra tanto… − repitió, apretando los párpados. Después de unos segundos la separó de ella para mirarla a los ojos. A esos ojos grandes y verdes, iguales a los de Ulquiorra. Sonrió. − Vas a vivir − dijo. − ¡Vas a vivir! − dijo más fuerte. Grimmjow se agachó junto a ellos. Kokoro lo miró.
− Kokoro − pronunció con dificultad. Jamás en su larga vida creyó que podría sentirse de aquella forma. No podía articular palabras, los pensamientos y los sentimientos lo atormentaban de tal forma que simplemente no podía decir nada más que el nombre de la niña. La observaba fijamente, como si en verdad quisiera decirle algo, pero no podía.
− Grimmjow − dijo ella con una carga emocional que obligó a Orihime a soltarla para que pudiera hablar con él. − Nunca − lo observaba con cariño − pude decirte lo que en verdad eres para mi − las palabras de Kokoro eran suaves y tímidas, pero hacían que todos los presentes se quedaran quietos y en silencio. − Tú me diste todo lo que siempre quise − siguió. − Eres como un padre para mi − al fin las palabras que nunca pudo decir salieron de su boca. − Gracias
Grimmjow se había quedado sin habla. Kokoro estaba diciendo algo muy embarazoso pero que realmente lo reconfortaba. Él, que siempre había sido hostil y violento, que jamás había podido pensar en sentir cosas como amor o afecto, había cambiado. Ella lo había cambiado. Y a él le costaba reconocerlo, pero le gustaba ese cambio. No dijo nada, no pudo decir nada. Sólo sonrió y se puso de pie. Y vio la llegada de Nezumi. Inmediatamente usó sonido para pararse frente a él.
− Dirás la verdad − ordenó. Kira y Momo lo miraron con sorpresa, pero no dijeron nada. Las cosas estaban muy tensas como para interferir. − ¡Nezumi! ¡Dirás la verdad! − gritó. El gordo sonrió sombríamente.
− Tú no me das órdenes, insecto − pronunció provocándolo. Grimmjow permaneció callado. El que arremetió esta vez fue Ulquiorra. Sin paciencia en lo absoluto, apuntó con su katana la garganta de Nezumi que estaba siendo sostenido por los dos tenientes.
− ¿Qué es lo que tienes para decir? − preguntó, intentando mantener su tono habitual, pero sin conseguirlo realmente. − ¡Dilo de una vez por todas! − gritó.
− Ya te dije que lo que deberías hacer es preguntarle a la Capitana − volteó a verla. Retsu abrió sus ojos, pero retomó inmediatamente su postura, acercándose hacia el lugar donde se encontraban Orihime y Kokoro.
Se arrodilló junto ellas, sobre la arena. Se acomodó el kimono y el haori y miró a Orihime a los ojos. Ulquiorra enfundó su katana y se acercó al lugar. Nezumi sonrió. Toushiro, que hasta ese momento no había hecho ningún movimiento, también se acercó al lugar con la intención de escuchar atentamente lo que la Capitana iba a decir. Por su parte, Kisuke, que deseaba desesperadamente conocer la verdad, hizo un gesto a Uryu para que ambos se acerquen. Uryu ayudó a Kaien a incorporarse y ambos se colocaron a unos metros. Retsu cerró los ojos un momento, exhaló y los volvió a abrir.
− Hace quince años el Comandante General me pidió un favor. Me pidió que injertara en las almas de dos bebés unas semillas. No me dio detalles, sólo me dijo que sería un beneficio para la Sociedad de Almas y yo confiaba en él. Nunca pensé que esto terminaría así − tomó aire. − Me pidió que atendiera los partos de Rukia Kuchiki y de Orihime Inoue, y es por eso que fui yo misma la que se ofreció para ello, incluso en el caso de Kuchiki, que parecía que todo iba a estar en manos de Kisuke Urahara − lo miró de reojo. − Yo intervine para que todo quedase en mis manos y así poder cumplir con lo que me había pedido Yamamoto dono − hizo una breve pausa. − Cuando atendí a Kuchiki, que fue la primera en entrar en trabajo de parto, supe que el reiatsu del bebé podría estar afectado por el gigai que Urahara san había modificado para ella, entonces preparé una barrera que contuviera el posible reiatsu de ese niño. Y fue gracias a eso que nadie pudo sentir el enorme reiatsu de origen shinigami que el recién nacido tenía. Kuchiki se desmayó al instante y yo pude hacer el injerto sin dificultades. A los pocos segundos, el reiatsu desapareció por completo. Y permaneció así durante años. Kaien Kurosaki no tenía reiatsu perceptible para nosotros
− ¿Qué hay del otro bebé? − preguntó Toushiro, ya sin paciencia.
