Ok, pueden golpearme.
Si, soy mala, súperarchimegahipermala, y además mentirosa y todos los adjetivos descalificativos que se les ocurran, pero aquí estoy, otra vez, con un capítulo mínimo y poco revelador, para decirles que intentaré terminar esta historia en breve.
Estuve trabajando incansablemente durante el mes de febrero y todo marzo en una historia de One Piece llamada "El Sombrero de Paja" y recordé que cuando empecé a escribir Ese lugar me pasó lo mismo. Y ahí me di cuenta del motivo por el que dejé esa pasión: responsabilidades. Entonces me dije a mi misma, tenés que dejar de traicionar una y otra vez a todos los lectores de "Ese lugar" porque están esperando una continuación digna y además, Kaien, Kokoro, Ichigo y Rukia merecen mucho más de lo que les estás dando, ya que no son menos importantes que Umi y Ryu. Y son más viejos. Así que aquí estoy, intentando hilvanar y redescubrir todo lo que había pensado para la culminación de esta historia.
Sin más preámbulos, los dejo con el capítulo. Mary
Hueco Mundo
El reiatsu de Ichigo no fue fácil de encontrar. Seguramente estaba ocultándolo para que los shinigamis no se percataran de que él estaba en Hueco Mundo. Sentía su pecho oprimido por la confesión de Nezumi. Tantos años buscando las respuestas a las preguntas que Kokoro le hacía cuando era una pequeña, y todo estaba frente a sus narices. Si tan sólo hubiera tenido el valor de enfrentar antes a Ulquiorra todo hubiera sido diferente.
No tardó mucho en llegar a la hondonada donde estaba Ichigo. Lo observó por unos instantes desde una distancia prudencial, para no tomarlo por sorpresa. Él cargaba a alguien en sus brazos y traía una expresión de preocupación y aprehensión total. Se acercó sigilosamente, caminando casi sin tocar la arena, con sus manos en los bolsillos del hakama.
− Grimmjow − escuchó. Ichigo no lo estaba mirando, sólo se dedicaba a escrudiñar a la persona que llevaba a cuestas. Grade fue la sorpresa del arracar al notar que esa persona no era otra que Rukia, de la que lo único que recordaba era que estaba muerta. Al mismo tiempo las palabras del quincy retumbaban en su mente, no tenía que hacer preguntas. Así que se limitó a acercarse un poco más en silencio.
− Te sacaré de aquí − le dijo, comprendiendo el motivo por el que solicitaron su colaboración. Entendía que dejarse ver frente a todos los shinigamis después de tantos años de letargo no era prudente, menos considerando que también traía consigo a la supuestamente difunta Rukia Kuchiki. Tocó el aire con su mano derecha y una garganta se abrió, dejando libre el paso hacia su hogar. Ichigo caminó dentro de la garganta y Grimmjow decidió que lo mejor sería dejar que se fueran solos. Si su reiatsu desaparecía de Hueco Mundo, daría lugar a muchas sospechas. No fueron necesarias más palabras. La garganta se cerró.
Cuando entró nuevamente en la Sala de Reuniones, hizo un gesto con la cabeza a Uryu, que suspiró aliviado. Al menos habían logrado salir de allí sin ningún contratiempo. Volvió a centrarse en la conversación que estaban teniendo los shinigamis, para intentar comprender un poco la situación. Estaban sentados a la mesa, con una importante pila de papeles, que supuso eran informes de los shinigamis. En la cabecera, como era ya costumbre, estaba sentado Ulquiorra. A su derecha se encontraba Toushiro y junto a él Retsu. Frente a ellos Kira, Nezumi y Momo. Uryu y Kisuke habían decidido permanecer de pie, al margen de la discusión que se estaba dando allí. También se había sumado Hallibel a la reunión, que permanecía de pie detrás de la silla del ojiverde.
− Kokoro fue quién atacó al Capitán Hitsugaya, influenciada por el científico Nezumi − terminó de redondear Kira mientras Momo tomaba apuntes.
− Si − soltó un disconforme Toushiro. − Eso quiere decir que esa arrancar es mucho más poderosa que Grimmjow − acotó. − Tendremos que discutir sobre esto
− No − se atrevió a intervenir Ulquiorra. Sabía que no tenía que meterse en los asuntos de los shinigamis, pero estaban tratando un tema que no podía dejar de lado. − Ella ya no es arrancar − afirmó, desviando su vista al científico, que permanecía sentado en medio de los dos tenientes. − Nezumi, explica − ordenó. El gordo, que sabía que ya no le quedarían otras opciones más que obedecer y sin tener nada que perder, puesto que él no había hecho más que seguir las órdenes de la misma Sociedad de Almas, decidió contestar.
− Por lo que pude observar, el niño shinigami purificó el alma de Kokoro chan − el sufijo irritó a Ulquiorra, que apretó los dientes. − Y su cuerpo volvió a ser el de un humano corriente − miró a Toushiro con una media sonrisa irónica en sus labios. − No creo que traiga muchos problemas una insignificante humana
− Teniente Kira − miró a Izuru a los ojos. − Deja los informes en mi escritorio mañana a primera hora − ordenó. − Y quiero absoluta discreción con todos los hechos acontecidos en Hueco Mundo − continuó. − Lo mismo para la Teniente Hinamori − concluyó. − Nezumi quedará prisionero en los Laboratorios Shinigamis en Hueco Mundo hasta que hayamos decidido un veredicto − ambos entendieron que esas frases eran el final de la misión y se pusieron de pie, pero antes de poder saludar con una reverencia y retirarse, llevando al científico con ellos, fueron sorprendidos por la voz de Retsu.
