¡Bonito Domingo mis queridos Klainers! 3 Como siempre aquí les dejo el capítulo, tengo muchísima tarea encima y lo subí rapidísimo, así que si ven algún error, tienen todo el derecho de culparme (x

Este capítulo se lo dedico con todo mi corazón a mi tocaya SofiKlainer 3 Sofi, leerás algo muy romántico en el capítulo 28. (:

ENJOY!

BRING ME TO LIFE

CAPITULO 20

Viendo a la mujer salir de la sala de interrogatorios, con los ojos rojos y llorando sobre un pañuelo, hizo que a Blaine también le dieran ganas de llorar. Ella les había dicho todo lo que sabía acerca de su esposo, el tirador de la última semana, y fue muy claro que había sido muy duro para ella.
La piel de sus ojos aún estaba magullada después de la última golpiza que le propinó antes de que muriera. Eso, en realidad hizo sentir mejor a Blaine por matarlo, pero no era suficiente para luchar con las pesadillas que tenía prácticamente todas las noches. Se despertaba lleno de frío sudor, jadeando, después de tener otro sueño con un hombre con ojos de zombi y un agujero de bala en el pecho que venía a buscarlo, acusándolo por haberlo asesinado.
- Me siento tan mal por ella.- dijo Puck silenciosamente deteniéndose al lado de Blaine.
- ¿Le miraste la cara? Su marido le dio una paliza pero aun así sigue con el corazón roto por su muerte. ¿Puedes entenderlo?-
Blaine se encogió de hombros.
- No puedes odiar a quien amas.- dijo mirándola mientras caminaba hacia la puerta, estaba llorando y temblando de pies a cabeza. – No es su culpa que lo amara.-
- Pero….- Puck sacudió la cabeza y miró a Blaine con escepticismo. - ¿Cómo es posible que lo amara, cuando era como un monstruo? Vamos, eso no es amor, eso es miedo. No se atrevía a dejarlo.-
- Estoy seguro que no siempre fue así –dijo Blaine. – Probablemente comenzó a beber o algo.
- No importa –dijo Puck con un resoplido. – Tenía que haberlo dejado desde hace mucho tiempo.-
- Tal vez debería haberlo hecho.-
- ¿Tal vez? –dijo Puck con incredulidad y le disparó una mirada dudosa. – ¿Estás defendiendo al hijo de puta?.-
Blaine abrió los ojos.
- ¡No! –dijo, sorprendido de que Puck pudiera pensar que estaba defendiendo a alguien que había asesinado a varias personas. – No, en absoluto, sólo estaba diciendo… no sé lo que estoy diciendo. Ella lo amaba, lo hacía y ella estaba dispuesta a mirar más allá de sus defectos. Creo que es admirable.-
- Es estúpido, es ingenuo. Nada en su relación era sano.-
Blaine se encogió de hombros.
- Lo sé. Tal vez sólo sea porque yo lo maté y por eso me siento así.-
- Debe ser –convinó Puck, antes de acariciar su espalda en un intento de animarlo.
-¿Qué me dices de una cerveza en la noche?.-

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Era la hora del almuerzo y Blaine se dirigía a ver a Kurt. No tenía mucho apetito últimamente así que pensó que debería hacer algo de merito en lugar de sentarse a sólo jugar con la comida.
- A la mierda estas escaleras –maldijo en voz baja deseando por enésima vez que instalaran un elevador.

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- Es el cumpleaños de mi sobrina la próxima semana –dijo Anne mirando por encima de la mesa a su paciente. – Tiene once. Me pregunto si ya esta grande para las muñecas o si podría comprarle una muñeca Barbie.-
- A todas las niñas les gusta eso –dijo Kurt encogiéndose de hombros.
- ¿Eso crees?-
- Claro.-
- Supongo que tienes razón. No tenía ninguna propia cuando era pequeña, pero mi vecino tenía unas pocas, a pesar de que no eran tan bonitas como hoy en día. De todos modos iba a jugar con él.-
Los labios de Kurt se arquearon en respuesta a eso.
