¡Feliz Domingo Prisioners! ¿Cómo están?
Aquí la actualización del día /o/
Bieeen, estamos ya en el capítulo 40 so… empieza oficialmente la cuenta regresiva para el Final de Bring me to Life no hay secuela u_u
Sin más… ENJOY!
BRING ME TO LIFE
CAPITULO 40
Kurt apenas podía moverse; el clic de la puerta que se cerró detrás de Shelby Berry fue tan fuerte que casi lo hizo temblar.
Se levantó lentamente de su silla sus ojos fijos en los cansados de Shelby. Sentía su corazón en la garganta y quería empezar a temblar. Así que es así como se siente temer por tu vida, dio un paso al frente. Interesante.
Pero otra cosa aparte del miedo apareció también en él, era el odio ciego. Odiaba a esa mujer con cada fibra de su ser, se vio atrapado entre el miedo y el odio, ambas tiraban de él en direcciones contrarias.
- Kurt Hummel- dijo Shelby, su voz envió escalofríos a través de su cuerpo. – Sí no te conociera pensaría que estas aterrado de mi.-
Kurt no podía encontrar palabras. Sus ojos. Se parecían tanto a los de ella. Eran casi iguales, incluso aunque se estuviera acercando a los cincuenta años, eso lo inmovilizó. Sin embargo, no era ella, nunca fue como ella y nunca lo seria. Nadie lo haría.
Parpadeó varias veces con fuerza.
- Pero te conozco bien,- continuo Shelby ya que Kurt no respondió, su voz temblaba de la tristeza, o de la ira, podrían ser ambas. Kurt supuso que ambos tenían emociones similares en esos momentos. – Y sé que estas actuando,- dijo, luego hizo una pausa y sólo lo miro por unos segundos, hasta que su rostro se desmorono un poco y sus ojos empezaron a empañarse. - ¿Por qué estás haciendo esto?- casi suplicó. – Es lo que te mereces, nunca cambiaran tú sentencia. ¿Por qué tienes que hacer esto? ¿Por qué no nos dejas en paz?-
Cuando Kurt aun no hablaba, Shelby negó con la cabeza, claramente decepcionada por la ausencia de respuestas. – Es sólo otro de tus juegos, ¿cierto? Estas aburrido. Sabes que tienes el tiempo contado y quieres crear una última conmoción. ¿Cierto? ¿Cierto?- su voz se quebró en la última palabra, ahogó un sollozo, Kurt quería responder, en realidad quería, pero su lengua estaba entumecida. No podía decir nada. Abrió la boca para tratar de hacer algún sonido, pero nada salió. No tenía voz, estaba demasiado asustado. ¿Por qué estaba asustado? La odiaba. Por años había soñado con encontrársela a solas y poder decirle todo lo que quería, y ahora estaba congelado. No podía decir nada. No podía decir nada porque la parte que había estado esperando decir tantas cosas fue silenciada.
Vamos Kurt, pensó molesto. Sé el hombre.
Sé el hombre Kurt, una voz le decía en su cabeza, una voz que extrañamente sonaba como la de Burt, los puños de Kurt se apretaron ligeramente. Sé el hombre Kurt.
- No,- dijo al fin, frustrado por lo débil que sonaba. – Lo intentó de nuevo. – No, eso no está bien.- Mejor.
Shelby cruzó los brazos e inhaló profundamente por la nariz, su mandíbula tembló un poco por la emoción. - ¿Ah? Entonces ilumíname por favor. Porque parece que te estás divirtiendo. Mataste a mi pequeña hija y tu sólo…- se detuvo, era demasiado para ella, su voz se quebró una vez más. Tomó un par de segundos para recuperarse y cuando lo hizo volvió a mirar a Kurt. - ¿Por qué nos haces pasar por esto otra vez?- preguntó. - Nuestras vidas estaban empezando a ser normales de nuevo pero entonces tú decidiste… ¿Por qué no puedes olvidarlo?-
Olvidarlo, pensó Kurt con amargura. Lo había intentado desde hace tanto tiempo pero no había podido, literalmente regresaba y le pateaba el trasero. Había tratado de olvidarlo por el camino equivocado. Y eso era por lo qué estaba haciendo eso, ¿pero cómo podría explicárselo a ella? Como ella había dicho, había matado a su pequeña hija. Nada de lo que dijera lo mejoraría.
