¡Klaineeeeeers! Aquí el capítulo de hoy =) En verdad disculpen si no puedo subirles más de uno pero solo tenía listo este =( disculpen! El domingo que este libre subo dos!

Muchas Gracias por sus comentarios, sus follows y sus favoritos! No se despeguen del fic por que muchos feelings se aproximan!

ENJOY!

BRING ME TO LIFE

CAPITULO 31

La mandíbula de Kurt se abrió a pesar de que había previsto las palabras que salieron de la boca de Anne. – Oh - suspiró y asintió lentamente. – Eso es…- cerró los ojos, - comprensible - terminó en voz baja, mientras el cuchillo en su interior giraba tan fuerte que casi no podía respirar.

- Lo siento mucho - dijo Anne, parecía triste y enojada al mismo tiempo – No había nada que pudiera hacer, traté de detenerlo.-

Kurt no lo quería escuchar. Volvió su cara hacia la pared, apretando sus puños fuertemente. – ¿Te puedes ir?- murmuró, luchando por mantener una voz clara. - Quiero estar solo.-

Podía sentir las dudas de Anne. – No sé si eso sea una buena idea…-

- Vete - siseó. – Déjame solo maldita sea.-

La escuchó suspirar fuertemente, pero él conocía ese sonido, el que siempre hacía antes de darse por vencida.

- Muy bien - dijo lentamente, como si no estuviera segura de que debería hacerlo – Regresare más tarde ¿de acuerdo?- alargó su mano para tocar su cara pero él la apartó.

- No me toques - advirtió, Anne suspiró una vez más y regresó su mano con un tranquilo asentimiento.

Se le había permitido tocar a Kurt desde hace tiempo, no le gustaba nada que ahora retrocediera, pero simplemente tenía que esperar y ver como manejaría esto.

- Trata de mantener la calma ¿de acuerdo? Respira.- Dudó un poco más antes de meter su mano en el bolsillo y sacó un pequeño bote de pastillas de color blanco. – Te daré unas de estas, tómalas, ¿de acuerdo? Es un tranquilizante muy suave, no te hará dormir ni nada de eso, sólo te calmaran.-

Dejó una pequeña píldora sobre la mesita de noche y luego salió de la habitación con cautela, no del todo cómoda por dejarlo solo después de una noticia como esta pero ella no podía obligarle a soportar su presencia tampoco; nunca había sido buena idea porque Kurt no hablaba cuando se sentía forzado.

Tan pronto como la puerta se cerró detrás de su terapeuta, Kurt dejo escapar el aliento que tenía reprimido, un tembloroso respiro. Estaba casi seguro de que estaba adormecido, porque no podía sentir su cuerpo en absoluto.

No quería creer que Blaine se había ido, que ya no trabajaba aquí, pero podía sentir que era verdad. Había un vacío en el edificio que parecía que lo aplastaba. El silencio era abrumador, su sonido era tan fuerte que presionaba contra sus tímpanos en un chillido agudo.

- No - se escuchó susurrar, con los puños apretados, las venas resaltaban. - ¡No, no, no!- cogió la almohada detrás de su espalda y la tiró a través de la habitación. No había hecho un ruido satisfactorio pero no había nada más próximo para lanzar.

Sus ojos revolotearon sobre la píldora en la mesita de noche, pero sólo la visión de ella le hizo arder en ira. Ya no quería el medicamento para controlarse.

Tenía las manos apretadas con tanta fuerza que estaba empezando a sentir la sangre brotar entre sus dedos, pero no sentía ningún dolor, estaba adormecido.

Se levantó, se dirigió hacia la cómoda y arrancó violentamente todos los cajones, arrojándolos al otro lado de la habitación. Cegado por un dolor que no podía reconocer como tal, distinguió la camisa que había usado para Blaine, la de aquella vez. Cayó de rodillas junto a ella, la recogió y la rasgo por la costura, satisfecho con el ruido que hizo, como si estuviera gritando. Imaginó que era la piel de Blaine la que estaba desgarrando, casi se echó a reír histéricamente ante la imagen en su cabeza.