- Sí, era un niño y tenía sus propias muñecas Barbie –dijo Anne sonriendo un poco por su reacción. – Algunas veces a los niños les gusta más eso que los carritos y los soldaditos. ¿Tú nunca jugaste con muñecas?-
Kurt se quedó en silencio y miró hacia abajo. Después de varios segundos, tragó saliva.
- No.-
- ¿En dónde estabas justo ahora?-
- En ninguna parte.-
Anne le sonrío. Esa sonrisa significaba algo, como un "sólo quiero que me lo digas". Kurt quiso decirle que a la mierda pero se quedó en silencio.
- Tengo algo que quiero mostrarte –dijo a continuación y Kurt frunció el ceño.
- Enséñame.-
- Primero tengo que hablar contigo de algo.-

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Blaine entró en el cuarto piso y se detuvo unos segundos para recobrar el aliento. Hombre, esas escaleras eran pesadas y nunca parecían ser más fáciles sin importar todas las veces que las había subido.
Continuó su recorrido hacia el final del camino, pero desaceleró al escuchar voces salir.
- ¿…si quiera la recuerdas? –escuchó y contuvo la respiración mientras daba una rápida mirada por los barrotes, viendo a Kurt y a Anne sentados a la mesa uno frente al otro.
Kurt tenía la cabeza agachada, sus dedos agarraban sus brazos con fuerza. Blaine dio un paso atrás, fuera de la vista de los dos en la habitación. Apretó la espalda a la pared, apenas atreviéndose a respirar, escuchando la conversación.
- Claro que me acuerdo – Kurt espetó en voz baja.
- Háblame de ella.-
Blaine se sintió mal por escuchar, por espiar lo que se supone que es un momento privado entre Kurt y su terapeuta, pero no se atrevía a alejarse. Ahora no. Escuchó con atención cuando Kurt volvió a hablar.
- Era castaña –dijo en voz baja, en voz tan baja que Blaine realmente tuvo que esforzarse para poder escuchar.
- ¿Algo más?-
Kurt se quedó en silencio y Blaine contuvo la respiración. ¿De quién estaban hablando? Blaine cambió de pie, luchando para no hacer ruido alguno, y miró de nuevo a través de los barrotes.
- No te acuerdas ¿verdad?.-
Vio a Kurt tragar saliva y cerrar los ojos y luego Anne sacó algo de una carpeta sobre la mesa, algo que parecía que podría ser una fotografía. Se la ofreció a Kurt.
- Quiero que veas esto –dijo en voz baja. – Y quiero que recuerdes ¿de acuerdo? Y que pienses en ello. Estás tratando de bloquearlo, y lo entiendo, enserio entiendo porque lo haces. Pero llega el momento en el que tienes que hacerle frente, aunque duela.-
Kurt tomó la foto y se le quedó mirando, le temblaban las manos.
- Dime su nombre.-
Kurt negó fuertemente con la cabeza, con los ojos pegados a la fotografía y Blaine en realidad podía decir que su respiración se aceleraba como cuando le entró el ataque de pánico. Kurt estaba empezando a pensar que su pánico y furia se le estaban escapando de las manos.
- Kurt, ¿cuál era su nombre?-
- R-Rachel –susurró Kurt, como si lo hubiera obligado a salir y tragó saliva.
- Sí –dijo Anne quien parecía aliviada. – Te dejo con la foto –dijo y se levantó. – Quiero que pienses las cosas, piensa en lo que me dirás ¿de acuerdo? Regresaré en una hora.-
Kurt no respondió.
- Bueno, te veo al rato Kurt.-
Le dio una última mirada a Kurt antes de caminar hacia la puerta, la abrió y casi chocó con Blaine. Saltó, colocó una mano en su corazón y abrió mucho los ojos.
- Dios mío, me asustaste –dijo y Blaine sólo pudo sonreír tímidamente por haber sido descubierto espiando.