- Sí crees que puedes escapar de esto,- dijo Shelby. – Estas equivocado. Sufrirás por lo que le hiciste.-
Kurt negó. -Yo soy,- susurró, pero antes de decirlo sabía que no le creería.
Shelby bufó en voz alta. – Puedes mentir y fingir todo lo que quieras, nadie se lo creerá. La justicia gana al último, siempre lo hace.-
- No estoy mintiendo, yo…-
- Oh, no, por supuesto que no,- dijo, su voz llena de sarcasmo. – Porque tú nunca has mentido. Nunca has engañado. Nunca quisiste hacerle daño a nadie,- bufó de nuevo. –Kurt Hummel, eres una mala persona, no te molestes en tratar de probar lo contrario,- escupió maliciosamente con los dientes apretados.
Kurt tragó saliva. Estaba dando en su punto débil, en su talón de Aquiles. Pudo sentir como algo lo rasgaba por dentro mientras decía esas palabras.
Mala persona.
Mala persona.
Malo.
Sus oídos zumbaban.
- Sí alguna vez amaste a mi hija,- continuó,- Nunca hubieras hecho lo que…- se detuvo y cambio el rumbo. – Te quiero destruido,- susurró a través de sus frescas lágrimas. -Eres un monstruo y tú lo sabes muy bien.-
Monstruo.
Sí.
Se sintió como si alguien hubiera encendido el interruptor. La encantadora y pequeña niebla envolvió su cerebro como una manta de seguridad, levantó la cabeza y miró a Shelby directamente a los ojos. – Sí, lo soy,- dijo, y al igual que su voz, él había vuelto.
Siempre había sido un monstruo y siempre lo seria. ¿Por qué estaba peleando de nuevo con ello? Honestamente no podía recordarlo. De todos modos iba a perder de nuevo el caso, era evidentemente doloroso para todos, pero Blaine…
- Sí, soy un monstruo,- repitió y dio un paso al frente, acortando la distancia entre ellos. - Y tú sabes eso,- continuó. - ¿Entonces no es tu trabajo mantenerte lejos de mí?-
Error ¿o no?
Algo dentro de él estaba rogando para que se detuviera, pero no, no quería hacerlo. No ahora, quería decirlo. Había tenido sueños diciéndolo, nunca había pensado que serían nada aparte de sueños.
- Sabias como era,- continuó, sus ojos reducidos mientras hablaba. – Sabías como era mi padre. Porque lo sabías, ¿cierto? Sí, lo sabías,- dijo mirando de cerca su pálido rostro, confirmando que lo sabía. – Todo el tiempo lo supiste. Probablemente era obvio para ti, ¿o no?- Kurt ahora estaba temblando pero no se podía detener. Sabía que no debería estar diciendo eso. No estaba permitido que hablaran directamente y mucho menos estando solos. Una pequeña voz en su cabeza aun decía, detente, detente, detente, detente, pero Kurt la apartó violentamente. – Fue tu culpa,- siseó. Deja de hablar, deja de hablar. - ¡Basta!- gritó de repente en voz alta y apretó sus manos contra sus palpitantes sienes. Se dio la vuelta, lejos de Shelby. Su cabeza latía con fuerza, explotando y sus oídos zumbaban. Quería gritar, quería golpear algo. Se sacudió mientras intentaba calmar sus furiosos impulsos. Esto es todo, pensó, sí que lo era.
Estaba empezando a burbujear fuera de él, no podía contenerlo. Se sentía peligrosamente familiar. Su visión se obscurecía, sus labios se enroscaban sobre sus dientes como un animal.
- Estás loco,- susurró Shelby. Kurt la escuchó alejarse hacia la puerta, todo lo que Kurt pudo pensar fue en bloquearla, no dejarla ir.
Luchó para mantener la explosión de rabia que se había acumulado contra aquella mujer. En cualquier otro lugar, en cualquier otro momento, probablemente lo había dejado ir y eso lo asustaba. Aún era capaz de asesinar ya que estaba pensando en eso ahora.
Date la vuelta y estrangúlala. Sería tan fácil. Demasiado fácil.
No, detente, pensó yo presionó sus manos fuertemente contra su cabeza. Sin embargo, no podía detener su mirada que daba como dardos sobre la habitación en todo lo que podría usar para matarla. Un florero sobre mesa. Un vaso a su lado. Un abridor de cartas. Incluso la cortina.