Cuando la camisa estaba desgarrada en pedazos tan pequeños como era posible sin usar tijeras, Kurt se sintió completamente agotado. Se detuvo y exhaló, su visión se hizo borrosa mientras miraba fijamente hacia delante, tratando de enfocarse. La habitación empezó a girar más y más fuerte, Kurt cerró los ojos, apretándolos; antes de que cayera de lado, perdiendo el conocimiento.

Cuando despertó su visión aún era borrosa, parpadeó fuertemente. Rápidamente se dio cuenta de que estaba en la cama y se sorprendió cuando levantó los brazos, encontrándolos libres. Miró hacia abajo, sólo para estar seguro, y como él había pensado, no estaba atado.

Tampoco creía haber sido drogado, pero por alguna razón era difícil decirlo.

- Sólo dormiste.-

Su cabeza se giró y sus ojos se posaron en Anne, quien lo estaba mirando con sus ojos suaves haciéndolo sentir completamente patético. ¿Se había desmayado?

- Sin embargo sólo fue por un par de horas.-

Kurt sólo se limitó a asentir y cerró los ojos de nuevo. ¿Por qué simplemente no podía dejarlo en paz?

- ¿Estás bien? No tomaste la pastilla anoche. Si lo hubieras hecho, no habrías perdido el conocimiento.-

- Estoy excelente.-

- No seas así.-

- ¿Así como?-

Anne suspiró y Kurt mantuvo los ojos cerrados. No quería ver su rostro, no quería ver nada en absoluto. Sólo quería dormir porque, al menos, no podía pensar mientras estaba dormido.

Se hizo el dormido, Anne probablemente no se lo creyó, pero no dijo nada. Sólo lo miraba, Kurt lo sentía, sentía sus ojos sobre él.

Finalmente escuchó que se puso de pie y un ligero roce de tela, luego se escucho el ruido característico de los de los botones de un celular al ser oprimidos antes de que saliera de la celda.

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1 llamada perdida.

3 llamadas perdidas.

10 llamadas perdidas.

16 llamadas perdidas, 5 mensajes de texto.

Blaine apagó su celular y lo tiro al sofá después del quinto mensaje de texto en una hora, consiguiendo una extraña mirada de su madre. Su teléfono había estado sonando casi sin parar durante días.

- ¿Vas a decirnos que pasó allí?- le preguntó, mirándolo de cerca.

Blaine simplemente negó con la cabeza, su madre suspiró. Parecía decepcionada y eso era lo peor. Ni siquiera sabía de qué se trataba, no tenía derecho a estar decepcionada.

- Bueno, no es que tu padre no esté contento con tu decisión - dijo – Pero estamos preocupados, Este repentino cambio…no es común en ti.-

Blaine no dijo nada, sólo se rasco distraídamente la costura de sus pantalones vaqueros. – Sólo necesitaba un cambio, supongo - respondió al fin – Necesitaba más que hacer.-

Su madre no parecía convencida, pero asintió con la cabeza, aceptando su respuesta porque sabía que era todo lo que iba a obtener de su hijo.

Blaine aún no había comenzado a trabajar, pero tan pronto como los tramites de su traslado estuvieran listos, empezaría y no podía esperar. Se iba a volver loco en casa, sobre todo porque sus padres trataban de hacerle decir lo que había sucedido, eso era agotador.

- Tu teléfono ha estado sonando todo el tiempo desde que llegaste aquí y no lo has cogido ni una vez - dijo después su madre - ¿Seguro que no estás metido en algún tipo de problema?-

- ¿Qué tipo de problema podría ser?- Blaine se levantó del sofá, estaba empezando a molestarse por el husmeo de su madre – Voy a salir - decidió – No me esperes.-

- Blaine, espera…-

Pero Blaine salió de allí antes de que pudiera terminar lo que iba a decir, agarró una sudadera con capucha, las llaves de su auto y salió de la casa. Aspiró el aire frío mientras caminaba hacia su auto, aliviado cundo el golpeteo en su cabeza se detuvo un poco.