- Creo que ahora necesita un tiempo a solas, Blaine –fue todo lo que dijo mientras cerraba la puerta y Blaine estuvo agradecido de que no le dijera nada de que estaba espiando.
- Pero… – Blaine comenzó, mirando a Kurt, quien estaba casi hiperventilando, seguía apretando la foto con su mano huesuda.
- Tiene un inhalador que sabe cómo utilizar si se pone muy mal –lo tranquilizó y le palmeó el hombro. – Va a estar bien, necesita pensar en estas cosas. Solo. –añadió, dándole a Blaine una mirada que hizo que se encogiera.
- ¿Qué cosas? –preguntó con desesperación. – ¿Quién está en la foto?.-
- Sabes que no puedo, Blaine. Lo siento. Tiene que decírtelo él mismo. Por favor, no trates de forzarlo a que te lo diga.-
- Como sea –respondió Blaine y Anne le dio una sonrisa y se marchó, sus tacones sonaban contra el piso de piedra.
Blaine miró a Kurt de nuevo a través de los barrotes, quien en algún momento de su conversación con Anne se había levantado y sentado en la cama. Estaba acurrucado, con las manos alrededor de sus rodillas, y su respiración era irregular y áspera.
Algo en Blaine dolió cuando Kurt estaba jadeando como si realmente no pudiera respirar, Blaine no pudo ver por más tiempo. Abrió la cerradura y entró.
- Kurt –dijo sentándose a un lado de él.
- Kurt, Kurt, ¿estás bien? Respira.-
Kurt sacudió la cabeza con los ojos llorosos cuando abrió la boca, al no conseguir que el aire entrara por sus labios.
- Mierda –murmuró Blaine, mirando alrededor frenéticamente, y finalmente encontró el inhalador verde y blanco sobre la mesa. Se levantó de un salto para tomarlo y se lo entregó a Kurt, quien lo agarró, lo apretó contra su boca y aspiró profundamente.
Blaine le frotó la espalda mientras Kurt contuvo el aliento y Blaine se preguntó cuándo le había tomado la mano, se dio cuenta hasta que sintió dolor ya que Kurt le estaba apretando los dedos.
- ¿Estás bien? –preguntó Blaine una vez que su respiración era más normal y Kurt inclinó la cabeza y cerró los ojos.
- ¿Kurt? –preguntó Blaine sacudiéndole ligeramente el hombro. – Contéstame. ¿Estás bien?-
Kurt asintió.
- Sí, sí, Dios, no había tenido un ataque así desde que era pequeño.-
Blaine asintió, dudó pero se atrevió a preguntar - ¿Quién está en la foto? –tomó la fotografía de la cama y la miró. Era una típica foto de la escuela secundaria de una chica bonita con el cabello castaño, tal vez alrededor de los catorce o quince años de edad. Tenía un fleco que le llegaba hasta las cejas, una curiosa nariz y una sonrisa timida. Su cabello estaba escondido detrás de sus orejas, mostrando unos pendientes de estrella amarillos y alrededor de su cuello tenía un collar con el símbolo del Yin Yang.
¿Dónde había visto ese símbolo recientemente? Blaine se mordió el labio tratando de recordar, pero nada se le vino a la mente. Paso su pulgar sobre el collar en la foto, tenía la sensación de que le faltaba algo importante.
Kurt negó fuertemente con la cabeza.
- Ponla en la basura –dijo como si verla lo hiciera sentir mal físicamente.
- Kurt –dijo Blaine de nuevo. - ¿Quién es?.-
- Blaine, por favor, déjalo.- Kurt sonaba cansado, su voz era apenas audible y Blaine se sintió mal pero no lo podía dejar. No podía sólo dejarlo ir y olvidarse de eso.
- ¿Quién es? –presionó Blaine y tomó a Kurt de los hombros para que pudiera verlo.
No se dejaría vencer esta vez, no importa si Kurt se sentía como un muñeco de trapo en sus brazos, no importa lo agotado y exhausto que estaba. Blaine obtendría una respuesta a esto.