Cerró fuertemente los ojos, estaba a punto de entra en pánico, así no los podría ver, retrocedió, luchando con el pequeño control que le quedaba. ¿No podía alguien notar que ambos no estaban? ¿No podían venir a buscarlo por temor a que se escapara? ¿Por qué Blaine aún no había vuelto?
Y entonces, como antes, con el pensamiento de Blaine la ira se había ido. La ira ardiente se había reducido y durante un largo momento se quedó quieto, tratando de calamar su respiración.
Podía hacerlo. Lo había hecho antes, podía hacerlo de nuevo.
Cuando estaba seguro de que había desaparecido lo suficiente para no atacar, se dio la vuelta y levantó la cabeza mirando directamente a Shelby. Le emociono que era su turno para mirar el miedo. Lo había extrañado, el poder, le gustaba sentir como bombeaba en sus venas.
- Entonces, ¿Por qué no hiciste nada?- preguntó, de forma curiosa y acusadora al mismo tiempo. – Espera, probablemente te dijiste a ti misma que nada estaba mal, ¿estoy en lo correcto? ¿Nada es malo, los niños son buenos? Un pensamiento jodido, pero bueno ¿cierto?- hizo una pausa para entender lo estaba diciendo. – Ahora mis padres están muertos,- continuó, sin poder ocultar el pequeño temblor en su voz. – Y también lo está tu hija y ese chico y nosotros estamos aquí. ¿Sabes por qué es eso? ¿Sabes porque estamos aquí?- dijo, su voz ganaba volumen en cada palabra. – Estamos aquí porque nunca llamaste a servicios sociales.-
Shelby parecía sorprendida. Sus labios temblaban y lágrimas rodaban por sus mejillas.
- Eres cruel,- susurró. – No tienes corazón.-
Kurt sacudió la cabeza. - No, no lo soy. Tú lo eres.-
- ¿C-como puedes…?-
- No, ¿Cómo pudiste? La viste golpearla enfrente de mí, te vi. ¿O no lo recuerdas? ¿Quieres que refresque tu memoria?-
Shelby parpadeó varias veces. – Lo recuerdo,- dijo al fin, en voz baja, Kurt sonrió sarcásticamente.
- Buenos tiempos ¿no? Ese día perdí un poco mi fe en la humanidad. Sí.-
- ¿En-en realidad estás diciendo que…?-
- Eso es exactamente lo que estoy diciendo-.
- Eres repúgnate,- susurró Shelby, pero Kurt podía ver que lo que estaba diciendo la afectaba.
- Sí- susurró Kurt, sus ojos revolotearon una vez más sobre el abridor de cartas. Era una pena que conduciría a un desastre.
No, se corrigió a si mismo mientras apartaba la vista. Ni siquiera pienses en ello, no serias capaz de hacer frente a Blaine después de los pensamientos que has tenido, ¿Qué va a pensar de ti? Pero sus ojos seguían revoloteando sobre él y luego se alejaban, en el fondo de su mente se percató que Shelby se movía lentamente hacia la puerta, así que ella probablemente también lo notó. Estaba tan atrapado en las posibilidades de lo que podía hacer que apenas notó cuando la puerta se abrió completamente.
Luego había un montón de voces gritando.
- ¡¿Qué estás haciendo?!-
- ¿Qué crees que estás haciendo?-
- ¿Dónde está tu escolta de la policía?-
- ¿Por qué ambos están hablando?-
- Chicos, espósenlo. Ahora.-
En ese momento, otro tipo de interruptor se encendió en la cabeza de Kurt. El botón de pánico. Los policías caminaban hacia él, Kurt recordó aquel día que también lo hicieron. La forma en que habían torcido sus brazos sobre su espalda, es sonido de las esposas ajustarse en su lugar, el sonido de las sirenas, las luces azules que iluminaban la sala atreves de las ventanas.
El mundo se volvió completamente negro.
888888888888
La maldita máquina de café se había tragado el dinero de Blaine y no le había dado nada de café a cambio. Había intentado pateándola, incluso golpeándola pero nada.
- Pedazo de mierda,- maldijo y trató de poner algo más de dinero. Lo mismo sucedió, le robo su dinero y nada salió. Miró el reloj y maldijo otra vez. Tenía que regresar, se había ido por mucho tiempo y eso era atentar contra el destino. A Kurt no se le permitía estar solo, ni siquiera se le permitía dejar la sala del tribunal sin una escolta policial adecuada y si alguien se daba cuenta, entonces…
Sus pensamientos fueron cortados por al menos cuatro policías corriendo por el pasillo, corriendo hacia la habitación donde había dejado a Kurt. Los ojos de Blaine se ampliaron. Oh, mierda. Estaba jodido. Ambos lo estaban. ¡Fue sólo un pequeño descanso para tomar aire y tener algo de silencio, nadie debía darse cuenta!