Sólo necesitaba alejarse de sus padres por unas horas. Necesitaba dejar de pensar sobre el hecho de que se había ido, de que prácticamente había escapado como un cobarde, ¿pero, qué podía haber hecho? Ya no era capaz de manejarlo. La estación era muy pequeña, se sentía sofocado y claustrofóbico, sólo necesita alejarse; un nuevo y fresco comienzo donde nadie lo conociera en absoluto. Tendría a su padre como jefe, pero ese era un precio pequeño a pagar en comparación con la alternativa.

Trató de no pensar en la persona que había dejado atrás mientras ponía su coche en marcha, pero eso estaba cerca de ser imposible. Su estómago se retorcía ante su recuerdo, en más de un sentido, apretó los dientes mientras se dirigía a la carretera principal.

Lo que no podía manejar era que Kurt era un asesino a sangre fría, que había terminado con la vida de la gente que le importaba. Si pudo hacer eso, pensó Blaine, no tenía garantías de que Kurt no se lo haría a él también. Diablos, ya lo había intentado una vez. Recordó cuando Kurt tenía una pistola apuntando contra su cuello y la ira se encendió en su interior. ¿Era eso lo que le había hecho a Rachel?

Su teléfono vibró en su bolsillo, arrancándolo de sus oscuros pensamientos. Lo sacó y miró la pantalla. El número era familiar porque era el número que le había llamado desde que se fue. Podía adivinar de quien se trataba.

Molesto, aceptó la llamada - ¿Qué?- ladró a la línea, atrapando el celular entre el hombro y la oreja mientras manejaba. Sabía que no debería estar al teléfono y manejando al mismo tiempo, pero ya era suficiente. Estaba cansado del acoso de Anne a su teléfono.

- Blaine, soy yo, soy…-

- Anne - concluyó Blaine, sus sospechas eran ciertas.

- No has tomado mis llamadas.-

- He estado ocupado - fue al grano.

- Mira - dijo Anne. – Entiendo que estás decepcionado, pero…-

- ¿Algo más?- preguntó Blaine con frialdad, interrumpiéndola, escuchó un suspiro en el otro extremo.

- Yo sólo…-

- Lo dejé - dijo Blaine. – No tengo nada más que ver con esto, deja de acosarme.- Blaine terminó la llamada y arrojó el teléfono al asiento del pasajero con un gruñido, las manos apretadas contra el volante. Apretó fuertemente los dientes.

Podía llamarle todo lo que quisiera, él había hecho todo esto, iba a empezar de nuevo. Iba a olvídalo todo, iba a olvidar que había vivido y trabajado en esa pequeña ciudad. Iba a olvidar toda acerca de Puck, Sebastián y las otras personas, pero sobre todo, iba a olvidarse de Kurt.

Una aguda punzada corrió atreves de él, apretó las manos, no podía más; hasta que reconoció el edificio que estaba buscando, un pequeño bar.

Eso era lo que necesitaba, pensó, un trago o dos para opacar el agudo sentimiento de culpa que no quería sentir. No tenía nada de que sentirse culpable.

Detuvo el auto, salió y se dirigió a paso decidido hacia la barra.

No era el bar más grande al que había ido, estaba un poco lejos del centro de la ciudad, pero estaba lleno y había una pequeña pista de baile donde la gente estaba bailando unos con otros bajo el sucio techo.

Se dirigió directamente hacia la barra y pidió lo más fuerte que tenían, sin importar lo que fuera, se dejó caer pesadamente en uno de los altos taburetes.

Obtuvo un pequeño vaso frente a él y pronto algo era vertido en el, de una botella, se lo bebió de inmediato y pidió al cantinero que lo llenara de nuevo. Vio al camarero, un tipo probablemente de treinta años, quien levanto una ceja.

- ¿Terminaron mal?- pregunto el camarero haciendo conversación mientras llenaba su vaso, Blaine le lanzó una dura mirada.

- Cállate - gruñó y se bebió el vaso una vez más.