- ¿Quién?.-
Los ojos de Kurt parpadeaban continuamente, su cara estaba tan pálida como la de un fantasma mientras apretaba los labios y sacudía la cabeza.
- No –dijo de nuevo.
- Dime quien es –ordenó Blaine apretando los dientes. – ¡Kurt!
- N…-
- Kurt, me dices quien es ella o voy a…-
- Está muerta – Kurt se quebró, lo miraba con los ojos sombríos. – No importa quién carajos es porque está muerta. ¿De acuerdo? Está muerta, se fue.-
Blaine se quedó en silencio e inmediatamente recordó. El collar. El símbolo en el cuello de la niña, el Yin Yang. Recordó donde lo había visto antes, lo había visto en el cuello de Kurt, su tatuaje. Recordó que no le había permitido tocarlo, cómo Kurt lo había retirado cuando sus dedos se movían sobre él.
- Kurt –dijo Blaine, calmando su voz. – ¿Quién era ella? ¿Quién era ella para ti?-
- Nadie –espetó Kurt. – No me importa nada de ella. Nunca me importó.-
Blaine estudió su rostro.
- Estás mintiendo.-
Kurt infló las fosas nasales. Blaine había entrado en la zona de peligro.
- ¿Crees que sabes cosas de mí? –dijo Kurt y su voz temblaba de ira. – Crees que eres tan grande por venir aquí como un pequeño héroe tratando de salvarme.- Tenía los ojos sobre Blaine, la rabia radiaba como olas de calor a través de su piel, haciendo que el aire alrededor de ellos casi vibrara. – Pero adivina qué –escupió Kurt casi cara a cara con Blaine. – No necesito que me salven.-
Blaine negó con la cabeza.
- No me trago tu actuación –dijo y vio como todos los músculos en la cara de Kurt se tensaban. Su instinto le dijo que lo dejara pero era como si su boca estuviera en piloto automático, necesitaba saber esto. – Es bueno, eres un buen actor, pero no me lo trago. Sé que te preocupas por Anne.- Kurt tembló. – Sé que te preocupas por mí. – Kurt se sacudió. – Y sé que te preocupabas por esta chica. – levantó la fotografía y Kurt le echó un vistazo antes de sacudir la cabeza.
- Fuera –dijo lentamente con los labios apretados. – Estoy cansado de pedirlo agradablemente.- Blaine no se movió ni un centímetro.
- ¿Por qué me tengo que ir? –quiso saber Blaine. - Kurt, puedes llorar si quieres. No me importa.-
Los ojos de Kurt brillaron.
- ¡Deja de intentar entrar en mi cabeza! –exclamó con la voz cada vez más fuerte en cada palabra. Él había dicho antes esas palabras, pero esta vez sonaba un poco más desesperado. – Fuera de aquí. ¡Ahora!-
- ¿Qué harás si me quedo? –desafío Blaine, actuando más valiente de lo que probablemente debería ser.
Kurt lo miró, respirando con dificultad, con las manos apretadas a los costados. Estaba temblando, respirando fuertemente por la nariz como un toro. Su mano derecha se sacudió como si le quisiera pegar a Blaine, pero en lugar de eso dejó escapar un grito furioso, se levantó y entró en el baño cerrando la puerta. Blaine escuchó como las cosas eran arrojadas al suelo y como la cortina de baño fue arrancada. Sabía que Kurt había entrado al baño para evitar hacerle daño.
Los ruidos se mantuvieron por un poco más de tiempo, en el cual Kurt rompió todo lo rompible en el cuarto de baño, en un momento Blaine estaba seguro de que le había arrojado algo al espejo , porque escuchó un fuerte ruido de algo haciéndose añicos. Blaine estaba un poco preocupado ante la idea, probablemente abría astillas de vidrio y Blaine no estaba seguro de si Kurt debía estar cerca de objetos afilados cuando se encontraba así.
Los ruidos pararon y se produjo un fuerte golpe, lo que hizo que el corazón de Blaine saltara en su pecho por miedo. Se levantó y caminó lentamente hacia el cuarto de baño.