Entendió que puedo haber sido un poco ingenuo. La gente estaba obligada a notificarlo, sin importar lo breve que tuviera que ser la pausa. Estaba boquiabierto cuando los vio, honestamente no había pensado en las consecuencias, todo lo que había pensado era en sacar a Kurt de allí. Sus sentimientos nublaban su juicio, lo sabía.
Estaba a punto de ir allí y confesar, decirles que era su culpa y que había obligado a Kurt a salir, pero se quedó paralizado cuando escuchó un grito resonar en el pasillo entero.
Estaba corriendo antes de que se diera cuenta, su corazón latía en su garganta. Había escuchado antes esos gritos y rogaba para que no fuera muy tarde para detener lo que estaba pasando.
No entendía lo que pudo haber sucedido. Había dejado a Kurt completamente bien. Estresado y temblando pero bien.
Llegó a las sala de reuniones y estaba a punto de tirarla a bajo cuando se abrió por si sola y dejo salir a Shelby Berry con el rostro blanco. Blaine se detuvo en seco y la miro. Inmediatamente comprendió lo que había pasado y le dedico la mirada más desagradable que pudo antes de abrirse paso a la sala de reuniones. Otro grito destrozado llego a sus oídos antes de presenciar la escena. - ¡Basta!- gritó inmediatamente, su rostro palideció. – ¡Jesús, déjenlo ir, lo están empeorando!-
Pero ninguno de los tres hombres lo soltaron, todos lo ignoraron, Blaine caminó entre la habitación. – ¡Oye!- gritó cuando Kurt soltó otro grito de dolor al momento que le retorcieron los brazos en una posición que parecía muy dolorosa mientras le ordenaban que dejara de gritar. – Oye, eso no sirve de nada para detenerlo, eres un completo es…-
- ¿Quién eres tú?- escupió uno de ellos, luchando por calmar a Kurt. – Tú has estado aquí por cuánto tiempo ¿seis meses? ¿Qué te hace pensar que puedes…?-
- He estudiado psicología,- mintió Blaine. – Se cómo hacerlo, ¿de acuerdo? Sólo salgan, creo que es el uniforme.-
Las cejas del hombre se alzaron a medida que seguía luchando contra el cuerpo de Kurt. Blaine lo miraba preocupado, quería que todos salieran antes de que las cosas empeoraran. Si Kurt iba demasiado lejos entonces…
- ¿Seguro que puedes manejarlo chico?- preguntó uno de los hombres, asintiendo con la cabeza hacia Kurt. – Hay una razón de que él sea, Hmm, bien conocido.-
Blaine le hizo un gesto rudo de asentimiento, tratando de parecer una persona que sabía algo acerca de psicología. Tal vez sabían que eran amigos, tal vez no, pero era mejor no tomar riesgos. – Puedo manejarlo,- dijo con los dientes apretados. - ¿Les importaría salir de la habitación?-
- Yo no sé nada de eso,- dijo uno antes de gruñir a Kurt para que dejara de gritar. – En primer lugar, ni siquiera debería estar aquí, quien incluso…-
- No sé,- dijo Blaine deprisa, sus palmas empezaban a sudar. – Pero en realidad, puedo manejarlo. Yo sé, hm, yo sé cómo.- Al mismo tiempo que hablaba con los oficiales estaba intentando que Kurt lo mirara pero su largo cabello cubría su rostro, tapando sus ojos completamente, así que no podía mandarle ningún mensaje diciéndole que lo arreglaría.
Los tres hombres se miraron uno al otro, entonces Kurt comenzó a patalear con fuerza, uno de los hombres suspiró.
- Veamos si el nuevo es tan bueno con los locos como lo dice ser.-
Blaine, una vez más, resistió el impulso de apresurarlos.
Uno de ellos soltó a Kurt lo suficiente para poder pasarle a Blaine un par de esposas.
- Pónselas,- dijo antes de comenzar a reír y que los otros dos lo imitaran. – Buena suerte. Llámanos cuando te des por vencido.-
Entonces Kurt fue presionado prácticamente contra el piso por sus brazos y luego salieron riendo de la habitación, a través de la ventana Blaine pudo ver que estaban haciendo guardia en la puerta.