El camarero soltó una humorística risa, probablemente para las conversaciones así, llenado su vaso una vez más y se fue al otro extremo de la barra para limpiar la superficie con un trapo un poco sucio.

A Blaine no le importaba lo patético que se veía, necesitaba ahogar este sentimiento. La culpa, la ira, el dolor. No quería sentir nada, prefería ser anestesiado por el alcohol.

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- ¿Cómo te sientes?- preguntó Anne una hora después.

Le había dado una hora para descansar, una hora para dormir si lo quería. Esta era la tercera vez que lo visitaba en un día, pero no se sentía cómoda dejándolo solo por tanto tiempo cuando estaba así. Podría aferrarse demasiado en las mismas cosas una y otra vez hasta que se perdiera y confundiera.

Kurt estaba sentado en la esquina de la cama, con las rodillas ligeramente dobladas y la cabeza inclinada. Sabía que ella no sería feliz con su respuesta pero no tenía nada más que ofrecer. – No siento nada - dijo, porque era verdad. No sentía nada, era como si todo se hubiera ido.

- ¿Algo más? ¿Puedes tratar de ponerle un nombre?-

- No puedo.- No sabría cómo explicar lo del cuchillo de todos modos, estaba allí. Ahora era más constante, por lo general no era así. Había sido constante sólo una vez, hace mucho, mucho tiempo y lo había llevado al hospital psiquiátrico, porque hacía cosa extrañas con su cabeza. También el cuchillo, por lo general, lo hacía estallar pero ahora ni siquiera tenía la necesidad de la ira, por lo que no sabía qué hacer con él.

- Sí, tú puedes.-

Kurt sacudió la cabeza, estaba seguro de que no podía. El cuchillo estaba tan profundo para pensar correctamente, estaba tan profundo que incluso le impedía tener la energía para estallar contra ella. – Estoy….solo - dijo antes de poder contenerse.

- Eso no es nada - dijo Anne casi inmediatamente – Eso es bueno.-

Kurt gruñó en voz baja - ¿Bueno?-

- Es bueno que estés tratando de nombrarlo - explicó. – Entonces podemos tratar de hacer algo al respecto.-

- Más medicamentos- dijo Kurt con sequedad – Siento que es lo único que me mantiene cuerdo en estos momentos. Es tan malo.-

- Los medicamentos no pueden arreglar la soledad - dijo en voz baja - ¿Tienes miedo de lo que va a pasar si Blaine no está aquí?-

Kurt no dijo nada por varios segundos pero al final asintió con la cabeza, aunque sea un poco.

Sí, lo estaba.

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Blaine tenía un agradable zumbido pero estaba lejos de ser el adormecimiento al que quería sentir, y fue por eso que se mantuvo tomando.

- ¿Solo esta noche?-

Blaine volvió su cabeza hacia la derecha con mucha dificultad y sus ojos se posaron en una mujer que estaba sentada a su lado. Le sonreía suavemente y Blaine se encontró mirando hacia ella con la boca estúpidamente abierta.

- Tú…te pareces…a…- apenas pudo articular cuando entrecerró los ojos hacia ella, teniendo problemas para enfocar correctamente. Su cabello corto y castaño, obviamente teñido, caía sobres sus ojos cristal y maquillados de una forma muy familiar, a Blaine se le oprimió el estómago. Miró rápidamente hacia abajo para tomar su siguiente trago. Por un momento su rostro se convirtió en el de Kurt y ahora sintió como si lo tuviera sentado a un lado. Como un fantasma que lo perseguía, culpándolo.

Me dejaste.

- Soy Lynne - continuó la mujer, al parecer no se desanimó por su falta de entusiasmo. Blaine apenas registró el nombre en su mente, ralamente no le importaba.

- ¿Solo esta noche?- repitió.

Lo prometiste.

La miró de nuevo y su rostro empezó a transformarse de nuevo en el de Kurt, entonces se levantó. – Lo siento - le dijo, en realidad no lo sentía y rápidamente se alejó. No importaba lo duro que tratara de olvidarlo, siempre regresaba a su mente. Lo odiaba, lo odiaba demasiado pero soñaba con él cada noche y cada noche dormía con lágrimas ardientes en sus ojos.