- ¿Kurt? –preguntó cuidadosamente y tocó a la puerta. El silencio era ensordecedor y eso le asustó. – ¿Kurt? –preguntó de nuevo y cerró los ojos, envío una pequeña oración y abrió la puerta ligeramente. Miró en su interior.
Kurt estaba sentado en el centro del cuarto de baño y cuando se dio cuenta de que Blaine estaba allí, se escurrió hacia atrás hasta que golpeó con la pared. Tenía la cabeza agachada y estaba temblando visiblemente, jadeando como un animal. Su mano derecha estaba presionada con fuerza contra su estómago y los ojos de Blaine se ampliaron cuando vio las manchas de sangre de color rojo oscuro en su camisa naranja, corriendo por su brazo. Comenzó a caminar hacia él y Kurt susurró tratando de alejarse.
- No –dijo en voz baja, con voz temblorosa. – Ma-mantente alejado.-
- Estás herido –dijo Blaine en voz baja, cerrando la puerta detrás de él. Miró hacia el espejo, roto como había pensado, manchado de sangre. Kurt comenzó a temblar con más violencia mientras Blaine se acercaba, y finalmente se arrodilló a su lado.
- Probablemente hay vidrio allí –dijo tratando de llamar la atención de Kurt, pero se escondía. Quiso tomar su brazo pero Kurt negó con la cabeza.
- Se-sedantes –consiguió decir, apretando los dientes en un intento de mantener la calma, y Blaine parpadeó.
- ¿Dónde?-
- Fi-final del pasillo.-
Blaine frunció el ceño, preguntándose a que se refería, pero se levantó de todos modos.
- Ahora regreso –dijo y se encaminó sin molestarse en cerrar la puerta. Kurt probablemente no sería capaz de correr muy lejos en el estado que estaba aunque lo intentara.
Blaine supo al instante lo que Kurt quiso decir cuando dijo al final del pasillo, porque sus ojos cayeron de inmediato en un botiquín blanco de primeros auxilios que colgaba de la pared junto a la puerta que conducía por las escaleras, que él no había notado antes, ya que no tenía razón para notarlo. Se acercó a él para encontrarse que estaba cerrado, por supuesto, cerrado con llave. –Mierda.- Murmuró antes de que pensara en buscar en sus llaves. Miró cada una de ellas, hasta que llegó a una que se había estado preguntando de que sería. Parecía lo suficiente pequeña como para caber en el armario, y cuando intentó, se abrió fácilmente. Blaine sonrío.
- Bien, sedantes, sedantes… –murmuró para sí mismo mientras vagaba sobre el contenido del botiquín. Había diferentes tipos de gasas y vendas y otras cosas que Blaine no tenía idea de que eran. Sus ojos se posaron en una pequeña caja con varias jeringas y agujas, marcados como sedantes. Blaine se encogió, había visto como utilizaban este tipo de sedantes en Kurt, pero realmente no confiaba en inyectarle algo que no estaba seguro cual era el contenido. En primer lugar, no tenía idea de cuánto necesitaba y en segundo lugar no sabía dónde inyectárselo. Había muchas botellas diferentes de pastillas, y Blaine pensó que alguna de ellas tendría que ser sedantes. Las píldoras eran más seguras que una aguja.
Miró cada etiqueta, hasta que encontró una que había sido marcado como sedantes por un marcador negro. Lo tomó y leyó la parte trasera. Una debe ser suficiente, así que tomó una, cerró la tapa, cerró el botiquín, y corrió de nuevo con Kurt tan rápido como pudo.
Kurt alcanzó la píldora con la mano buena, sentado en el mismo lugar donde Blaine lo había dejado. Se la tragó de inmediato en seco y se calmó al instante. Sus ojos se cerraron y Blaine apenas tuvo tiempo de atraparlo antes de que su cabeza se estrellara contra el duro asiento del inodoro.