− Capitán − dijo con decisión. − Creo que es pertinente que interroguemos a Nezumi frente a los referentes de Hueco Mundo − ella había ido allí para explicar los motivos por los cuales había actuado de semejante forma en el pasado. Sabía que probablemente ninguno de los presentes comprendería el verdadero significado de todo aquello, salvo el científico. Y también sabía que aunque parecía que él había cumplido órdenes del Comandante General, era obvio que había más trasfondo.
− Comprendo − dijo Toushiro. − Entonces haremos ahora el interrogatorio − fijó su vista en Nezumi y luego en Kira. − Siéntense − dijo y ambos tenientes obedecieron. − Ahora nos contará la verdad
Mundo Humano
Sintieron el reiatsu de Ichigo y se miraron en silencio. Habían pasado varias horas desde que se habían ido junto a Uryu. Se levantaron de sus respectivas sillas y salieron de la casa. Estaba cerca, y estaba solo. ¿Por qué no había regresado con los demás? ¿Todo estaría bien? Corrieron por las calles, Renji como shinigami y Rika siguiéndolo por detrás. ¿Qué era esa sensación que los invadía? Porque a pesar de no haber hablado con el pelirrojo, podía entender por su mirada que sentía lo mismo que ella.
Al llegar a una esquina y voltear hacia la derecha, lo vieron. Caminaba erráticamente, observando con detenimiento a una persona que cargaba en brazos. Renji abrió los ojos con sorpresa mientras sus rodillas comenzaron a temblar. Quizá no era el mejor momento para ponerse así, pero tenía un gran torrente de emociones naciendo en su pecho y subiendo por su garganta.
Rika, que se había detenido en seco, corrió. Corrió hasta llegar junto a su padre, que al verla se detuvo y levantó la vista. Sonrió con cansancio, como si hubiera estado luchando incansablemente durante horas. Ella tenía los ojos llenos de lágrimas mientras miraba a la mujer que su padre estaba cargando. Dudó un momento, pero luego se aferró a ellos con fuerza. Rukia abrió los ojos despacio y vio la figura de una jovencita que lloraba.
− ¿Qué − comenzó a decir suavemente − qué sucede? − preguntó. Rika se separó para mirar intensamente a su madre, que a pesar de los años, seguía siendo exactamente como la recordaba. Inmediatamente notó los ojos vacíos de ella, y todas las magulladuras. Miró a Ichigo y este negó levemente con la cabeza.
Renji, que había tomado valor al presenciar aquella escena, se acercó con sigilo al trío. Ichigo levantó un poco más la vista e hizo un gesto para que el shinigami se acercara. Rukia no movía su vista de la muchacha que tenía en frente.
− Vamos a casa − susurró y Renji comprendió que algo había sucedido con Rukia, algo terrible que no podía ni siquiera imaginar. No se atrevió a preguntar nada. Se hizo a un lado para que Ichigo pasara y los siguió en completo silencio.
Hueco Mundo
Orihime observaba detenidamente a ambos jóvenes mientras eran alumbrados por la luz anaranjada de su poder curativo. Habían llevado, junto a Juushiro, a los dos a su habitación. Ambos yacían recostados en la cama matrimonial, boca arriba y con los ojos cerrados. Los dos estaban despiertos, pero igualmente nerviosos y urgidos de conocer más sobre lo que les había sucedido. Escuchaban el silencio y una vibración debido a la técnica de la mujer.
Orihime no entraba dentro de si misma. Tantos años habían pasado y jamás había podido digerir aquella terrible noticia que la sumió dentro de sus peores pesadillas y sus más profundos temores. Y a la vez sentía que todo aquel dolor y tortura se hacían cada vez más lejanos. Kokoro era bellísima. Su piel pálida contrastaba de manera única con su cabello azabache y había notado sus orbes verdes como los de su padre. Toda ella era una réplica femenina de Ulquiorra y verla le provocaba una sensación indescriptible.
Al mismo tiempo sentía unas ganas insoportables de abrazarla con todas sus fuerzas y sentía miedo de hacerlo. Después de todo Kokoro había vivido todos sus días de vida desde que nació pensando que Ulquiorra y ella eran terribles personas a las que jamás debía acercarse. ¿Cómo lograr combatir con aquellos sentimientos?
− Orihime san, ¿crees que estarán bien? − la dulce voz del Capitán Ukitake, que se había mantenido en silencio durante todo el tiempo, logró sacarla de sus cavilaciones y se mostró tranquila y con una ligera sonrisa cuando levantó la vista para verle los ojos.
− Si, ya terminé − anunció, retirando sus hadas. − Deberíamos dejarlos descansar un momento − esas palabras habían salido de su boca sin siquiera haberlas pensado. Pero, al escucharse a si misma, comprendió que era verdad. Ellos habían formado una relación consistente y tan visible, que en el momento en el que Kaien enfrentó a Dragón, todos la notaron.
− Muy bien − Jusshiro se levantó del sillón en el que había descansado un momento y dio un último vistazo a los jóvenes que respiraban normalmente mientras permanecían con los ojos cerrados. Sonrió. − Nos debemos estar perdiendo una gran discusión − comentó cuando Orihime se puso de pie.
− Será mejor que nos apresuremos − dijo y ambos salieron de la habitación.