− Al otro día, me llamaron del los laboratorios hollow. Llegué y me estaba esperando Nezumi. Yo sabía quién era él y supuse que estaba allí porque el nacimiento del hijo de un hollow le interesaba más que a cualquiera en ese laboratorio, pero jamás pensé que me diría lo que me dijo. "Si algo llega a salir mal, entrégame al bebé inmediatamente" − Nezumi sonrió. − Me asustó su comentario, pero decidí confiar en mi experiencia. Ya había injertado la semilla en Kaien y todo había salido bien, ¿por qué en ese momento saldría mal? Cuando entré en la habitación, Orihime estaba feliz. Adolorida, pero feliz. Me sonrió y yo hice lo mismo. Coloqué la barrera por si acaso, aún sabiendo que el reiatsu que emanaba ese retoño era completamente humano. Su parto no fue fácil y cuando dio a luz, entró en un profundo sueño. Había nacido una niña. Me miró con sus grandes ojos verdes y dejó de llorar. Inmediatamente hice lo que debía hacer y allí todo terminó. Un enorme y poderoso reiatsu hollow comenzó a fluir de su pequeño cuerpo. Se formó una máscara y un agujero de hollow. Y yo, me asusté. Me asusté tanto que envolví a la beba en unas toallas y salí corriendo de la sala. Y en la otra habitación, al final del pasillo, se la entregué a Nezumi. Él no dijo nada. Abrió las toallas, la levantó en brazos y dijo "este bebé ya está muerto". Lo miré. "Si, está muerto Capitana san", repitió. "La semilla lo hollowificó y lo mató". Yo temblaba, sabía que lo que estaba afirmando Nezumi no era cierto, porque estaba viva, lloraba, pero realmente no sabía qué quería decir él. "Está muerto porque se hollowificó", me explicó. "Si sigue con vida, de cualquier forma morirá en un laboratorio", continuó. "Será menos doloroso si les dices que está muerto. Yo me encargaré de él"
− ¿Entonces el bebé estaba vivo cuando se lo entregó a Nezumi? − Toushiro insistió con sus preguntas.
− Estaba muerto − afirmó Nezumi con un tono que erizó la piel del Capitán de la Décima División. Todos voltearon a verlo. − El niño estaba muerto porque se había transformado en hollow y eso no debía haber sucedido − aclaró. − Lo tomé, lo llevé a mi laboratorio y lo sometí a muchísimas pruebas distintas para lograr que sobreviviera a lo que el injerto de almas provocó. Era humano en su totalidad, su alma era humana. Por eso fue que el injerto reaccionó diferente a lo estipulado por la Sociedad de Almas
− Le dije a uno de los shinigamis que me acompañaba que le avise a Ulquiorra lo que había sucedido. No me atreví a verlo a los ojos y decirle que yo misma había matado a su hijo − continuó Retsu.
− ¿Por qué? − la voz tímida de Orihime se oyó por primera vez después de tantas explicaciones. − ¿Por qué nos dijeron que fue un niño?
− Fue un error del shinigami que le avisó a Ulquiorra − aclaró. − Luego no me atreví a corregirlo, y como yo y Nezumi fuimos los únicos que vimos al bebé, no valía la pena hacerlo − estaba angustiada al hablar, pero no podía dejar de hablar ahora. Debía decir todo, absolutamente todo. − Yo nunca supe qué era lo que estaba haciendo
− Nadie lo sabía, Capitana san − explicó Nezumi. − Ya que es la hora de las explicaciones, deberíamos hacerlo bien, ¿no es cierto? − dijo irónicamente. − Nunca revelé la verdad detrás de ese experimento. El ser que se formaría no serviría a la Sociedad de Almas, simplemente porque sería un arrancar. La semilla injertada en el alma de la niña que nació de un hollow y una humana llevaría la forma. Por eso se transformó instantáneamente en un arrancar. Ella, a pesar de no tener ni una pizca de reiatsu hollow era potencialmente hollow, por eso fue arrancarizada inmediatamente, incluso conservando su cuerpo humano. Por eso es que podía crecer y desarrollarse como uno, aún no siéndolo − tragó saliva y continuó. − El injerto colocado en el niño nacido de un humano y una shinigami llevaría la fuerza del prototipo. Porque necesitaba una gran cantidad de energía espiritual para vivir, por eso el reiatsu del bebé desapareció instantáneamente al nacer. Absolutamente todo lo que emanaba de su alma lo devoraba el prototipo
− ¿Quieres decir que tú sabias todo lo que iba a suceder? − preguntó Retsu. Nezumi asintió.
− Ahora dilo − gruñó Grimmjow, impacientándose.
− Kokoro es aquel bebé. Kokoro es la hija del príncipe y la humana