Blaine se sentó en el suelo, poniendo la cabeza de Kurt en su regazo con cuidado, y luego levantó su mano ensangrentada. En efecto había cristal en ella y Blaine hizo una mueca.
Blaine se mordió el labio mientras se preguntaba qué tan profundo era el sueño en el que había caído Kurt, antes de pensar, a la mierda, lo tomó por debajo de las rodillas y lo levantó.
- Dios, espero que realmente estés inconsciente –murmuró, riendo un poco al pensar en la reacción que Kurt tendría si supiera que Blaine lo había llevado así.
Lo dejó sobre la cama y una vez más tomó su mano para comprobar los daños. Su palma brillaba un poco a causa del cristal y Blaine no se atrevió a sacarlo por miedo de que lo pudiera empujar y empeorar las cosas. Sin embargo, formó un paño húmedo y limpió la sangre que corría por el brazo de Kurt, aunque todavía seguía corriendo más.
Colocó cuidadosamente su brazo sobre la cama, con la palma herida hacia arriba. Blaine decidió que necesitaba a alguien que lo ayudara con esto. Con una última mirada persistente a Kurt, Blaine dejó la celda, esta vez cerrando tras de él.

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Blaine había encontrado a Anne en el segundo piso, teniendo una charla con un chico de diecinueve años quien se encontraba por robarle a su abuela. Sus ojos se agrandaron al verlo fuera de la puerta, agitando los dedos para que fuera rápido.
- Perdóname, ahora regreso, Daniel –le dijo al muchacho y se apresuró hacia Blaine.
- ¿Qué pasó? –preguntó con tono preocupado, como si ya supiera que se trataba de Kurt.
- Es Kurt –dijo– ¿Hay alguna enfermera aquí hoy?-
Sus ojos se abrieron aún más.
- Hoy no, ¿por qué?-
- Maldita sea –maldijo Blaine. – Es sólo que… le dio un puñetazo al espejo y ahora tiene un montón de cristal bajo su piel. No me atreví a intentar quitárselos por mi cuenta.-
Anne frunció el ceño y cerró la celda de Daniel. – ¿Por qué golpeó el espejo?-
Blaine agachó la cabeza, sabiendo que había ido en contra de la palabra de Anne sobre entrar a la celda de Kurt, y se encogió de hombros patéticamente.
- ¿No te dije que lo dejaras solo por un momento? –dijo Anne, y primera vez su voz era severa y Blaine se sentía como un niño regañado.
- Sí –murmuró. – Simplemente no podía verlo así… sé que probablemente no debía haber…-
- Tienes razón, no debías –dijo con un suspiro. – Y espero que hayas aprendido la lección. Veré que se puede hacer con el vidrio.-
Al parecer no fue tan malo como Blaine había pensado, porque ella pudo remover todas las piezas de vidrio utilizando sólo un pequeño par de pinzas. Blaine no fue capaz de mirar cuando le sacó los pedazos, cada vez que un pedazo de vidrio se deslizaba fuera de la piel de Kurt, le dolía su propia palma. Al final, se abstuvo de mirarlo.
- Creo que es todo –dijo después de un corto tiempo y colocó la palma de Kurt bajo la luz. – Es difícil decir cuando no está despierto para decirme si le pica en otro lado –recorrió la yema de su dedo índice sobre su piel, buscando más vidrios.
- ¿Dices que él mismo preguntó por los sedantes?-
- Sí.-
- Humm –sonaba agradablemente sorprendida y comenzó a vendar la mano de Kurt pero se detuvo.
- Eso es algo.-
- ¿Qué?-
- Él odia ser sedado –dijo y limpió las heridas de la palma de Kurt con una bola de algodón. – Generalmente se pelea con todos sus medicamentos. Tienes que agradarle realmente. – Ella miró a Blaine con una sonrisa. – En realidad creo que podrías ser bueno para él –dijo ella y comenzó a vendar de nuevo la mano de Kurt. – No es que él lo vaya a admitir, por supuesto.-
Tanto ella como Blaine se rieron de eso.