Después de que Blaine estaba completamente seguro de que la puerta estaba cerrada, se dirigió hacia Kurt. –Oye,- dijo. – Oye, mírame. Se aca…-
Debió haber sabido que algo planeaba ya que Kurt se había quedado completamente inerte y en silencio, lo que hizo que Blaine perdiera si agarre sobre él. Entonces Kurt tomo su oportunidad y torció los brazos con un grito y retrocedió. Sus ojos salvajes estaban sobre las esposas en las manos de Blaine.
- Mira,- dijo Blaine levantándolas y poniéndolas sobre la mesa. – No te esposare, ¿de acuerdo? ¿Lo ves? No voy a hacer nada, pero tienes que calmarte a ti mismo o alguien más lo hará.-
Kurt estaba respirando fuertemente, su pecho y hombros se agitaban, estaba prácticamente gruñéndole a Blaine. Bien, hablar calmadamente con él cuando esta así no ayuda, probablemente no entendía que era lo que Blaine estaba diciendo.
Blaine caminó hacia él y Kurt se alejó lo más que pudo.
- Déjame solo,- gruñó entre dientes.-
-Kurt, me conoces,- dijo Blaine. – Vamos, no hagas esto ahora.-
Tenía que haber imaginado que sería demasiado para él. Debió haberlo sabido y nunca debió haberlo dejado solo. Esa maldita mujer, ¿Qué le había dicho? ¿Qué le había dicho él a ella?
Kurt se paraba como si estuviera listo para atacar. La cabeza abajo, inclinado un poco hacia atrás, mirándolo con ojos vigilantes, Blaine sabía que tenía que actuar rápido. Tenía que llegar a él antes de verlo venir. No quería tener que aprisionarlo pero esa era única forma que lo calmaría sin tener que usar las esposas.
Le dolía hacerlo, porque Kurt gritaba como si Blaine quisiera matarlo, se abalanzó al frente y lo rodeo poniendo un brazo alrededor de su cuello, usando el otro para intentar tomar sus muñecas y atraparlas contra su espalda. Kurt luchó contra su control, golpeando y pataleando, Blaine finalmente logró atrapar sus muñecas y presionó a Kurt tan fuerte contra la pared que Kurt gritó de dolor.
- Cálmate,- le dijo Blaine al oído. – Escúchame. Cálmate y te dejare ir.-
- Púdrete,- susurró Kurt y sacudió fuertemente sus hombros antes de morder el antebrazo de Blaine.
Blaine automáticamente retiró su brazo, maldiciendo y Kurt tuvo la oportunidad de brincar lo más lejos que pudo. Blaine pensó que podía escuchar las risas provenientes del pasillo pero trató de ignorarlas. No quería saber si estaban viendo por la ventana o no.
La siguiente cosa que Blaine supo fue que un florero venía volado hacia su cabeza y pasó a su lado, sus ojos se ampliaron. – Bien, eso es todo,- dijo. – Esto tiene que parar.-
Caminando hacia Kurt, arrebato las esposas que estaban sobre la mesa, las mantuvo escondidas contra su espalda para que Kurt no pudiera verlas. No quería hacerlo por no veía otra opción. Tenía que esposarlo y después ver su podía hacer que se calmara hablándole.
En realidad no tenía idea lo que estaba pasando por la cabeza de Kurt en esos momentos. Sólo tenía una vaga idea de por qué había estallado y ahora deseaba que alguien mandara a Anne a donde ellos estaban. Blaine probablemente se creyó demasiado. Sólo por que pudo calmarlo una vez no significaba que sería capaz de hacer lo mismo cada vez. También Kurt ahora era más borde con Blaine en cada momento, aún era un guardia y Kurt esperaba que saliera en cualquier momento. Tal vez en ese momento, Blaine era el enemigo.
Caminó hacia él y Kurt no se movió, se quedó parado donde estaba, mirando a Blaine con los ojos entrecerrados. Blaine casi lo había alcanzado cuando los ojos de Kurt alcanzaron a ver lo que tenía escondido en la espalda. Blaine podía ver como las tuercas giraban en su cabeza, entonces Kurt notó que las esposas habían desaparecido de la mesa.