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Kurt no podía dormir.

Su cerebro estaba demasiado despierto, demasiado activo, pensamientos borrosos e inconclusos que no entendía a simple vista, se arremolinaban en su cabeza. También tenía miedo de que si dormía, soñaría. Soñaría esos sueños que lo hacían despertar gritando, no quería eso de nuevo, no cuando casi habían desaparecido.

Sabía que Anne estaba preocupada, estaba tan preocupada que había quitado el espejo, tuvo que desatornillarlo de la pared, temerosa de que pudiera herirse con él. Pensó que era ridículo, pero no se había molestado en quejarse.

No sabía cuántos días habían pasado. Siete, tal vez diez. Ya no llevaba el conteo del tiempo pero sabía que era Enero. Fue año nuevo y casi era Junio. En seis meses sería Junio. Sería verano y…

El cuchillo se retorció tanto, que finalmente su mente se borró.

Mientras tanto, también la mente de Blaine estaba en blanco mientras llevaba a alguna rubia sin nombre a su auto. Estaba colgando de él, tropezando en los tacones. Ella era todo lo que no quería, por eso la llevaba con él. Rubia, baja estatura, ojos verdes , risueña y feliz. Era perfecta, era todo lo que necesitaba para olvidar.

- Oh, lindo coche - dijo con una risita borracha mientras Blaine abría el asiento de atrás y ambos se subieron con torpeza en el interior, ambos demasiado borrachos como para controlar sus extremidades.

Blaine la besó. Sabía a cigarrillos, lápiz labial sabor cereza y alcohol, trató de no sentirse asqueado. Tan pronto como fue posible se acomodó arriba de ella, mientras sus manos se deslizaban sobre sus muslos desnudos tratando de no pensar en él, en cómo se sentía tenerlo en esa misma posición, que le permitiera tenerlo debajo de él para relajarse y entregársele. Pensó en como su calmada y reducida erección decía más que los fuertes y desagradables gemidos de la chica.

Después, cuando la chica se había ido y estaba solo, dejó caer la cabeza entre sus brazos y las lágrimas que había estado conteniendo por varios días, finalmente cayeron.

Le dolía todo y se preguntaba cuándo iba a parar por fin.

Ya no quería ver a Kurt, ¿entonces por qué se sentía así?

Su teléfono vibró con fuerza dentro de su bolsillo, en el fondo de su mente sabía que tenía que ser importante si alguien estaba llamándolo a las 3 AM, pero no lo cogería. De todos modos, estaba muy borracho para una conversación coherente.

No mucho después, se desmayó en la parte trasera de su auto, su teléfono seguía sonando.

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Blaine parpadeo con fuerza, abriendo los ojos. Se sentía desorientado y tenía un fuertísimo dolor de cabeza, al principio, no entendía lo que pudo haberlo despertado porque su cuerpo se sentía como si pudiera haber dormido por el resto del año, pero después, había varios golpes fuertes en la ventana y una voz que le gritaba - ¡Oye! ¡Oye, despierta!-

Gimiendo, Blaine se incorporó, su cuerpo dolía por haber dormido en un espacio tan reducido, abrió la puerta para revelar al cantinero de la noche anterior. No parecía divertido.

- No puedes dormir aquí - dijo – Vete a casa.-

Blaine estaba seguro de que aún estaba un poco tomado, aunque parecía que ya era de día, pero le asintió al camarero sólo para que se alejara y cuando lo hizo, Blaine dejó caer su cuerpo contra los asientos.

Se sentía como una mierda y beber no lo había ayudado en nada como él había pensado que lo haría.

¡Hasta aquí el capítulo 31! Nos leemos el viernes!

Subí una imagen sobre lo que pasará en los próximos capítulos, se encuentra en mi twitter Gravs98

Espero sus comentarios! No me maten =c

Los ADORA con el alma…

Sofi 3