Con un gruñido levanto sus manos para empujar a Blaine lejos, pero Blaine abrió las esposas y logró agarrar las muñecas de Kurt antes de que pudiera tocarlo. – Detente,- le ordenó, mirándolo a los ojos mientras Kurt luchaba por liberar sus manos. Sin embargo, estaba débil por no haber comido apropiadamente por un largo tiempo y eso había desvanecido la pequeña cantidad de músculos que tuvo alguna vez, no tenía oportunidad de liberar sus manos a menos que Blaine lo dejara ir apropósito. – Mírame, detente. Mírame.-
Kurt se negó a mirarlo y sigo luchando para intentar liberarse, volviéndose más y más desesperado en sus intentos. – Déjame ir,- dijo y Blaine sabía lo que estaba haciendo.
Su voz se había vuelto sumisa, al tono de súplica, pero Blaine sabía que no era real. Kurt estaba jugando al herido por qué sabía que eso funcionaria con él.
Mierda, pensó Blaine. Esperaba que Kurt no hubiera retrocedido demasiado, que no fuera demasiado tarde.
-Kurt, este no eres tú,- intentó, pero Kurt soltó un fuerte grito frustrado.
- ¡Sí, lo es!- exclamó y tiró desesperadamente de sus muñecas pero todo fue en vano. - ¡¿Por qué no lo vez?! ¡Deja de ser tan jodidamente ingenuo y déjame ir!-
Había varios significados para lo que había dicho, Blaine tragó saliva. – No puedo dejarte ir,- dijo en voz baja. – No puedo.-
Kurt se detuvo por un momento y Blaine pensó que finalmente había llegado a él, pero entonces un intenso apareció en su ingle cuando Kurt lo golpeó con su rodilla huesuda, automáticamente sus manos soltaron las muñecas de Kurt mientras se retorcía.
- Mierda,- gritó y extendió la mano para agarrar la parte trasera de la camisa de Kurt antes de que pudiera huir. – Acabas de cruzar la línea,- dijo mientras se enderezaba y atrapaba a Kurt contra su pecho. – Sigues siendo un prisionero y yo aún sigo siendo un oficial de policía,- gruñó a su oído mientras seguía luchando contra el impulso de acurrucarse y morir de dolor. – Sigue siendo ilegal que utilices la violencia contra mí.-
- También es ilegal para ti tener sexo conmigo pero eso no te detiene ¿verdad?-
Blaine cerró los ojos evocando un poco de paciencia. ¿Eso era todo lo que Kurt pensaba que estaba haciendo? Estaba a punto de decir algo acerca de eso pero entonces la puerta de la sala de reuniones se abrió. Volteó la cabeza.
- Oh, gracias a Dios,- dijo mientras Anne cerraba la puerta detrás de ella. – Puede que necesites un poco de ayuda aquí después de todo.-
- ¡No!- gritó Kurt y sacudió sus hombros pero no pudo hacer nada contra el agarre tan fuerte que Blaine tenía alrededor con sus brazos inmóviles a sus costados. - ¡No!-
Blaine escuchó a Anne suspirar y entonces volvió la cabeza. Tenía una aguja en la mano y le dedico a Blaine una mirada inquisitiva como diciéndole que era la única manera. Blaine asintió pesadamente.
Lo había intentado, no había pensado que no era suficiente sólo hablar con él, además no podrían volver a lo que estaba después de todo. Tendrían que continuar con eso otro día.
Así que Blaine sostuvo a Kurt solo con un brazo y el otro lo estiró hacia atrás para alcanzar la aguja.
- Puedo hacerlo,- murmuró Anne, pero Blaine negó con la cabeza. Él lo haría, eso haría que se le quitaran al menos las ganas de atacar.
Anne le pasó la pequeña aguja y Blaine suspiró. Se sentía pesada en su mano, como una roca.
- ¿Dónde?- le preguntó a Anne, quien a su vez golpeo dos dedos sobre su cuello.
Blaine asintió y tragó saliva y abrazó a Kurt con fuerza que seguía tratando de liberarse y de darle una patada, Blaine pasó su boca contra el oído de Kurt. – Lo siento mucho,- susurró antes de presionar la aguja contra su cuello.
Kurt ya estaba inerte en sus brazos antes de que pudiera sacarla.
¡Oh por dios Blaine lo inyecto! ¿Creen que Kurt se enoje por eso?
Hasta aquí el capítulo 40! Nos leemos el miércoles =)
Y no se pierdan "Bash" el martes, aun que yo no sé si pueda verlo u_u
Espero sus comentarios y….. deséenme suerte en mi examen de mañana por favor 3
Los adoro 3
